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........................."Je t'aime" n'est pas un sentiment, c'est une vérité.


NO TE OLVIDES DE JORGE JULIO LÓPEZ ~~~~ ¿TE ACORDÁS DE LOURDES DI NATALE?NO TE OLVIDES DE LA IV FLOTA, LAS BASES MILITARES EN COLOMBIA, EL GOLPE EN HONDURAS

El apocalipsis y como romper las pelotas mediáticamente. La gusanería argentina.

El discurso del Apocalipsis. Una reflexión sobre el Apocalipsis enunciado, declamado, repetido, profetizado.


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Eric Calcagno

"Todos los problemas del país tienden a empeorar", afirma un editorialista; la intervención estatal en la comercialización de granos tendrá "consecuencias impredecibles", sostiene una solicitada; "nada ha cambiado. Los instrumentos con los que nos torturan son los mismos", señala un representante patronal-rural; "el Gobierno está contra el campo y contra la distribución del ingreso", dice un representante de la oposición; "hacia un país cada vez más aislado", "la peor de las derrotas", "en un clima de violencia y fragmentaciones", titula un comentador...

Son sólo algunos ejemplos del clima apocalíptico que vivimos a diario en los diarios. Hay problemas, quién lo niega. Los hay en el mundo, los hay en la región, los hay en el país... pero frente a los problemas se los resuelve –o se los disuelve, al gusto de Wittgenstein– a través de la razón política, probable, política y por eso democrática. De allí que la resolución de los problemas deba pasar por la confrontación de proyectos, modelos y argumentos, todos válidos por igual en tanto y en cuanto exista la validación de las urnas. Para nosotros, legalidad es legitimidad; y también legitimidad, legalidad. Por eso el rol del Congreso, de la discusión, la centralidad del ágora como modo de transmisión de la política y de construcción del poder. El territorio.

Porque no es lo mismo pensar que el problema de la pobreza se resuelve con más trabajo en blanco, más industrialización y mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, o con la desregulación de las exportaciones, el dólar barato y la teoría del derrame. No es lo mismo pensar la inserción internacional de la Argentina en términos soberanos, en la construcción regional de sudamérica y en la posición frente al G20 en Londres, que pedir la vuelta de los planes de ajuste del Fondo Monetario Internacional y tener como horizonte nacional el tranquilo sometimiento de próspera colonia rural. La confianza de los quebrados.

Como no es lo mismo, tenemos de un lado y otro ideas argumentos y discursos que pueden ahondar tal o cual aspecto de la cuestión nacional y de la cuestión social, en el marco de las instituciones, del funcionamiento democrático y de la validación por el sufragio universal. La política como sublimadora de la violencia: se llama modernidad. Y es civilizadora.

Pero, ¿qué hacer cuando se esgrimen argumentos que no corresponden a las probabilidades de la razón, sino que apelan a la revelación? Las citas al principio muestran que cierta visión abandona el campo de lo razonable, en términos de discusión de proyectos y de polémica democrática, para adentrarse en figuras pre-modernas. Sobresale así la impronta del apocalipsis, al uso medieval, que explícita catástrofe, exterminio y devastación. En épocas de crisis mundial, de incertidumbre, esta figura reemplaza a la argumentación por la revelación, la razón política por la trascendencia y postula la redención a través del sufrimiento. Nada agradable.

Este pensamiento apocalíptico tiene varias raíces. Una es la tentativa de gran parte de la oposición de rehabilitarse por el fracaso del gobierno de la Alianza, del que fueron su núcleo. El razonamiento es elemental: si todos los gobiernos son malos, su actuación desastrosa no será tan visible: todos fracasamos, nadie fracasa. Pueden aspirar de nuevo al poder. Para ello le tiene que ir mal al gobierno nacional, a cualquier costo y de cualquier manera. Y si la realidad no da verosimilitud a sus argumentos, buenos son los presagios nefastos, los oráculos, las revelaciones. No se remiten a un universo racional, sino a un universo sobrenatural; no prima el razonamiento, sino la creencia. Bien vale la fe, por cierto, en el terreno de las convicciones personales sobre la trascendencia; pero trasladar los mecanismos medievales del apocalipsis a la discusión pública no parece favorecer la posición de la oposición. Con el agravante que como se basan en una revelación, no pueden discutirse. ¿Qué respuesta cabe, si comienzan por afirmar que el Gobierno es satánico? Con esa premisa, es lógico que se opongan a todo, como lo hacen.

Llegamos a la cuestión de fondo. Junto a este propósito de un grupo político, está la decisión del establishment de recuperar el poder que perdió en 2002/2003. Es la pelea de fondo. El establishment cedió el gobierno porque la crisis los superaba y no podían resolverla: sus gerentes ya no funcionaban. Pero ahora el país ha avanzado mucho en su reconstrucción y creen que ya es hora de que vuelva a ser manejado por sus dueños. ¿Qué es eso de que la participación de los asalariados en el ingreso global suba del 34% en 2002, al 43% en 2008? ¿Cómo se estatizó el sistema de jubilaciones, el agua potable, la línea aérea, el correo? ¿Cómo se llega a que los ricos transfieran más ingresos al Estado, que los dedica a los pobres? Es el apocalipsis del establishment, a no dudarlo.

Se ha sostenido que uno de los peores problemas del mundo musulmán fue que históricamente tuvieron primero el renacimiento y después el medioevo. En la civilización occidental la cronología fue la inversa. Por eso llama la atención que ahora los núcleos de la oposición en el ámbito nacional quieran implantar el medioevo en medio del renacimiento que se produjo en 2003. ¿Acaso piensan continuar la obra que tuvieron que interrumpir en 2001? ¿Es ese el propósito desestabilizador de las profecías apocalípticas? ¿Ese será el discurso de campaña? ¿El proyecto para la Argentina? Lo sabremos el 28 de junio.

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El guión de la realidad


Eduardo Aliverti

Las movidas ajedrecísticas en el tablero electoral pusieron una pausa de última hora que será solamente eso, una pausa, en el curso de una sociedad que a través de la acción multimediática ya venía en campaña desde el retorno veraniego. Las especulaciones, las críticas de unos y otros, las lupas más precisas sobre los candidatos potenciales serán un suspiro al cabo del cual, salvo por un algún imprevisto, se volverá a unos escasos ejes temáticos que retomarán el dominio de la escena.

¿Qué cuenta hay que sacar cuando se habla nada más que de unos pocos temas muy puntuales? Sencillísimo: la de cuáles otros se ignoran. ¿Así de fácil? No, por lo visto o por lo que se intuye. Que cada quien conteste preguntas como las siguientes, que de tan elementales generan mucho pudor al formularlas. Y que se limitan a recorrer el tratamiento periodístico de esos temas.

¿Por qué será que no se lee ni escucha a experto alguno respecto de la ola de inseguridad que viven los porteños y los habitantes del conurbano bonaerense (demos por sentado que efectivamente pasa eso; o sea: no nos permitimos dudar ni por un instante de que estamos, en efecto, en el peor de los mundos)? ¿Por qué será que quienes lideran lo que dice sobre el punto la "opinión pública" –a sus anchas en la acepción de que eso es la suma de las opiniones que se publican– son Susana Giménez, Marcelo Tinelli, Sandro, Moria Casán, Mike Amigorena y, caramba, ¿Luis Alberto Spinetta? ¿No hay ningún artista ni figura de renombre que piense lo contrario? ¿Ninguno? ¿Puede ser que absolutamente ninguno? ¿Puede ser que nadie, pero nadie, se acuerde de que durante los largos meses del pico conflictivo con "el campo" desaparecieron de los medios todos los asesinatos habidos y por haber? ¿Y es probable que tras haberse destapado la conexión entre laboratorios farmacéuticos y "ruta de la efedrina", y entre mafias policiales y un ¿secuestro? resonante, la policía aparezca repentinamente como víctima casi principal del estado de las cosas? ¿Sí? ¿Es probable?

¿Y es fehaciente como casualidad que el asentamiento de este clima denso, muy denso, se dé justo cuando por fin se decidió presentar el proyecto de una ley de radio y televisión que acabe con la pornografía de estar regidos por la sancionada en la dictadura? ¿Es concebible que no haya un solo periodista, un solo intelectual, un solo analista, casi ni siquiera para disimular que hay alguito de honestidad profesional, capaz de rebatir técnicamente la propuesta? ¿Ni uno solo hay, como para que todo se remita a ponerles altoparlante a Gerardo Morales, Patricia Bullrich y Federico Pinedo, entre otros connotados especialistas en el área? ¿Ni uno solo hay en ninguno de los diarios, radios, canales abiertos, canales de cable, portales, de todos los medios de las grandes corporaciones? ¿Y es verosímil que se haya producido sólo por esas cosas de la vida la aparición del secretario del Episcopado, para afirmar que la corrupción está "institucionalizada"? ¿Justo ahora tiene el monseñor la ocurrencia de aparecer para decir eso?

El Gobierno también se cuenta, y vaya cómo, entre quienes no contribuyen a entender nada, haciéndole el juego a la des-conciencia. Un oficialismo que se autovictimiza cargándoles a terceros, sin un gramo de autocrítica, la factura de los ataques que sufre. Lo que hizo Kirchner en Catamarca –sólo por tomar un dato de la coyuntura– es inenarrable, pero no porque lo sucedido en esa provincia vaya a ser decisorio respecto de nada en términos electorales. Es porque actúa como un angurriento coyuntural. Pierde de vista que cualquier cálculo que haya sacado, como para aliarse con Saadi y Barrionuevo, debe medirse con cómo influye lo que hace no sólo hacia mediano plazo, sino en torno de las grandes batallas conceptuales que se libran en el corto. Probablemente, su cuenta haya sido que ese acuerdo con semejantes impresentables le permitió subsistir en la repartija parlamentaria provincial; y que los muchos miles de votos perdidos en la escenografía nacional habrá de recuperarlos porque, finalmente, el voto progre le será fiel. Mentira. Los progres no son fieles en este país y la unión con esos mostrencos es susceptible de volcarlos hacia Carrió o cualquier opción de derecha "presentable". Esa irreflexividad lo llevó a comerse con plus las portadas en contra, y en consecuencia a todas las radios y canales que obedecen a esas portadas. Supongamos que su matemática política le da que, de todas formas, los medios lo harán pelota. Y que por lo tanto, perdido por perdido, es mejor jugarse a todo o nada. Es válido, pero, ¿con quiénes se juega así? ¿A quiénes moviliza de su lado? ¿Con quiénes articula? Con nadie o muy pocos, parece, como no sea la construcción de un Gran Relato de "nosotros contra ellos" reposado en nada más que él y Cristina. Simplifiquemos: chocar contra Clarín y La Nación y la Sociedad Rural & Cía., más Susana y Tinelli y, encima, el espectacularismo mediático global de que se pudre todo, es respaldable a dos manos pero requiere de inteligencia, cuadros políticos y vocación movilizadora. ¿Se dedican a eso los K? ¿O sólo quieren protagonizar luchas de estrellato progre personal?

Pero bueno: ésa es una disquisición que viene dialécticamente paralela o, a posteriori, de si primero esta sociedad tiene claro que el ridículo debate sobre la pena de muerte no lo puede conducir Cacho Castaña. De si entiende que asustarse y sufrir por los delitos no se arregla con salir a ajusticiar con sangre y fuego a cualquier morocho que ande por ahí. De que la policía es parte del problema y no de la solución, como elemento constitutivo de la represión de clase y de la corrupción que ignoran los obispos. Los medios han logrado legitimar un discurso, mediante el cual ocultan que, además o en lugar de reflejar la realidad, la producen. Lo hacen a través de una construcción de sentidos por la que, sin ir más lejos, uno mismo se pone a escribir para retrucar a esa bajada de línea hegemónica, que no es otra cosa que la lógica de la dominación porque los medios no son otra cosa que el poder mismo. ¿Cuántos y quiénes reparan en eso?

Hay un chiste que de tal no tiene nada, adjudicado a diversas fuentes según la navegación y recepción por Internet que cada quien escoja. Resulta que Evo Morales y Bush (a este último habría que cambiarle el nombre pero no el simbolismo) se quieren juntar a solas. Lo hacen en un bote en un lago sudamericano, pero los medios se enteran y miles de periodistas de todo el mundo se ubican en la orilla. A Bush se le vuela el sombrero texano y Evo salta del bote, camina sobre el agua, recupera el sombrero, vuelve –siempre caminando sobre el agua– y se lo entrega. ¿Qué titulan los diarios y los noticieros?: "Evo no sabe nadar".

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Grandes rasgos

Las chances de esta nueva América latina en el medio de la tormenta que trae algo más pesado que granizo
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Sandra Russo

El 2 de marzo empecé a trabajar en Radio Nacional, en un programa que se llama El nombre de las cosas. Esta nota arranca como una gacetilla, pero no lo es, ya verán. En nuestro universo diario de 12 a 14, América latina es nuestra casa grande, por la que hemos vuelto a sentir un amor como el que nos perforó la adolescencia. En el programa hay una sección diaria, "Enforados", que mantiene abierta la agenda del Foro Social Mundial. A mí me pegó fuerte ver en Belem do Pará a cinco presidentes que saludaron a otros tres ausentes (Michelle Bachelet, Cristina Fernández, Tabaré Vázquez), y que eran, los ocho, un bloque de matices, ¡de Bachelet a Chávez! Pasando por Evo, a quien todo el mundo, ese mundo mejor es posible, reconoce como el mejor, el más puro, el más audaz. Pero Evo no sería posible sin el indio que se despertó. Bolivia, tan ignorada, tan maltratada por los grandes medios, está a punto de erradicar de su territorio el analfabetismo. Y en lo que me toca, lo que me toca de muy cerca, en las ideas y en las emociones, ése es un buen ejemplo de aquello en lo que creo, aquello que yo asocio con el bien.

Pero no sólo es amor, también realismo. En un análisis reciente del profesor brasileño Emir Sader sobre la crisis global y sus consecuencias en la región, leí esto: "En América latina, los efectos son más pesados y directos para los países que siguen dependiendo en mayor medida del comercio con los Estados Unidos: México, América Central y el Caribe en primer lugar. En segundo lugar, los países con pautas exportadoras menos valorizadas o aquellos que hubiesen tenido su ciclo de expansión económica excesivamente centrado en las exportaciones, especialmente las economías más abiertas, entre ellas las que tienen tratados de libre comercio con los Estados Unidos, como Chile, Perú, México, Costa Rica y otros países centroamericanos y caribeños. Deben ser relativamente menos afectados los países con pautas exportadoras más diversificadas –ya sea en los productos, ya sea en los mercados–, como Brasil, en parte la Argentina, y los que participan del proceso de integración regional –ya sea el Mercosur, ya sea en ALBA-Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, R. Dominicana, Honduras–. Para éstos, las crisis son una oportunidad especial para acelerar e intensificar los procesos de integración, del comercio, así como los planos financieros y energéticos".

Quiero decir: se trata de una esperanza con anclaje en lo ya recorrido. A veces los débiles pueden coincidir en una comunión que incluso rebase las visiones rasgadas de sus representantes. Por buenos que sean, los representantes no siempre captan profundamente a quienes tienen que representar. Esto que nos pasa con América latina es muy intenso, porque está íntimamente unido a que la esperanza tenga chances de supervivencia. La esperanza en cuestión no es algo perfecto, es algo posible y mejor. La esperanza de algo perfecto, hasta en psicoanálisis, es una trampa del deseo. Algo no consumable.

Mirado desde esa perspectiva, esta lectura rebasa, y bastante, al peronismo. El peronismo es lo que leemos en casa, pero si leemos en América latina, lo que hay son trabajadores y excluidos, de un lado, y fuerzas que han hecho postas cíclicas en el régimen cualquiera que los oprimió hasta hoy. Amén de que pensamos a su favor y votamos a su favor sectores que podríamos llamar progresistas, la cuestión no somos nosotros, son ellos, que comprendemos tanto que somos también nosotros. Yo creo que se entiende. Y que sería atentar contra este proceso de integración vital privilegiar los matices por sobre los grandes rasgos que hoy unen a América latina. Es en esos grandes rasgos en los que podemos mirarnos. En nada más.

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Sectores privilegiados

Opción por los ricos


Claudio Scaletta

La actual administración comenzó bien cuando apenas un año atrás se plantó, no sólo discursivamente, frente a los reclamos de los sectores más privilegiados de la sociedad. Decirle "no" a la reacción de las corporaciones agropecuarias frente a la adecuación técnica de una herramienta macroeconómica fiscal no fue pura confrontación, sino advertir que el consenso de los afectados no puede ser, por definición, el camino para aquellos actos de gobierno que suponen redistribución de rentas extraordinarias.

Sin embargo, la "opción por los ricos" asumida por buena parte de las clases medias urbanas, sustrato de la voluble opinión pública, permitió que los sectores más reaccionarios de la sociedad capitalicen las no siempre inmerecidas corrientes de descontento. Lo paradójico es que mientras el capitalismo global avanza sin horizonte hacia una crisis histórica, puertas adentro el cobro de un arancel a los más privilegiados se convirtió en la divisoria de aguas principal. A diferencia de las democracias avanzadas, el antagonismo central de la política local no es hoy Gobierno-oposición, sino Gobierno-corporaciones agropecuarias; contraposición que reagrupa tras las demandas de los terratenientes y arrendatarios de la Pampa Húmeda a los restos de las clases políticas que condujeron los fracasos sistémicos de las últimas dos décadas del siglo XX: el panradicalismo y el neomenemismo devenidos en guardianes del ancien régime.

Mientras el Gobierno demostró en sus actos que lee la crisis internacional y reconoce los problemas de mayores costos y menores precios externos de las economías regionales –las rebajas en las retenciones a los cereales, la fruticultura y a la vitivinicultura son en este sentido paradigmáticas–, las corporaciones agropecuarias continúan aferradas a una baja indiscriminada de las retenciones sojeras, su bandera última. Cuando la única respuesta admisible es la de máxima, el diálogo se torna imposible y la búsqueda de consensos, ilusoria. El antagonismo principal de la política local determina, a su vez, que en un año electoral esta ilusión se torne aun más esquiva.

Si la actual administración quiere ser coherente con su propio discurso, el camino no es sólo blandir la reforma estructural del comercio exterior de granos, sino llevarla adelante con la misma velocidad con que se erradicó el nefasto sistema de las AFJP. Esta decisión le ganará más adhesiones que cualquier sumatoria de concesiones o la prosecución de alianzas perdidosas y contra natura en sofocados feudos provinciales.

Puede imaginarse también que a medida que la crisis internacional afecte inevitablemente los bolsillos de los sectores medios que gustaron de optar por los más ricos, comenzarán a sentir menos empatía por la prestancia cada vez más oronda de la sobresatisfecha dirigencia agropecuaria. La ostensible acumulación de kilos dirigenciales, emergente del arte de la comparación fotográfica intertemporal, puede también ser una flaca contribución a la credibilidad de su perpetuo lamento. En fraseología de un viejo líder radical, la sociedad podría comenzar a darse cuenta de que a estos gorditos no les va nada mal.

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Códigos

Mempo Giardinelli

Cuando hace poco se conocieron las negociaciones secretas del Sr. Biolcati con el Sr. De Vido, el presidente de la Sociedad Rural proclamó fastidiado que "el Gobierno, las personas que intervinieron en esto, violaron un código que yo respeté".

"Hasta los mafiosos tienen códigos, pero éste es un gobierno que va más allá de la mafia", dijo enseguida el dirigente cordobés Luis Juez, políticamente oportuno y veloz de lengua como siempre.

Tres semanas después, anteayer, el extraordinario futbolista Juan Román Riquelme, al renunciar a la Selección Argentina, declaró que "está claro que el técnico de la Selección y yo no tenemos los mismos códigos".

En ambos casos, y con velocidad de rayo, todo el "movilerismo" argentino –si cabe el neologismo para no decir "todo el periodismo" pues periodismo es otra cosa– se encolumnó para repetir el vocablo "código" como si se tratara de algo sagrado, por todos conocido y aceptado.

En realidad, lo que esta cuestión semántica denota es sólo ignorancia y confusión. Porque de las dieciocho acepciones del vocablo "código" que admite el Diccionario de la Lengua Castellana, ninguna define esa supuesta afinidad ideológica que, supuestamente, uno rompe y todos padecen. Apenas dos de esas acepciones podrían aludir a lo que en la Argentina se ha puesto de moda forzando –mal– nuestra lengua: la tercera ("cifra para formular y comprender mensajes secretos") y la sexta ("sistema de signos y de reglas que permite formular y comprender un mensaje").

Parece indudable que lo que estos señores han querido decir, en cada caso, es "principios". O bien, "valores".

Pero claro, justamente principios y valores es lo que más se ha venido extraviando en la Argentina contemporánea, fundamentalmente por obra de las dirigencias de todo tipo: las políticas, sí, pero también sindicales, empresariales, y desde luego las deportivas.

Y con la degradación acelerada de valores y principios que viene padeciendo nuestro país, así estamos. Ya ni siquiera se los menciona mientras, en cambio, se los sustituye por esa elusiva palabra –"códigos"– que, según también se dice, tiene tintes mafiosos.

Y es que los mafiosos, los ilegales, los delincuentes y sobre todo los así llamados de "guante blanco" se manejan –esos sí– con "cifras y mensajes secretos", con "sistemas de signos". Nunca con valores o principios.

Y es que principios y valores remiten, siempre, e inexorablemente, a la ética. Es decir, a comportamientos ejemplares por decencia y congruencia, e incluso por elegancia, y esos comportamientos son siempre transparentes y nunca secretos.

Lo que más pena produce todo esto es pensar qué lamentable docencia se aplica con nuestros chicos, nuestros muchachos, sobre todo los futboleros.

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Acontecimientos argentinos de dimensión planetaria. Hugo Presman

LA HISTORIA EN TRES IMAGENES
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Se dice que la historia escribe derecho sobre reng
lones torcidos. En su devenir hay continuidades y rupturas. Pero es posible encontrar un símil del hilo de Ariadna que nos permita encontrar un eje conductor entre acontecimientos que se visualizan desordenados. Bisagras o clivajes como dicen los sociólogos. En tres imágenes trataré de sintetizar fotografías significativas de nuestra historia y su repercusión en diferentes geografías del planeta.
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PRIMERA IMAGEN
Una multitud cubre la plaza de Mayo. Es un día cálido de la primavera de 1945. Los pies cansados que avanzaron de Ensenada, de Berisso, de Avellaneda, de distintos lugares del conurbano están cansados. Algunos se descalzan y meten las patas en la fuente. Gritan por un general que en dos años transformó un golpe en el punto de partida de una transformación popular histórica. Son integrantes de una nueva clase obrera. Tal vez no lo saben, pero son protagonistas de un hecho histórico. Desde ese momento, la política del país no podrá prescindir de ellos. Los avances y retrocesos del país serán a favor o en contra del afianzamiento o la destrucción del modelo de sustitución de importaciones. Es a partir de esa imagen, las patas en la fuente, que la Argentina vivirá los diez mejores años de su historia. Desarrollo capitalista, afianzamiento industrial, distribución del ingreso, conquistas sociales, salud y educación a niveles nórdicos. Una movilización arrancó a Perón de Martín García donde los sectores afectados lo habían confinado pensando que lo excluían de la historia que permitía a la Argentina ingresar a la modernidad y a la clase obrera dejar de ser actor de reparto para ser protagonista. Los pies que se sumergían en la fuente de la Plaza de Mayo habían caminado mucho pero a partir de ahí, y por una década, la Plaza los convocaría para recordar y celebrar su bautismo de nacimiento
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SEGUNDA IMAGEN
Unas mujeres dan vuelta a la Pirámide de Mayo ante la indiferencia de una sociedad. Han pasado 32 años de la imagen anterior. Reclaman por sus hijos de los cuales desconocen lo que le ha pasado. Se cubren con un pañuelo. Muchos las llaman “ La locas de Plaza de Mayo” La mayoría han partido del refugio de sus casas, de las cocinas y las tareas domésticas para escribir con su dolor, con su lucha y su inteligencia, una memorable gesta. No son políticas. Han abrevado en la falsedad de la historia oficial. Todavía no saben que hay un hilo conductor entre las patas en la fuente y su ronda alrededor de la Pirámide de Mayo.
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IMAGENES VINCULADAS
Los sectores económicos que triunfaron en las guerras civiles del siglo XIX nunca aceptaron el ingreso de la clase obrera en la historia. Detestaban a la industria. El mundo era su mercado. Franjas importantes de las clases medias alienadas a los poderosos constituyeron la masa de las maniobras desestabilizante y golpistas. Había que terminar con el modelo de sustitución de importaciones, es decir con las industrias y los obreros. Y no escatimaron en medios. Bombardearon al pueblo en la Plaza de Mayo en el otoño de 1955 y luego destituyeron y exiliaron a Perón a partir de septiembre.
La sociedad surgida resistió a los sucesivos embates. El golpe de 1966 cumplió parcialmente sus objetivos. La Masacre de Trelew demostró nuevamente que cuando había que matar no le temblaría el pulso al poder. Había que liquidar definitivamente una alianza explosiva de clase obrera y sectores nacionalizados de clase media que habían contribuido al regreso de Perón. A su muerte, el proyecto de aniquilamiento de la alianza plebeya se concretó el 24 de marzo. Y esta vez iban a consumar la destrucción del persistente modelo sobreviviente. Y los desaparecidos iban a ser la condición necesaria para no fracasar nuevamente en los objetivos. Ahí empiezan a superponerse las imágenes que asocian la destrucción de lo nacido a partir de las patas en la fuente y las rondas de las Madres clamando por la aparición de sus hijos desaparecidos.
La dictadura establisment- militar fracasó en todo menos en el objetivo fundamental de reemplazar el modelo de sustitución de importaciones por el de rentabilidad financiera.
Entre los miles de desaparecidos, hay hijos y nietos de los que caminaron y pusieron las patas en la fuente. El hilo de Ariadna vincula y superpone las imágenes.
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TERCERA IMAGEN
El modelo de rentabilidad financiera estalla. El gobierno de Menem en forma activa y el de la Alianza en forma pasiva han consumado lo que la dictadura establishment- militar no alcanzó o no pudo consumar. Y con apoyo popular. Apenas dejan vestigios de lo nacido aquella primavera de 1945. Y en este tórrido verano del 2001, la clase media desilusionada y expropiada junto a trabajadores y excluidos se encuentran en las calles de Buenos Aires y del conurbano, con focos también en Rosario. En un rapto de lucidez, que abandonará cuando escape a sus incertidumbres, los sectores medios unen su destino mirando hacia abajo y no como es tradicional hacia arriba. Nace una consigna que tuvo vuelo corto: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”
Sobre esa movilización se construye una salida confusa y contradictoria. Los emblemas de la década denostada obtienen sumados más del 41% de los votos.
Kirchner sintoniza con el discurso implícito en los pies movilizados y desde una gigantesca derrota nacional y un esmirriado 22% inicia una etapa caracterizada por sus continuidades y rupturas con el pasado reciente.
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ARGENTINA SEÑALA EL CAMINO
De las tragedias argentinas han surgido imitaciones en distintas partes del mundo en cuanto a métodos de lucha. Las Madres de Plaza de Mayo han encontrado imitadores en Grecia, Turquía, Cuba y en nuestro país como las Madres del Dolor o las que luchan contra la drogadicción de sus hijos.
También de la crisis del 2001, se ha salido con políticas que hoy se adoptan en diferentes escenarios.
La crisis mundial que hace temblar al planeta reproducen las cacerolas en geografías inimaginables. La ensayista canadiense Naomí Klein lo relata de la siguiente manera en su nota ¡ Que se vayan todos!: “Al ver a las multitudes islandesas que golpean cacerolas hasta provocar la caída de su gobierno, recordé un cantito de los grupos anticapitalistas, allá por 2002: "Ustedes son Enron. Nosotros Argentina". Su mensaje era muy simple. Ustedes -políticos y gerentes ejecutivos apiñados en alguna cumbre comercial- son los despilfarradores y corruptos dirigentes de Enron (por supuesto, no conocemos ni a la mitad del total). Nosotros -la chusma que está en la calle- somos como el pueblo de la Argentina, que en medio de una crisis económica pavorosamente similar a la nuestra salió a la calle haciendo sonar las cacerolas. Ellos gritaban: "¡Que se vayan todos!", y obligaron a dimitir a una procesión de cuatro presidentes en menos de tres semanas.
Lo que dio características únicas al levantamiento de la Argentina de 2001-2002 fue el hecho de que no estaba dirigido contra un partido político en particular, ni siquiera contra la corrupción en general, en un sentido abstracto. El objetivo era el modelo económico dominante. Aquélla fue la primera sublevación contra el capitalismo desregulado contemporáneo.
Ha llevado un tiempo, pero desde Islandia hasta Letonia, desde Corea del Sur hasta Grecia, el resto del mundo finalmente está teniendo su momento de ¡que se vayan todos!
Las estoicas matriarcas islandesas que golpeaban sus cacerolas hasta dejarlas chatas mientras sus hijos saqueaban la heladera en busca de proyectiles (huevos, con seguridad, yogurt) son el eco de las tácticas que se hicieron famosas en Buenos Aires. También es similar la furia colectiva contra las elites que hundieron a un país floreciente y creyeron que saldrían impunes.
Tal como lo expresó Garden Jonsdottir, una oficinista islandesa de 36 años: "Ya he tenido bastante de todo esto. No confío en el gobierno, no confío en los bancos, no confío en los partidos políticos y no confío en el FMI. Teníamos un buen país, y ellos lo arruinaron".
Otro eco de Buenos Aires: en Reykiavik, los manifestantes, evidentemente, no quedarán satisfechos con un simple cambio de cara en el gobierno (aun cuando la nueva primera ministra sea lesbiana). Quieren ayuda para el pueblo, no sólo para los bancos; investigaciones penales de la debacle, y una profunda reforma electoral.
En estos días también se pueden escuchar demandas semejantes en Letonia, país cuya economía se ha contraído más que en cualquier otro de la Unión Europea, y donde el gobierno también ha tambaleado. Durante semanas, la capital ha sido sacudida por protestas y manifestaciones, incluyendo un disturbio de grandes proporciones el 13 de enero, en el que se usaron adoquines como proyectiles. Como ocurre en Islandia, los letones están indignados porque sus dirigentes rechazan toda responsabilidad por la crisis. Cuando un periodista de Bloomberg TV le preguntó cuál había sido la causa de la crisis, el ministro de Finanzas letón se encogió de hombros: "Nada en especial", respondió.
Pero los problemas de Letonia son indudablemente especiales: las mismas políticas que permitieron al "Tigre del Báltico" crecer a un ritmo del 12 por ciento en 2006 son las que hacen ahora que se contraiga violentamente, con un índice que se calcula en un 10 por ciento. El dinero, liberado de toda barrera, sale tan rápidamente como entra, y mucho se desvía hacia los bolsillos de los políticos. (No es una coincidencia que muchos de los casos perdidos de hoy sean los "milagros" de ayer: Irlanda, Estonia, Islandia, Letonia).
En 2001, la dirigencia argentina respondió a la crisis con un brutal paquete de austeridad prescripto por el Fondo Monetario Internacional: nueve mil millones de reducción de gastos, que en gran parte se quitaron de los sectores de salud y educación. Esto demostró haber sido un error fatal. Los sindicatos organizaron una huelga general, los maestros sacaron sus clases a las calles y las manifestaciones y protestas se hicieron incesantes.
La misma negativa de base a soportar el más duro castigo de la crisis cohesiona a muchas de las protestas actuales. En Letonia, la furia popular se ha concentrado en contra de las medidas de austeridad del Gobierno -despidos masivos, reducción de los servicios sociales y brutal disminución de los salarios del sector público-, todas ellas destinadas a lograr que el país califique para un préstamo de emergencia del FMI (no, nada ha cambiado).
En Grecia, los disturbios de diciembre se produjeron después de que la policía disparara contra un adolescente de 15 años. Pero lo que ha mantenido activos a los griegos, con los agricultores aceptando el liderazgo de los estudiantes, ha sido la respuesta que el Gobierno ha dado a la crisis: los bancos recibieron un rescate de 36.000 millones, mientras que se redujo la pensión de los trabajadores, y los agricultores no recibieron prácticamente nada.
A pesar de los inconvenientes que les causan los tractores que bloquean las rutas, el 78 por ciento de los griegos dice que las demandas de los agricultores son razonables.
De manera similar, la reciente huelga general en Francia -provocada, en parte, por los planes del presidente Sarkozy de reducir drásticamente el número de maestros- inspiró el apoyo del 70 por ciento de la población.
Tal vez el nexo más firme que conecta esta reacción global sea el rechazo de la lógica de las "políticas extraordinarias", la expresión acuñada por el político polaco Leszek Balcerowicz para describir la manera en que, en una crisis, los políticos pueden ignorar las regulaciones legislativas e introducir apresuradas reformas impopulares. Ese truco se está agotando, tal como lo descubrió recientemente el gobierno de Corea del Sur. En diciembre, el partido gobernante intentó usar la crisis para implantar por la fuerza un muy polémico acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Llevando a un nuevo extremo la decisión política a puertas cerradas, los legisladores se encerraron en el recinto para poder votar en privado, construyendo una barricada contra la puerta con escritorios, sillas y sofás.
Los políticos de la oposición no estaban dispuestos a aceptarlo: con mazas y una sierra eléctrica entraron en el recinto y protagonizaron una ocupación del Congreso durante 12 días. El voto se demoró, dando lugar a más debate. Una victoria de la nueva clase de "política extraordinaria".
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La pauta está clara: los gobiernos que responden a la crisis creada por la ideología del libre mercado con una aceleración de la misma agenda desacreditada no sobrevivirán para poder contar la historia. Tal como los estudiantes italianos han estado gritando últimamente por las calles: "¡Nosotros no pagaremos por la crisis de ustedes!"
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LA HISTORIA EN TRES IMAGENES

Tal vez ahora quede claro el hilo de Ariadna, aquel que le ayudó a Perseo salir del laberinto después de luchar y matar al Minotauro. Aquí el ejemplo mitológico vincula las patas en las fuentes como partida de nacimiento de la consolidación de un nuevo modelo y los intentos criminales que se realizaron para su destrucción. Ahí aparecen las Madres de Plaza Mayo como símbolo de las víctimas que el poder económico no dudaría en asesinar cuando asumieron el gobierno a través de los militares y destruyeron significativamente el modelo consolidado a partir de 1945. Los desaparecidos, los campos de concentración de los cuales la ESMA, regenteado por la Marina, es el emblema paradigmático, tienen su antecedente en los aviones navales que bombardearon esa Plaza y la gente ahí reunida, pasando por la Masacre de Trelew donde el almirantazgo trató de hacer pasar un fusilamiento bajo la figura de un intento de fuga.
Lo reemplazaron por un modelo depredatorio que se consolidó en democracia con apoyo popular. Y que estalló en diciembre del 2001. Y ahí aparece la simbiosis de piquetes y cacerolas. Y los muertos en la brutal represión del 20 de diciembre.
Más tarde volvieron las cacerolas, pero ahí con un sonido diferente interpretando una partitura inspirada en el establishment. Lejos, muy lejos de los piquetes de los pobres. Apoyaron a los piquetes que luchaban por el mantenimiento de tasas de ganancias y no de aquellos con los que confluyeron un lustro atrás para mantenerse en el sistema o ingresar a él.
Hoy ese estallido es planetario. Y las cacerolas de la decepción hacen ruido en diversos e imprevisibles escenarios. Es posible que los estallidos sociales aparezcan como la tercera etapa de una crisis financiera que pasa a la economía real y concluye en los conflictos y estallidos sociales. ¿ Faltará mucho para que las patas en la fuente a nivel planetario den inicio a un período más racional y equitativo? O estamos más cerca del bombardeo a Plaza de Mayo. Aún no se puede avistar el hilo de Ariadna que saliendo del laberinto conduzca a una etapa superadora. Por aquello que la historia escribe ( agrego a veces) derecho sobre renglones torcidos
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Las crisis reales y las crisis canallas

Sandra Russo

"Los millones que Occidente está volcando para salvar sus instituciones financieras no sirven de nada frente a una crisis mucho mayor: hay mil millones de personas al borde de la muerte por inanición. Esa es la crisis verdaderamente grave, y ese dinero no hace nada por ellos. Curiosamente, no lo he leído en un periódico americano, sino en uno de Bangladesh." Esto es blanco sobre negro. Es una reflexión que vertió el lingüista Noam Chomsky en una entrevista publicada esta semana en El País. Mil millones de famélicos no constituyen una crisis en el mundo global. La globalización los fabricó, los asimiló y los naturalizó. Los parámetros con los que se evalúa qué tal anda el mundo dejan afuera el hambre, mientras tiemblan con las hipotecas. Si a la situación actual se la define como crítica, es porque los que entraron en crisis son los incluidos. Los excluidos va de suyo que no deben soportar ninguna pérdida más que la de la propia vida, porque no tienen más que eso.

El diario El País, que hace tiempo se inclina a la derecha, presenta a Chomsky como "uno de los intelectuales más conocidos y mejor valorados fuera de su país", pero también lo salpica con dos adjetivos poco inocentes: "sempiterno idealista". De modo que lo que diga el autor de Los guardianes de la Libertad, entre tantas otras obras que desnudaron la manipulación capitalista del sujeto, será leído como el pensamiento de un idílico defensor de las causas perdidas.

Todavía trabajando en su vieja oficina del MIT (Massachusetts Institute of Technology), Chomsky acaba de cumplir sus 80. Aunque ya se jubiló, sigue yendo diariamente al Departamento de Filosofía y Lingüística, donde una foto de Bertrand Russell preside su despacho. Chomsky fue una de las pocas voces con reflejos para criticar el silencio del nuevo presidente norteamericano ante el primer conflicto internacional que hacía necesaria una posición: el ataque israelí a la Franja de Gaza. Pero como él mismo explica, a pesar de que Estados Unidos puede efectivamente ser considerado un país con una gran libertad de expresión, "la libertad tiene muchas dimensiones y otras formas de control, por ejemplo, a través del impacto de la concentración de capital. Por eso usted verá mis artículos en diarios de Johannesburgo, pero nunca en The New York Times".

Este hombre que vive y piensa en Estados Unidos no es influyente en su país. El aparato mediático privado pero oficial se ocupa de que él escriba y diga lo que quiera, pero también de que esas opiniones queden en la esfera de los que desean lo imposible. Porque sostener que el mundo vive una crisis porque alberga a mil millones de hambrientos es, para ese aparato de poder, una tontería bienintencionada dicha por un "sempiterno idealista", un dúo de palabras neutralizadoras que bajan de antemano la tensión de las palabras de Chomsky.

A nadie se le hubiera ocurrido tomar medidas drásticas contra el hambre. También es de pueriles y bienintencionados hablar de "seguridad alimentaria", una noción que manejan los organismos internacionales como la FAO, pero que no operan sobre la realidad ni sobre los gobiernos. Mientras sean los excluidos los que pierdan la vida, no pasará nada. El problema es cuando los incluidos comienzan a perder sus bienes.

El periodista le comenta que para los políticos norteamericanos ya no es el terrorismo "la mayor amenaza mundial, sino la inestabilidad provocada por la crisis". Y Chomsky replica qué sentido le dan los políticos norteamericanos a la palabra "estabilidad": la subordinación a Estados Unidos. Quizá a eso se haya referido el jefe de la CIA cuando incluyó en su lista de países con riesgo de inestabilidad a Venezuela, Ecuador y la Argentina. "¿Qué ha hecho Obama para lidiar con la amenaza? Rodearse de gente que contribuyó a crear esta crisis, como Timothy Geithner, Laurence Summers, los banqueros, y encontrar una fórmula para rescatar el sistema que ellos mismos dominan y controlan."

Otro cuadro cuelga en el despacho de Chomsky en el MIT: una imagen del ángel exterminador junto al salvadoreño cardenal Romero y los seis jesuitas que fueron asesinados con él en los '80 por escuadrones de la muerte. "Uno de mis fracasos es que ningún norteamericano sepa qué significa ese cuadro." Nunca lo sabrán. No saben lo que no les importa. No lo quieren saber. Así como los que en este país han reflotado el asunto de la pena de muerte. No quieren saber de la inseguridad de los otros, sólo de la propia y la de quienes se les parecen.

Esta semana, la farándula ha sido muy tenida en cuenta en los programas periodísticos. Moria Casán, Sandro, Carmen Barbieri y otros tantos con menos taquilla han salido a "sincerarse" y a "decir lo que piensa el pueblo" (como dijo Susana Giménez, a quien cuesta imaginársela sin atavío animal print y muchísimo más caminando por alguna calle de tierra). Moria Casán supo decir que no quiere ver pobres porque le descompensan la energía. Usan autos blindados y vidrios polarizados. No toleran que el barro salpique las burbujas de jabón líquido que son sus vidas. Pero, por lo visto, son perfectamente capaces de crear microclimas cuando los monopolios mediáticos abogan por el agite y por el "así no se puede seguir".

El hambre sigue siendo un crimen todavía más flagrante en el país, cuya dirigencia rural es arengada por la oposición para que no acuerde, para que no pacte, para que no se calme. Hay crisis reales invisibles, y crisis talladas a la medida de unos cuantos canallas.

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Por una nueva ley de radiodifusión, URGENTE POR FAVOR

Los silenciados


Horacio González

¿Han sido Scalabrini Ortiz, Jauretche, Discépolo y Manzi intelectuales y artistas silenciados? La afirmación de la Presidenta, en su discurso en la Biblioteca Nacional, fue criticada con esa saña habitual que hace pasar a primer plano una rara ironía, que más que eso es odio. Un odio, diríamos, que finalmente devora la ironía. Sin embargo, el tema permite un debate realmente importante. Si exceptuamos los "proscriptos" del siglo XIX, que tuvieron una voz tanto más poderosa cuando se lanzaron al exilio montevideano o chileno, la cuestión del "silenciamiento" debe datar de la decisión que dice tomar Scalabrini Ortiz a comienzos de los años '30. Ahí decide, figuradamente, "suicidarse" luego del premio que recibe por El hombre que está solo y espera. Escribe algo en torno de los "intelectuales del régimen", festejados por la gran prensa, que los adula para evitar que se estudien los verdaderos problemas argentinos. Proclama que evitará para él ese destino. Quería decir que ya no estaría disponible para los diarios señoriales y que, en adelante, investigaría los "dramas invisibles" del país. No esperaba otra cosa, entonces, que un "silenciamiento" impuesto por la prensa tradicional. El tema del silenciamiento todo le debe al ensueño del propio Scalabrini. En contrapartida, bajo una consigna de retiro espiritual, desplegaría la vocación de explorar el "subsuelo de la nación". Se convertiría en un buscador de las gemas ocultas de verdades que yacían en las penumbras de la historia. Un investigador así debía esperar el ataque de los grandes medios, el aislamiento por parte del aparato de conmemoraciones oficiales y la sistemática denigración de las usinas generadoras de prestigio cultural. De esta constancia, de estos grandes mitos, se nutría su épica personal.

La leyenda eminente que construye Scalabrini se refiere así a un intelectual que se retira proféticamente de una escena falseada y retorna con un manojo de verdades potentes. Poco a poco, éstas debían expandirse en una parábola de redención. Esta gran alegoría fue tomada por los jóvenes militantes de décadas pasadas y aún pervive. La Presidenta la recibe de ese modo, en sus años de militancia estudiantil. Desde luego, Scalabrini nunca pasó inadvertido, fundó numerosas revistas y participó de la vasta publicística del grupo Forja, que partía precisamente del antagonismo entre los intelectuales resistentes, al margen del sistema de aprobaciones autorizado y la "cultura colonizada", que es efectivamente dominadora. Pero se revelaba "falsa, toda falsa", como él mismo había escrito. Su caso, sin embargo, es el ejemplo de una biografía triunfal. No se llevó bien con Perón y, de hecho, el comienzo de su nombradía ante un público más vasto lo obtiene menos con sus grandes libros sobre los ferrocarriles y el imperialismo inglés –escritos entre fines de los años '30 y comienzos de los '40– que con la publicística forjista, primero, y luego con los grandes artículos de la revista frondicista Qué.

Scalabrini siempre mantuvo la idea de que el intelectual crítico es un "proscripto". Se da el lujo de rechazar una delegación cultural que deseaba conferirle Perón desde el exilio. Además publicará Perón un libro con su firma, pero su médula eran los artículos scalabrinianos. Rara fusión político-literaria en la historia cultural argentina. La carrera de Scalabrini es la coronación laica de lo que llamaríamos la saga del intelectual sacrificial argentino, que arraiga en la metafísica de la soledad y, a la vez, en la teoría crítica del imperialismo. Tiene estirpe lugoniana. Mantiene una ética de la aflicción y se niega al reconocimiento del Estado. Pero grandes avenidas llevan hoy el nombre tanto de Lugones como de Scalabrini.

Jauretche es jacobino, yrigoyenista, gauchi-político, montonero y post-peronista. Es el Pierre Bourdieu argentino, agudo estudioso de las "distinciones culturales" pero con un idioma de fogón y payada. Se da a conocer públicamente con su poema "Paso de los Libres", a la sazón prologado por Borges en 1933. Se trata de uno de los más ajetreados y polémicos prólogos de la historia del prologuismo argentino. Publicista de pura cepa, Jauretche sacará de su galera modernista y criollista las consignas de Forja. Disentirá también con Perón y tendrá su hora más gloriosa con los libros que comienza a publicar a fines de la década del '50, donde relucen los aún hoy mentados tratados sobre las zonceras y el medio pelo argentino. Menos partidario que Scalabrini de las teologías laicas de salvación social, Jauretche nunca se consideró un "silenciado", aunque tiene un lado echeverriano –con mucha más gauchesca, evidentemente– que se revela en su recóndito deseo de escribir las "palabras simbólicas" del resurgimiento de una "joven Argentina" industrializada. Adversario de La Nación –como David Viñas, que en eso es también un yrigoyenista de izquierda–, Jauretche elaborará una mitología literaria de duelista y juglar plebeyo. Aceptó su destino sin quejas y siempre recordó el fusil que empuñó en Paso de los Libres. Alguien quiso reconciliarlo con Borges en un encuentro en el bar Castelar, de Córdoba y Esmeralda. No pudo ser, eran hijos perseverantes de sus propios fantasmas.

Con Manzi y Discépolo hay menos dilemas. Es claro que ambos nunca cesan en su reinado sobre la misma Buenos Aires "que está sola y espera". Manzi tiene mucho de Rubén Darío –bastante se ha dicho sobre esto– y el tango "Sur" no deja de ser una escalofriante traducción de la refutación borgeana del tiempo. Discepolín es una suerte de pervertido monje medieval, autor de una inconsolable teología negativa en la forma de grandiosa plegaria maldita. Su personaje "Mordisquito" –de honda actualidad– es una pieza maestra de su encuentro con un peronismo que aún no sospechaba la derrota. Ninguno de los dos se consideraban silenciados y, aunque también cultivaban, sobre todo Manzi, innumerables recelos contra las empresas culturales "cuyo guardaespaldas era el general Mitre", eran autores de letras que se sostenían en los oscuros destinos amorosos, en una grave desesperación existencial y en la vida errante de la ciudad nostálgica.

De los cuatro nombres mencionados en el discurso de la Presidenta no podría decirse otra cosa de que son hijos notorios y bien reconocidos de su época. Si bien no son acallados, se entiende lo que se quiere decir cuando se recoge el gran simbolismo de que actuaron intentando bucear en los pensamientos del subsuelo. Se trata de ese mundo "invisible" del yacimiento recóndito de las poéticas de transformación social, a las que alude toda utopía. Y a la utopía le gusta siempre sentirse ante el peligro del silencio. Jauretche descubre las pepitas de un venerable refranero épico; Manzi explora los límites difusos entre los suburbios y la ciudad de manera lírica, no sociológica ni histórica; Discépolo desciende al núcleo de ludibrio y ultraje que quizá permitiría luego pensar una vida renovada y Scalabrini pone en relación la idea del submundo invisible que resurge, con una teoría económica crítica de la subordinación nacional. En cambio, obras de época que tuvieron gran vigencia y hoy están olvidadas podrían ser las de Eduardo Mallea y la de Manuel Gálvez, el primero hacia los años '40, héroe literario del diario La Nación que explora el sonambulismo interior de personajes desarraigados, y el otro, un escritor popular que recorrerá varios géneros masivos, la novela histórica, la biografía novelada, la novela naturalista evangélica y el ensayo social. El de Gálvez es un testimonialismo que conserva algunos signos de la derecha católica y otros de populismo piadoso, con una pizca de Zola. Scalabrini conseguirá desarrollar caracterologías que están en ambos, en Gálvez y en Mallea, pero lo hace con la mayor gracia literaria que le permitirá su espíritu abierto, no confesional por un lado, modernista por otro. Trasciende porque su materia se asocia a un legendario llamado a plasmar en resarcimiento social las vigilias nacionales. La hipótesis del "silenciamiento" se refería más bien a una redención colectiva de un tiempo apenas intuido, que vendría sin ataduras, antes que a una inquisición que lo hubiera condenado.

Pero un verdadero dilema se establece con Ezequiel Martínez Estrada, con su escritura fuertemente dramatúrgica y su voz admonitoria. Se conoce el peso profético de esta voz. Trabaja el núcleo agonístico de una fantasmagoría nacional que toca en un plano más sofocado todos los temas scalabrinianos y borgeanos. Es su opuesto complementario. Hasta hoy, La cabeza de Goliat, Radiografía de la Pampa o Filosofía del ajedrez son textos magníficos y refinados, que deberán adosarse a la esencia misma de una historia nacional, popular y libertaria. La gran fábula del proscripto pertenece plenamente a Martínez Estrada. Es la metáfora capital de un sujeto reparador, en lo esencial nada diferente al de Scalabrini.

Rememoro rápidamente esta historia, no porque cada obra tenga un refugio seguro en tal o cual corriente de ideas. Cada obra es en sí misma su propio mundo moral. Pero puede elegir participar voluntariamente de un legado mayor. En el debate actual, la maniática ojeriza imperante busca ofuscadamente las cinco patas del gato en las breves menciones presidenciales sobre su panteón personal de obras y lecturas. Pero más allá de las banales injurias, es evidente que lo que hoy se precisa es revelar la trama interna, profundamente vasta y ramificada, que involucra a esos nombres pronunciados.

No habrá conocimiento crítico capaz de disputa en una sociedad democrática si no resurgen medios de comunicación mucho más autorreflexivos y plurales, si no se recrea un lenguaje público que saque de su silencio todas las grandes obras y aventuras culturales del país. Un lenguaje no masacrado por los módicos profetas del encono, que niegan que en la Argentina haya un nudo intelectual a desatar, el de la renovación de su propia cultura crítica, erudita y de masas. Es un tiempo para revelar que los autores citados surgen de un plano más profundo, donde quedan en suspenso las trincheras triviales de nuestra politización primera y donde adquiere otra luz su carga emancipadora. No debe perderse la oportunidad de descender al río subterráneo de las literaturas políticas argentinas, al Aqueronte de nuestras luchas socioculturales, para construir un tejido inédito de las voces presentes y pasadas de la autonomía intelectual de la sociedad argentina.

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Extrañando los 90 y algo más

Entre la restauración conservadora y el deseo de una democracia corporativa
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Ricardo Forster

1 El escenario es elocuente, los actores ocupan sus lugares y despliegan con justeza sus respectivos papeles. Al levantarse el telón lo que antes podía quedar supeditado a la imaginación del espectador se vuelve pura evidencia; no hace falta vestuario ni maquillaje porque cada quien actúa de sí mismo. No hay ocultamientos ni falsas máscaras; las voces, sus tonalidades, se corresponden con las ideas de sus expresivos portadores que sabiéndose observados se deleitan imaginando que, ahora sí, ellos son el poder y lo son de una manera como no se había vuelto a ver desde las épocas de la Argentina del Centenario, aquella Nación construida por los dueños de la tierra que se emocionaba ante la llegada de la infanta Isabel y que se aprovechaba de la abundancia exuberante de estas pampas bendecidas por Dios, mientras los otros, los pobres de ayer y de hoy, permanecían y permanecen como figuras borrosas e insustanciales de una historia siempre escrita por la pluma de los poderosos. La prodigalidad de la Pampa húmeda alcanzó a unos pocos, esos mismos que harían lo imposible para acallar los reclamos de justicia y equidad de los humillados y explotados; dueños de la tierra que se encargarían de escribir su propia versión de la historia, una versión que vuelve a emerger, aunque algo gastada y desvencijada, para convertirse en la escritura de una nueva derecha (sofisticada por los lenguajes de la corporación mediática y las formas inéditas de construcción de la opinión pública) dispuesta a recuperar los oropeles perdidos.


El Congreso de la Nación, obra diseñada en aquellos tiempos conservadores y oligarcas, se convirtió, por esas cosas de la política y del espectáculo que ofrecen los medios de comunicación, en el escenario majestuoso para que los herederos de la Sociedad Rural, algo plebeyizados por la participación de los restos travestidos de la Federación Agraria, se unieran en un coro estupendo en su afinación destituyente con una oposición que ya no sabe qué más hacer para llamar la atención y para expresar su entrega absoluta al proyecto de un país agromediático, formulado desde la convicción de que los destinos de la patria deben volver a ser conducidos por sus verdaderos señores, aquellos que nos ofrecen sus riquezas, las de la pródiga tierra, como si fueran generosos portadores de un bien dispuesto a ser repartido entre todos los habitantes de estas geografías sureñas.


Una alianza franca, sin mediaciones ni ocultamientos; nada queda velado cuando hablan y manifiestan sus deseos, urgentes, de ser ellos los encargados de gobernar. Están, eso sí, algo apurados, su ansiedad denuncia la desprolijidad con la que suelen pensar la democracia, los derechos legítimos, el voto popular y todo aquello que es válido siempre y cuando sirva a sus intereses. Como los patrones de estancia toman posesión de sus propiedades y exigen que se los escuche. Mientras tanto, unos advenedizos hacen de las suyas tomando decisiones que alteran los nervios de quienes siempre se acostumbraron a ser los dueños de la última palabra. Extraña escena en la que se mezclan propietarios y gerentes, miembros conspicuos de intereses corporativos y dirigentes partidarios que se ofrecen como los mejores administradores de tanta riqueza.


Una democracia corporativa que nos muestra la imagen cierta de una restauración conservadora encabezada por la gauchocracia y sus aliados. Una democracia sustentada en la propiedad de la tierra, en su renta extraordinaria y en la convicción de una sociedad que debe girar, en su conjunto, alrededor de las riquezas agroganaderas, aquellas que, desde que la patria es patria, han sido, así lo hemos escuchado infinidad de veces desde nuestra más tierna infancia, la base de nuestro éxito y de nuestro desarrollo. Un país construido desde el verde océano de soja capaz de garantizar que regresemos al lugar al que la generación del '80 nos condujo cuando éramos un país agroexportador, el granero del mundo, y no teníamos que preocuparnos por los derechos sociales, por los sindicatos, por la desigualdad ni por la pobreza porque esos eran ideologismos importados que nada tenían que ver con nuestro ser nacional. Una democracia de propietarios que se ven a ellos mismos como los verdaderos ciudadanos mientras que definen a los otros, a los que debieran permanecer invisibles, como carne de cañón del clientelismo populista, ese que intentó y sigue intentando con diferentes medios entorpecer nuestra marcha hacia la grandeza. Un populismo que se desespera por confiscar la riqueza genuinamente generada por aquellos que representan, entre nosotros, la esencia del trabajo y de la honestidad, aquella que desde los lejanos tiempos de Hesíodo nos cuenta, en tono elegíaco, que la bondad y la transparencia habitan en el campo, son la marca de los antiguos pastores, mientras que en las ciudades, vil descendencia cainita, lo que crece es la inmoralidad y la corrupción, en especial aquella que viene de la mano de la bestia negra de la época y que busca apropiarse del esfuerzo de nuestros "pastores y agricultores", de esos que se ven a sí mismos como los fundadores de la patria, pilar insustituible de la Nación. ¿Será a ellos a los que se refería el poeta de la Hélade? ¿Tan confundidos estamos que ya no somos capaces de diferenciar a un honesto campesino de un gran propietario, a un pequeño y trabajador chacarero de un estanciero o, más grave todavía, a un jornalero de su patrón?


2 Asistimos no al drama de la historia sino, y no por desmerecer al género que también tiene prosapia griega, a la comedia, a la puesta en escena de un guión que ya conocemos y que viene a reintroducir los argumentos avejentados, insólitos por inactuales, de aquellos dueños de la tierra que un día fueron los dueños de hacienda y de hombres, de ríos y de valles, de pobres y de bosques, de soldados que los defendían y de curas que los bendecían e, incluso, como ahora, de partidos políticos que se desviven por expresar sus intereses. Los asalta la nostalgia de aquellos días gloriosos y sueñan con recobrar, en el presente, el lugar que les corresponde como artífices de la patria, como incansables chacareros que, de sol a sol, de surco a surco, van regando con su sudor y su trabajo las diversas geografías argentinas. Tal vez, la única novedad respecto de sus ancestros es que aquellos no se sonrojaban al afirmar su condición de terratenientes, mientras que éstos buscan escudarse en los restos deshilachados de una Federación Agraria que pasó del Grito de Alcorta al grito del Monumento a los Españoles; de defender los intereses de los genuinos trabajadores de la tierra, de los pequeños productores siempre explotados por sus actuales socios, a ser la fuerza de choque y la cara bonita de los verdaderos dueños del negocio sojero.


El telón que se levanta para ofrecernos el espectáculo de una alianza restauradora, de un relato que ya conocimos en el pasado y que hoy vuelve por sus fueros pero envuelto en nuevas vestimentas, engalanado con trajes a la moda, de aquellos que se corresponden con los gustos contemporáneos. Viejas y ajadas retóricas maquilladas y rejuvenecidas por la gramática de un nuevo y virginal republicanismo. Aunque parezcan diferentes, aunque respondan a las actuales estéticas políticamente correctas, aunque logren apropiarse del sentido común a través de la corporación mediática que defiende sus intereses van, hoy, como ayer, por lo mismo: por la apropiación de la riqueza, contra los derechos de los desiguales de la historia y por la conservación de sus privilegios, esos que, nos cuentan, nacieron incluso antes de que alumbrara la patria.


Ellos, que son anteriores a la democracia, se ofrecen, como en otros momentos de nuestra historia, como los garantes de una República seria, capaz de defender los intereses de aquellos que son la esencia de la nacionalidad y los exponentes de un orden económico social que nos devuelva al mito de los orígenes, ese que nos mostró como una potencia ascendente, afincada en el ideal agroexportador, mientras la desigualdad, la injusticia y el privilegio encarnaban en nuestro cuerpo social y político. Ahora, cuando la economía del capitalismo global cruje y se rompe en mil pedazos, cuando el modelo neoliberal se desbarranca y desvela su esencia, nuestros cultores de un republicanismo liberal, asociados a los dueños de la tierra y de los medios concentrados de comunicación, dirigen toda su batería contra un Estado que intenta, con dificultades, recuperar aquello que les fue arrebatado por esas mismas políticas que hoy se vuelven a ofrecer como salvadoras de la patria, cuando no expresan otra cosa que la sempiterna defensa de su propios intereses. Una democracia corporativa que expulsa a millones de argentinos que poco o nada tienen que hacer en el reino de la soja y de sus derivados; una Argentina agroexportadora que se saca de encima a un tercio de su población pero todo en nombre del saneamiento de las instituciones, de una avejentada retórica republicana que no hace otra cosa que expresar la restauración conservadora travestida, ahora y como lo pudimos ver sin sorpresa durante estos días en el Congreso Nacional, en democracia corporativa. Debemos agradecerles, eso sí, que ya no ocultan absolutamente nada de nada... son lo que son y así les gusta mostrarse ante los flashes y las cámaras, coqueteando con volver a ser los patrones de una estancia que, eso creyeron ayer y lo siguen creyendo hoy, siempre les perteneció.

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Aprender de ellos

Eduardo Aliverti

La gente de derecha sufrió cierto golpe emocional, rápidamente superado. Y la de izquierda, a juzgar por su mutismo, quedó algo desorientada.

Tomar un banco es más bien cosa de nunca, así sea en un pueblito del interior de existencia anoticiada a raíz del episodio. Un banco es icono insuperable de la actividad capitalista. Es la esencia misma del sistema en que vivimos. Y resulta que, al mando de una patrulla de pares, aparece el arrendatario entrerriano Alfredo De Angeli, simbolizado por la mayoría de la prensa y de los sectores concentrados de la economía como el reflejo dinámico de chacareros con la soga al cuello, y toma un banco. Hasta semejante episodio, De Angeli era –y no sólo para los actores más fuertes del lobbie agropecuario, sino también para el conjunto de los agentes de poder enfrentados con el Gobierno– el mandamás o el más apto de una fuerza de choque capaz de sensibilizar a las conciencias urbanas de medio pelo, acerca de la tiranía oficial contra los nobles productores del campo. Todo le estaba permitido: cortar rutas, promover piquetes, despedirse de cada acto entronizando "minga" como grito de guerra. Todo. Era el gaucho mediático, simplón, herido, harto, del que el cogotudismo de las clases acomodadas y la tilinguería de una parte de la media prefirió ver su cero de boludo antes que ese mucho de bruto que tanto desprecian. Y al que los medios comenzaron a llamar, simplemente, "Alfredo". Hasta que, ay, el otro día tomó un banco, apenas unas horas antes de que se reabriera el diálogo con el Gobierno. El cero de boludo que (bien) tenía adjudicado no dejaba espacio posible para suponer que no se trataba de una provocación. Y entonces el título ya no fue que "Alfredo" tomó un banco. Pasó a ser que lo tomó "De Angeli". Sin embargo, la sacudida que el hecho significó para los varios establishment que conforman el ídem, en tanto la fuerza de choque había atravesado cierto límite de sus intereses de clase pero siendo que continúan necesitando su existencia, no les hizo perder de vista que lo central es esto último. Con excepción de Ambito Financiero, que se animó a titular directamente "Volcó De Angeli", el resto de los medios del poder no cruzó la raya y consideró la toma como una actitud destemplada que de cualquier forma, señalaron todos, expresa el acogotamiento ya insostenible que sufren los productores por vía, entre otras cosas, de las tasas usurarias de los bancos. No dijeron "usurarias", por supuesto, y casi no llegaron a hablar de "tasas". Todo lo muestran como una entelequia de la que sólo puede descifrarse como culpable a un grupo reducido de maniáticos interesados en joderles la vida. Ni siquiera tienen la hidalguía ideológica, o al menos política, de tomarse a pecho que el terremoto mundial del capitalismo los cuenta como protagonistas, al cabo de más de una década de cantos de sirena liberales, de destrucción del Estado como no fuere para dejarlo al servicio de sus apetitos, de un laissez faire sobre el que nunca ninguno de ellos dijo una palabra mientras lo consumaban. No. Nada de eso. Bastante peor, en realidad: insisten con que la solución pasa por dejarlos hacer; por que la copa derramará hacia los pobres una vez más llena de lo que está. Como mucho, en consecuencia, la toma del banco convirtió a "Alfredo" en "De Angeli" pero nunca en el enemigo. A lo sumo expresa antagonismos interburgueses que no habrán de implicar, jamás, confundir contra quién hay que unirse.

Hacia la izquierda, el asalto político al banco provocó un silencio generalizado que, al fin y al cabo, revela hibridez. La tentación, como cuando los cortes de ruta de los campestres avalados por la mayoría del periodismo era, y es, decir que no se mide con la misma vara. Ya sabemos. Un grupo de marginados cortando una calle porteña es un conjunto de negros de mierda que no dejan trabajar, a la búsqueda de proseguir sin trabajo gracias a unos pesos miserables con forma de plan de ayuda. Y otros cuantos grupos que interrumpen el tránsito por las rutas, que ahogan al suelo con millones de litros de leche, que generan desabastecimiento alimentario o que se sacan la foto con la oposición sin que nadie los acuse de perseguir objetivos electorales, son campesinos desesperados que no tienen otra chance para llamar la atención. Como lo dijeron De Angeli y sus muchachos tras la toma del banco: ¿qué quieren que hagamos, si de otra forma nos ningunean? A su modo, tienen razón. Los bancos están esquilmándolos, aunque claro que no aprovecharon la oportunidad para cuestionar la orientación del sistema financiero en su conjunto. Y se frenaron en la parte que les toca. La exacción de que son objeto es un tanto más plácida, empero, que la sufrida por una inmensa mayoría de la sociedad cuyo acceso al crédito no existe, virtualmente, como no sea para la compra o renovación de un electrodoméstico. Acá estamos hablando de números demasiado grandes, tanto que se refiera a las tasas que les cobran como a los volúmenes de que pudieron disponer. Pero está bien: son sus intereses y pelean por ellos con cuanto recurso tengan a mano, de la misma manera en que otros tiempos los vieron reprimir a los movimientos populares y saludar a cuanta dictadura arribara para rescatarlos de amenazas rojas o rosaditas, vestidos de gaucho o desde el palco de Rural o desde los medios que siempre les serán afines. Hay que aprender de esa vocación de unidad que los nuclea y, desde cualquier rincón del pensamiento progresista, saludar a las patrullas de De Angeli, y a sus superiores, por ser perfectamente eficaces en la ejecución de su amalgama de sector (como volvieron a demostrarlo, con sus imponentes solicitadas y sus recorridos por la cadena mediática, ante el primer esbozo de recrear un organismo estatal que intervenga en el mercado granario). Más quisiera o debería el progresismo sortear sus contradicciones secundarias como saben hacerlo estos tipos, hasta el punto de que toman un banco y el único pelo que se le mueve al sistema consiste en preguntar si acaso no se les fue un poco la mano. Es real que cuentan con una correlación de fuerzas notablemente favorable, gracias a la acción mediática que completó en lo cultural su victoria política. Pero eso no quita que con el viento a favor supieron, saben, ser coherentes y eficientes.

De todas maneras, aclaremos que todos estos razonamientos, se los comparta o no, son solamente un ejercicio de frivolidad al que se entregó el periodista a falta de mejor tema. O en todo caso, por su segura incapacidad para advertir que lo único trascendente de estos días fue la ausencia de los granaderos en el acto sanmartiniano de Yapeyú. Que el Gobierno haya cometido la inconcebible chiquilinada de privar a los correntinos de tan egregia presencia, por el solo hecho de que asistiría el vice Cobos; y que los medios elevaran el asunto a la categoría de cuestión de Estado, debe ser, sin duda alguna, lo más importante que en los últimos días ocurrió en este país.

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Israel vs Palestina. Ricardo Fuentes Ramírez (desde Puerto Rico)


El 27 de diciembre de 2008, el gobierno israelí comenzó un ataque aéreo hacia el pueblo de Palestina que ha provocado una nueva ola de violencia entre estos países. Hasta ahora los ataques de Israel han cobrado la vida de aproximadamente 600 palestinos, de los cuales el 200 han sido niños. Estas cifras continuara aumentando.
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Entre las tristes realidades de esta situación se encuentra la noticia de que esta masacre organizada por Israel ha ayudado a la bolsa de valores volver a aumentar. Los ataques conllevaron a especulación relacionada al petróleo, que provocó alzas en los precios de los energéticos, que a su vez provocó alzas en las bolsas de valores de los mercados internacionales.
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Como podemos ver, la estructura de nuestro sistema económico permite que este se beneficie de situaciones tan desagradables como la masacre de cientos de personas. Esto resulta en que muchos gobiernos no solo ignoren la violencia, sino que estimulen la violencia; ya que representa estímulos económicos para sus respectivos países. Estos estímulos aunque no resultarán en beneficios para la mayoría de sus ciudadanos, resultarán en ganancias para sus compañías nacionales.
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De aquí surge que países en las Naciones Unidas busquen tecnicismos para no ayudar a detener la violencia de Israel hacia Palestina. De aquí surge que Estados Unidos le venda armas y ayude con entrenamiento a diversos sectores en el Medio Oriente, con el fin de promover la violencia. .

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De aquí surge que Estados Unidos históricamente haya subsidiado y participado de la violencia en América Latina.
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Nuestro sistema económico, como base de nuestra sociedad, al tener esta característica tan inhumana, conlleva a comportamientos tan inhumanos como fomentar la violencia entre los pueblos. Nuestro sistema económico es lo que conlleva a que ahora mismo personas se beneficien de la muerte de casi 400 palestinos y por ende lo están celebrando.
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Este sistema económico es el que defiende el gobierno de Estados Unidos, tanto el Partido Demócrata como el Republicano. Este es el sistema que defiende Luis Fortuño y el PNP. Este es el sistema que defiende el PPD.
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Este sistema que tanto asocian con la democracia, es todo lo contrario; ya que los que sufren de sus consecuencias negativas no tuvieron ni voz ni voto para fomentar que las cosas ocurrieran de otra manera. Este es el sistema que nuestra relación colonial con Estados Unidos nos impone y que ha perpetuado en Puerto Rico la larguísima lista de problemas sociales que tenemos.
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Como puertorriqueños y puertorriqueñas, nos compete aspirar otro sistema económico como base de nuestra sociedad. Un sistema más democrático, más digno, más humano. Pero para aspirar a esto, nos compete aspirar por la independencia.
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El poskirchnerismo. Hugo Presman

La diáspora de fuerzas que respaldan al gobierno de cara a la elección parlamentaria fundamental del mes de octubre, ha llevado a que se empiece a escribir y hablar en forma persistente de poskirchnerismo. Se observan deserciones por derecha e izquierda e intentos de la oposición de vertebrar frentes. Como dice el periodista Gerardo Fernández el gobierno quedó como pato rengo a ocho meses de la asunción, en la famosa elección en el senado de julio del 2008. Lo que es una originalidad pocas veces dada. Habitualmente esa figura, extraída de la política norteamericana, se da cerca del fin del mandato y nunca a pocos meses de haberlo iniciado.
Todo ello teniendo como escenario una crisis en marcha de origen interno y una internacional de una magnitud y profundidad que convierte a las anteriores conocidas en suaves brisas de primavera.
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EL KIRCHNERISMO EN CONTEXTO HISTÓRICO
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El peronismo surgió de la década infame. Hizo ingresar a la Argentina en la modernidad con desarrollo capitalista, industrias y clase obrera. Simbólicamente, desde un lugar subalterno, Perón participó en el derrocamiento de Hipólito Irigoyen, erosionado por la crisis de 1929. El gobierno de Agustín P Justo, en forma pragmática y contra sus convicciones adoptó medidas que implicaban una participación activa del estado en defensa de los sectores que representaba. La imposibilidad de importar dio lugar a una creciente industria liviana que reemplazaba lo que hasta entonces se importaba y el nacimiento de una clase obrera nacida de las migraciones internas. Dos consecuencias entonces no deseadas: incipiente desarrollo industrial y fortalecimiento de la clase obrera.

Con el peronismo en el poder se aplicaron políticas activas y se reemplazó el modelo primario exportador por el de sustitución de importaciones.

Se diseñó la sociedad más equitativa y desarrollada de América Latina. Un modelo que combatía la pobreza no solo por razones equitativas sino por que era la condición necesaria para la creación de un mercado interno.

A partir de 1955, y con muy pequeñas interrupciones, se intento volver a la Argentina anterior a 1945.

Intentos notables en ese sentido fueron el de 1966 con éxitos parciales y el de 1976 que alcanzó sus objetivos. Para demoler la peligrosidad de una Argentina moderna con industrias, clase obrera sindicalizada y vastos sectores de clase media radicalizada se acudió al terrorismo de estado como condición necesaria para la destrucción significativa del aparato productivo. Los muertos y el terror fueron necesarios para cumplir los propósitos incumplidos desde 1955.

El fracaso económico y militar de la dictadura establishment- militar, dejo fuera de funcionamiento a estos últimos y por lo tanto desprovisto de reaseguros a los primeros.

Como herencia de sometimiento se dejó una enorme e impagable deuda externa contraída y usufructuada por pocos pero transferida al conjunto social

Durante el gobierno de Alfonsín se usó como sustituto de las fuerzas armadas el golpe de mercado y un arma mortífera como la hiperinflación.

Al miedo inoculado durante la dictadura criminal se le sumó el trauma profundo que sobre la conciencia colectiva significó la hiperinflación.

Sobre ese terreno fértil se asentó el menemismo y su arma letal la convertibilidad como piedra angular de un modelo de apertura irracional y de rentabilidad financiera.

Todo lo que desde el punto de vista económico y social no pudo realizar la dictadura establishment- militar lo concretó el menemismo en forma activa y la Alianza en forma pasiva. Una política de entrega y destrucción, con apoyo popular.

De 1989 al 2001 se consumó la segunda década infame que concluyó no como la primera en un movimiento militar sino con la implosión del modelo de rentabilidad financiera y la crisis terminal del 2001.

Eduardo Duhalde como Agustín P Justo tuvo que adoptar medidas pragmáticas para salvar algo en medio de un hundimiento general, iniciando a partir de una fenomenal devaluación que licuó los ingresos fijos y socializó deudas empresariales, una rápida y dolorosa salida del subsuelo con un promisorio y sostenido crecimiento.
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EVALUACIÓN DEL KIRCHNERISMO
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Néstor Kirchner surge como superador de la segunda década infame como Perón de la primera, habiendo sido un protagonista activo y propulsor de una de una de las privatizaciones más desdorosas como fue la de YPF. Es el emergente de una sociedad fragmentada. Con partidos políticos implosionados. Con una población contradictoria y desorientada que después de haber protagonizado el 19 y 20 de diciembre del 2001, votó en un 41% por dos emblemas de la segunda década infame.

El kirchnerismo es productivamente el modelo primario de los noventa con reconstitución de algunos sectores industriales. Hay diferenciadores importantes como una participación fundamental del Estado que se convierte en un socio creciente vía retenciones en la soja y el petróleo. Se privilegia la política sobre la economía y se realiza una importante política de derechos humanos con rasgos positivos pero sesgados.

En economía el discurso denuesta a la década del noventa y en materia de derechos humanos reivindica los ideales de la generación juvenil que militó en los setenta en forma general y acrítica. Hasta fines del 2006 se lograron incorporar más de tres millones de personas al sistema productivo, hubo crecimiento sostenido y a tasas pocos frecuentes, se negoció una quita importante de la deuda externa y se mejoró el perfil de los vencimientos. Se opuso en una actitud trascendental al ALCA, se estatizó el Correo, Aerolíneas, Aguas Argentinas, los fondos de la AFJP, se liquidó la relación esclavizante con el FMI, se designó una Suprema Corte unánimente elogiada, se evitó reprimir en general la protesta social, se alineó con los nuevos aires latinoamericanos de gobiernos que con mayor o menor intensidad pretenden dejar atrás la década depredatoria de los noventa.

Como se ve hay un mix de continuidades y ruptura. Las continuidades, la base productiva del modelo, es la explicación de fondo que impide asaltar y destruir el núcleo duro de la pobreza e indigencia estructural.

Y esto en una sociedad que en los sectores medios favorecidos por el kirchnerismo no quieren saber nada con la pobreza y manifiestan su creciente malestar, muchas veces por motivos banales y con una brutalidad indigna de gente con acceso para desarrollar un pensamiento más complejo y no visceral.

En eso es interesante teorizar sobre las diferencias que el menemismo consiguió en los mismos sectores. Buena parte de la sociedad compró un discurso que la hacía sentir ingresando al primer mundo mientras los organismos internacionales alababan a un país que ayudaban a destruir. La convertibilidad y su sistema de endeudamiento de la población que la ataba mortalmente al empate monetario, soldó una alianza sólida entre ideología e interés económico. El menemismo surgió a partir de una crisis económica profunda como fue la de la hiperinflación que llevó a que la sociedad desarrollara poderosos anticuerpos inflacionarios y que estuviera dispuesta a aceptar todo a cambio de la estabilidad monetaria. En cambio el kirchnerismo, que es la consecuencia de la peor crisis del siglo mediada por la movilización del 19 y 20 de diciembre, no ha atado la suerte social a un instrumento, lo que ha llevado que la sociedad rescatada del cataclismo económico sufre una amnesia que le permite olvidar cuando miraba hacia abajo y se abrazaba con los excluidos. A más de un lustro de esos hechos, prefiere hacer una opción hacia arriba y en lo posible que le saquen de su mirada la pobreza de la cual se cree definitivamente alejada. Y el centro de su virulencia visceral son Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

En síntesis: el kirchnerismo es una versión deslucida, pálida del peronismo histórico pero es por lejos lo más progresivo que se originó después de la crisis del 2001 y el que mejor interpretó el mensaje positivo de aquellos históricos días. Son hijos, el peronismo y el kirchnerismo de las respectivas décadas infames y tienen en común dos movilizaciones populares de carácter histórico. Otro denominador común es el odio que despiertan en los mismos sectores pero se diferencian significativamente en el fervor que despiertan en sus seguidores. Además el peronismo construyó una estructura que lo sobrevivió largamente a su fundador. El kirchnerismo, como en su momento el menemismo, difícilmente sobreviva a su pérdida del gobierno.

Hoy un 65 o 70 % apuesta a encontrar alternativas en el poskirchnerismo, un terreno árido donde se intenta volver al pasado en medio de un mundo que se derrumba por haber aplicado un fundamentalismo neoliberal que hace temblar al planeta.
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EL POSKIRCHNERISMO
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Mezcla rara de revolución libertadora y menemismo, con eje de reagrupamiento en la Comisión de Enlace, los dos frentes opositores pretenden superar al kirchnerismo apostando al prekirchnerismo.

Felipe Solá cree hacer su juego pero el gran favorecido es su tercer socio Mauricio Macri, que es el intento que la Argentina sea gestionada directamente por el establishment sin intermediarios, con la participación como inversionista de otro empresario Francisco De Narváez. Una tendencia que exteriorizan los integrantes de la Comisión de Enlace de convertirse en dirigentes políticos como lo expresó sin eufemismos el brutal Hugo Biolcati cuando en el acto de Leones expresó: “Llevamos dos generaciones dejando el espacio de la política a los que consideramos que eran de otra clase. Debemos ocupar ese espacio y no dejarlo en manos de marginales”

Detrás de este frente se mueve el ex presidente Eduardo Duhalde, un exitoso constructor de fracasos.

En el otro frente integrado por la Coalición Cívica de Elisa Carrió, una reencarnación de la Revolución Libertadora, con la presencia de los radicales sobrevivientes de un partido centenario vaciado, con radicales sueltos fracasados que vuelven al redil como Ricardo López Murphy y alguna fracción de socialistas que de tales solo tienen usurpado el nombre.

La propuesta es volver al Fondo Monetario, alejarse de América Latina, hacer políticas agropecuarias dictadas por la Comisión de Enlace.

En el frente PROperonista, la palabra ajuste está en la boca de De Narváez. Puede asegurarse con pocos errores, que propondrían la vuelta al “orden”, la represión como método, el alineamiento con EE.UU, y una vuelta a la economía irrestricta de mercado, las privatizaciones como nave insignia y el goteo como política distributiva. Esta es la posibilidad más concreta de encarnar desde el justicialismo macrista al poskirchnerismo.

Es muy interesante observar como todos se envuelven, desde Duhalde a Elisa Carrio, desde el rabino Bergman al periodismo puro de Castro y Leuco, desde Mariano Grondona a Hugo Biolcati- en la bandera republicana. Hoy esa categoría política ha sido vaciada de sus aspectos positivos por esta fauna de distinto pelaje y es el envoltorio de viejo axioma sarmientino de civilización y barbarie. Los republicanos son hoy los civilizadores que estigmatizan como barbarie cualquier atisbo popular.

Dejando de lado la izquierda pintoresca y pirotécnica, algunos de cuyas siglas como el PCR y el MST son la izquierda de la Sociedad Rural, está el Proyecto Sur con gente valiosa y con críticas correctas a la insuficiencia y limitaciones del modelo kirchnerista.

Pero como en el caso de la resolución 125 terminan siendo, más allá de sus intenciones, funcionales a los que arrasarán con lo positivo que se ha concretado.

El historiador Norberto Galasso lo ha expresado con precisión: “Hay una izquierda abstracta que se termina convirtiendo en una derecha concreta” Y luego argumenta: “El kirchnerismo es pues todo esto y es también buena parte de lo que dice Alcira ( Argumedo) , como ocurre normalmente con los movimientos nacionales en gestación, policlasistas, contradictorios, clientelistas, pragmáticos, conciliadores, con “amigos del poder” que hacen negocios. ¿Se lo tenemos que decir nosotros, desde la izquierda nacional, justamente a los peronistas? Diría Jauretche, ¿dónde se ha visto que los hijos enseñen a los padres cómo se hacen los hijos? ¿Qué hubiera hecho Pino cuando Perón se negó a expropiar a la corrupta y recorrupta CADE? ¿Hubiera dicho que era “un gobierno antinacional y antipopular”? Claro, desde la izquierda abstracta es fácil decir, ¿por qué Perón no desarrolló fuertemente la minería?, ¿por qué apenas dio el puntapié inicial con Somisa cuya primera colada es de la época de Frondizi? ¿Y el contrato petrolero con la California? ¿Habría dicho acaso: “¡Qué antinacional y antipopular es este Perón!”? Pino dice en otro artículo: “Perón no estaría hoy en el PJ”. Yo pregunto: ¿era mucho mejor el PJ del ‘54? ¿No había entonces “amigos del poder” que hacían negocios? ¿Quiénes eran Jorge Antonio y Silvio Tricerri? ¿O entonces resulta que Codovilla tenía razón siendo funcional al imperialismo para que sanease a la Argentina emporcada por los “negros peronistas” del ‘45?

Por otra parte, somos ya lechuzas demasiado cascoteadas para entrar en la moralina boba de la Carrió: la corrupción es intrínseca al capitalismo y cuando está la reacción en el poder disimula sus negocios con leyes a su conveniencia; cuando estamos los del pueblo algunos violan esas leyes y hacen sus negocitos. Pregúntenle a Chávez, que sabe de esto, como también de la clase media de Caracas escandalizada moralmente, aunque, igual que la nuestra, evade impuestos con toda naturalidad.

Por momentos me asombro, porque parece que hay que enseñarles peronismo a los peronistas. Ningún gobierno, decía Perón, cumple el 100 por ciento de los objetivos nacionales y populares, porque está el enemigo que también es fuerte. Cuando cumple el 50 por ciento o más ya el balance es favorable. Jauretche le decía a Jorge Del Río cuando se deslizaba a la oposición porque Perón no expropiaba la CADE: “Es importante, sí, pero usted no puede ver la historia por el agujerito de la cerradura de la CADE”.

El balance general es el que interesa. Escuchen esto mis viejos y queridos amigos: “Hay muchos actos, y no de los menos trascendentales por cierto, de la política interna y externa del general Perón que no serían aprobados por el tribunal de las ideas matrices que animaron a mi generación. Pero de allí no tenemos derecho a deducir que la intención fuese menos pura y generosa. En el dinamómetro de la política, esas transigencias miden los grados de coacción de todo orden con que actúan las fuerzas extranjeras en el amparo de sus intereses y de su conveniencia. No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país” (1947). No hace falta que te diga a vos, Pino, que hiciste recientemente una película sobre “los hombres que están solos y esperan”, que el autor es Raúl Scalabrini Ortiz. Por eso, como decía Jacques Prevert, es muy peligroso dejar que los intelectuales jueguen con fósforos porque, retomando a Jauretche, combatir lo bueno (“desgastando”, creando “clima destituyente”) puede significar que en vez de lograr lo mejor, sirvamos para que vuelva lo malo.

En esta Argentina de hoy hay que luchar para profundizar este proceso, cabalgándole al lado, marcando críticas, proponiendo soluciones superadoras, empujando, pero no atacando desde enfrente, presionando para que fracase, porque la única opción que hay hoy la conocemos y viene de lejos: Bullrich Luro Pueyrredón, Pinedo, Estensoro, López Murphy, Grondona, Anchorena, los grandes pulpos mediáticos... y el Tío Sam”

Han vuelto a aparecer las aves de rapiña que convirtieron a la Argentina en un fantasma, y vienen por lo que queda sobre un gobierno que pierde sangre y en cuya construcción política no hizo aliados sino futuros adversarios. Los buitres vuelan en círculos cada vez más cercanos. Ahí están los gurúes económicos, infalibles para el error, en realidad gestores de negocios como Broda, Melconián, Cachanovsky, Espert, De Pablo. Codo a codo la Comisión de Enlace Agropecuaria, sectores industriales ciegos, vastos sectores de clase media nostálgicos del 1 a 1 y referenciados en lo interno con las clases altas y en lo externo con EE.UU. Y en lugar de las fuerzas armadas el ejército mediático que va desde Morales Solá a Kirschbaum, de Grondona a Fontevecchia, de Magdalena Ruiz Guiñazú a Alfredo Leuco.

El kirchnerismo es torpe, inmaduro, contradictorio, con fuertes bolsones de corrupción. Con desprolijidades obscenas. Con insistente juego para la tribuna. Futbolísticamente inclinado al fulbito más que al fútbol. Con un autismo creciente y un disciplinamiento interno que convierte a los colaboradores en funcionarios obedientes y mudos.

Ese es el cuadro de situación en medio de un cataclismo económico universal.

Con todas sus enormes limitaciones y claudicaciones, el kirchnerismo ha dado varios pasos para dejar atrás la segunda década infame.

El poskirchnerismo actual no es una superación de esas limitaciones sino un retroceso hacia lo peor del pasado. Hacia la tercera década infame.

El hombre hace la historia, decía Marx, no en las condiciones elegidas por él.

En estas condiciones, y en medio de un escenario internacional imprevisible, nos encaminamos hacia el remoto octubre.
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