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NO TE OLVIDES DE JORGE JULIO LÓPEZ ~~~~ ¿TE ACORDÁS DE LOURDES DI NATALE?NO TE OLVIDES DE LA IV FLOTA, LAS BASES MILITARES EN COLOMBIA, EL GOLPE EN HONDURAS
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Para los que no tienen memoria. Escuela Pública en riesgo. No al ajuste. Ma.Cristina Saborido

Parece que tenemos que refrescar la Memoria a periodistas de CLARÍN.
O porque no recuerdan.
O porque no quieren recordar.
O porque les ordenan olvidar.
Lo padecido en la época de la Dictadura militar.
Y en los gobiernos radicales.
Y en el Menemato.
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Los niños a la maestra.
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Era la infancia descalza... y era la infancia con hambre.Y eran los pies de los niños y eran las llagas con sangre como gotas de rocío, las gotas de sangre regaban la tierra que caminaban.Los niños... aquellos que se acercaban caminando los caminos, con los pies llenos de llagas por los caminos del tiempo, los tiempos que eran de escuela.Y la maestra esperaba, como esperan las maestras a los niños.
El corazón en latidos, los brazos formando cunas.
Los sueños girando en rondas, los besos a flor de labios.
Y las caricias... a cada niño la suya.Era la infancia excluida...
Y eran los vientres hinchados, caminando hacia la escuela en busca de la maestra
Olor a pasto mojado... se hacía nube en el suelo cuando pisaban los niños y germinaban los suelos, el camino, las flores y los nidos.
Porque pasaban los niños.Los pasos hacían la huella, las huellas dejaban surcos...donde crecían esperas.
Esperas que eran esperas de esperar las buenas nuevas para la infancia descalza, para la infancia con hambre.
Para la infancia excluida.Esperas que fueron esperas... de esperar a las esperas.
No vestían delantales los hijos de la miseria, vestían la dignidad con que se visten los pobres, desnudez y dignidad iban camino a la escuela.Era la infancia descalza… y era la infancia con hambre detenida en el camino...
Donde crecían las flores y eran las manos pequeñas robando a la tierra flores.Y eran las flores mensajes con que decían te quiero... los niños a la maestra
Y eran las flores gorriones y eran los niños palomas y era el cielo calesita y eran las nubes sortijas y era la infancia de pobreza.Olvidando su pobreza en el camino a la escuela.Los pasos hacían surcos, los surcos hacían huellas y eran las flores mensajes, con que decían “te quiero” los niños a la maestra.Y la maestra esperaba como esperan las maestras.
Olor a pasto mojado... se hacía nube en el suelo,
porque llegaban los niños
a la escuela,
a la maestra...
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Volvé Estado, te perdonamos

La crisis internacional y el regreso del Estado. Desde el rescate a las entidades financieras del mundo desarrollado hasta la canasta navideña. La necesidad de coordinación inter e intragubernamental y de políticas para los menos favorecidos.


José Natanson

Dos meses atrás, el presidente mexicano, el muy derechista Felipe Calderón, envió al Congreso un plan de infraestructura que lleva un título con gerundio –Creciendo con México– y que contempla nuevas carreteras, la construcción de la primera refinería en treinta años y una red ferroviaria; en Chile, Michelle Bachelet anunció 1550 millones de dólares de créditos para bancos, exportadores y pequeñas y medianas empresas; en Alemania, la coalición de gobierno discute una propuesta de estilo lozanista: entregar cupones de 500 euros a todos los adultos para dinamizar el consumo. Finalmente, el 7 de octubre pasado el colombiano Alvaro Uribe anunció una amnistía tributaria para los capitales que regresen al país.


No se trata de ensayar comparaciones fáciles. Alemania no es Argentina y los trenes de Felipe Calderón no son los de Pino Solanas. Y no es lo mismo blanquear capitales en Colombia, donde buena parte de la economía vive del narcotráfico, que en la Argentina, donde, pese al auge del turismo mexicano, el dinero de la droga no cumple una función económica relevante, aunque en ambos casos se trata de medidas éticamente reprochables, muy injustas para quienes pagaron sus impuestos.


Lo que se quiere subrayar es que cada gobierno echa mano de los recursos que puede para capear el temporal de la crisis mundial. Y a esta altura ya es posible llegar a algunas conclusiones, la primera de las cuales es también la más básica: en todos los casos el eje de los planes es el viejo, castigado e incomprendido Estado-nación, cuyas funciones van desde el rescate de las entidades financieras del mundo desarrollado hasta la selección del pan dulce y la sidra incluidas en las canastas navideñas anunciadas la semana pasada por Cristina.



Estado y soberanía



La crisis está redefiniendo los límites de la soberanía. Por un lado, el Estado es el encargado de diseñar y aplicar respuestas de contingencia que son básicamente nacionales. Incluso en la Unión Europea, la región más integrada del mundo, las políticas sectoriales y de fomento industrial –-aunque no las macroeconómicas– tienen un alcance nacional.


Pero la crisis revela también las limitaciones de los enfoques nacionales en tiempos de globalización. La semana pasada, cuando Cristina anunció el plan de los 0 KM, algunas voces cuestionaron la medida con el argumento de que uno de sus grandes beneficiarios será Brasil, donde se producen los autos baratos que eventualmente comprarán los argentinos, sin advertir que Lula trabajaba en un programa parecido: el viernes pasado, el gobierno brasileño anunció la reducción del Impuesto sobre Productos Industrializados para la compra de autos de hasta 1000 centímetros cúbicos de cilindrada.


En este marco, la coordinación regional –o al menos bilateral, entre la Argentina y Brasil– de las políticas anticrisis es una asignatura pendiente. En sectores tan integrados como el automotor, resultan notables las dificultades para una gestión conjunta entre dos gobiernos que en general se entienden razonablemente bien, y que con toda probabilidad podrían mejorar sus políticas a través de una articulación más efectiva. Sinergia, en la tecnojerga de los administradores de empresas.



Estado y tipo de cambio



Este mismo argumento puede aplicarse a la comentada cuestión del tipo de cambio, que en el Mercosur sigue reservada a cada gobierno. Contra lo que sostienen algunos neoliberales desmemoriados, de esos que dicen acá que todo se hace mal y en Brasil todo funciona bien, el primer gran shock a la coordinación macroeconómica desde que en 1991 se firmó el Tratado de Asunción no lo produjo la Argentina sino Brasil, que en 1999 decidió una sorpresiva devaluación del real que marcó el comienzo del fin de la convertibilidad.


Pero no se pretende un ejercicio inútil de reparto retrospectivo de culpas, sino subrayar las dificultades para consensuar los entornos macroeconómicos, y en especial el tipo de cambio. En los últimos tres meses, desde el inicio de la crisis subprime, el real se devaluó cerca de 40 por ciento. Los industriales de la UIA, con su centenaria inclinación al lobby, reaccionaron reclamando una corrección cambiaria que les devuelva la competitividad perdida.


La propuesta tiene un costado razonable –algo habrá que hacer si el principal socio comercial de la Argentina devalúa de esa forma– pero también merece un comentario: desde 2003, los industriales argentinos se beneficiaron por la combinación de un peso superdevaluado con un real cada vez más caro; de hecho, el tipo de cambio real multilateral –que pondera el tipo de cambio en relación con los de los demás países– sigue siendo favorable para la Argentina. Por otra parte, una devaluación entraña siempre el riesgo de que se produzca una corrida contra el peso y una salida de depósitos, algo bastante previsible en una sociedad como la nuestra, con una gimnasia de crisis consolidada a lo largo de los años.


Quizá la respuesta no consista tanto en una riesgosa devaluación como en el despliegue de políticas sectoriales más eficaces. En los últimos años, Brasil, con una tradición de políticas muy activas para la industria pero muy lerdas para mejorar las condiciones sociales, pudo incrementar sus exportaciones y mejorar su saldo comercial a pesar de la revaluación del real, en buena medida gracias la intervención del Estado: el rol del Bndes, cuya cartera de créditos hoy supera a la del Banco Mundial y el BID sumados, fue fundamental.



Estado y coordinación



Una respuesta adecuada a la crisis exige una buena coordinación intergubernamental, por ejemplo entre la Argentina y Brasil, pero también intragubernamental: las tensiones entre el flamante Ministerio de Industria y la omnipresente Secretaría de Comercio alrededor de las nuevas medidas no deberían asustar, siempre y cuando se resuelvan de forma que los resultados sean claros. La coordinación debe enfocarse también al sector privado, al fin y al cabo el gran protagonista de los anuncios, y a las instancias subnacionales: resultó notable la ausencia de Juan Schiaretti en el proceso de elaboración del plan para la compra de autos y el silencio de Hermes Binner en los anuncios vinculados con el campo.


El problema es que esto implica una serie de cualidades –capacidad de articulación, diálogo horizontal, un cuerpo de funcionarios de segunda línea con poder y atribuciones, sofisticación gestionaria– que no son el fuerte de los Kirchner, tan adeptos ellos al trazo grueso. Pero que será necesario ir construyendo si se quiere que la complicada etapa de implementación, esa que viene después de los anuncios, no haga que los planes queden en la nada.



Estado y pobreza



Y si es el Estado el que se encarga, de un modo u otro, de pilotear la crisis, es notable que, tras quince días de anuncios oficiales, las medidas orientadas a los sectores más pobres brillen por su ausencia. Hasta ahora, las decisiones del Gobierno se orientaron a la clase media o los directamente ricos: desde el beneficio del blanqueo para el que ahorró unos dólares y los mandó a Nueva York hasta los créditos para el que puede cambiar el auto o utiliza la tarjeta para irse de vacaciones a Pinamar o comprarse un plasma.


El plan para frenar los despidos también apunta en esa dirección, y hasta puede generar efectos no buscados si las empresas, conminadas a no echar a los trabajadores formales (aquellos encuadrados gremialmente y que figuran en las planillas del Ministerio de Trabajo) exploran otras alternativas: por ejemplo, despidiendo a empleados en negro o reduciendo los contratos tercerizados. El riesgo es el de siempre: que el hilo se corte por lo más delgado.


Y en este sentido resulta notable la pereza con la que en estos días de crisis se mueve la política social kirchnerista. Aunque su énfasis cooperativista y comunitario es muy interesante, no queda claro por qué implica desatender otras estrategias, como si se tratara de opciones excluyentes. El viernes pasado, la CTA realizó una marcha a Plaza de Mayo en reclamo de una asignación universal por hijo. La propuesta es discutible –el hecho de que ningún país del mundo aplique una política de estas características debería ser cuanto menos un llamado de atención– pero de todos modos merece un debate. Hay otras opciones, como la transferencia de renta a los hogares más pobres: en Brasil, el programa Bolsa Familia llega ya a la asombrosa cifra de 50 millones de personas (unas doce millones de familias), mientras que en la Argentina las asignaciones no solo se mantienen congeladas, sino que la cobertura se ha ido achicando en la era K, desde los dos millones de hogares que llegó a cubrir el Plan Jefas y Jefes en el gobierno de Duhalde.


El comentario también es político. Es curioso que haya sido Daniel Scioli –insospechado tanto de progresismo ideológico como de audacia política– quien se animó a lanzar una asignación universal para los niños de la provincia, y que sean los Rodríguez Saá –insospechados de progresismo, aunque ciertamente no de audacia– los primeros en haber aplicado un ingreso universal a los desocupados de San Luis. A la hora de intuir un resurgimiento opositor, el Gobierno debería mirar hacia esta dirección más que a la intransigencia de Elisa Carrió, el tacticismo radical o la hiperexposición monocorde de Cleto, pues todo indica que será desde ese lugar –habitado por esos gobernadores peronistas que no son nada y lo son todo– desde donde soplarán, tarde o temprano, los vientos del poskirchnerismo.

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Matando pibes.

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El eje y la esquizofrenia
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El eco sordo que dejaron las palabras de la jueza Carmen Argibay para explicar el fallo de la Corte sobre los chicos en conflicto con la ley penal.


Sandra Russo

La jueza Carmen Argibay habló fuerte la semana pasada. Su explicación sobre el fallo que evitó la libertad de sesenta chicos detenidos en institutos rasgó el telón del Truman Show. Bajo los efectos narcóticos del relato que tejen los medios y las declaraciones públicas de funcionarios del área de seguridad, e incluso bajo los efectos del otro relato, el alternativo, el que aborrece y denuncia las condiciones en las que están detenidos los chicos en conflicto con la ley penal, la medida de la Corte fue un baldazo de agua helada. Y Argibay, lejos de ponerles acondicionador a sus palabras, las erizó: habló de gatillo fácil, esbozó una vida real más allá del telón de la obra que representamos todo el tiempo como comunicadores o multiplicadores de un diagnóstico sobre seguridad.

"Esos chicos están marcados", dijo.

"Si no vamos a cumplir los pactos internacionales sobre derechos civiles y derechos sociales, ¿para qué los firmamos?", dijo.

"Si la policía protege a un pibe, el pibe sale a robar y no se hace rico, ¿para quién trabaja?", dijo.

"El día que el pibe abre la boca, lo matan", dijo.

Entonces lo que hay aquí es una jueza de la Corte Suprema de Justicia que no les pone acondicionador a sus palabras y que habla de una realidad que por un lado todos conocemos –¿o no? ¿O será que seguimos con el algo habrán hecho los pibes pobres? ¿O será que otra vez estamos en el limbo de no saber, de no sospechar, de lo ver lo que pasa acá enfrente?—, y por el otro negamos y encubrimos con vehemencia. "Es muy grave lo que dijo", decía un analista de la televisión. "O sea que según la jueza hay gatillo fácil en la República Argentina", decía otro, como si hubiera que anteponerle "república" a ese lugar en el que se tolera esta práctica: que la policía marca a los chicos con antecedentes, que los presiona para que salgan a robar para ella y les libera zonas para que operen, que los protege para que sigan actuando, y que si el chico quiere salirse de ese trato, lo matan.

La jueza Argibay corrió el eje del problema que tanto rédito les da a los grandes medios cuando lo abordan por otro lado. Cuando los crímenes que escandalizan en proporción al nivel socioeconómico de la víctima imponen el tema de la seguridad. Cuando los deudos de cualquier asesinado les regalan a las cámaras su desgarro, y las cámaras beben cada lágrima y ecualizan cada grito de dolor. Y entonces queda constituido un "nosotros" que somos los conductores del programa de televisión, sus espectadores, las víctimas de los asaltos, la policía, toda-la-gente-de-bien-que-quiere–vivir-en-paz y no puede porque están estos pibes, que son los nuevos malones que supimos conseguir.

Lo que está diciendo la jueza Argibay es que ese "nosotros" es falso, y que si lo aceptamos es porque somos esquizofrénicos. Porque está pasando lo que está pasando y no otra cosa, aunque lo diga la televisión. Porque es imposible que esos pibes salgan a la única escena que los espera y sobrevivan.

Y está diciendo que la policía extermina en silencio. Que hay un consentimiento, un equívoco social y discursivo que apaña a la policía, que la deja seguir exterminando en silencio. Tan brutal es lo que pasa, tan inenarrable es lo que se mantiene en silencio, que estamos cerca de hacer válida la pregunta que se hacían los españoles con los indios. Se preguntaban si tenían alma. Se preguntaban de qué orden eran esas criaturas tan distintas. ¿Los pibes pobres tienen alma? Si la respuesta es sí, lo lógico sería que pidamos justicia también para ellos, que hagamos marchas también para ellos, que nos duelan y nos arranquen sus muertes. Actuamos como si la respuesta fuera: no.

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Perdón Ecuador, no saben lo que dicen. Una manito para Kris.

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República bananera
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Atilio A. Boron

No estuvo muy feliz en sus declaraciones el jefe de la bancada oficialista en el Senado de la Nación, Miguel Pichetto. En el debate en torno de la prórroga de la Emergencia Económica –que le otorga al Poder Ejecutivo poderes casi omnímodos para ejecutar el presupuesto nacional a su voluntad– declaró que los argentinos "tenemos que pagar la deuda externa, no podemos caer en el default como Correa en Ecuador. No somos un país bananero, tenemos que pagar...". Como si la Presidenta no tuviera suficientes simpatizantes y partidarios que parecen más empeñados en entorpecer su gestión que en facilitarla, las palabras de Piche-tto demuestran que la sabiduría y el tacto político no son precisamente las que caracterizan a la primera espada del oficialismo en el Senado. En primer lugar, hablar de "país bananero" es hacer uso del lenguaje racista y colonialista que inventó la derecha norteamericana desde finales del siglo diecinueve para justificar sus tropelías en el Caribe y Centroamérica. Se trata de un error mayúsculo en labios de un representante de un Gobierno que se esmera por aparecer como "progresista" y, peor aún, cuando además lo refiere a un país cuyo gobernante, Rafael Correa, mantiene excelentes relaciones con la Casa Rosada. Pero, en segundo término, ¿cómo es posible que se descalifique tan groseramente a un gobierno que ha tenido la sensatez y la valentía de practicar una rigurosa auditoría de su deuda externa? ¿Qué nos queda entonces a nosotros, los argentinos, que la hemos venido pagando a lo largo de veinticinco años sin prestar la menor atención a las numerosas voces que planteaban la insanable ilegitimidad de una deuda mayoritariamente contraída por la más atroz dictadura de nuestra historia, y en la cual se habían conculcado todas las libertades y garantías constitucionales? Una república bananera es la que obedece sin chistar a sus amos y a sus acreedores, por más que éstos sean simples delincuentes de cuello blanco como son quienes controlan el sistema financiero internacional; es la que actúa solícitamente ante los reclamos del imperio, por ejemplo para aprobar en menos de lo que canta un gallo una legislación antiterrorista o pagar de un plumazo una deuda porque el FMI necesitaba fondos frescos. Una república digna de ese nombre, en cambio, actúa como Ecuador, que sin aspavientos ni estridencias exige y convoca una auditoría internacional y confirma que sólo pagará lo que legítimamente se adeuda y ni un centavo de más. Una república seria no reforma la Constitución nacional como se hizo en la Argentina en 1994: producto de un pacto sellado a puertas cerradas y aprobando como ley suprema de la Nación lo que decidieron los convencionales sin someter el nuevo texto al veredicto final del pueblo como sí lo hizo Correa con la nueva Constitución ecuatoriana, abrumadoramente ratificada por la voluntad popular. Por eso no sólo es una de las más avanzadas del mundo sino también una de las más legítimas. Avanzada, no sólo porque entraña un inédito reconocimiento de los pueblos originarios y sus lenguas, instituciones y culturas sino también porque establece, entre muchas otras notables innovaciones, que la naturaleza es sujeto de derecho y no una mercancía que se puede utilizar y de la que se puede abusar sin ninguna clase de restricciones como se hace en la Argentina, que permite la devastación del bosque nativo, las cuencas acuíferas, los valles y los glaciares a manos de grandes oligopolios transnacionales. Si Ecuador es una república bananera, ¿nosotros qué somos?

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Dignidad.

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Hambre y represión
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El psicoanalista y director de teatro Eduardo Pavlovsky advierte que el hambre y la desnutrición infantil son violaciones a los derechos humanos equiparables a las atrocidades de la dictadura. Y que allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus consecuencias actuales.


Eduardo Pavlovsky

Existía una cultura de la complicidad civil durante la dictadura. Hoy también existe una cultura de la complicidad civil en relación con el problema del hambre y la desnutrición infantil en la democracia. Es un abordaje social cultural. Como dice Giardinelli "Nuestro presente sociocultural configurado por entre 10 y 15 millones de compatriotas carentes de esperanzas, muchos de ellos en estado de animalidad (subrayado mío). Eso no se debe a un cataclismo ni es un flagelo natural, sino que es resultado de políticas que aquí se aplicaron y es urgente revertir, pero en serio y definitivamente, lo que implica exigir a las autoridades urgentes medidas reparadoras".


El intendente Gustavo Posse dijo que el crimen del ingeniero Barrenechea está relacionado con el retiro de efectivos de Gendarmería en la villa La Cava. Alguien le contestó: "El triste suceso está relacionado con la ausencia de educación, de salud, de trabajo, de buena alimentación, de los derechos fundamentales del hombre: ausencia de igualdad, ausencia de oportunidades, ausencia de políticas que tiendan a preservar la dignidad humana, en ese asentamiento y en otros muchos puntos de la República".


Dicen que los pibes de La Matanza son reclutados por organizaciones para cometer robos en otros puntos suburbanos. Los pibes se "entrenan" porque el reclutador les paga 500 pesos por cometer asaltos, robos o asesinatos que sufren todos los días principalmente las casas de la zona norte. Dicen que los preparan drogándolos antes de llevarlos al lugar indicado.


La lógica de un pibe de La Matanza no es la lógica de un pibe de Capital o San Isidro. Son dos o tres generaciones donde los valores se han transformado en la cultura villera sobre el hacinamiento, la promiscuidad, la falta de higiene, agua potable y de la carencia de recursos humanos para vivir con dignidad. La desigualdad social hoy es más amplia que nunca y también influye en este tipo de producción de subjetividades.


En la provincia de Buenos Aires, entre los 15 y los 20 años los jóvenes piensan que dentro de cinco años van a estar muertos o excluidos (encuesta del Ministerio de Desarrollo Social). No pueden pensar ni imaginar el futuro. Y no poder imaginar un futuro o un proyecto los convierte en un ser de otra cultura, formada por otros valores, por otros ideales, además de ser jóvenes que han convivido con tres generaciones sin trabajo.


Había que ver el desconcierto de Chiche Gelblung con dos jóvenes de La Cava que llevó a su audición televisiva. Chiche le preguntó a uno de ellos por una camisa Nike que llevaba puesta. El joven le contestó: "¿No te gusta que la tenga yo, no?". Y agregó: "Esta ropa es sólo para tipos como vos, cuánto ganás aquí, decímelo, vos debés tener mucha guita y te podés comprar muchas cosas". Y se inició un diálogo imposible, suscitado por el joven adolescente de La Cava y un Chiche desconcertado y desconocido que parecía someterse a un interrogatorio. Nunca lo vi tan incómodo en una entrevista, porque evidentemente es un periodista muy inteligente, pero acá se enfrentaban dos culturas diferentes.


Miles de familias están volviendo a los comedores comunitarios. En la red de banco de alimentos la demanda es un 15 por ciento mayor que en el 2007. En el partido de La Matanza la suma de las camas públicas de los hospitales es de 0,4 cada 1000 matanceros, una proporción bajísima. La Organización Mundial de la Salud establece una relación que debe ser 6,3 cada 1000 habitantes.


Es imposible no condenar los crímenes, los robos a que son sometidas las víctimas de la delincuencia y que abarcan las tres clases sociales, familias destruidas, otras que viven en permanente estado de miedo y temor. Nos identificamos con su miedo y su dolor. No podría ser de otra manera. Pero no es disminuyendo la edad de la imputabilidad de los menores de 14 años; como solución final, esto es ingenuo.


Tenemos que recordar que los derechos humanos no pueden quedar sólo asociados en la subjetividad popular al problema de la dictadura y los desaparecidos.


No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables. La indignación debiera ser la misma, la del joven desaparecido por el crimen de la dictadura y la del niño que muere de hambre en nuestro país.


Los derechos humanos deben ser el desarrollo de los recursos humanos para toda la población argentina. El combate al subdesarrollo de los recursos humanos (alimentación, salud, educación a todos los niños) debe ser prioridad y urgencia para prevenir futuros conflictos sociales. Empezar de abajo asegurándole a la niñez la estabilidad de poder vivir sus propios derechos constitucionales y de poder pensar en un posible futuro con dignidad. Es sólo poder pensar. El que no come no piensa y su arma es la inmediatez. No existen estructuras de demora, como habría dicho el doctor Fernando Ulloa. El hambre es un crimen en nuestro país, un crimen diario que potencia la delincuencia y el crimen organizado. Los ataques a las organizaciones como Pelota de Trapo –a través del rapto de uno de sus chicos, subiéndolos a coches donde son paseados amenazándolos por pertenecer a una organización que se ocupa del hambre y de la indigencia– son un buen ejemplo de la complicidad civil de un gran sector de la población argentina que se niega a identificarse con el otro sector argentino de la población que padece hambre e indigencia. La falta de respuesta frente al hambre es el germen de la complicidad civil. Es de "mal gusto hablar de la desnutrición infantil". El hambre no es problema para un gran sector de la población. El que come tiene alimentación, educación y salud, sólo puede tener temor a ser saqueado, asesinado por la "animalidad" descripta por Giardinelli.


Desconocemos la subcultura de las zonas más carecientes, su lenguaje, sus valores, sus creencias y sus desesperanzas. Se nace allí en la villa y allí se forman sus valores, sus ideales, nada tienen que ver con los nuestros, que hemos podido alimentarnos, trabajar y estudiar. El programa de Chiche y los dos villeros de La Cava es la visualización práctica de las dos culturas enfrentadas.


El joven villero que sale a robar o matar por dinero, o por el dinero que le ofrecen, sólo siente que ése es su trabajo, no existen en esa subcultura nuestras categorías del bien y del mal, en esos chicos de 13, 14 o 15 años sin ninguna esperanza futura posible para una vida mejor.


Como dice la carta de Posse cuando afirma que el crimen del ingeniero Barrenechea estuvo relacionado con la ausencia de efectivos de Gendarmería en la villa, "en tanto no se solucione la ausencia del Estado en la villa, seguirán presentes la inseguridad, la desigualdad, la injusticia, el hambre, la mortalidad infantil, la deserción escolar, la pasta base y la prostitución infantil –y agrega–, la respuesta no debe buscarse en el Código Penal sino en la Constitución nacional".


Allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus tremendas consecuencias actuales.


Insisto, el bien y el mal tienen distintos valores y códigos. Son los hustler, del ghetto negro de Chicago, que la familia espera ávidamente para recibir dinero que viene de los robos, asesinatos y drogas.


La ausencia de una política de Estado frente al retiro de fondos destinados a la ayuda social fue el origen del crimen juvenil. Los chicos de La Matanza y de La Cava son nuestros pequeños hustler.


No nos olvidemos que la pandilla juvenil más sangrienta en Latinoamérica, los maras, fue el origen de una mayor represión a los jóvenes en El Salvador. Hoy los maras han constituido un ejército temible de delincuentes infantiles que existen ya en Latinoamérica.


En la lenta recuperación de una justicia social donde los derechos devuelvan la dignidad a los muchos que la carecen, muchos de ellos ni saben que la carecen. Se ha perdido en esa subcultura de animalidad el derecho a tener derechos.


No más cárceles sino mejores instituciones que se ocupen de la infancia, devolviéndoles los derechos fundamentales de poder vivir y desarrollarse. No deben nacer condenados. La dignidad que fue devuelta a los indígenas de Evo Morales o a los cabecitas negras de Perón sólo consiste en ser personas y no vidas desperdiciadas, vidas no vividas, que merecen ser vividas.

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Estado.

A Keynes, con amor y sordidez
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Una reflexión sobre la crisis mundial, el regreso del Estado y las virtudes colaterales de la democracia.

Sandra Russo


Lo que pasa es que ahora todo el mundo es Tercer Mundo. Mentalmente, por lo menos. Hasta el director del FMI, Dominique Strauss-Kahn, que el sábado elogió el gasto público para estimular la demanda interna. Mantener al menos tibias las economías mundiales en la emergencia. Ahí los países se dividen. Los emergentes han vivido en emergencia desde el último diseño del mundo. Los países centrales son ahora países en vías de hundimiento. La recesión les devolverá lo que ellos sembraron en los países emergentes durante las últimas décadas. El formidable castigo lo reciben por haber incurrido en lo que un griego perfectamente podría llamar hybris, es decir, el pecado capital, la soberbia, el exceso de un defecto, e incluso de una virtud. Ese castigo tiene muchos nombres, pero se resume en uno: desempleo.


El crac desnuda el problema central de la política hasta dejarlo en esqueleto: la política vuelve a ser la administración de los bienes escasos. Y los electorados mundiales vuelven a ser avisperos que actúan por instinto de supervivencia y dejan de escuchar los discos rayados de los dirigentes mundiales para ser enfermeros de noche: están atentos a la respiración terminal del enfermo. La crisis exige política, para empezar. Esos que estaban reunidos en Washington decidiendo el curso común que tomará Occidente no eran economistas ni técnicos. Eran dirigentes políticos a su vez condicionados por sus respectivos electorados. En su libro Qué es la política, Hanna Arendt (que debe estar incomodándose bastante en la tumba cada vez que habla Carrió) vaticinaba que algún día el poder económico y financiero reemplazaría al poder político, y que ese día tendría de terrible que el mundo sería gobernado algo así como por Nadie, ya que a Nadie los ciudadanos no podrían reclamarle nada.


Pero así es la democracia, mírenla por los dos lados. Por uno, se ve un sistema que en tiempos normales implica ciertas reglas de juego que por sí mismas no garantizan nada particularmente bueno para los más vulnerables. Pero por el otro, lo que se ve es un sistema que tiene el límite que los mercados no tienen: los gerentes del Lehman Brothers se fueron a sus casas con indemnizaciones obscenas, mientras Bush pasará a la historia como el peor presidente de la historia reciente norteamericana y los republicanos mastican derrota electoral.


De modo que ahora que estamos a solas, dirigentes y ciudadanos, vuelve a aparecer el Estado. Y los presidentes de los países centrales, que durante las últimas décadas empujaron a los países emergentes a liquidar sus Estados nacionales para permitir más fácilmente el flujo de los negocios del capital privado, giran. Sin pudor, pero cómo giran. Y miran atrás y alrededor, y mucho nuevo no hay bajo el sol: ahí está el Estado. Y la obra pública para hacer la plancha con proyectos políticos llevados a la acción. Porque ahora que estamos a solas podemos decirlo: cuando algo se sale de control y todo cae, queda el Estado y más vale que sea fuerte y tenga coraje.


Este nuevo consenso exige un replanteo de cómo son y están las cosas en cada país. Hasta hace apenas una semana, en la Argentina, el debate sobre el papel y el tamaño del Estado inflamaba algunas gargantas. Lo que queda por definir y discutir ahora son los controles que la ciudadanía podrá ejercer sobre el Estado, es decir: el debate abierto en todo el mundo.

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Gracias por estar








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Gorilas Argentinos

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Pino y Doña Rosa contra los bloggeros que no piensan como él (un escándalo)


Nace UnaSur. Agarrate Catalina. Néstor Por Siempre

El hombre que nunca dejó de ser un niño

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Llegaremos a tiempo. Si Pingüino Querido. ¡¡Si!!

Treinta mil

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Liliana Felipe

Dame un candidato. Barragán. Je



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