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Basura entre otras cosas. Del campo a la ciudad

Luis Bruschtein

La justificación de hecho de los huevazos contra Daniel Scioli, de las agresiones contra Agustín Rossi y las puteadas de Alfredo De Angeli alimentan la contraimagen espectral de una supuesta violencia del otro lado que sería la generadora de esos ataques. Que le hayan pegado un huevazo en la nuca a Scioli está mal, pero se lo merece. Que hayan golpeado a Rossi y le hayan estropeado el auto no está bien, pero se lo buscó. Que De Angeli diga que Néstor Kirchner es un pelotudo es un exabrupto indebido, pero nada más que eso. Está mal, pero hay que poner la otra mejilla, como si hubiera habido un primer cachetazo que no hubo. Ese primer cachetazo sobreentendido, incierto y nebuloso, es una imagen que se alimenta y se hace crecer como un implícito que no hace falta explicar. Se alimenta la visión de un sujeto de una violencia oculta, a la que todos supuestamente han sentido en carne propia, pero a la que nunca se describe.

Cuando algún creyente trata de explicarla enumerando los sufrimientos de los productores agropecuarios, nada de lo que ejemplifica alcanza para explicar el grado de odio y violencia que expresan los pequeños grupos que cometieron esas agresiones. Porque los productores rurales no son exactamente el sector social que más ha sufrido en estos años. Por el contrario, para la mayoría de los que están en la Pampa húmeda –donde se efectuaron los ataques– estos años han sido los de mayor prosperidad. La sequía es otra cuestión, pero el centro del conflicto fue porque querían ganar más y no porque ganaban poco. El odio y la violencia puestos en ese foco resultan injustificados y desmedidos y podría decirse que hasta mezquinos.

Y seguramente ese odio ni siquiera represente a todos los productores. Los ataques no intentan convencer a la mayoría de los productores que no han participado en acciones de ese tipo, sino que quieren hacer creer al resto de la sociedad que todos los productores sienten como esos pequeños grupos. El efecto que se busca no está en el campo sino en la ciudad. Es el intento de transferir hacia las capas medias el odio de esos pequeños grupos haciendo creer que se trata del odio de todos los productores.

En el momento del conflicto, es probable que ese odio estuviera más extendido y ese proceso de transferencia del furor hacia las ciudades les saliera bien. Se creó en ese momento el caldo de cultivo para estas operaciones sobre las zonas urbanas. Porque en el campo el furor dio paso al malestar –que es otra cosa– y los intentos de cortes y medidas masivas subsiguientes no tuvieron tanto respaldo.

En los discursos, el contenido de las críticas es mucho menos feroz que los tonos de odio o desprecio con que se las formula. Hay como un desprendimiento entre el aspecto racional de lo que se dice, y la carga emotiva que se dispara. Esa carga satura el ambiente de tensiones explosivas y define el estado de ánimo, el humor político de una parte de la sociedad, más que los contenidos.

En la política ésa es una técnica para enfatizar diferencias y determinar actitudes. Si la sociedad puede decodificar ese funcionamiento y ponerlo en términos de realidad, el mecanismo no pasaría de ser un aspecto del debate. Pero cuando el énfasis trasciende más que el contenido al punto de condicionar el humor político de una parte importante de la sociedad, es porque a los políticos se les agregó otro factor.

Y allí intervienen los medios, donde el abuso del énfasis y los tonos constituye el eje del discurso mediático, sumado a los intereses políticos que también los atraviesan. Los medios arrebataron esas características del debate político y las convirtieron en el andamiaje de su mensaje. No pueden decir que los que agreden son pequeños grupos porque la noticia se hace pequeña. Lo dirán más adelante si lo necesitan para salvar credibilidad. Pero en el momento en que sucede se trata de un escrache justiciero que representa a los débiles y sin voz. Esa es una gran noticia. Falsa. Y seguramente también interesada. Y el que diga que el ex presidente es un pelotudo es un valiente, políticamente incorrecto pero simpático y que dice lo que todos piensan y se callan. Falso y también interesado. Un ejemplo es la caricatura de De Angeli en "Gran Cuñado", que al lado de la de Luis D'Elía parece Gan-dhi, y sin embargo es uno de los que puso más desenfreno en el conflicto de los productores rurales. Ningún discurso de D'Elía puede compararse con el nivel de violencia y desprecio en los discursos de De Angeli.

De Angeli fue el principal canal de transferencia de esa carga de odio a los centros urbanos durante el conflicto. Y sin embargo para los medios aparece como la antípoda de un violento personificado en un antiparadigma histórico para las capas medias: un cabecita negra y dirigente de desocupados y villeros. Todas esas características con las que se puede describir a D'Elía son usadas normalmente como insultos, lo cual de por sí es violento. Pero la violencia de De Angeli está justificada y se la oculta. La de D'Elía se magnifica y expone, se la convierte en su característica principal, es la que termina justificando la violencia del otro lado, que al mismo tiempo se oculta.

En forma simultánea con los ataques y los exabruptos comenzaron a circular por Internet mensajes similares a los que convocaban a los actos supuestamente espontáneos en la Plaza de Mayo durante el conflicto. El tono denigratorio y violento de los textos hace pensar que van a confrontar con una dictadura represiva. Estos mensajes llaman a un acto de repudio al Gobierno para unos días antes del 28 de junio. Los autores se esconden, como lo hicieron antes, en una especie de independencia ingenua. Lo suyo es indignación "apolítica", entre republicana y ética, de ciudadanos comunes. Estos mensajes son más mentirosos todavía que muchos de los discursos mediáticos. Porque si los medios juegan sus intereses, por lo menos es posible descifrar cuáles son. La presentación de los autores de estos mensajes, promotores del odio y la violencia, como los sujetos neutrales que dicen ser, también es una forma de naturalizar esos discursos sin tratar de discriminar para quién juegan y qué intereses representan.

Para los que amplifican y se asocian a este tipo de mensaje, seguramente la intención es esmerilar al Gobierno. Pero el efecto va más allá, porque saturan el humor político con una carga de violencia contenida, no solamente contra el Gobierno, sino también exacerba la de los que lo defienden, que se sienten agredidos e insultados por esos discursos. Sería también, como en otros casos, una profecía autocumplida: de tanto azuzar con una violencia que no existe, pero que figura implícita en los énfasis de muchos periodistas, en las exageraciones catastrofistas de algunos dirigentes políticos, o en la actitud concesiva con hechos de violencia como los ataques contra Scioli y Rossi, se desgasta al Gobierno, pero además se termina por generar un clima violento que no tiene justificación en la realidad.

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Dignidad.

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Hambre y represión
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El psicoanalista y director de teatro Eduardo Pavlovsky advierte que el hambre y la desnutrición infantil son violaciones a los derechos humanos equiparables a las atrocidades de la dictadura. Y que allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus consecuencias actuales.


Eduardo Pavlovsky

Existía una cultura de la complicidad civil durante la dictadura. Hoy también existe una cultura de la complicidad civil en relación con el problema del hambre y la desnutrición infantil en la democracia. Es un abordaje social cultural. Como dice Giardinelli "Nuestro presente sociocultural configurado por entre 10 y 15 millones de compatriotas carentes de esperanzas, muchos de ellos en estado de animalidad (subrayado mío). Eso no se debe a un cataclismo ni es un flagelo natural, sino que es resultado de políticas que aquí se aplicaron y es urgente revertir, pero en serio y definitivamente, lo que implica exigir a las autoridades urgentes medidas reparadoras".


El intendente Gustavo Posse dijo que el crimen del ingeniero Barrenechea está relacionado con el retiro de efectivos de Gendarmería en la villa La Cava. Alguien le contestó: "El triste suceso está relacionado con la ausencia de educación, de salud, de trabajo, de buena alimentación, de los derechos fundamentales del hombre: ausencia de igualdad, ausencia de oportunidades, ausencia de políticas que tiendan a preservar la dignidad humana, en ese asentamiento y en otros muchos puntos de la República".


Dicen que los pibes de La Matanza son reclutados por organizaciones para cometer robos en otros puntos suburbanos. Los pibes se "entrenan" porque el reclutador les paga 500 pesos por cometer asaltos, robos o asesinatos que sufren todos los días principalmente las casas de la zona norte. Dicen que los preparan drogándolos antes de llevarlos al lugar indicado.


La lógica de un pibe de La Matanza no es la lógica de un pibe de Capital o San Isidro. Son dos o tres generaciones donde los valores se han transformado en la cultura villera sobre el hacinamiento, la promiscuidad, la falta de higiene, agua potable y de la carencia de recursos humanos para vivir con dignidad. La desigualdad social hoy es más amplia que nunca y también influye en este tipo de producción de subjetividades.


En la provincia de Buenos Aires, entre los 15 y los 20 años los jóvenes piensan que dentro de cinco años van a estar muertos o excluidos (encuesta del Ministerio de Desarrollo Social). No pueden pensar ni imaginar el futuro. Y no poder imaginar un futuro o un proyecto los convierte en un ser de otra cultura, formada por otros valores, por otros ideales, además de ser jóvenes que han convivido con tres generaciones sin trabajo.


Había que ver el desconcierto de Chiche Gelblung con dos jóvenes de La Cava que llevó a su audición televisiva. Chiche le preguntó a uno de ellos por una camisa Nike que llevaba puesta. El joven le contestó: "¿No te gusta que la tenga yo, no?". Y agregó: "Esta ropa es sólo para tipos como vos, cuánto ganás aquí, decímelo, vos debés tener mucha guita y te podés comprar muchas cosas". Y se inició un diálogo imposible, suscitado por el joven adolescente de La Cava y un Chiche desconcertado y desconocido que parecía someterse a un interrogatorio. Nunca lo vi tan incómodo en una entrevista, porque evidentemente es un periodista muy inteligente, pero acá se enfrentaban dos culturas diferentes.


Miles de familias están volviendo a los comedores comunitarios. En la red de banco de alimentos la demanda es un 15 por ciento mayor que en el 2007. En el partido de La Matanza la suma de las camas públicas de los hospitales es de 0,4 cada 1000 matanceros, una proporción bajísima. La Organización Mundial de la Salud establece una relación que debe ser 6,3 cada 1000 habitantes.


Es imposible no condenar los crímenes, los robos a que son sometidas las víctimas de la delincuencia y que abarcan las tres clases sociales, familias destruidas, otras que viven en permanente estado de miedo y temor. Nos identificamos con su miedo y su dolor. No podría ser de otra manera. Pero no es disminuyendo la edad de la imputabilidad de los menores de 14 años; como solución final, esto es ingenuo.


Tenemos que recordar que los derechos humanos no pueden quedar sólo asociados en la subjetividad popular al problema de la dictadura y los desaparecidos.


No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables. La indignación debiera ser la misma, la del joven desaparecido por el crimen de la dictadura y la del niño que muere de hambre en nuestro país.


Los derechos humanos deben ser el desarrollo de los recursos humanos para toda la población argentina. El combate al subdesarrollo de los recursos humanos (alimentación, salud, educación a todos los niños) debe ser prioridad y urgencia para prevenir futuros conflictos sociales. Empezar de abajo asegurándole a la niñez la estabilidad de poder vivir sus propios derechos constitucionales y de poder pensar en un posible futuro con dignidad. Es sólo poder pensar. El que no come no piensa y su arma es la inmediatez. No existen estructuras de demora, como habría dicho el doctor Fernando Ulloa. El hambre es un crimen en nuestro país, un crimen diario que potencia la delincuencia y el crimen organizado. Los ataques a las organizaciones como Pelota de Trapo –a través del rapto de uno de sus chicos, subiéndolos a coches donde son paseados amenazándolos por pertenecer a una organización que se ocupa del hambre y de la indigencia– son un buen ejemplo de la complicidad civil de un gran sector de la población argentina que se niega a identificarse con el otro sector argentino de la población que padece hambre e indigencia. La falta de respuesta frente al hambre es el germen de la complicidad civil. Es de "mal gusto hablar de la desnutrición infantil". El hambre no es problema para un gran sector de la población. El que come tiene alimentación, educación y salud, sólo puede tener temor a ser saqueado, asesinado por la "animalidad" descripta por Giardinelli.


Desconocemos la subcultura de las zonas más carecientes, su lenguaje, sus valores, sus creencias y sus desesperanzas. Se nace allí en la villa y allí se forman sus valores, sus ideales, nada tienen que ver con los nuestros, que hemos podido alimentarnos, trabajar y estudiar. El programa de Chiche y los dos villeros de La Cava es la visualización práctica de las dos culturas enfrentadas.


El joven villero que sale a robar o matar por dinero, o por el dinero que le ofrecen, sólo siente que ése es su trabajo, no existen en esa subcultura nuestras categorías del bien y del mal, en esos chicos de 13, 14 o 15 años sin ninguna esperanza futura posible para una vida mejor.


Como dice la carta de Posse cuando afirma que el crimen del ingeniero Barrenechea estuvo relacionado con la ausencia de efectivos de Gendarmería en la villa, "en tanto no se solucione la ausencia del Estado en la villa, seguirán presentes la inseguridad, la desigualdad, la injusticia, el hambre, la mortalidad infantil, la deserción escolar, la pasta base y la prostitución infantil –y agrega–, la respuesta no debe buscarse en el Código Penal sino en la Constitución nacional".


Allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus tremendas consecuencias actuales.


Insisto, el bien y el mal tienen distintos valores y códigos. Son los hustler, del ghetto negro de Chicago, que la familia espera ávidamente para recibir dinero que viene de los robos, asesinatos y drogas.


La ausencia de una política de Estado frente al retiro de fondos destinados a la ayuda social fue el origen del crimen juvenil. Los chicos de La Matanza y de La Cava son nuestros pequeños hustler.


No nos olvidemos que la pandilla juvenil más sangrienta en Latinoamérica, los maras, fue el origen de una mayor represión a los jóvenes en El Salvador. Hoy los maras han constituido un ejército temible de delincuentes infantiles que existen ya en Latinoamérica.


En la lenta recuperación de una justicia social donde los derechos devuelvan la dignidad a los muchos que la carecen, muchos de ellos ni saben que la carecen. Se ha perdido en esa subcultura de animalidad el derecho a tener derechos.


No más cárceles sino mejores instituciones que se ocupen de la infancia, devolviéndoles los derechos fundamentales de poder vivir y desarrollarse. No deben nacer condenados. La dignidad que fue devuelta a los indígenas de Evo Morales o a los cabecitas negras de Perón sólo consiste en ser personas y no vidas desperdiciadas, vidas no vividas, que merecen ser vividas.

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Espacio moral y tóxico

El lenguaje de la crisis
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Eduardo Aliverti


Hay algo maravillosamente notable, pero no asombroso, en la presentación cotidiana del actual escenario mundial. El semiólogo Eliseo Verón fue uno de los pocos que repararon en ello, al menos entre nosotros: no hay, casi, nombres propios.

Salvo Bush (y hasta por ahí nomás, porque en general se lo cita a través de sus patéticos discursos con pretensiones tranquilizadoras), el resto es una serie de figuras abstractas."Tsunami financiero", "crash", "crack", "tembladeral", "terremoto", "colapso" y decenas de sinonimias que en todos los casos expresan situaciones sin definir responsables. Es justamente el sentido más amplio de la palabra "abstracción": separar un concepto del resto de los contenidos que le dan contexto. Y mucho peor, si se quiere, es lo que ocurre cuando uno pretende internarse, aunque sea, en las culpabilidades y consecuencias técnicas –digamos– de lo que sucede. Porque allí se encontrará con las hipotecas "subprime", los "hedge funds", el "desapalancamiento" de los bonos, los activos "tóxicos" y restantes delicias cuya semántica tampoco incluye ni carne ni hueso. Como muchísimo, hay la mención de algunos directivos de los bancos y fondos de inversión quebrados o asistidos, a los que se menciona con algún ligero cuestionamiento por llevarse centenares de millones de dólares en carácter indemnizatorio. Todo lo demás lo trajo la cigüeña de París. En la gráfica se pueden rescatar algunas cosas y en la red una infinidad, como para que los espíritus inquietos se consuelen en forma individual. Pero en la televisión y la radio, que son las que fijan el imaginario e impacto masivos, no sólo rige la reproducción de ese lenguaje indeterminado sino que lo multiplican a través del desfile, pornográfico, de los gurús del establishment. Pornográfico, sí, porque no puede calificarse de otra manera la explicitud de mostrar como sapientes a quienes hasta ayer pregonaron la salud de la economía internacional, la conveniencia de la mano invisible de los mercados, las ventajas de la ausencia absoluta de controles estatales.
Es impresionante la impunidad de esa gente, pero el propio término denota que es mucho más terrible el descaro de quienes les dan cámara y micrófono para, ni siquiera, animárseles a algún tibio retruco. Porque la impunidad es un desvalor que alguien concede. Y para el caso, lo otorga el Poder del que los grandes medios de comunicación forman parte inescindible. Como insistió en advertirlo Nicolás Casullo, muerto esta semana para desgracia del pensamiento crítico superior, los medios son el gran partido que la derecha no logra conformar institucionalmente. No hay ingenuos en esta historia de darle lugar opinativo a quienes operaron de modo sistemático a favor de la especulación financiera. No hay ignorantes o, mejor, no hay ignorancia. El sistema contrata para que los animadores mediáticos reproduzcan el discurso que es abstracto en sus significantes, pero nunca en su significado. Los que pronosticaron el dólar a 10 pesos en la crisis de 2001/2002, los que vivieron de echarle la culpa de todos los males al gasto público, los que insisten en que para salvarse hay que enfriar la economía como eufemismo de recorte de salarios, los loritos a sueldo de los ricos para darles conferencias y decirles lo que quieren escuchar, los que les recomiendan fugar la plata a paraísos fiscales, los que se espantan por la inseguridad jurídica de la Argentina arrodillados de amor frente al libertinaje yanqui, los que se quejan de haber echado mano a las reservas para pagarle al Club de París mientras la Casa Blanca otea estatizar la banca; todos esos siguen volcando pronósticos como si nada, como si la mochila de sus antecedentes no les hubiera partido la espalda al medio, como si les quedase algún espacio de autoridad moral e intelectual. Pero los chanchos les dan de comer y es correcto, excepto si se supone que el andamiaje de los medios es capaz de escupir para arriba.
Al menos podría aspirarse a que alguno tenga el fenomenal criterio provocativo de la BBC de Londres –estatal, por cierto– en el sketch del programa The Last Laugh, que por estos días causa furor en Internet y que algunos medios locales reprodujeron parcialmente. Pero para eso hay que disponer del cinismo inigualable de los ingleses, en lugar de ser un lamentable comunicador o prestidigitador del culo del mundo. Un caradura presentado como agente de inversión explica que hay que imaginarse un negro desempleado, en camiseta sin mangas, sentado frente a un pórtico derruido en Alabama. Llega un vendedor de hipotecas, cuyo sueldo depende de cuántas haga y por tanto absolutamente desconfiable, y le pregunta si quiere comprar esa casa antes de que se venga abajo. El negro dice que sí, el vendedor le presta el dinero, la deuda es tomada por el banco y, junto con otras miles y miles, la empaquetan y presentan en Wall Street. A nadie le interesa lo que hay adentro del paquete, que se convierte en un "vehículo de inversión estructural", y entonces el chanta lo compra y llama a Tokio, por ejemplo. Le dice a otro como él si quiere adquirir el paquete, le contesta que no tiene ni la menor idea de lo que hay adentro y que vale 100 millones de dólares. El que está en Japón dice "está bien" y eso es todo. Eso es el mercado. El entrevistador pregunta qué diablos hay en esos paquetes como para atraer a los inversionistas, y el "agente" le responde que esos fondos de inversión especulativos tienen nombres muy buenos. No es que sean firmas reputadas ni responsables ni nada que se le parezca. Es que una se llama Fondo Estratégico de Crédito Estructurado de Alta Gama, y la otra Fondo de Apalancamiento de Crédito Estructurado de Alta Gama. Muy bueno, dice el "periodista", y agrega que compraría cualquier cosa que diga "alto", "estructurado" y "mejorado". Claro, añade el otro, porque si se llamara Fondo del Negro Desempleado quizás alguien sospecharía algo. Al que pregunta sólo le queda la duda de por qué los inversores pudieron ser tan estúpidos. Y el tipo le contesta que los estúpidos son los que preguntaron cuánto vale esa casa; que a ellos ya vendrá a salvarlos el Gobierno como premio por haberse tomado el trabajo de especular y que quienes sufrirán son los fondos jubilatorios o de pensión, como seguramente tiene el periodista y sólo para ejemplificar.

Es la victoria del lenguaje de los símbolos que, en vez de decir las cosas así, andemos por la vida llamándole "activos tóxicos" a los papeles pintados del Imperio, "ley del mercado" a la explotación, "subprime" a los negociados inmobiliarios y "público" a los pobres negros que sufren un carnaval de blancos. Y encima, hasta podemos ser capaces de creernos que si los Estados Unidos intervienen en la banca es porque giraron a la izquierda.

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Los negocios de un hambre infame


Por Boaventura de Sousa Santos (Doctor en Sociología, catedrático de la universidades de Coimbra (Portugal) y de Wisconsin (EEUU).

Conocido hace tiempo por los que estudian la cuestión alimentaria, el escándalo finalmente estalló en la opinión pública: la sustitución de la agricultura familiar, campesina, orientada a la autosuficiencia alimentaria y a los mercados locales, por la gran agroindustria, orientada al monocultivo de productos de exportación (flores, soja, etc.), lejos de resolver el problema de la alimentación mundial, lo agrava. Habiendo prometido erradicar el hambre del mundo en veinte años, hoy nos enfrentamos con una situación peor de la que existía hace cuatro décadas. Cerca de un sexto de la humanidad pasa hambre: según el Banco Mundial, 33 países están al borde de una crisis alimentaria grave; aun en los países más desarrollados los bancos de alimentos están por perder sus reservas; y volvieron las revueltas del hambre, que en algunos países ya causaron muertes. Mientras tanto, la ayuda alimentaria de la ONU hoy está comprando a 780 dólares la tonelada de alimentos que en marzo pasado compraba a 460 dólares.

La opinión pública está siendo sistemáticamente desinformada sobre este tema para que no se dé cuenta de lo que está pasando. Es que lo que está pasando es explosivo y puede ser resumido del siguiente modo: el hambre del mundo es la nueva gran fuente de lucro del gran capital financiero, y sus ganancias aumentan en la misma proporción que el hambre.


El hambre en el mundo no es un fenómeno nuevo. Desde la Edad Media hasta el siglo XIX fueron famosas en Europa las revueltas del hambre (con el saqueo de comerciantes y la imposición de la distribución gratuita del pan). Lo que es nuevo en el hambre del siglo XXI son sus causas y el modo en que las principales son ocultadas. A la opinión pública se le ha informado que el hambre está ligado a la escasez de productos agrícolas, y que ésta se debe a las malas cosechas provocadas por el calentamiento global y las alteraciones climáticas; al aumento del consumo de cereales en la India y en China; al incremento de los costos de los transportes debido a la suba del petróleo; a la creciente reserva de tierras agrícolas para producir agrocombustibles. Todas estas causas han contribuido al problema, pero no son suficientes para explicar que el precio de la tonelada de arroz se haya triplicado desde el inicio de 2007.


Estos aumentos especulativos, como los del precio del petróleo, son el resultado de que el capital financiero (bancos, fondos de pensiones, fondos hedge de alto riesgo y rendimiento) ha comenzado a invertir fuertemente en los mercados internacionales de productos agrícolas, tras la crisis de la inversión en el sector inmobiliario. En articulación con las grandes empresas que controlan el mercado de semillas y la distribución mundial de cereales, el capital financiero invierte en el mercado de futuros con la expectativa de que los precios continuarán subiendo y, al hacerlo, se refuerza esa expectativa. Cuanto más altos sean los precios, más hambre habrá en el mundo, mayores serán las ganancias de las empresas y los retornos de las inversiones financieras. En los últimos meses, los meses en que aumentó el hambre, las ganancias de la mayor empresa de semillas y cereales aumentaron un 83 por ciento. O sea, el hambre de lucro de Cargill se alimenta del hambre de millones de seres humanos.


El escándalo del enriquecimiento de algunos a costa del hambre y la subnutrición de millones ya no puede ser disfrazado con "generosas" ayudas alimentarias. Tales ayudas son un fraude que encubre otro mayor: las políticas económicas neoliberales que hace treinta años vienen forzando a los países del Tercer Mundo a dejar de elaborar los productos agrícolas necesarios para alimentar a sus propias poblaciones y a concentrarse en productos de exportación, con los cuales ganarán divisas que les permitirán importar productos agrícolas... de los países más desarrollados. Quien tenga dudas sobre este fraude, que compare la reciente "generosidad" de los Estados Unidos en la ayuda alimentaria con su consistente voto en la ONU contra el derecho a la alimentación reconocido por todos los demás países.


El terrorismo fue el primer gran aviso de que no se puede continuar impunemente con la destrucción o el robo de la riqueza de algunos países para beneficio exclusivo de un pequeño grupo de países más poderosos. El hambre y la revuelta que acarrea parecen ser el segundo aviso. Para responder eficazmente será necesario poner fin a la globalización neoliberal tal como la conocemos. El capitalismo global debe volver a sujetarse a reglas que no sean las que él mismo establece para su beneficio. Debe exigirse una moratoria inmediata en las negociaciones sobre productos agrícolas en curso en la Organización Mundial del Comercio. Los ciudadanos tienen que comenzar a privilegiar los mercados locales, a rechazar en los supermercados los productos que vienen de lejos, a exigir del Estado y de los municipios la creación de incentivos a la producción agrícola local, a exigir que las agencias nacionales de seguridad alimentaria, donde las haya, entiendan que la agricultura y la alimentación industriales no son el remedio contra la inseguridad alimentaria. Bien por el contrario, son su causa.

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Gorilas Argentinos

Pajarito Comecocos

La Mierda Oficialista

Pino Qué Te Pasó ??

La Mesa Criolla

Los une el es pando

Garzón es Argentino

Pino y Doña Rosa contra los bloggeros que no piensan como él (un escándalo)


Nace UnaSur. Agarrate Catalina. Néstor Por Siempre

El hombre que nunca dejó de ser un niño

Quisiera que me recuerden

Llegaremos a tiempo. Si Pingüino Querido. ¡¡Si!!

Treinta mil

Hasta Siempre Néstor

Liliana Felipe

Dame un candidato. Barragán. Je



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