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La integración latinoamericana en el marco de la crisis internacional

El 9 de junio pasado, tuvo lugar en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” la conferencia “La integración latinoamericana en el marco de la crisis internacional”, con la participación del dirigente cooperativista Carlos Heller y del Canciller argentino, Jorge Taiana.

¿En qué nivel se encuentra el proceso de integración en Sudamérica y qué perspectivas se avizoran cuando la crisis global golpea también en nuestra región? fue la pregunta disparadora y a partir de la cual los panelistas se refirieron al contexto internacional actual, su complejidad, sus desafíos y el impacto de la crisis en América Latina, así como a las particularidades del proceso que al respecto está viviendo actualmente la Argentina.



En busca de una identidad común
Carlos Heller[1]

El tema que nos convoca es la integración latinoamericana en el marco de la crisis internacional.

Creo que estamos en un momento muy especial para nuestra región, nuestra América del Sur. Acabamos de festejar los 199 años de la Revolución de Mayo y hemos comenzado a transitar el año del bicentenario; pero, como muchas veces decimos, los objetivos de aquella gesta, de nuestros próceres, en buena medida están todavía pendientes. Sin embargo, sentimos que hoy tenemos la enorme posibilidad de acercarnos a ese bicentenario transitando por el camino de la construcción de nuestra verdadera independencia, que es uno de los temas básicos que han motivado nuestra visión y nuestro compromiso.

Por eso, nuestro apoyo al proceso iniciado el 25 de mayo del 2003, cuando asumió Néstor Kirchner la presidencia y que continuó con la presidencia de Cristina Fernández, tiene que ver con la dirección tomada y los grandes temas que se fijaron como prioritarios. Y si hay uno que marca inicialmente esa visión es el de la integración regional, la decisión de formar parte del proceso que se está construyendo en América del Sur, no sin dificultades como todos los procesos, pero con una dirección que nos llena de esperanza y de entusiasmo.

En esa construcción subrayamos cinco hitos fundamentales, que tienen que ver con el espíritu y con la búsqueda de una identidad propia de la región, una identidad común, lo que no implica que cada uno pierda la suya. Es un proceso de países diversos, con culturas diversas, con historias diversas, y con decisiones de sus pueblos diversas. Pero que tienen denominadores comunes alrededor de los cuales se va construyendo la integración, así como en la búsqueda de ir construyendo cada vez más espacios en común que permitan afrontar los desafíos de la época.

¿Cuáles son esos cinco hitos?
El primero, la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. Creo que noviembre de 2005 es un punto fundamental. El “no” definitivo al ALCA, la decisión de “enterrar” el proyecto del ALCA, tomada por los jefes de Estado pero impulsada por los pueblos, es un rasgo que no deberíamos dejar de tener en cuenta, ya que la reunión oficial se desarrolló también acompañada por una importante cumbre paralela de los movimientos sociales. Este hito fue un paso significativo para la reafirmación de la identidad regional y marcó toda una serie de acontecimientos posteriores.

El segundo hito lo constituye, a mi juicio, la Cumbre del Grupo Río, celebrada en marzo de 2008 en Santo Domingo. Esta Cumbre encontró una salida pacífica para la crisis diplomática entre Colombia y Ecuador, generada a partir de la incursión de las tropas colombianas en territorio ecuatoriano para perseguir a los miembros de las FARC. Este fue un caso grave de conflictos de países de la región que fue zanjado con la diplomacia del resto de los integrantes del grupo, y que también constituye un hito trascendente en la manera de buscar solución a nuestros problemas y nuestros conflictos.

El tercer hito, cercano en el tiempo al segundo, es la reunión de Santiago de Chile en septiembre de 2008, a partir de una convocatoria de la UNASUR en relación al conflicto de Bolivia. Allí la UNASUR expresó el más pleno respaldo al gobierno constitucional del Presidente Evo Morales y el rechazo enérgico a cualquier situación que implique un golpe civil o la ruptura del orden constitucional. Además, allí se expresó la condena a la masacre del Departamento de Pando y se decidió la constitución de una comisión imparcial para investigar los hechos. Se trata de un hito de gran trascendencia en un momento complicadísimo de un país hermano, en el que la rápida respuesta solidaria del resto de los países impidió que avanzara algo que podría haber tenido características catastróficas y haber terminado en una guerra civil.

El cuarto hito lo constituye la Cumbre de Mandatarios de América Latina y el Caribe, de diciembre de 2008, donde participó Cuba como miembro formalmente incorporado al Grupo de Río, integrándose plenamente a las grandes cumbres regionales. La sola mención de la incorporación de Cuba y los hechos posteriores que terminaron con esta decisión de la OEA, también marcan otro momento clave de la integración regional.

El quinto hito comienza a gestarse en la 5º Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago, que tuvo lugar en abril del presente año; una reunión que tuvo un clima distinto al de Mar del Plata, sin las características de animosidad que caracterizaron ese primer encuentro, particularmente por el perfil del entonces Presidente de EEUU, George Bush. Fue una reunión con otro clima, con cordialidad. Vimos al presidente de Venezuela regalarle Las venas abiertas de América Latina al presidente de EEUU y ofrecerle su amistad. Todo un gesto. Sin embargo, esa reunión no pudo emitir una declaración final, porque los países de América del Sur y los países del Caribe no se pusieron de acuerdo con los EEUU respecto a una cantidad de cuestiones que hacen a nuestros intereses comunes. Y creo que Trinidad y Tobago coronó con la posterior decisión de la OEA de anular la decisión de 1962 que expulsaba a Cuba de este organismo, lo que también marca otro momento del proceso de integración de nuestros países y de la relación con EEUU. Esto muestra también una flexibilización de la postura de EEU, porque una postura rígida como históricamente mantenía hubiera impedido que se llegara a este acuerdo y la Cumbre hubiera terminado en otro fracaso diplomático, sobre todo para la política de los EEUU. Pareciera que también esto hay que ponerlo en ese marco.

Todo este proceso de integración que quisimos señalar en estos cinco hechos se fortalece con un conjunto extensísimo de acuerdos alcanzados, ente los que, para acotar, me quiero centrar en una experiencia que tuve el honor de compartir por invitación de la Presidenta: el viaje a Cuba y Venezuela en enero del presente año. ¿Por qué creo que también marca un hito? En primer lugar, es el primer viaje en 23 años de un presidente argentino a la República de Cuba. Y, además, durante ese viaje se firmaron 11 documentos en áreas tan importantes como: cooperación científico- técnica, transferencia de conocimiento tecnológico en materia de comercio internacional, geología y minería, salud, agricultura, ganadería, alimentos, forestación, biotecnología y desarrollo rural. También fueron abordados el uso racional y eficiente de la energía y los usos pacíficos de la tecnología nuclear. Se firmó un acuerdo marco para la creación del Centro Binacional Argentino-Cubano de biotecnología aplicada al desarrollo de vacunas y fármacos, algo de enorme trascendencia no sólo para nuestras naciones sino también para toda la región, un paso concreto y no teórico en la integración científica y tecnológica entre los dos países, para compartir los conocimientos especializados que cada país ha desarrollado en determinados áreas, como los conocimientos cubanos en salud y los argentinos en materia agrícolo-ganadera. Por otro lado, en ese espíritu, también se firmaron en ese viaje 22 documentos con la República Bolivariana de Venezuela, como anexo 13º al acuerdo nacional de cooperación entre ese país y el nuestro, número que da una idea del intenso intercambio y cooperación entre los dos países. Esto es importantísimo, porque la prensa suele banalizar estos viajes, destacando sólo los aspectos anecdóticos, los chistes, sin dar cuenta de los acuerdos, en qué consisten, cuáles son sus objetivos.

El Presidente Lula en un viaje a nuestro país hizo un comentario muy rico en relación a este tema de la integración: “Argentina y Brasil tienen dos burocracias muy eficientes pero que muchas veces nos dificultan la política desde donde tenemos que resolver, destrabar y garantizar que lo fundamental de nuestros proyectos siga adelante y que el proceso de integración se consolide”. Es decir, cuando uno habla de integración no dice que no hay problemas, lo que dice es que los intereses comunes, los objetivos comunes, están más allá y son más importantes que las dificultades.

En este marco, quiero en particular referirme a algunas de las instituciones gestadas en torno a la integración, como el Banco del Sur, gestado en el marco de la UNASUR, un acuerdo estratégico que busca traducir el sueño de que nuestra región cuente con un organismo propio de financiamiento capaz de darle recursos para desarrollar las obras de infraestructura que hagan a la verdadera integración regional, para que los recursos de energía estén al servicio del conjunto de nuestros países. Esta región tiene los recursos fundamentales, estratégicos que la humanidad prevé serán claves en el desarrollo futuro: alimentos, energía, agua potable. El objetivo es poder integrarnos, a través de medios de comunicación, de instituciones comunes; lograr tener realmente la posibilidad de que los recursos energéticos de la región estén al servicio de toda la región. Sueños como tener un ferrocarril que una a nuestros países y que facilite el traslado de mercancías van generando lazos definitivos, que ni siquiera pueden ser alterados en una elección, porque constituyen hechos que la historia no puede volver a atrás. Cuando Europa construyó el gasoducto que la unía con Siberia, existía la URSS; cuando cayó la URSS el gasoducto siguió proveyendo de gas al resto de Europa. Es decir, hay cosas que no tienen retroceso. Seguramente por eso se intenta boicotear por todos los medios el proceso de integración regional latinoamericano, porque en la medida en que se consolide será un proceso irreversible.

Estamos hablando de la integración económica y no podemos dejar de subrayar que todo ese proceso ha estado acompañado de una impronta muy vinculada con los movimientos sociales. Vimos por ejemplo a presidentes participar en el Foro Social Mundial: Evo Morales, Chávez, Lugo, Correa, Lula, en la Universidad de Belén plantearon conceptos que caracterizan los procesos que se están generando en la región. Lugo y Evo coincidieron en que el soporte de los cambios en la región son los movimientos populares. Otros, como Correa, Chávez y la Presidenta Argentina, en la idea de que estamos frente a un cambio de época, una situación impensable hace no más de 10 años atrás; concepto que fue profundizado por el propio Lula, quien dijo que lo que había quebrado en el mundo era el “dios mercado” y que “esta crisis no nació por causa del socialismo bolivariano de Chávez o por Evo, sino porque en los años ‘80 y ‘90 el Consenso de Washington estableció que nuestros Estados no debían intervenir para nada”.

Por eso insisto en que este nuevo estilo de integración molesta y recibe todo tipo de ataques, especialmente a partir de la nacionalización de empresas complementarias por parte del gobierno de Venezuela. Todo esto empezó con un comunicado de la Asociación Empresaria que dice que “el derecho a la propiedad de las empresas o de su patrimonio y sus ganancias es fundamental para el desarrollo económico”. Lo destaco porque creo que es una cuestión bastante sensible a la que hay que prestarle atención. AEA incorpora las ganancias en el mismo plano que el derecho a la propiedad. El derecho a la propiedad es un derecho constitucional, pero al incorporar la ganancia en el mismo nivel jerárquico está avanzando en un tema muy sensible cuando se quiere llevar adelante políticas de redistribución de la riqueza o del ingreso. Sin poder intervenir de alguna manera en la capacidad de generar ganancias de los grandes grupos económicos, es muy difícil pensar que la distribución de la riqueza pueda ser una realidad.

Además intentar identificar a toda la industria argentina con algunos grupos de la economía concentrada y plantearlo desde el punto de vista de la argentinidad, es una manera bastante arbitraria de plantear la cosa.

La UIA dice que “las políticas aplicadas por el gobierno de Venezuela son claramente contrarias a las de una economía de mercado y, por lo tanto, hacen imposible el proceso de integración regional, por las asimetrías que generaría contra el sector productivo de nuestro país”. Sin embargo, casi al mismo tiempo, la Asociación de Industriales Metalúrgicos ADIMRA declara que está absolutamente desconforme con la postura de la UIA, porque sostiene que Venezuela es un mercado estratégico para el sector y dice que “dar marcha atrás no es prudente cuando hay empresas que están sorteando con las ventas a Venezuela el mal momento que está travesando la Argentina, en especial la industria de maquinaria agrícola”.

Para nosotros es claro que esto es una avanzada más de ese proceso de restauración conservadora del que hablamos, que no está de acuerdo con la integración, que permanentemente la cuestiona y que añora la idea de las relaciones carnales. La posición argentina es clarísima: respeto a las decisiones soberanas de cada uno de los países. Venezuela tiene un proyecto llamado “Socialismo del Siglo XXI”, que ha sido votado por sus ciudadanos y no tiene similitudes con el proceso argentino, que no plantea nacionalizaciones en los sectores productivos. Se trata de procesos claramente distintos. Intentar instalar este tema aquí en medio de la campaña electoral es intentar meterle miedo a los sectores medios respecto de lo que pasaría en la Argentina si se consolida el proyecto actual y si el oficialismo triunfa en las elecciones.

Nosotros ratificamos lo que dijimos al principio: éste es un camino no exento de dificultad, pero en el respeto a la libre determinación de cada uno de los estados soberanos que componen nuestro espacio de Sudamérica que se ha unido en la UNASUR, en la ayuda fraterna que podamos darnos, en la capacidad para entender las particularidades y complejidades de cada uno de los proyectos y, por sobre todas las cosas, en la firme voluntad de no permitir que ninguna dificultad altere lo principal que es seguir avanzando en ese proceso de integración y unidad regional, está una de las claves para que podamos realmente ir hacia el cumplimiento del bicentenario avanzando en esta idea de tener una América del Sur realmente independiente, realmente soberana y que pueda construir los caminos que hagan a la felicidad de nuestros pueblos. Muchísimas gracias.



Multipolaridad internacional e integración regional
Jorge E. Taiana[2]

Buenas noches a todos los presentes. Lo primero que quiero decir es que estoy honrado de poder estar aquí, en este ámbito que representa la solidaridad y el esfuerzo compartido.

Voy a referirme brevemente a dos o tres ejes centrales de la política exterior y a las razones de su focalización. La primera razón ya fue señalada por Carlos. Estamos en una época de gran cambio, de transformaciones económicas, tecnológicas y productivas enormes. Los últimos 20 años fueron una época de gran desequilibrio político: la desaparición del mundo del socialismo real, la caída del bloque soviético, la instalación del discurso del Consenso de Washington y la instalación de la unipolaridad como eje político. Eso produjo una situación que afectó a los movimientos populares en casi todo el mundo y se tradujo en unas décadas en que -para decirlo de una manera concreta- la distribución del ingreso se hizo “retrógrada”: se concentró más la riqueza y los sectores populares perdieron participación y poder real.

Una cuestión que me parece que hay que pensar es que en estos 20 años y en esta nueva realidad que vemos emerger hoy, donde se ha caído ese Consenso y donde los movimientos populares en distintas partes y sobre todo en nuestra América del Sur han recuperado un espacio y un terreno, es que uno de los debates es cómo se acumula el poder. Lo que se cuando se mira los ‘80 y los ‘90 y se ven los retrocesos, es algo que en la historia es bastante frecuente: que en los momentos de grandes cambios productivos son las clases dominantes de los países hegemónicos las que rápidamente son capaces de aprovecharse de los mismos y mejorar su relación relativa frente a los otros actores. Los sectores trabajadores de los países menos desarrollados tardamos más tiempo en asimilar esos cambios, en poder apropiarnos y en poder usarlos de una manera positiva para mejorar la condición de vida de los pueblos.

A mi me parece que para recordar o para entender estas últimas décadas tenemos que tener eso presente. En los ‘80 y en los ’90, el Consenso de Washington está asociado a una reconcentración del poder y la iniciativa política por parte de los poderosos. En esta década de este nuevo milenio parece que eso cambió, y creo que la crisis que definitivamente terminó con el período hegemónico del neoliberalismo es un ejemplo también del cambio de etapa en el que estamos hoy. Pero eso implica aprender y aprender implica ser capaz de entender las nuevas formas de expresión popular, las nuevas formas de representación política y social y las nuevas formas de acumulación del poder. A veces pienso que muchos de los analistas que ven la realidad argentina no terminan de ver eso y por eso no terminan de entender la fuerza que tiene el proyecto de cambio y de recuperación que está llevando adelante la mayoría del pueblo argentino.

Sobre esa base, quiero hacer un comentario sobre dos cosas. En primer lugar, sobre la importancia para la política exterior de lo que llamamos el “multilateralismo”. ¿Por qué? Porque efectivamente existe un mundo mucho más interconectado, mucho más interdependiente, en donde el marco de acción está bastante más señalado. En ese escenario nosotros qué buscamos: ponemos el acento en el multilateralismo, en la vigencia del derecho internacional, en la discusión pacífica de las controversias, en los derecho humanos. Y esto porque creemos que si no hay un orden mundial basado en el derecho, los que se benefician son los poderosos que son los que usan la fuerzas en detrimento de los débiles. El derecho internacional es la protección para la mayoría de los pueblos y de los países que no son poderosos. Por eso nosotros queremos que a nivel político en la ONU, en los distintos foros, se respete el multilateralismo y el derecho internacional; que no se tomen las decisiones unilateralmente y por eso también que a nivel económico se reforme la estructura del sistema financiero internacional, que no es democrático y respetuoso de los intereses de la mayoría de los países, y el sistema de comercio internacional, que es un sistema que refuerza también a los poderosos.

Cuando nosotros planteamos esto, no estamos planteando principios abstractos. Estamos planteando la búsqueda de un mundo que tenga reglas en las que países como el nuestro, países medianos, puedan defender sus intereses y ganar el margen de economía y de decisión necesario para hacer la defensa correcta de su interés nacional y la aprobación del bienestar de su pueblo. Esas son las razones por las cuales estamos en contra del unilateralismo, estamos a favor de un multilateralismo que se va convirtiendo paulatinamente en un mundo también multipolar.

Además, Argentina tiene ese escenario porque desde la perspectiva de la actividad económica y el comercio productivo, es un comerciante global. Nuestro país tiene la suerte que no tienen otros países: no está atado a un solo mercado o a una gran potencia como único destino de su producción o como único origen de sus importaciones. Argentina y buena parte de su economía se basa en que efectivamente tiene una relación bastante complementaria con el mundo: aproximadamente 20% de las exportaciones van hacia el MERCOSUR, otro 20% hacia la Unión Europea, 13% hacia el extremo de Asia (y dentro de eso casi un 10% a China), un 10% al resto de América Latina; a EEUU le vendemos casi tanto como Chile. Es decir, tiene una característica de vendedor más o menos global en los diferentes sectores, lo que favorece la autonomía y refuerza nuestro reclamo de que haya reglas justas y que se respeten en el comercio y en los intercambios internacionales.

Este tema de la multipolaridad internacional tiene su contratara en la integración regional. Sin embargo, no se trata de dos fenómenos antagónicos; son dos procesos que se dan en el mismo momento y que de alguna manera uno presupone el otro. Nosotros no concebimos una estrategia de una Argentina aislada tratando de jugar en el resto del mundo. Hay países que han intentado eso, pero para nosotros no es lo correcto. Nosotros pensamos una Argentina jugando en el mundo a través de un proceso de integración con los países vecinos. Integración que reconoce dos grandes escenarios: uno de origen comercial, el MERCOSUR, y uno de origen más político, la UNASUR. Estos escenarios tampoco se contraponen, al contrario. El concepto de integración es un concepto por lo menos en dos dimensiones: primero, porque en este mundo bastante difícil, la dimensión, el tamaño, la escala, juegan un papel; es decir, para poder posicionarse, todos juntos tenemos una escala que nos ayuda a poder estar de igual a igual con otros. En segundo lugar, es un problema de integración real y en sus más diversos aspectos. ¿Por qué digo esto? Porque durante muchos años y en la primera década del MERCOSUR el concepto de integración era un concepto sólo de tipo comercial: la integración era simplemente bajar aranceles y favorecer el comercio. De una u otra manera, lo que está claro es que la integración es un proceso más complejo, más rico y difícil. Es la integración física y en eso hay un enorme desafío en la región. América del Sur, América Latina, es difícil geográficamente: tiene enormes cordilleras, dos de los ríos más grandes del mundo, selva, desierto, montaña. Tenemos una enorme deuda de infraestructura, pero tenemos una clara prioridad puesta hoy en los países de la región: para nosotros una parte importante es la integración física, que tiene que ir unida, no a una cuestión comercial, sino a una cuestión productiva. Es decir, la idea es generar emprendimientos conjuntos, integrar procesos que tengan a su vez transferencia tecnológica y formación de cuadros y de técnicos en los distintos lugares.

Por supuesto, también debe haber una integración energética, porque la energía tiene un rol importantísimo en el presente y lo va a tener en el futuro. El combustible es el material que permite mover todo este proceso. Y la integración tiene que ser, además, política y cultural. Si nosotros no vemos a los países de la región como nuestros hermanos y como los destinatarios de un proceso común, no vamos a poder avanzar en la integración. Para mí éste es un tema muy claro y muy importante. La integración no es un proceso ni fácil, ni sencillo, ni simplemente se declama. Es un proceso difícil y trabajoso, porque hay un objetivo general pero muchas veces hay intereses concretos que se ven afectados y que es necesario transformar. Hay rivalidades históricas y hay experiencias distintas. Todos vivimos historias diferentes y, por lo tanto, tenemos elementos que nos hacen percibir la realidad no exactamente de la misma manera. Quizás lo más interesante es que junto con los procesos concretos, con acuerdos específicos con cosas visibles, está este elemento político que se ha ido construyendo y ciertamente, como dice la Presidenta, “pocas veces o nunca los gobernantes se han parecido tanto a sus pueblos como en esta época en la región”. Esto no es una casualidad y creo que es una cosa que nos fortalece.

Carlos señaló cinco hitos importante de estos años. Yo quiero mencionar otro que no es estrictamente regional, pero me parece fundamental: el tema del G20. Argentina, junto con Brasil y México, son los tres países latinoamericanos que participan del G20. Es un esfuerzo importante por tratar de dar una respuesta a la crisis. Es el resultado del reconocimiento de que el G7 o el G8, es decir los poderosos, no podían resolver esta crisis. Entonces hubo que llamar a otros países representantes del mundo en desarrollo para tratar de construir consensos mínimos que traten de limitar el daño y diseñar un camino de recuperación. No es una tarea sencilla, pero la Argentina nunca ha tenido un rol protagónico como el que tiene hoy en la posibilidad de opinar y de co-ayudar a una reorganización de ciertas relaciones mundiales.

Y volviendo a los puntos señalados, pienso que los encuentros y los acuerdos políticos entre nuestros jefes de Estado demuestran un acervo común que tenemos en la región y que no está dado solamente por la historia, que la tenemos, ni por la voluntad de la segunda independencia, y por estar transitando el bicentenario. Yo tomo siempre como punto de partida el 25 de mayo de 1809, que fue el levantamiento en Chuquisaca, que tuvo un efecto importantísimo en la Revolución de Mayo. Cuando uno va a Sucre y ve la bandera de Belgrano y los restos de Juana Azurduy sabe que está no sólo en un país hermano sino en la tierra propia de los sueños y de la hermandad.

Para terminar quiero decir que hace pocos días he tenido la satisfacción de participar de un hecho histórico que implicó terminar no sólo con un anacronismo y con una injusticia, sino con algo que afectaba la dignidad de todos los países que permitíamos que eso siguiera vigente: la readmisión de Cuba en la OEA después de 47 años[3]. La Argentina en esto tiene una historia de dignidad: en 1962, cuando la OEA resolvió la expulsión del Gobierno de Cuba, el Gobierno argentino se abstuvo y esa fue una de las causas que le costó la presidencia a Frondizi. En 1973, en un importante asamblea de la OEA, un hombre que ya no está con nosotros, Jorge Vásquez, pidió la derogación de esa resolución y la reincorporación de Cuba, pero por supuesto no fue escuchado. La Presidenta Cristina Kirchner planteó en el discurso inaugural de la Cumbre de las Américas[4], ya no el reclamo abstracto, sino la actualidad política del mismo. Y debo decir que varios creían que era un planteo simplemente, que no tenía ninguna posibilidad de concretarse; pero menos de 2 meses después, con trabajo político, con esfuerzo, creo que logramos producir un hecho que devuelve la dignidad a todos aquellos que pensamos que no debe haber exclusiones, que no deben existir esas sanciones y que esa resolución de la OEA había sido una muestra de un período oscuro de la misma y de la lucha de los pueblos en nuestro hemisferio.
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[1] Presidente del Banco Credicoop Coop. Ltdo. Diputado nacional electo por la ciudad de Buenos Aires.
[2] Licenciado en Sociología. Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina.
[3] Esta readmisión tuvo lugar durante la XXXIX Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), realizada los días 2 y 3 de junio de 2009, durante la cual los 34 Ministros de Relaciones Exteriores acordaron por consenso derogar la suspensión a Cuba, aprobada en 1962.
[4] Referencia a la V Cumbre de las Américas, que tuvo lugar los días 17 al 19 de abril, en Trinidad y Tobago.

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