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Bombas, niños y cemento

Mientras tanto Nelson Castro ganaba 150000 pesos por mes en Radio del Plata y su boca en otro ladoOsvaldo Bayer

Cuatrocientos niños muertos ya en Gaza. (Y seis niños quemados en La Boca.) Todas las noches, en la pantalla podemos ver el siniestro espectáculo: bombas que estallan en medio de poblaciones, llamaradas, columnas de humo, rostros trágicos cubiertos de miedo y de impotencia. Tanques por las calles habitadas por mujeres, niños, vendedores, gente sin destino. Luego, el rescate de las víctimas en medio de ruinas, ruinas, ruinas, ruinas. Cadáveres de niños: caras ensangrentadas y ojos abiertos de sorpresa, ya muertos. Niños destrozados. (Seis niños mueren quemados en La Boca, en extrema pobreza; sí, en La Boca, allí donde Maradona ganó millones, donde van los domingos a gritar gol cada vez más fuerte y pagamos miles por cada gol y cada pase. Allí mueren niños desalojados. Medio millón de seres humanos en villas miseria. Record argentino. Producto genuinamente argentino. Sigamos rogando a Dios. Por algo monseñor Angelelli salió a la calle, y así le fue.)

En Alemania no se quiere hablar de Gaza. El drama es demasiado grande. Un lector ha escrito en un diario: "Qué les vamos a reprochar a los judíos lo de Gaza si nosotros les enseñamos ese camino, con Auschwitz. Gaza es el nuevo Auschwitz". Muros, guardianes, hambre, y la muerte siempre presente. Más los bombardeos impunes. Los cohetes de Hamas parecen esos petarditos de primero de año comparados con las bombas israelíes que desmoronan manzanas enteras en una ciudad abierta y sin defensas.

Todos los responsables de la política mundial miran para otro lado. Sí, algunos hacen tímidas gestiones y salen sonrientes en los noticieros. Obama espera. ¿Y si Obama, el primer día del bombardeo de Gaza, se hubiera trasladado allí y gritado: "¡De aquí no me muevo hasta que terminen los bombardeos!"? ¿Qué hubiera pasado? Se hubieran salvado cuatrocientos niños. ¿Y si esa actitud la hubieran tenido todos los jefes de gobierno europeos y se hubieran reunido en sesión permanente en una escuela palestina? La primera ministra alemana Merkel, demócrata cristiana ella, dijo solemnemente: "Todo es resultado de los ataques de Hamas". Así de sencillo. Es que si tal vez hubiese dicho la verdad, habría sido acusada de nazi-racista por los judíos. Hay que cuidarse. Pero, ¿y los cuatrocientos niños?

Sí, 2009 empezó mal. Primero la amenaza de la crisis económica mundial, que ya empieza a mostrar sus lados malos aquí en Alemania; después la guerra de Palestina; y por último el problema de Rusia y el gas. Se cierra la canilla y a otra cosa.

El Deutsche Bank tuvo en el último trimestre 5 mil millones de euros de pérdida; sería larga la lista de los establecimientos fabriles que han disminuido su producción, un clásico rubro como la construcción de buques de ultramar está casi paralizado. Y entonces salió el gobierno federal a poner el pecho y justamente esta semana se aprobó el Segundo Programa Coyuntural para enfrentar la crisis. El Estado, para ello, se va a endeudar en 50 mil millones de euros para solventarlo. Este plan se propone hacer inversiones en la construcción y ayudar a empresas; más 17 mil millones para una rebaja de impuestos; también algo para una menor cuota del seguro de salud, y para un bono –por única vez– de cien euros por niño. Y 2500 euros para todo aquel que entregue al desguace a su automóvil que sea más viejo de nueve años y se compre otro nuevo.

Estas dos últimas cifras definen a las claras la ética del sistema económico que domina el mundo. Por un niño, la familia recibirá 100 euros; por un automóvil viejo que vaya al desguace, 2500 euros, pero siempre que compre uno último modelo. ¿Un auto o un niño? Y... si me dan 2500 euros...

Es para vender más, para incitar a tener más automóviles. Se piensa que así de los 40 millones de autos que circulan por Alemania se podrán eliminar 19 millones que tienen más de nueve años. Es una manera de "mover el mercado". Si me compro un auto recibo 2500 euros. Si tengo un niño, 100. Está todo dicho. Lo que se llama con jactancia: "La sociedad de consumo". ¿Y la ecología? ¿Cómo? No le oigo bien...

¿Quiénes van a tener que pagar luego esa deuda que contrae el Estado? Por supuesto, la mayoría del pueblo, como ha ocurrido siempre con todas las deudas externas. Con inflación, con impuestos. Sí, subas de jornales, pero que no alcanzan a cubrir las cifras de la inflación.

Es patético lo del Commerzbank: el Estado ha intervenido con una cifra millonaria para salvarlo de la quiebra, se resolvió darle 18 mil millones de euros, pero al mismo tiempo se anularon 7 mil plazas de trabajo. El Partido Izquierda (Linkspartei) ha pedido que el Estado sólo ayude a las cooperativas de trabajadores y no a los empresarios, ya que ellos siempre han sostenido que el Estado no debe intervenir en la economía (salvo cuando esa economía fracasa, como es la realidad del mundo actual).

Es el más caro Programa Coyuntural que enfrente un gobierno alemán en toda su historia. Y se ha calculado que va a costar 625 euros a cada ciudadano, desde los recién nacidos hasta los viejos.

Desde que hace unos días se suicidó el quinto magnate más rico de la economía alemana, Adolf Merckle, reina cierta inseguridad. El todopoderoso señor, dueño de 9200 millones de dólares, compró acciones de la empresa automotriz Volkswagen en una cantidad increíble, creyendo que al poco tiempo iban a subrir a su anterior nivel. Y perdió todo. Al día siguiente, los diarios trajeron en primera página el suicidio de este barón de la riqueza. Cerca de su residencia, a medianoche, se tiró a las vías ferroviarias cuando se acercaba un tren. En las fotos del sepelio se ven las tristes rostros de políticos de la Democracia Cristiana y del Partido Liberal. Ese hombre de tanta fortuna ayudaba en las elecciones al triunfo de esos dos partidos –la derecha y el "centro", claro está– con subvenciones importantes. Cosas de la democracia. "Igualdad de oportunidades." Un sistema que parece un casino. Ni siquiera ese sistema soluciona, al parecer, los problemas de los todopoderosos, como el caso de Adolf Merckle. Pensemos entonces en los miles de desocupados en Estados Unidos, el centro apocalíptico del capitalismo. Claro, ahora la culpa allá la van a tener los trabajadores extranjeros emigrados que vienen "a robar puestos de trabajo". Me acuerdo de una foto cuando en Buenos Aires se constituyó la Liga Patriótica Argentina: están allí el diputado radical Manuel Carlés, el almirante Domec García, el perito Moreno y monseñor De Andrea. Se reunieron para terminar con toda idea extranjerizante de igualdad de los obreros inmigrantes, justo en la Semana Trágica, de la que se acaban de cumplir noventa años. Esa organización de extrema derecha iba a ayudar a la policía en la represión contra las manifestaciones obreras y de paso iba a ser la responsable del primer pogrom antiju-dío en nuestro país, allí, en Plaza Once.

Panorama del mundo. Aquí, los bosques nevados. Pero es como si sonaran lejanos los estruendos de las bombas arrojadas por aviones, bombas que matan niños, allá en Tierra Santa. Me pregunto: ¿Por qué el papa Ratzinger no invita a los representantes más altos de las otras dos religiones –la mahometana y la judía, que también, como el cristianismo, nacieron en esa tierra– a realizar en Palestina una interminable Marcha por la Paz, hasta lograrla finalmente?

No, es que todo está basado en algo distinto. Los intereses. Con sentido del humor macabro, un lector del diario alemán Frankfurter Rundschau escribió: "No, señores, hay que ayudar a que triunfe Israel y así formar el 'Gran Israel', y que a los palestinos les dé de comer la ONU y dar a Israel ayuda económica de Alemania para la construcción de un muro en toda la frontera con Palestina, aún más grande del que ya existe, y de esa manera el cemento para el muro lo compren a la empresa alemana Heidelberg-Zement y así podríamos salvar a esta empresa de sus problemas actuales. Es decir, aprovechar la 'coyuntura'".

Humor sarcástico que deja bien al desnudo lo amoral del sistema dominante.

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Los ojos de los niños


Osvaldo Bayer

Mientras en una parte del mundo se celebraban las fiestas, en otros lugares se mataban seres humanos. Así se despidió el año 2008, así llegó el 2009. Civilización, o no, y barbarie. Pan dulce y bombas. El cinismo no conoce fronteras. Se mata y ya está. Por seguridad. Por los derechos de unos sobre otros. Recibimos el Año Nuevo con cuatrocientos muertos debajo del colchón, cien de ellos niños. Y cerca de dos mil heridos. La Franja de Gaza. Pueblos que ya tendrían que ser sabios por sus experiencias trágicas encuentran coincidencia sólo en la muerte. Esa muerte para la que el ser humano trata de encontrar una definición, una explicación, es usada como emblema de lo que llamamos civilización. Ahora es ya mucho más fácil. Se mata al enemigo desde aviones y, mejor todavía, a él y a toda su familia. A su mujer y a sus ocho hijos. O con cohetes, desde el escondite. Esos jóvenes que arrojan bombas desde aviones o desde escondites no se dan cuenta de que matan, de que exterminan la vida de otro ser, por lo general inocente. Pero arrojan bombas por "patriotismo". Los discursos de los políticos intervinientes nos dicen claramente de su omnipotencia. ¿Tienen acaso el poder delegado de matar, de hacer matar? ¿Se los vota para eso? ¿Y qué pasa con Naciones Unidas, para qué está? Ni siquiera esa organización mundial es capaz de detener una guerra. Ese tendría que ser su principal motivo de existencia. Y no una masa burocrática de encuentros superficiales y desencuentros que ocasionan la muerte.

La muerte de niños. Lo lanzaron al aire y al papel, los medios: el bombardeo israelí logró la muerte de uno de los dirigentes principales de Hamas y también de su mujer y sus ocho hijos. Buena puntería. ¿Pero cómo, es que vivimos en el tiempo de los dinosaurios? No, vivimos el siglo de la mente humana. Por eso el papa Ratzinger en su mensaje de Navidad nos ha enseñado a rezar, rezar, rezar. ¿Rezar a quién? ¿A un Dios que permite en la "Tierra Santa", donde nació su hijo de una virgen, que se cometan crímenes tan atroces, como que se peleen pueblos desde hace siglos por razones religiosas, que en el fondo no son otra cosa que razones de poder y de dominio? Alá, Jehová y Cristo. Tierra Santa que mata a sus niños.

¿Con qué habrán soñado esos niños la última noche en que vivieron? ¿Con juguetes, con hadas, con ángeles que les arrojaban espejitos de colores desde el cielo? Es lo mismo, porque nosotros les arrojamos bombas y los destrozamos. Habría que rescatar los ojos de esos niños en el momento en que estallaron las bombas.

Sí, está bien, los hombres de Hamas lanzan cohetes a Israel. ¿Y por eso hay que bombardear ciudades abiertas allí donde viven madres que crían a sus hijos? Ciudades que ni siquiera tienen refugios antiaéreos. Eso es fácil. Pero criminal de la peor cobardía, a su vez.

Tiene razón Israel en combatir el terrorismo, pero no con métodos cien veces más traidores que el cohete individual. Igual, tal vez, en su perversión, pero increíblemente menor que hacerlo desde aviones, en uniforme oficial y por orden de los responsables. No, además, esos actos de mostrar poder traen las consecuencias más nefastas, originan los odios de siglos, los deseos de venganza infinitos, que quedan en la historia de los pueblos. La única búsqueda de solución es recurrir a Naciones Unidas para que envíe una organización preparada en esta clase de conflictos, que encuentre la paz y no la venganza. No se arreglan los problemas con la muerte. Y más para un pueblo con la experiencia del judío, un pueblo que, con su conocimiento histórico de persecuciones, tiene que haber aprendido para siempre hacia dónde lleva el odio. Porque los crímenes del Holocausto han quedado para siempre en la conciencia del pueblo alemán y tendrían que quedar también para siempre en el pueblo que fue víctima. Porque no hay ninguna diferencia para un niño entre morir en una cámara de gas y ser destrozado por una bomba arrojada desde aviones oficiales.

Sí, el pueblo alemán aprendió para siempre lo que es cometer un crimen de lesa humanidad. Pero seamos sinceros: aprendió pero no tanto. Hay otra forma de hacerse cómplice de otros crímenes. Por ejemplo esto: la fabricación y venta de armas. Leamos las cifras oficiales. La exportación de armas alemanas del año 2007 alcanzó a 8,7 mil millones de euros. Es decir que exportó un 13 por ciento más que el año anterior. Con esto, Alemania ocupa el tercer lugar en el mundo de exportadores de armas, con el 10 por ciento, mientras Estados Unidos ocupa el primer lugar, con el 31 por ciento, y Rusia, el segundo, con el 25 por ciento. Pero aquí no acaba la cosa. Alemania exporta armas a China, India, a los Emiratos Unidos de Arabia, a Grecia, a Corea del Sur y a un sinfín de otros países. Sí, a los Emiratos Unidos de Arabia. Pero, y aquí está el nudo de la cuestión: también a Israel, Afganistán, India, Nigeria, Pakistán y Tailandia. Muy buen negocio. Ahí no se hacen discriminaciones, el que paga bien, a ése se le vende. Es sabido que los europeos –en este caso Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia– atraen a sus clientes deseosos de armas con financiaciones "atractivas" y la promesa de transmitirles tecnología nueva.

Entonces aquí hay que decir la otra verdad. No alcanza con que los alemanes se hayan hecho una severa autocrítica sobre los crímenes del nazismo sino que la verdadera autocrítica tendría que ser nunca más a las armas, nunca más hacer negocios con la Muerte y menos con países que tienen problemas con países lindantes ni tampoco aquellos que tienen problemas internos. No se es honesto si por un lado criticamos las guerras y las represiones y por el otro vendemos armas a países donde tienen lugar esos crímenes contra la Vida.

Hace pocos días se hizo en los medios alemanes un desusado elogio al ex primer ministro Helmut Schmidt, que cumplió noventa años de edad. Justamente, el político que apoyó la venta de armas a la dictadura argentina del desaparecedor Jorge Rafael Videla. Y se defendió en el Congreso alemán diciendo que lo hacía para "asegurar la fuente de trabajo de los obreros alemanes", un argumento fuera de toda base ética. Porque si es por eso, que el gobierno alemán disponga de una suma para darles trabajo a esos obreros y que éstos se dediquen a fabricar juguetes para los niños.

Más todavía, el gobierno alemán asegura con fianzas oficiales la financiación de los proyectos de venta de armas, para lo cual se utiliza dinero del pueblo cobrado mediante los impuestos. Hace poco quedó en claro un escándalo producido por la constatación de que las fuerzas de seguridad de Georgia poseían modernas armas alemanas, a pesar de que el gobierno alemán había rechazado el pedido de ese país de venderle armas, ya que Georgia se encontraba en estado de guerra con Rusia. Es decir que podemos constatar que, en el caso de hacer negocios, se pisotean los principios básicos de lo que tiene que ser la ética en las relaciones humanas.

Las armas, las guerras entre los seres humanos divididos por estúpidas fronteras, tienen que pasar a ser un tema fijo en la vida de todos los pueblos del mundo. No a las armas, sí a la vida.

Han muerto cien niños en el bombardeo israelí de Gaza. Ya esa cifra podría servir de leitmotiv contra todos los bombardeos de ciudades abiertas. Nunca más la muerte de niños como acción de guerra. Salir a la calle en la protesta. Denunciar a los políticos que dieron la orden y a los generales y soldados que la cumplieron.

Sería al primer peldaño hacia aquel Paraíso en la Tierra con que soñaba Kant: la paz eterna.

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Azahares y fuegos


Osvaldo Bayer

Las últimas dos semanas se cubrieron de azahares y fuegos. Esos pequeños hechos de la vida que lo llevan a uno de la mano y que todavía le enseñan, le van marcando el camino hasta el final. El perfume del azahar, que lleva a la poesía y al ánimo, y el fuego, no el que quema, sino el que impulsa. Sí, todo comenzó en La Toma, ese supermercado rosarino tomado por sus empleados que es hoy, además de supermercado, un centro de cultura. Allí, donde antes sólo se vendían mercancías, hoy se debate, se enseña y se aprende, se abren los ojos al arte, a la literatura, a la política, al futuro. De allí a Mar del Plata. En la presentación del libro Biblioclastía, sobre la prohibición y quemas de libros durante la última dictadura militar. Un hecho aberrante y cobarde, pero por el cual jamás se indemnizó a las editoriales, a los autores ni a los libreros perjudicados. Ocurrió y ya está.

De allí a El Calafate, donde todos los 8 de diciembre, frente a la estancia "La Anita", recordamos a las decenas de peones rurales fusilados por el ejército argentino en las huelgas de 1921. Ahí se levanta el cenotafio. Se lo cubre de flores y los oradores recuerdan el crimen nunca saldado. Luego, una obra teatral del conjunto formado por vecinos de El Calafate. En el bello paisaje se oyen los gritos de furia y dolor de los que cayeron. Algo que no se podrá olvidar jamás, pero de lo que no aprendimos nada los argentinos. Medio siglo después ya no se fusilaba, se desaparecía. Un día antes, en la sala cultural de El Calafate, el ballet local representaba las esperanzas de la peonada y cómo murieron bajo los fusiles oficiales. Todo hecho con una melancolía magistral. El arte, la mejor manera de escribir nuestra historia.

De regreso a Buenos Aires, el recuerdo de aquella legendaria Nueva Presencia, el primer periódico que se atrevió a criticar a la dictadura de los generales y el homenaje a Herman Schiller, quien ofreció su rostro para enfrentar a la picana y la desaparición. Una placa ha quedado allí para siempre, en la calle Castelli, para definir lo que es el coraje civil. Sí, y después, en Luján, en su Universidad, el mejor recuerdo para el herrero poeta, Dardo Dorronzoro, víctima de la misma dictadura. Un concurso de poesía. Leí las mismas, un tejido increíble de sueños jóvenes, de figuras de la fantasía, de la bondad extrema frente al horror cobarde de las bestias uniformadas. Dardo se asomó allí y nos aconsejó quién sería el premiado: todos, nos dijo. Todos los que escribieron sus ilusiones. Pero en ese momento nos interrumpió la realidad. Un ajero mendocino había llegado desde tierras cuyanas para describirnos su realidad. Curtidas manos, curtido rostro. Trabajo esclavo en las tierras del sol y de la vida, de mujeres y niños, como en la Edad Media. Leo los versos de una poetisa mendocina: las ristras de ajo se han convertido en las cadenas de la esclavitud. Se simulan cooperativas. La Justicia ordenó la reincorporación de despedidos, pero nadie se da por aludido. Los dueños de la tierra son los únicos magnates. Lo deciden todo. Los demás, los del sistema, obedecen. Los poetas de Luján escuchan en silencio. Hay tristeza. Por algo lo desaparecieron a Dardo, a los Dardos.

Al día siguiente estamos en Córdoba. Con la diputada Cecilia Merchán. Para tirar abajo un símbolo. Cambiar la figura del genocida Julio Argentino Roca por la figura de la increíble luchadora gaucha Juana Azurduy en los billetes de cien pesos, los de más valor. De uno que mató por más tierras para los poderosos a una mujer que luchó por la libertad americana. Un problema profundo que hace a la ética de los argentinos. No hay que mirar sólo para adelante. Hay que mirar para atrás para investigar por qué en estas llanuras de las espigas de oro hay hambre y hubo catorce dictaduras militares y represiones que alcanzaron al máximo de crueldad y perversión.

En la misma Córdoba presentamos un libro de tal valor ético que no encontramos adjetivo para calificarlo porque a ello se adjunta lo emocional: Los arquitectos que no fueron, la vida y fotos de estudiantes y egresados de Arquitectura de la Universidad de Córdoba asesinados y desaparecidos durante el terrorismo militar de Videla y consortes. Nos miran. Pienso, cuántas viviendas hubieran construido ellos y ellas. De haber vivido esa generación, por su lucha, ya no habría villas miseria en nuestras ciudades. Todas las universidades argentinas tendrían que publicar libros similares con los retratos y las biografías de sus estudiantes desaparecidos. Y sus retratos colgar en las aulas. Un recuerdo que no debe borrarse jamás de la memoria.

Allí, en la misma Córdoba, ofrecemos la cantata "La Patagonia de Fuego", de Sergio Castro, basada en La Patagonia Rebelde. El público acompaña las bellas canciones. Se pone de pie para recordar a esos pobres gauchos fusilados por los máusers oficiales. Aprendimos, pienso. De los libros quemados en 1976 al tema vivo en las salas del país. El perfume del azahar y el fuego de la memoria.

Y justo, al día siguiente, doy una clase en el Instituto Espacio para la Memoria a los guías del museo de la ESMA, acerca de los crímenes del Estado en la Argentina. Los crímenes militares y el colaboracionismo civil.

Un país que no aprendió de sus tragedias. Un país sin autocríticas. Autocrítica, el fundamento de la democracia. Aquí, ese término, es desconocido. Hay que mirar para adelante.

Luego, en el festival del cine documental científico, presentamos escenas de nuestro nuevo film Awka Liwen, acerca de los pueblos originarios y discutimos sobre los conceptos de racismo en nuestra sociedad. Que los hay, los hay. De ahí a La Plata, en "Voces de la cultura", que promueve la intendencia de esa ciudad. Y como todo encuentro cultural, es siempre necesario, positivo y sirve para encontrar las huellas hacia una sociedad más democrática, que no es otra cosa que una sociedad más justa e igualitaria. Y todo culminaría con el acto en la ESMA, en el Día de los Derechos Humanos.

Me sentí como en una nube de ilusiones. Estar allí, en un acto donde recordamos a nuestros desaparecidos en el lugar mismo del horror del sistema. Recibir un premio Azucena Villaflor allí donde tuvieron prisionera a esa mujer de increíble lucha, junto a sus dos compañeras iniciadoras del movimiento de Madres –Julia Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco, no olvidarlas–, en un calabozo que era una cucha de perro, tiradas en el suelo para después asesinarlas, sí, recibir un premio en ese edificio de la Mayor Perversidad Humana, me pareció el producto de una imaginación sin límites. Pero sí, fue así. Quiere decir que el ser humano no se rinde nunca, que la Etica triunfa finalmente, aunque a veces tarda mucho en vencer sobre el crimen y la codicia. Dije, al agradecer el premio, que yo no lo merecía, que los únicos que habían ganado ese premio a los Derechos Humanos, eran los treinta mil desaparecidos. Y nombré a tres, cuya amistad me sigue desbordando todos los días: Rodolfo Walsh, el Paco Urondo y Haroldo Conti. Por eso, comprendía que hay que seguir con la búsqueda que iniciaron ellos. Hasta que logremos, por lo menos, que en nuestro país no haya más niños con hambre. Siempre hay azahares y fuego, pero aquel que no quema, que impulsa.

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El embrollo argentino

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Otra vez el mismo clima. Otra vez parece que marchamos por una calle sin salida. Hubo un hombre de mi tiempo, Aldo Ferrer, que dijo lo valedero, lo equitativo. Pero nadie lo escuchó. Hay que distribuir las ganancias para llevar adelante una sociedad integrada; si no, quedaremos cada vez más en el subdesarrollo. La sociedad tiene que ser integrada, regulada. Recordemos aquello de la economía social de mercado. Con la que la Alemania destruida de posguerra logró levantarse. Redistribuir las ganancias en la ciencia, en la técnica, en la paz social, en la educación, en la salud, en una industria que vaya eliminando las dependencias. Una sociedad con miserias es una sociedad injusta, corrupta, en sí, inmoral. Además se equivoca aquel que siempre quiere tener más, porque ese afán de dominar es el que crea violencia en la sociedad. Porque el que tiene más es casi siempre traicionado por los cuidadores de ese status.Una sociedad moderna ya no puede vivir sin las regulaciones. Porque, si no, terminaremos en los grandes castillos de la Edad Media donde se refugiaban los autodenominados nobles para "gozar" de su poder: vestidos desopilantes, joyas, coronas, armas, minués, cuarteto de cuerdas en el almuerzo de los señores, caza del jabalí rodeados por una comitiva de uniformados bien remunerados. Mientras, a su paso, los esclavos bajo el látigo o los eternos peones de la tierra, con sus harapos y sus ojos plenos de miedo y de hambre. Ahora las figuras han cambiado, todo es más disimulado. Pero las vallas morales y materiales son las mismas. Los dueños en sus countries de lujo con las mismas defensas –esta vez ya de empresas de vigilancia– y, a las pocas cuadras, las villas miseria con su increíble cuadro de las fantasías morbosas de la brutal realidad.En la Argentina ha ocurrido otra vez un golpe, como ya alguien lo ha dicho. Y como todos los golpes se originó, por un lado, por la incapacidad de quienes gobiernan de convencer, y por el otro, los de la filosofía "no me toquen el bolsillo".Los autores del golpe sin armas pero con medios salieron a defender lo "suyo", todos juntos, algunos de bolsillo flaco y los otros, los tradicionales dueños de la tierra, de los medios, de las empresas que compran y venden.El error de quienes tienen que ser los administradores racionales y justos fue meterlos a todos en la misma bolsa. Los de poca tierra y los eternos señores de la tierra y del cielo. Y todo se convirtió en dos mitades. Y desempató Cobos, un político esencialmente argentino, que cuando le tocó hablar lo hizo a ritmo de tango, y votó con lágrimas en los ojos. Tal vez lo ayudó a decidirse la virgencita de Luján. Recemos. Cuando lo ético, si se forma parte de un gobierno y no se está de acuerdo con una resolución de ese gobierno, es renunciar y no votar en contra de los que justamente lo pusieron segundo en la lista. Se vuelve a la base y no se sigue aferrándose al poder, por si las moscas. Pasó a ser el héroe de la derecha con voz entrecortada. Primero borocoteó a su partido y puso cara sonriente al peronismo K. Ahora, una vez en el poder, vota emocionado en contra y dice que espera ser aceptado de nuevo por su antiguo partido. En letra argentina eso se llama ser radical. Qué curioso, diría un gramaticólogo estructural alemán observando el uso argentino de la palabra "radical", y se deprimiría al no encontrar una explicación idiomática consensuada. Porque claro, en sí, radical es ser, como lo dice su raíz: revolucionario, avanzado, definitivo. Definitivo. ¿Ad infinitum? ¿Definitivo? De radical argentino pasó a radical K y de K –probablemente– a la fórmula Cobos-De Angeli, de la cual ya se habla.Pero eso no es el problema fundamental. El patetismo está en las dos Argentinas actuales de las que, desde su nacimiento, nadie fue capaz de hacer una. Fue muy cómico ver al presidente de la Sociedad Rural, el señor Miguens, cantar el Himno Nacional, emocionado, después del voto de Cobos: "ved en trono a la noble igualdad". Cuando lo vi en la pantalla recordé las orgullosas crónicas de los diarios patagónicos La Unión y El Orden, de 1922, describiendo el gran banquete de la Sociedad Rural a los oficiales del 10 de Caballería que acababan de fusilar a centenares de peones patagónicos. Fue para 120 comensales y se cantó también, con emoción, el Himno Nacional. "Ved en trono a la noble igualdad, libertad, libertad, libertad" (esto es necesario remarcarlo siempre). Se descorchó champagne y los estancieros ingleses presentes le cantaron al teniente coronel Varela –el fusilador– el "for he is a jolly good fellow" (sí, "porque eres un buen camarada").Cobos, cuando se emocionó en la madrugada del jueves, ya que votó por el "campo", tendría que haber mencionado la tragedia de los peones patagónicos, ya que fue un gobierno radical, el de Yrigoyen, el que dio la orden de los fusilamientos. Cobos tendría que haber aprovechado esa oportunidad en que todos los ojos argentinos lo miraban, para pedir perdón –como radical– por tan trágica y tremenda injusticia. Señalar que fue un error garrafal y un crimen de lesa humanidad. ¿No les suscita ninguna culpa, a los radicales K y a los radicales J, tantos peones asesinados?Cuando Cobos votó por el no, los manifestantes de Palermo todos en coro cantaron el Himno Nacional. (¿No hubo ninguno, que mirando a Cobos, le tararee el "for he is a jolly good fellow? Las crónicas no lo dicen, no seamos mal pensados.) Pero, eso sí, el diario La Nación describió gozoso y engolosinado cómo estaban vestidos los manifestantes de Palermo que vivaron a Cobos: "... un matrimonio con galeras abanderadas de las que colgaban cintas brillantes, con su bebé en cochecito... o looks más vanguardistas (sombreros tipo diseños de autor) realizados con el mismo motivo... Jeans y pantalones livianos con cintos de cuero, camisas y remeras, y uno que otro sombrero, más anteojos de sol, entre las mujeres, y la onda casual Friday entre los varones... un estilo relajado matizado por el traje y la corbata... Y como silencioso detalle anti-K, una suerte de gorro llevado por algunos con esa letra en círculo cruzado, a la manera de la dialéctica vehicular, más la aclaración 'yo no lo voté'". (Aquí hago una pausa y pienso: pero Cobos sí lo votó a K, o mejor dicho, a la K.) Y prosigue la crónica muy significativa: "Y como voto al campo, cintas colgantes en verde soja con la leyenda: 'Apoyo el campo'". (Aquí también pienso: claro, con el precio de la soja se explica todo.) Y sigue: "El respeto y la amabilidad fueron la constante... a eso de las 6 de la tarde emergieron, entre otros personajes vinculados con la moda, algunos diseñadores de renombre y también el peluquero más famoso, entusiasmado con la multitud. A un paso, chicos y grandes con mascotas. Así, como en familia".Qué idílico. Tendríamos que estar orgullosos de que haya argentinos tan finos y delicados. Somos una familia.No tanto. Tenemos un país dividido, como en toda nuestra historia. Federales y unitarios, el progreso de Roca y los indios bárbaros y salvajes, los argentinos de bien y los anarquistas extranjerizantes; los cabecitas negras y los libertadores, los argentinos desaparecedores y los desaparecidos; perucas, paraguas, bolitas y argentinos rubios y de ojos celestes.Celebro que un grupo grande de intelectuales argentinos haya escrito tres cartas sobre la temática del país y así hayan tomado posición en la discusión. Por fin los intelectuales salen a la palestra. Ojalá que esto prosiga y sean tomados en cuenta cuando opinan. Y sería bueno que los políticos de vez en cuando los convoquen para escuchar su opinión. Porque el principal deber del intelectual es ése: salir a la calle cuando en la sociedad hay injusticias o se reprimen las libertades.El diario alemán Frankfurter Rundschau informó ayer en su página editorial sobre el conflicto que sacude a nuestras pampas. Y lo titula "El embrollo argentino". ¡Qué delicado y fino el periodista! Hablando en lunfardo, más que un embrollo es un verdadero quilombo. De "el país de las espigas de oro", cantado por Rubén Darío, al país de la soja de oro. Sí, pero con villas miseria y niños desnutridos.
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Osvaldo Bayer
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Empresario 007

Pertenecen a 26.188 empresas estadounidenses (al 23 de junio), forman parte de InfraGard, una entidad civil aliada del FBI, con el que mantienen contactos casi diarios, y su función declarada es proteger del terrorismo a infraestructuras electrónicas, bancarias, servicios de emergencia, hospitales, transporte, sistemas hidráulicos, cadenas alimentarias, en fin, todo el costado crítico indispensable para la marcha normal de una nación. Agrupa a 84 organismos o sucursales en todo el país en contacto permanente que adoctrinan agentes del FBI designados en cada caso. "La esencia de esta asociación es compartir información e inteligencia", se reitera en su web (http://www.infragard.net/). Es una organización casi tan capilar como la Iglesia y su tarea no se diferencia de la que lleva a cabo su socio, el FBI: espiar a la sociedad civil norteamericana.

InfraGard se jacta de reunir en sus filas a empresas que operan el 85 por ciento de la infraestructura crítica del país y se enorgullece de contar, a nivel nacional, con representantes de 350 de las 500 empresas con mayor capital que la revista Fortune elenca.

Para ser aceptado como miembro, cada candidato a ingresar especifica a qué rama crítica pertenece y el FBI da, o no da, su visto bueno. Robert Mueller, director del FBI, explicó en una convención de InfraGard que tuvo lugar en el 2005: "Ustedes, los del sector privado, están en la primera línea de defensa". Contra el terrorismo, desde luego. Instó a los presentes a comunicarse con el FBI si notaban "alguna actividad sospechosa o un hecho inusual", definición que incluía –dijo– "a los empleados descontentos que emplearán la competencia adquirida en el trabajo contra sus empleadores" (//gov.tech.com, 16-8-05). Sic.

Las declaraciones de Mr. Mueller recuerdan hechos que padecieron bajo la dictadura militar argentina (1976-1983) los operarios de grandes empresas como Mercedes Benz. Se ha probado que sus ejecutivos se sacaban de encima a las comisiones internas, dirigentes sindicales de base y a los obreros que protestaban por los bajos salarios y las duras condiciones de trabajo mediante una práctica fatídica: pasaban a los militares la lista de esos "empleados descontentos" y éstos "desaparecían". Centenares de miles de trabajadores se desempeñan en las empresas de InfraGard.

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) ha manifestado su preocupación por semejante clase de espionaje: "Hay evidencias –dice en su informe titulado 'The Surveillance-Industrial Complex'– de que InfraGard podría formar parte de los servicios de información y prevención del terrorismo, convirtiendo a las corporaciones del sector privado –algunas de las cuales están en condiciones de observar las actividades de millones de clientes– en ojos y oídos vicarios del FBI" (http://www.aclu.org/, agosto del 2004). Es notorio en qué consiste realmente la cruzada "antiterrorista" de W. Bush (léase Guantánamo o Abu Ghraib). Una directiva presidencial de mayo del 2007, en la que se subraya la necesidad de que el sector privado actúe en los casos de emergencia, confirió estatus legal a InfraGard. Agentes del FBI y del Departamento de Seguridad Interior adiestran a los ejecutivos, en grupos de hasta cien, en cómo actuar en esas situaciones. Tienen permiso para tirar a matar.

Los espías expertos dicen a los ejecutivos que "cuando (no si) se declare la ley marcial, nuestra responsabilidad es proteger nuestra parte de la infraestructura y si usamos para ello una fuerza letal no podrán procesarnos", confesó un miembro de InfraGard al periodista Matthew Rotschild (http://www.progressive.org/, 7-2-08). InfraGard, por supuesto, desmintió la información. Pero cuando el periodista preguntó si era o no cierta a Curt Haugen, director ejecutivo del S'Curo Group, ex agente de la CIA y miembro de InfraGard desde hace años, éste contestó: "No puedo hacer comentarios sobre el tema. Pero como ciudadano privado, uno tiene derecho a usar la fuerza si se siente amenazado". La respuesta no es precisamente oscura.

"Hay que proteger los intereses de InfraGard cuando se habla con quienes no son miembros", se precisa en el web de la organización. "En entrevistas con miembros de la prensa –añade–, puede ser difícil presentar la imagen de InfraGard. Una preparación adecuada para esas entrevistas puede minimizar el riesgo de la confusión... La conducción de InfraGard y el representante local del FBI deben revisar el cuestionario propuesto, acordar el tenor de las respuestas y designar al más apropiado para responderlas... Hay que eludir las preguntas sobre cuestiones delicadas." Por ejemplo, la del derecho de los empresarios a matar a quien juzguen necesario si hay estado de sitio. A más de uno le encantaría ser James Bond.

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Mucho circo y poco pan

Osvaldo Bayer (Bonn, Alemania)

Toda Europa se prepara para el Campeonato Europeo de Fútbol que comienza hoy. Si comparamos los espacios en los medios de comunicación que se le han dedicado a la Conferencia Mundial de Alimentación que acaba de finalizar con las páginas y páginas que se dedican a los comentarios y reportajes de fútbol, son diez a uno. Diez para el fútbol y uno para el hambre mundial que esa conferencia ha dejado en claro: 800 millones de seres humanos padecen hambre en el mundo; la mayoría, por supuesto, niños. Diez goles a uno: toneladas de papel sobre jugadores, pronósticos, entrenadores, hinchadas. Otros diez golazos en contra para los pobres del mundo.

Que los hay en todos los países. Desde el primer mundo hasta el tercero, cuarto. Sí, leamos por ejemplo el informe de la Asociación Federal de la Mesa Alemana. Es una organización de ayuda a hombres, mujeres y niños que no pueden alimentarse bien por falta de medios. Actualmente, se atiende a 800.000 necesitados en toda Alemania. Se les entrega pan, productos lácteos, fruta y verdura. La razón de este aumento de pobres es la suba que han tenido últimamente los precios de alimentos. Justamente ayer, viernes, se instaló la llamada "mesa larga de la solidaridad", de 200 metros de largo, en Magdeburgo. Eso se llama verdadera solidaridad. Esta organización comenzó en 1993 en una ciudad y hoy ya hay 785 filiales en las diversas regiones alemanas. Tienen 35.000 ayudantes voluntarios que solicitan a los supermercados, panaderías o carnicerías la donación de productos sobrantes. El presidente de esta organización, Gerd Häuser, declaró a la revista Stern: "La red social no existe más en Alemania. Muchos que reciben del Estado ayuda por desocupado y jubilado, pero también madres solas con hijos, ya no llegan a comer todos los días sin nuestra ayuda". Agregó que "cada vez aumenta más el numero de niños y los adolescentes que necesitan ayuda. Ya están llegando a una cuarta parte de los que vienen a nuestras mesas. En algunas ciudades llegan ya hasta el 40 por ciento".

Pienso en la Argentina. En los generosos comedores infantiles que se han ido organizando en casi todos los barrios pobres, a los cuales hay que ayudar. Sí, en el país de las espigas de oro. Hambre, hambre.

El gobernador de Buenos Aires, Scioli, ha dicho hace algunas horas: "Con los alimentos no se jode". Claro que no. Justamente lo que pasa en la Argentina, donde se ha volcado, como protesta, leche a las zanjas, ha ocurrido en estos días en Holanda y Alemania. Una revista alemana muestra cómo en Holanda se han bañado chicos y grandes con leche derramada por los productores. Que se derrame la leche, que se arrojen a las carreteras los cereales, habla de falta de sentido de respeto a la vida. ¿Por qué esa leche no se llevó gratis a las escuelas y a los comedores infantiles y de adultos o se repartió en los barrios pobres? Lo mismo con los otros productos que se tiraron a la basura. Hubiera sido más directa y simpática dicha protesta si hubieran llamado a la puerta de cada casa y obsequiado a cada uno un vaso de leche. Pero claro, el problema no se reduce a la leche que tiraron o no. No se jode con los alimentos, pero también hay que empezar a gritar: no jodan con la tierra, no jodan con los bienes que pertenecen a todos. Con retenciones o no retenciones no se soluciona el problema fundamental, sino con una reforma agraria bien estudiada, de fondo, en libertad y debate. Por ejemplo, impedir propiedades de tierras mayores a treinta mil hectáreas –como principio– y propender a la formación de cooperativas agrarias con los verdaderos trabajadores de la tierra. Una sociedad verdaderamente democrática no puede permitir que sean las empresas pulpos las que nos digan cuánto tendremos para comer y cuánto se dará para biocombustibles, o se siembre sólo aquello que les da más ganancias. La tierra es un bien público y no de las tendencias del mercado. Son las necesidades de todos los habitantes las que tienen que regir y no de aquellos que paran por unas horas en Puerto Madero. Con la tierra no se jode, tendría que ser el lema argentino.

Lo hemos podido comprender en la reciente Cumbre Mundial sobre la Alimentación, en Roma. Donde concurrieron 40 jefes de gobierno y 4747 delegados. (Nos imaginamos lo que debe haber costado ese encuentro.) Bien, pero ¿qué se resolvió? Primero digamos que por lo menos se comprobó de acuerdo con cifras oficiales que 850 millones de habitantes viven todos los días con hambre y están desnutridos. Que más de una cuarta parte de la suba de precios de los alimentos se debe a los negocios especulativos que se hacen con ellos. (Los argentinos debemos tener bien en cuenta justamente eso y preguntémonos: quién hace los negocios especulativos.)

Quedó claro en la reunión esto de las especulaciones cuando se puso el ejemplo de Ucrania, donde subió de pronto el precio del trigo en un tercio cuando se resolvió dedicar más tierra al cultivo de la colza. O cuando Bush anunció que se iba a promover el bioetanol e instantáneamente se duplicó el precio del azúcar. El Banco Mundial ha declarado que cuando se propuso el aumento de las llamadas "plantas energéticas", subió el precio de los alimentos entre el 30 y el 70 por ciento. Oficialmente se dijo que hay peligro de hambre en treinta y tres países. Lo dijo en el Congreso el representante de la organización de Ayuda contra el Hambre en el Mundo: "En esta reunión se tendría que haber discutido el peligro de las prácticas comerciales que distorsionan la seguridad de la alimentación de los países en desarrollo." No, eso no se hizo. Porque, ¿quién le pone el cascabel al gato del sistema? Es un papel que, sin ninguna duda, tienen que tomar en sus manos las organizaciones de derechos humanos del mundo entero, porque nada se puede esperar de delegados que sirven como lacayos de los gobiernos. Es un papel que desde hace mucho tiempo tendrían que haberlo tomado también las iglesias. Pero hasta ahora han dado como única solución recomendar ponerse a rezar. O embellecer todo con palabras que parezcan profundas. En el actual conflicto argentino, el cardenal Bergoglio ha pedido a las partes en litigio un "gesto de grandeza". ¿Gesto de grandeza a quienes siempre aspiran a ganar más? El mismo cardenal ha empleado la palabra "concordia". ¿"Concordia" a un sistema que nos ha llevado a esto? Multimillonarios y pobres de pan duro.

No, los problemas hay que solucionarlos y tienen que prevalecer las búsquedas de soluciones para los problemas de los que no tienen ni siquiera para ponerles un pan en la mesa a sus hijos. Porque si no la "concordia" a la que se llegue en la Argentina va a merecer el título que el diario alemán Frankfurter Rundschau le acaba de dar a la conferencia de la Alimentación de Roma: "Gran circo y poco pan". Ninguna receta contra el hambre.

¿Para eso se gastó tanto en este congreso? Casi cinco mil delegados para ese resultado final.

Pero no todo está perdido, como siempre, el destino nos trae de pronto un hecho humilde, pero logrado con todo coraje civil. Me llega un mensaje de que en Lanús, en mi país argentino, se cambió oficialmente el nombre de la calle coronel Federico Rauch por el nombre de un obrero de ese barrio desaparecido en 1976. Asistió el intendente al acto cumpliendo así la resolución del Concejo Deliberante. Se cumplía así un sueño. Terminar con la glorificación de ese militar mercenario contratado por Rivadavia "para exterminar a los indios ranqueles". A los cuales degollaba "para ahorrar balas", como lo dice en sus comunicados. En 1963 pedí en la ciudad bonaerense de Coronel Rauch que el pueblo votara otro nombre. Por ese pedido fui preso 63 días ya que el ministro del Interior de la dictadura militar de ese tiempo era el general Juan Enrique Rauch, bisnieto directo del mercenario. Y ahora en Lanús, a 45 años de mi pedido, se daba el primer paso para bajar del pedestal a quien iniciaba una línea que iba a terminar con la matanza de Roca, que iba a dar el paso a la repartición de la tierra y al origen de los dueños de la tierra que hoy obligan a marcar el rumbo de nuestra economía.

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Hambre, piojos, xenofóbia, iglesia y armas.



Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania

Interesante. Acaba de ocurrir en esta Alemania. Gobernada, como la califican los sociólogos de fuste, por una coalición de la izquierda "moderada" (las comillas son mías) y la derecha moderada. (La derecha siempre es moderada, en la Argentina hubo "pensadores" que calificaron a Videla de gobernante "moderado".) Es decir, en Alemania el gobierno está compuesto por demócratas cristianos y socialdemócratas. Pues bien, el ministro de Trabajo, Olaf Scholz, salió a leer un documento oficial ante los periodistas. En ese documento, estudiado y redactado por organismos oficiales, se señala que en el 2007, en Alemania –el país mejor organizado económicamente de Europa– ha avanzado la pobreza y, al mismo tiempo, avanzado la riqueza. Se señala en ese estudio que en Alemania el 13 por ciento de la población está bajo el nivel de pobreza, y otro 13 por ciento no cae en la pobreza porque cobra del Estado ayuda por niño o el seguro de desocupación.

¿Pero cómo? ¿Acaso Fukuyama no nos aseguró que el capitalismo, por sí mismo, iba a solucionar todos los problemas económicos del mundo? ¿Qué podemos esperar si Alemania va para atrás? Claro, en lo que respecta sólo a los pobres, porque el mismo estudio oficial señala que los ricos van para adelante, a toda vela. Palabras textuales del ministro Olaf Scholz: "La tijera entre pobres y ricos se ha abierto más aún". Bien, aquí podríamos preguntarle al ministro por qué con esa tijera no le cortan las alas al sistema económico que aplican. "Las ganancias de los ricos crecieron –agregó el ministro– y la clase media se ha estancado." Tal cual. Y agregó: "Es deprimente, en especial, que haya crecido el número de los que trabajan y a pesar de ello se encuentran en situación de riesgo de caer en la pobreza".

Por supuesto, algunos lectores dirán que los pobres en Alemania no son tan pobres como en la Argentina. En la Argentina nuestros pobres viven en "villas de emergencia", como el idioma oficial las denomina, eliminando la palabra de la sabiduría del pueblo, que las llama "villas miseria". Los pobres en Alemania viven en casas. Pero igual, la humillación de la diferencia es la misma. Se nota en los supermercados de aquí entre quienes todos los días compran nada más que fideos o papas y no salen jamás de vacaciones y todos los otros que aprovechan las exuberancias perversas de la sociedad de consumo y que ahora van en jets privados a sus vacaciones en la Costa Azul. Sí, hay cada vez más jets privados.

Hasta se llega a esto, que tendría que darnos vergüenza a todos como seres humanos: en Munich se acaba de inaugurar la feria de los ricos, sí, para millonarios, Luxurious Fair, tal cual el nombre con que se anuncia. La entrada cuesta nada menos que 35 euros y se vende lo más exquisito y exótico que la mente humana pueda imaginar. Por ejemplo: handies de lujo de oro puro y adornados con diamantes. El pequeño aparato está dentro de un estuche en madera de arce de azúcar. El modelo "red devilkin of the stars" fue comprado por un industrial alemán en 149.000 euros para regalárselo a su hija cuando ella terminó su secundario. La socióloga alemana Ricarda Junge se pregunta en un artículo titulado "Nosotros, forjadores de la felicidad", ante la nueva estadística de la pobreza: "¿Por qué el 26 por ciento de nuestra población debe vivir en la pobreza o marginada? ¿Es nuestra culpa? ¿O nos explicamos todo como los norteamericanos puritanos que se rigen por la regla: Dios premia a los buenos con la riqueza y castiga a los malos con hambre y piojos?".

Una pregunta concreta de la socióloga. ¿Cómo la responderían nuestros obispos?

Eso sí, armas, más armas. En vez de repartir el pan nuestro de cada día, se fabrican más armas y se siguen haciendo grandes negocios con ellas. Las estadísticas enferman. Entre el 2001 y el 2006 los gastos militares mundiales crecieron un treinta por ciento, y ese año 2006 fueron de 1179 billones de dólares. Cínicamente se habla de que el mundo está en tiempos de "paz fría". La mitad de esos gastos corresponden a Estados Unidos, 528 mil millones de dólares. Luego, le siguen China, la India, Pakistán, Indonesia y Rusia. Alemania es el tercer país que más exporta armas, 7,7 mil millones de Euros. Sólo lo anteceden Estados Unidos y Rusia.

Para fabricar esas armas y tantos productos superfluos, el ser humano ha destruido su propia naturaleza. Lo dicen los expertos de Naciones Unidas en su documento "Advertencia antes de la catástrofe". Naturaleza destruida, tala de bosques, desaparición de la vida silvestre, catástrofes climáticas, a esto último lo hemos visto en las imágenes televisivas de los últimos días, en todos sus horribles detalles. El ecologista Joachim Wille lo ha definido todo en una corta frase: "La multiplicidad de las especies biológicas desaparece dramáticamente, porque con la destrucción de la naturaleza se gana mucho dinero". Está todo dicho. El presidente de Alemania, Horst Köhler, ha mirado más allá y manifestó por fin la verdad: "Los bancos han convertido a los mercados financieros mundiales en un monstruo. Debemos ponerle barreras". Ojalá que esa advertencia no sólo la haya dicho porque muy pronto está en juego su reelección.

De Italia siguen llegando noticias que asustan a los alemanes. "Ya de Italia no llegan ni siquiera buenos tenores, ahora vienen de Latinoamérica", ha dicho con sorna un comentarista alemán. Las organizaciones de derechos humanos de Europa están preocupados por el crecimiento del neofascismo italiano. Y remarcan las iniciativas de Berlusconi: más policía y expulsión de los inmigrantes "ilegales". Esto último es vergonzoso para un país que en su historia se salvó por la cantidad de emigrantes que envió al exterior, muchos de los cuales ayudaron a sus familias enviando dinero a la vieja patria. Berlusconi tendría que aprender que la única salida humana para retener la ola de pobres que va inundando Europa desde el Tercer Mundo es invirtiendo en esos países, creando nuevas fuentes de trabajo. No, Berlusconi es el demagogo que cree que con la expulsión de los abandonados del mundo y con más policía va a solucionar sus problemas económicos.

Pero no le va a resultar fácil a Berlusconi volver solapadamente a los tiempos del Duce. Hay una juventud que no se rinde. Por ejemplo, los más de diez mil jóvenes que concurrieron en Verona la semana pasada a recordar a Nicola Tommasoli, muerto a patadas por los neofascistas de la ciudad de Romeo y Julieta. Y también los jóvenes que asistirán al concierto que se dará mañana domingo en la Escuela de Música de Treviso en recuerdo de Bruno, mi nieto, que prefirió tener alas para ser nube en vez de soportar una sociedad de la alcahuetería y del sobado del poder.

Pero no sólo hay noticias malas en el mundo. De la Argentina me llega una noticia que me llena de alegría: se hizo justicia con los ajeros, los humildes recolectores del ajo en Mendoza. Se reincorporó a los cesantes. Fue porque en ningún momento abandonaron la lucha. Y otra más: la ciudad de Concordia, a través de sus representantes, eliminó el nombre de Julio Argentino Roca en su costanera y le puso el de Pueblos Originarios. Eso se llama coraje civil. La vida no se rinde.

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