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........................."Je t'aime" n'est pas un sentiment, c'est une vérité.


NO TE OLVIDES DE JORGE JULIO LÓPEZ ~~~~ ¿TE ACORDÁS DE LOURDES DI NATALE?NO TE OLVIDES DE LA IV FLOTA, LAS BASES MILITARES EN COLOMBIA, EL GOLPE EN HONDURAS
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Cosas que me vienen a la mente.


En un periódico del Sur de Yakarta leí que se hizo una encuesta y que se descubrió que las mujeres son más violentas que los hombres.
Además, es una violencia con una infraestructura premeditada, lo que la hace más peligrosa para el bienestar de la Santa Iglesia, La Patria, El Campo y Los Intereses de los de Siempre..

Pero es más complicado aún, porque La Mujer no te golpea así de golpearte por golpearte. Es más bien así como horizontal. Como frontal. Como guerrillera y más si es Sudaca esa Mujer.

Esta Mujer agobia el ingenio de los más creativos ya que el pensamiento de estos es lento... no agarran el discurso a la primera lectura y necesitan reposar la idea para responder...

En verdad, los creativos no tienen discurso ni ideas ni propuestas.
Son un rejunte de voluntades cuyos pensamientos son manejados por terceros o personajes invisibles con capa, puño y espada o pluma o pantalla.

Es que atrás de tanta mamada (termino maradoniano del siglo XXI) de los creativos debe haber algo...
Ésta es la mamada que hay: eres un creativo, te despiertas y dices:
hoy vamos a tener que hacer algo para impedir que la Mujer Sudaca logre el cometido de su horizontalidad. Impedir que los indefensos o miserables del pueblo logren abrir los ojos o pensar.

Entonces van y les hablan en vivo y en directo por los medios, también creativos, a los miserables o pueblos que luchan a diario con su indefensión del pensamiento.

A pesar de ser un rejunte logran la verticalidad y sus palabras normalmente son creíbles ya que la Mujer Sudaca es considerada una guerrillera, horizontal y más peligrosa para el común de los que repiten lo que los creativos inventan o mienten.

Normalmente los creativos son niños de Harvard, economistas, prestamistas, empleados de embajadas foráneas, mamadores en su conjunto cuya estrategia son manejadas por los medios (creadores del rejunte).

Los medios administran la jugada, y la defensa y su slogan es: No debo seguir mamándola o desaparecemos si los miserables o pueblo se avivan.
¿Acaso los hijos de la dueña de nuestras almas, que son nuestros hijos, no pasarán a ser los hijos de los miserables si estos se avivan?
¿Entonces de quién seremos los padres si esto sucede?

Los creativos, entonces, prefieren seguir mintiendo antes de transformarse en los padres adoptivos del pueblo o miserables.

En el inconciente del rejunte, el mamar se transforma en vicio.

La Mujer Sudaca, dice el periódico del sur de Yakarta al final de la nota, triunfará con su verdad. La verdad de los miserables o pueblo.
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Nelson Castro. El Satánico Dr. No.


Pablo Caruso

No les pasa a veces que pisan el freno y dicen “¿pero qué es lo que estamos discutiendo?”.
Anteayer Nelson Castro, pero podría nombrar a cualquier otro vocero del establishment, se indignó porque la presidenta calificó de loros y no se que otro animal a algunos opositores, en medio de un acto que no escuchamos completo, pero nos jugamos a que lo menos importante fue eso. Un panelista del programa que seguía toma lo de Nelson y dice que el fascismo mussolineano se caracterizaba por animalizar a los opositores… A Van der Kooy y Blank se les caía la baba.
En la editorial del final, Nelson le pide a la presidenta: “Presidenta, aporte calidad al debate… retome el diálogo… Elévese”.

Mierda.

Yo digo, si hubo en los últimos 20 años un oficialismo que recuperó la intención de debatir, ¿no fue el gobierno de los Kirchner? Si hubo en los últimos 20 años un oficialismo que elevó la calidad del argumento político, ¿no fue este gobierno? Si algún partido político hegemónico en los últimos 20 años mostró cuadros políticos, entendiendo por eso tipos (o tipas) que se bancaran una discusión cara a cara con ideas más que chicanas, ¿no fue el gobierno?

La contracara de la crispación, de la “violencia verbal”, de la intolerancia es la pasividad de los 90 y la mediocridad política de la Alianza. ¿Eso es lo que piden Nelson Castro, y toda la plana mayor de nuestro encumbrado pensamiento periodístico? Ni los cuadros políticos conservadores (y aquí entran peronistas, pro, coalicionistas, y mal que me pese varias izquierdas), ni sus voceros mediáticos están a la mínima altura intelectual para sentarse a discutir de política. ¡De hecho no lo hacen! Farandulean todo el tiempo, no saben preguntar, se quedan estupefactos ante un cruce de opiniones. Repiten las mismas preguntas de diez sílabas a todos los entrevistados. Se los reconoce por su zezeo, no por su impronta crítica para el ejercicio de una profesión funcional al ejercicio político.

Para todos ellos, la violencia verbal es una granada de mano frente a la comodidad de los livings de lujo donde piensan nuestra realidad. Se sienten cómodos en la banalización, y si el destino es justo, deberían terminar en un panel de Rial, Tinelli o en el bar de Sofovich. Pero no conduciendo los debates de nuestra política recuperada.

“Elévese” le dijo Castro a la presidenta. “Aporte calidad al debate”. Yo me quiero morir. Pero revivo cuando pienso que así como se pedía desde esas tribunas una renovación política, hoy la recuperación de la política como herramienta cotidiana de transformación les pide a ellos que se renueven. Se los pide la gente en la calle, esa gente que ellos tanto gustan nombrar. Que se pongan a la altura de los debates actuales. Que los profundicen, que obliguen a la política a profundizarse, no a retroceder. Que marquen las contradicciones que tiene el gobierno, que lo apriete argumentativamente, pero que no le pida ir para atrás.

Y si no pueden, renuncien. Tengan un movimiento digno, el mismo que le piden a tantos, y declárense de otra época, dejen el lugar para los que vendrán. Pero no busquen la neutralidad muerta, no tiren el conflicto debajo de la alfombra, que es lo más valioso que nos deja este proceso.

Nos corren con la violencia, la crispación y nos quieren hacer creer que los que se la llevan toda van a largar el pedazo de buenos tipos que son nomás. Si la creemos, estamos jodidos. La primera violencia es la de los que buscan conservar sus privilegios. Decirle al pobre que con su reclamo amenaza las instituciones y adscribe al fascismo es también una postura política de la que no se hacen cargo los tribuneros del periodismo rancio.

Cuando se descubran ustedes también políticos, sólo allí serán dignos de la pantalla que tienen. Mientras tanto, háganse el favor de tomarse algunos años de reflexión. Sin goce de sueldo, claro.

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Analogías. Crisis que los medios no mostraron ni muestran. Preaviso Europeo. Grecia: Enero 2009. Grecia: Hoy.

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Las fotos pertenecen al año pasado y fueron sólo un preaviso de la actualidad.
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Por los planes de ajuste (enfriamiento de la economía) que ejecuta el gobierno "socialista" Griego, hoy las huelgas, marchas y represión son las imágenes que a diario se dibujan en ese país.
Igual que en la Argentina en el 2001.
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Ajuste en salarios, subsidios, jubilaciones, ingreso universal por hijo, etc, que pide hoy entre lineas, aunque sin animarse a decirlo claramente los opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y "todos" los periodistas de medios de comunicación, tentáculos de la oposición.
¿O mejor sería decir que los políticos opositores son tentáculos de los medios que hoy reinan en la Argentina?













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Hablando de políticos y cipayos. Memoria.

.Febrero 2010. Reino Unido.
Adrián Pérez (CC), Walter Agosto (PJ), Paula Bertol (PRO) y Oscar Aguad (UCR), así como la senadora provincial y presidente provisional del Senado de Mendoza, Miriam Gallardo, reunidos con autoridades del Foreign Office.
Esta situación potenció las perforaciones que comenzarían a realizar compañías petroleras enviadas por Gran Bretaña en las Islas Malvinas, que lógicamente, el Gobierno Argentino y todos los países de América Latina y El Caribe (33) rechazaron de plano en la Cumbre de Cancún.
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"Sólo los que viven de rodillas, ven a sus enemigos como gigantes"
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Hay formas muy sutiles de dar Golpes de Estado.
La virtud de los conspiradores es hacer pensar que las conspiraciones no existen.
Como era de esperar, los medios de camunicación reinantes no hicieron eco de esta noticia.
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El discurso


Diego. F.
Blog mundo-perverso

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Creo que el eje sobre el cual la Presidenta estructuró el discurso de apertura de la asamblea legislativa es irresoluble en la coyuntura actual. Todos los temas sobre los que habló fueron un contraste entre "la Argentina virtual o mediática", creada discursivamente por los medios opositores, y la "Argentina real", los datos duros. La disociación entre ambas argentinas es evidentemente mayor desde el conflicto con los patrones del campo y fue profundizada con el impulso a la ley de servicios audiovisuales.

Desde aquel entonces no importa si uno es opositor u oficialista, muchos han percibido que los medios no sólo son empresas estructuradas verticalmente y jerarquizadas que tienen intereses económicos y que los periodistas que trabajan en ellos tienen que obedecer la línea editorial de la cúpula, sino que la sociedad está tomando conciencia de que además son a todas luces actores políticos que ocupan el lugar que debería en un sistema político ocupar la oposición.

Como decíamos hace un tiempo en este espacio: La oposición vernácula es incapaz de modificar la agenda por propia voluntad. La atomización, el personalismo y principalmente la falta de propuestas alternativas la tornaron esteril a la hora de marcar la agenda pública. La única forma que tienen de influir es montando y aferrandose a los temas ya impuestos, es decir, se convierte en una oposición comentarista de la agenda impuesta por los actores antes descriptos (las corporaciones mediáticas).
(...)
los medios de comunicación sólo le dan exposición a los personajes que se monten sobre su agenda y sus intereses. No van a darle espacio, trato cordial y exposición a dirigentes que aboguen por algo diferente a lo que ellos quieren. Si los medios no quieren retenciones, las brillantes luces apuntarán a los que más se opongan a las retenciones. Si los medios quieren mano dura, tendremos a Blumberg, Patti y demases funcionales a la causa opinando del tema y así pasa con todo. Entonces lo que hacen los dirigentes cuyas propuestas no prenden en la sociedad es simplemente mimetizarse con los intereses de los medios (que, recordemos, no son exclusivamente de los dueños de los medios sino de quienes arreglen con ellos: sean empresas, políticos, embajadas, etcéteras) y llevar la voz cantante en medio de la propaganda y repetición que apuntan a modificar el humor social.

Está claro que en tanto no se aplique la ley de servicios audiovisuales que las corporaciones mediáticas desesperadamente intentan frenar no habrá reconciliación posible entre la Argentina mediática y la Argentina real (que, aclaremos los tantos de paso, tampoco va a ser creible en tanto no se solucionen problemas estructurales de credibilidad como los del Indec). A pesar de la amplia brecha entre lo que dicen el oficialismo y el partido de los medios, hay algo extremadamente positivo que se puede rescatar de esta necesaria disputa por el sentido y es básicamente lo que planteábamos aquí con Gerardo Yomal en la Revista Zoom:

Y he ahí el hito más importante de esta historia: la imagen de Néstor Kirchner en actos sosteniendo carteles como el de ‘Todo Negativo’, el ‘¿Qué te pasa Clarín, estás nervioso?’ o la mención explícita de los nombres de los dueños de los medios fueron a las corporaciones mediáticas lo que Cabezas fue a Yabrán. Quedaron expuestos y al perder su anillo de Giges tuvieron que mostrarse como lo que son para defender sus intereses, con una virulencia y parcialidad inéditas, y esto fue percibido por ‘la opinión pública’ que más allá de las pertenencias partidarias o ideológicas ahora sabe que los medios son empresas que representan intereses particulares e informan o desinforman de acuerdo a los mismos y no a criterios de calidad periodística”.

Las corporaciones mediáticas perdieron la invisibilidad que les permitía formas más sutiles de manipulación. De ahí la virulencia y burdas deformaciones, la confusión entre información y opinión, el ocultamiento grosero de cuestiones que igualmente terminan saliendo a la luz. Al tornarse visibles perdieron la posibilidad de disfrazar sus intereses y mimetizarlos con los de la sociedad subrepticiamente. Y eso, que no nos quepa la mínima duda, es un hecho altamente positivo que más tarde o más temprano derivará en la reconciliación entre aquella Argentina virtual y la Argentina Real: una vez que el periodismo tradicional se percibe como lo que es en los días que corren (básicamente los voceros de los intereses de estas corporaciones) las personas dejan de confiar ciegamente en las fuentes de información.

La pérdida de credibilidad del periodismo tradicional empuja a la sociedad a nutrirse de nuevas fuentes de información y esto, al mediano-largo plazo, desemboca en un relato diferente, una visión que nutrida de las voces de diferentes actores. Y es por eso que si bien en lo inmediato la brecha no será cerrada, el relato colectivo en unos años será muy diferente al que surge exclusivamente de los medios tradicionales de información hoy por hoy. Esto no significa que desaparecerán los medios tradicionales sino que la información no será recibida pasivamente sino que la sociedad se nutrirá activamente de otras voces que no tienen cabida en las corporaciones mediáticas dado que atentan contra los intereses de los dueños de las mismas.
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El odio

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Eduardo Aliverti
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Sí, el tema de estas líneas es el odio. Planteado así, de manera tan seca y contundente, quizás y ante todo deba reconocerse que es más propio de cientistas sociales que de un simple periodista u opinólogo. Pero, precisamente porque uno es esto último, registra que su razonamiento respecto del clima político y social de la Argentina desemboca en algo que ya excede a la mera observación periodística.

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Hay –es probable– una única cosa con la que muy difícilmente no nos pongamos todos de acuerdo, si se parte de una básica honestidad intelectual. Con cuantos méritos y deficiencias quieran reconocérsele e imputarle, desde 2003 el kirchnerismo reintrodujo el valor de la política, como ámbito en el que decidir la economía y como herramienta para poner en discusión los dogmas impuestos por el neoliberalismo. Ambos dispositivos habían desaparecido casi desde el mismo comienzo del menemismo, continuaron evaporados durante la gestión de la Alianza y, obviamente, el interregno del Padrino no estaba en actitud ni aptitud para alterarlos. Fueron trece años o más (si se toman los últimos del gobierno de Alfonsín, cuando quedó al arbitrio de las "fuerzas del mercado") de un vaciamiento político portentoso. El país fue rematado bajo las leyes del Consenso de Washington y la rata, con una audacia que es menester admitirle, se limitó a aplicar el ordenamiento que, por cierto, estaba en línea con la corriente mundial. También de la mano con algunos aires de cambio en ese estándar, y así se concediera que no quedaba otra chance tras la devastación, la etapa arrancada hace siete años volvió a familiarizarnos con algunos de los significados que se creían prehistóricos: intervención del Estado en la economía a efectos de ciertas reparaciones sociales; apuesta al mercado interno como motor o batería de los negocios; reactivación industrial; firmeza en las relaciones con varios de los núcleos duros del establishment. Y a esa suma hay que agregar algo a lo cual, como adelanto de alguna hipótesis, parecería que debe dársele una relevancia enorme. Son las acciones y gestos en el escenario definido como estrictamente político, desde un lugar de recategorización simbólica: impulso de los juicios a los genocidas; transformación de la Corte Suprema; enfriamiento subrayado con la cúpula de la Iglesia Católica; Madres y Abuelas resaltadas como orgullo nacional y entrando a la Casa Rosada antes que los CEO de las multinacionales; militancia de los '70 en posiciones de poder. En definitiva, y –para ampliar– aun cuando se otorgara que este bagaje provino de circunstancias de época, sobreactuaciones, conciencia culposa o cuanto quisiera argüirse para restarles cualidades a sus ejecutores, nadie, con sinceridad, puede refutar que se trató de un "reingreso" de la política. Las grandes patronales de la economía ya no eran lo único habilitado para decir y mandar. Hasta acá llegamos. Adelante de esta coincidencia que a derecha e izquierda podría presumirse generalizada, no hay ninguna otra. Se pudre todo. Pero se pudre de dos formas diferentes. Una que podría considerarse "natural". Y otra que es el motivo de nuestros desvelos. O bien, de una ratificación que no quisiéramos encontrar.

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La primera nace en el entendimiento de la política como un espacio de disputa de intereses y necesidades de clase y sector. Por lo tanto, es un terreno de conflicto permanente, que ondula entre la crispación y la tranquilidad relativa según sean el volumen y la calidad de los actores que forcejean. Este Gobierno, está claro, afectó algunos intereses muy importantes. Seguramente menos que los aspirables desde una perspectiva de izquierda clásica, pero eso no invalida lo anterior. Tres de esos enfrentamientos en particular, debido al tamaño de los bandos conmovidos, representan un quiebre fatal en el modo con que la clase dominante visualiza al oficialismo. Las retenciones agropecuarias, la reestatización del sistema jubilatorio y la ley de medios audiovisuales. Ese combo aunó la furia. Una mano en el bolsillo del "campo"; otra en uno de los negociados públicos más espeluznantes que sobrevivían de los '90, y otra en el del grupo comunicacional más grande del país, con el bonus track de haberle quitado la televisación del fútbol. De vuelta: no vienen al caso las motivaciones que el kirchnerismo tenga o haya tenido y no por no ser apasionante y hasta necesario discutirlas, sino porque no son aquí el objeto de estudio. Es irrebatible que ese trío de medidas –y algunas acompañantes– desató sobre el Gobierno el ataque más fanático de que se tenga memoria. Hay que retroceder hasta el segundo mandato de Perón, o al de Illia, para encontrar –tal vez– algo semejante. Potenciados por el papel aplastante que adquirieron, los medios de comunicación son un vehículo primordial de esa ira. El firmante confiesa que sólo la obligación profesional lo mueve a continuar prestando atención puntillosa a la mayoría de los diarios, programas radiofónicos, noticieros televisivos. No es ya una cuestión de intolerancia ideológica sino de repugnancia, literalmente, por la impudicia con que se tergiversa la información, con que se inventa, con que se apela a cualquier recurso, con que se bastardea a la actividad periodística hasta el punto de sentir vergüenza ajena. Todo abonado, claro está, por el hecho de que uno pertenece a este ambiente hace ya muchos años, y entonces conoce los bueyes y no puede creer, no quiere creer, que caigan tan bajo colegas que hasta ayer nomás abrevaban en el ideario de la rigurosidad profesional. Ni siquiera hablamos de que eran progresistas. La semana pasada se pudo leer que los K son susceptibles de ser comparados con Galtieri. Se pudo escuchar que hay olor a 2001. Hay un límite, carajo, para seguir afirmando lo que el interés del medio requiere. Gente de renombre, además, que no se va a quedar sin trabajo. Gente –no toda, desde ya– de la que uno sabe que no piensa políticamente lo que está diciendo, a menos que haya mentido toda su vida.

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Sin embargo, más allá de estas disquisiciones, todavía estamos en el campo de batalla "natural" de la lucha política; es decir, aquel en el que la profundidad o percepción de unas medidas gubernamentales, y del tono oficialista en general, dividieron las aguas con virulencia. Son colisiones con saña entre factores de poder, los grandes medios forman parte implícita de la oposición (como alternativamente ocurre en casi todo el mundo) y no habría de qué asombrarse ni temer. Pero las cosas se complican cuando nos salimos de la esfera de esos tanques chocadores, y pasamos a lo que el convencionalismo denomina "la gente" común. Y específicamente la clase media, no sólo de Buenos Aires, cuyas vastas porciones –junto con muchas populares del conurbano bonaerense– fueron las que el 28-J produjeron la derrota electoral del kirchnerismo. ¿Hay sincronía entre la situación económica de los sectores medios y su bronca ya pareciera que crónica? Por fuera de la escalada inflacionaria de las últimas semanas, tanto en el repaso del total de la gestión como de la coyuntura, los números dan a favor. En cotejo con lo que ocurría en 2003, cuando calculado en ingresos de bolsillo pasó a ser pobre el 50 por ciento del país, o con las marquesinas de esta temporada veraniega, en la que se batieron todos los records de movimiento turístico y consumo, suena inconcebible que el grueso de la clase media pueda decir que está peor o que le va decididamente mal. Pero eso sería lo que en buena medida expresaron las urnas, y lo que en forma monotemática señalan los medios.

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Veamos las graduaciones con que se manifiesta ese disconformismo. Porque podría conferirse la licencia de que, justamente por ir mejor las cosas en lo económico, la "gente" se permite atender otros aspectos en los que el oficialismo queda muy mal parado, o apto para las acusaciones. Ya se sabe: autoritarismo, sospechas de corrupción, desprecio por el consenso, ausencia de vocación federalista, capitalismo de amigotes y tanto más por el estilo. Nada distinto, sin ir más lejos, a lo que recién sobre su final se le endilgó a Menem y su harén de mafiosos. ¿Qué habrá sucedido para que, de aquel tiempo a hoy, y a escalas tan similares de bonanza económica real o presunta, éstos sean el Gobierno montonero, la puta guerrillera, la grasa que se enchastra de maquillaje, los blogs rebosantes de felicidad por la carótida de Kirchner, los ladrones de Santa Cruz, la degenerada que usa carteras de 5 mil dólares, la instalación mediática de que no llegan al 2011, el olor al 2001, el uso del avión presidencial para viajes particulares? ¿Cómo es que la avispa de uno sirvió para que se cagaran todos de la risa y las cirugías de la otra son el símbolo de a qué se dedica esta yegua mientras el campo se nos muere? ¿Cómo es que cuando perpetraron el desfalco de la jubilación privada nos habíamos alineado con la modernidad, y cuando se volvió al Estado es para que estos chorros sigan comprándose El Calafate? Pero sobre todo, ¿cómo es que todo eso lo dice tanta gente a la que en plata le va mejor?

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Uno sospecharía principalmente de los medios. De sus maniobras. De que es un escenario que montan. Pues no. Por mucho que haya de eso, de lo que en verdad sospecha es de que el odio generado en las clases altas, por la afectación de algunos de sus símbolos intocables, ha reinstalado entre la media el temor de que todo se vaya al diablo y pueda perder algunas de las parcelas pequebú que se le terminaron yendo irremediablemente ahí, al diablo, cada vez que gobernaron los tipos a los que les hace el coro.

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Debería ser increíble, pero más de 50 años después parece que volvió el "Viva el Cáncer" con que los antepasados de estos miserables festejaron la muerte de Eva.

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Formas y sustancia


Alfredo Zaiat


La tensión político-mediática y la temprana disputa electoral ha sumergido al Fondo del Bicentenario en un terreno de confusión. Es una iniciativa que habilita la utilización de las reservas para otro fin que no sea financiar la fuga de capitales. Además permite ampliar los estrechos márgenes de autonomía de la política económica. Ese Fondo ha quedado atrapado entre la brocha gruesa del Gobierno y el rechazo a todo por parte de la oposición. Unos y otros se han lanzado a una lucha política frenética sobre el decreto de necesidad y urgencia que dispuso la creación del Fondo, cuando no es novedad que la deuda, desde 2005, luego de la reestructuración con quita del capital y extensión de plazos, se ha pagado con reservas. El Tesoro ha estado adquiriendo esos dólares al Banco Central con superávit fiscal, además de las compras que ha realizado directamente en el mercado. Si se está en condiciones de abstraerse de la batalla política dominada por consignas pensadas para titulares en los medios, la propuesta de aplicar en forma directa una pequeña porción de las reservas para el pago de la deuda implica un notable cambio cualitativo para la economía local. Desafía esa perversa marca a fuego de la convertibilidad que establece que las reservas se corresponden a los pesos en circulación. Cuestiona la idea de independencia del Banco Central al incorporarlo como parte de una política económica integral, y no como un organismo capturado por el sistema financiero y dedicado a cuidar los dólares para garantizar la fuga de capitales. Plantea la posibilidad de ensanchar los estrechos límites de la política fiscal para horror de la ortodoxia, que en la plaza doméstica todavía no se enteró de que con la caída del Muro de Wall Street y la crisis europea se quemaron los libros con sus recetas del fracaso.


La administración kirchnerista ha probado una y otra vez que no se caracteriza por cuidar las formas en la presentación de sus medidas. La experiencia de la resolución 125 (de retenciones móviles) no ha dejado muchas enseñanzas si se observa el recorrido político que ha tenido el DNU del Fondo del Bicentenario. Aunque vale destacar que hay una diferencia importante entre uno y otro momento por la nueva correlación de fuerzas en el Congreso, que plantea un escenario de que igual la oposición lo rechazaría, independientemente de las formas. Más allá del estilo o de los caminos formales, esa iniciativa tiene una sustancia relevante al poner en cuestionamiento ciertos pilares del pensamiento económico conservador, que han invadido discursos que se pretenden progresistas.


El Fondo del Bicentenario significa tomar prestados del Banco Central unos 6500 millones de dólares sin necesidad del Tesoro de disponer de los pesos. Por esas divisas entregaría un bono a cancelar en el 2019. Esos dólares se utilizarían para cancelar vencimientos de deuda en moneda extranjera a lo largo de este año. Como esos compromisos están incluidos en el Presupuesto 2010, se liberarían esos previstos recursos por unos 26.000 millones de pesos, ampliando en esa magnitud el margen de acción de la política fiscal. Aquí aparece la especulación política: ese ahorro fiscal derivado de adquirir las reservas sin poner los pesos le daría al Gobierno la posibilidad de aumentar el gasto público en obras y política social mejorando la situación económica y eventuales chances electorales. Abortar el Fondo obligaría al Gobierno a un ajuste fiscal de línea ortodoxa, como proponen ciertos economistas cercanos a un sector de la oposición, que afectaría la incipiente recuperación, con el consiguiente impacto negativo en el empleo y la pobreza.


El Gobierno mantuvo la marcha creciente del gasto público en el 2009 pese a la crisis internacional, que impactó en la economía local con una caída del Producto y una recaudación corriendo por debajo del ritmo del gasto. Esa política permitió amortiguar los indudables costos de la recesión global, al tiempo que impulsó a buscar fuentes de financiamiento interno. La utilización de una pequeña porción de las reservas implica una ampliación de esas fuentes.


Las reservas se integran con los dólares de las exportaciones, el ingreso de capitales, los préstamos internacionales y otros flujos. El Tesoro compra esos dólares con el superávit fiscal. Como se mencionó, esto implica que parte de los pagos de deuda siempre se han realizado con reservas. La corriente ortodoxa no presenta una objeción de base (pagar la deuda), sino que el cuestionamiento tiene su origen en una obsesión fiscal: pretenden el ajuste de las cuentas para pagar, criticando la posibilidad de enriquecer la política fiscal con otras herramientas expansivas.


Otra crítica, en este caso proveniente de un sector del centroizquierda, apunta a que las reservas sólo deben ser utilizadas para el desarrollo interno y no para pagar la deuda. El primer aspecto merece precisiones para evitar caer en la confusión de la ortodoxia; y el segundo constituye solamente una legítima vía de construcción de capital político. En el terreno económico resulta relevante evaluar la alternativa de destinar parte de las reservas para integrar un fondo para el desarrollo. Fabián Amico, investigador de la Universidad Nacional de Luján, elaboró un interesante documento de debate sobre el Fondo del Bicentenario. En el capítulo sobre la propuesta de aplicar reservas para inversión en infraestructura o para gastos sociales señala que no se advierte "que todos esos gastos deben realizarse en pesos y que no tiene sentido alguno argumentar que se necesitan dólares para esos gastos internos". Amico reconoce que puede haber una necesidad de divisas asociada a cualquier gasto interno, dado que éste trae aparejada una cierta demanda de importaciones. Pero destaca que esos gastos, en lo esencial, se realizan en pesos. Pone como ejemplo que si el Gobierno decide una obra de infraestructura debería pagar salarios, materiales e insumos en pesos, excepto aquellos insumos que sean importados. Explica que, en tal caso, si el gobierno actual o el futuro destinara reservas para aplicarlas en gasto interno y realizara tales obras, se le presentaría la necesidad de operar en pesos. Amico apunta que en esa instancia existirían dos alternativas:


1. Podrían vender los dólares supuestamente obtenidos de las reservas del BCRA (no se explica cómo pasarían del BCRA al Tesoro) en el mercado cambiario y obtener los pesos. Pero sería una estrategia inconsistente: mientras el BCRA acumula reservas comprando dólares para sostener la paridad cambiaria, el Tesoro vendería dólares para obtener pesos. Esa política conduce finalmente a la apreciación del tipo de cambio con los nefastos efectos conocidos.


2. La otra vía sería "venderle" al BCRA los dólares a cambio de pesos. Esta última opción revela que, en verdad, no se están usando reservas para el gasto interno sino pesos: las reservas vuelven al activo del BCRA, mientras éste emite pesos a cambio de un bono del Tesoro. Pero es precisamente esto lo que la Carta Orgánica del BCRA prohíbe, porque lo que en realidad ocurrió es que hubo una emisión monetaria. Esto es ignorado por esa propuesta "progresista" para no reconocer que el pago de deuda con el Fondo del Bicentenario, en el contexto actual, libera pesos para otros gastos internos.


"Esta confusión entre los papeles del gasto en pesos y la utilización de las divisas atraviesa todo el debate. Pero entender bien esas diferencias es vital", recomienda Amico. Para concluir que "las reservas son para pagar deuda en moneda extranjera, importaciones y sostener con buenas espaldas la paridad cambiaria". El Gobierno tiene la evidente penuria de las formas y la debilidad de explicar la sustancia de ciertas medidas relevantes. Más aún cuando desde Economía no se colabora en mejorar la comprensión de la utilidad del Fondo del Bicentenario al insistir que es necesario para bajar la tasa de interés de futuras colocaciones de deuda, convocando al escenario esa rueda especulativa. Sin embargo, no quedar atrapados de esas carencias requiere de convicciones más profundas que la especulación por el posicionamiento frente a las próximas elecciones. Defender el planteo de no tocar las reservas para pagar deuda y proponer usarlas para el gasto interno termina abonando el terreno de la ortodoxia, que ofrece como opción emitir deuda en el mercado internacional o realizar un ajuste fiscal.

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La guerra de los medios






Luis Bruschtein

La guerra declarada entre la corporación mediática y el Gobierno cerró mucho los márgenes y las brechas por donde se había filtrado hasta ahora la mejor expresión de la diversidad informativa. La Nación dice que Cristina Kirchner no estuvo presa como ella dijo. Y el que diga lo contrario es un despreciable oficialista. Aun cuando después el diario reconoció que sí había estado detenida. Es decir que para hacer verdadero periodismo hay que coincidir contra el Gobierno aunque sea en la mentira. Y saber que la desmentida no es importante, porque lo que importa es el daño que se produjo al enemigo.


Perfil ha publicado notas donde un supuesto ex psicólogo personal de la Presidenta, al que nunca se identifica, se explaya sobre la supuesta "bipolaridad" del carácter presidencial. Todo es supuesto y nada se comprueba. La bipolaridad es una enfermedad psiquiátrica, es algo comprobable. Pero se pueden hacer artículos de tapa con estupideces de ese tipo. Y el que no está de acuerdo con esa manipulación, o se atreve a decir que eso no es serio, es una mierda oficialista. O poner un periodista y un fotógrafo a perseguir a la hija adolescente de los Kirchner para después publicar estupideces sobre los sociales de la piba. Decir que eso no es ético no es ser oficialista y no decirlo no es ser opositor, sino corporativo. Son golpes bajos.


En Clarín no se puede encontrar un solo titular "objetivo" y mucho menos favorable. Esta semana había un título que decía algo así: "Por el impuestazo tecnológico, X fabricará celulares en Tierra del Fuego". El impuestazo es un arancel que aprobó el Congreso para favorecer la industria nacional, y que X haya decidido fabricar celulares en Argentina es uno de los logros más importantes de esa medida. Pero si se la califica de "impuestazo tecnológico", la carga es sin duda negativa. El resultado en ese caso era esquizofrénico, pero en general todo está tan forzado que hasta resulta ridículo y cansador. Y la misma carga forzada está en las preguntas de los movileros, las columnas de opinión y los noticieros de los canales y las radios que pertenecen a los multimedia más importantes. Se han hecho decenas de tapas con profecías apocalípticas que nunca se cumplieron. Se anunció varias veces que se disparaba el dólar, que se importaría carne o trigo, que habría una crisis energética terminal. Ninguna de esas advertencias se cumplió. Ninguno de los que las anunciaron se disculpó o se explicó. Los medios que les dieron los titulares de tapa nunca se preocuparon por informar que el Apocalipsis se había postergado.


Resulta hasta vergonzoso constatar la falta total de diversidad que existe en la propuesta mediática. Y al mismo tiempo es alarmante la uniformidad corporativa con la que actúa el mundo de la información comercial. No se está discutiendo si este gobierno es bueno o es malo. Lo que nadie dice es que discutir si la Presidenta miente cuando afirma que estuvo detenida (lo cual además fue verdad) es una estupidez. Hacer titulares sobre la bipolaridad de Cristina y las fiestas de chiquilines de Florencia Kirchner es una estupidez y hasta una bajeza. Son todos recursos periodísticos de bajo nivel.


A pesar de la pobreza de esos recursos, la masividad y la potencia con que se difunden han logrado empujar el canon periodístico a situaciones similares, aunque extremas, a las que primaron durante la guerra de Malvinas. Para los grandes medios, esa etapa tuvo después un costo alto de credibilidad y varios de los periodistas de la televisión lo pagaron con el descrédito y la expulsión de la pantalla.


Así como en aquel momento nadie se atrevía a contradecir ese canon de triunfalismo malvinero, ahora, para este esquema corporativo de grandes multimedia actuando en bloque, cualquiera que no acepta el nuevo paradigma de "periodista independiente" es un oficialista corrupto. Hay sociólogos que estudian las instituciones de la democracia republicana. El lugar de los medios nunca es claro. Son parte empresas, parte institución pública. La empresa usa esa ambigüedad cuando le conviene. Pero la información que mueve a una sociedad se genera allí. Nadie habla del corrimiento absurdo de los parámetros informativos. ¿O para hablar de eso hay que ser oficialista? O mejor dicho: el que hable de eso será acusado de oficialista. ¿Para ser "periodista independiente" hay que ser reaccionario, conciliar con la mentira y la deformación ostensible de las noticias? En todo caso, se trata de la necesidad de democratizar la información, de buscar la diversidad, pero eso para el canon es atentar contra la libertad de prensa.


El trabajo de los periodistas que no coinciden con las líneas editoriales de los medios donde se desempeñan ha sido buscar las brechas que se producen en ese tejido por la necesidad del medio de construir credibilidad. Siempre han sido márgenes estrechos, pero la polarización tan fuerte los ha reducido aún más. Son poquísimos los periodistas que no se alinean con las empresas en su expresión más extrema, más partidista y menos profesional. Es muy difícil soportar esa presión no sólo laboral sino también ambiental. Siempre es más fácil ir para donde va la corriente. Les sucede incluso a periodistas que comenzaron sus carreras con la ilusión de aportar una mirada diferente y ahora resulta patética la forma en que finalmente han sumado su voz al esquema corporativo. La excusa emblema es la "independencia", no se aclara de qué, aunque se sobreentiende que sólo se trata del Gobierno, lo cual es funcional para coincidir con las empresas o con los anunciantes, de los cuales se "depende". No es un problema de convicción o de servicio, es de "independencia". Nadie era más independiente que los viejos condottieri que podían estar a las órdenes del Papa o en su contra, según quien pagara más o lo contratara primero. La excusa emblema de la independencia es tan infantil como la de la "objetividad".


Cuando el canon de época llega a este extremo tan forzado, los cambios suelen ser bruscos y lo que ahora tiene la fuerza de la uniformidad indiscutible se transforma en la herramienta de ocultación de una verdad que luego resulta obvia, aunque en el momento no se haya visualizado por ese smog cultural. Así sucedió en los '70 tras la hegemonía cultural gorila de quince años que había invisibilizado fusilamientos y bombardeos del antiperonismo a la población civil. Lo mismo sucedió durante la dictadura y la guerra de Malvinas. En los '70, la reacción a esa hegemonía forzada fue la peronización de las clases medias y el retorno de Perón. Y en los '80 fueron los juicios por Malvinas y por los derechos humanos. Esos cambios bruscos fueron la reacción contra una imagen virtual hegemónica construida por los medios sobre la maldad intrínseca de Perón y el peronismo y la superioridad moral de la casta militar sobre la sociedad civil. La sociedad atravesó esas imágenes como si rompiera una pantalla, porque el hilo de credibilidad que las sustentaba era muy tenue. Más tenue es ese hilo cuanto más forzada es la imagen que se construye y la reacción contraria de la sociedad también es más fuerte.


El debate sobre los medios, que abrió la ley de servicios audiovisuales, recién ha comenzado, justamente porque a partir de esa ley el flujo de la información ha sido utilizado abiertamente como ráfaga de ametralladora contra el Gobierno en una guerra donde todo vale. Para los periodistas debería ser una preocupación, porque se rompen reglas de juego y porque en definitiva correrán el riesgo de ser los fusibles de un cambio de época, como sucedió en los '80.

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Neoliberalismo, los 90, Fort, Menem, De Narváez, Macri, Carrió, Morales, Clarín, Cobos, Vila, Tinelli, Su, Mirta y la con... de sus madres

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Neo-neoliberalismo

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Sandra Russo
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Hay un neomenemismo que se resume y expresa vigorosamente en Ricardo Fort. Las barritas de cereales ahora vienen con un muñeco de carne y hueso que tiene jopo, mandíbula de superhéroe, tatuajes en los brazos y un grupo de gatos que él mismo se financia para vivir una vida divertidísima. Como dijo Alejandro Fantino, quién no quisiera tener una vida como la de Ricardo Fort.

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Y es verdad que en esta sociedad palpita, como verificaron las elecciones del 28 de junio, una pulsión cuyo exponente masivo más claro y sublimadamente aplaudido es Ricardo Fort, aunque políticamente fue un candidato cuyo mayor acierto lingüístico fue "alica alicate" y el de su aliado, Mauricio Macri, que veta leyes al por mayor y ni se acuerda por qué lo hizo. Uno podría ponerse a enumerar la enorme cantidad de hombres y mujeres que rechazan visceralmente lo que Fort representa, desde la ostentación al más cerril individualismo, pero no puede menos que aceptar que esos sectores ahora conviven con otros, que son los que "lo hacen medir" a Fort. Ese es el parámetro, como corresponde a su esencia, de su importancia social: "mide" tanto que todos los programas no pueden dejar de invitarlo, y hasta el canal América pasa los domingos un especial de una hora en el que uno puede presenciar una visita completa de Fort a su traumatólogo de Miami.

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Si cada época levanta y entierra valores, es evidente que lo colectivo perdió las elecciones de junio frente a lo individual. No me refiero exactamente a lo político, aunque lo incluye. Es lo filosófico de un tiempo. Cuando surgió el neoliberalismo, en la posguerra, fue durante muchos años una escuela con aires masones que se nucleaba en Suiza, en la estación de Mont Pelerin. Hemos tomado a Milton Fridman como su padre, pero era su tío. Fridman fue Premio Nobel de Economía en 1976. Dos años antes, el Premio Nobel había sido para el austríaco Friedrich Hayek, que fue el que puso la semilla. Leer a Hayek aterra. Para él la democracia no es una condición necesaria para la verdadera libertad que debe custodiar el Estado: la libertad de mercado. La escuela de Mont Pelerin estaba comprobándolo cuando sus popes fueron bendecidos por los Nobel: Chile, 1973. El globo de ensayo exitoso para implantar el neoliberalismo por la fuerza. Le siguió la Argentina, 1976.

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Ahora nadie declara en la televisión defender los postulados neoliberales, pero toda la oposición de derecha lo único que defiende es eso. La demonización de los gobiernos progresistas en América latina es una reacción neoliberal. Chile vuelve a ser la punta de lanza de este neo-neoliberalismo. De Piñera dice Macri que "nos marca un camino". Más claro no puede estar. Y el neoliberalismo no puede implantarse en democracia sin un correlato de valores. Lo de la república y la institucionalidad es pura retórica, equiparable a la cháchara antiestatal que precedió a las privatizaciones de los '90. Con la complicidad perenne de los grandes medios, instalaron aquello de la "ineficacia" del Estado. Lo colectivo, lo cooperativo, lo mutuo, lo solidario fue un disvalor. El menemismo, que fue la forma que aquí tuvo el neoliberalismo, solamente pudo destrozar las redes sociales después de haber encolumnado a la opinión pública atrás de las palabras "modernización" y "ahorro". Nunca quisieron decir más que ajustes salvajes y represión a los indisciplinados.

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El mundo global sigue embrujado por el discurso único. El neoliberalismo estalló en 2008 en Estados Unidos, pero la crisis se mantuvo al amparo de los grandes medios mundiales. Afirma Pascual Serrano: "Actualmente, el 80 por ciento de las noticias que circulan por el mundo proceden de cuatro agencias internacionales: Associated Press, United Press International, Reuters y Agence France Presse. Esas agencias son las que establecen el orden del día". A escala, los medios concentrados y la coyuntura política argentina se han encargado de que, por ejemplo, nadie pueda hilvanar con claridad lo que está sucediendo en Grecia con lo que se propone aquí cuando se discute el manejo de las reservas. Como el neo-neoliberalismo es todavía inconfesable, el motivo que se esgrime para obstruir el Fondo del Bicentenario es la desconfianza en el Poder Ejecutivo o en el kirchnerismo en general. Cuando la política se vuelve una cuestión de fe, estamos en problemas. La democracia no es una cuestión de fe. Es antes que nada un conjunto de reglas racional y colectivamente aceptadas.

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Los ídolos mediáticos, sin trayectoria ni talentos, brillan y desaparecen. Yo no estaría tan segura de que Fort va a seguir ese camino. Más bien, creo que Fort no es un incidente aislado ni un famoso destina- do al olvido. Da la impresión de que Fort inaugura una época, marcada por una corriente social que agonizó pero que revivió al calor del microclima global y el microclima argentino.

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Fort se ha declarado nostálgico del menemismo, y esa misma reivindicación puede tomarse como expresión de un neomenemismo. No es el Menem de ahora el que se reivindica, incluso poco tiene que ver con él. La nostalgia es por una época de impulso bestial de un modo de vida. La nostalgia es por la inmersión en una escala de valores que implica el menemismo, como válvula de escape autóctona del neoliberalismo. Se extraña la banalidad del mal.

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El lugar de la centro izquierda

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La reacción de la derecha frente a la creación del Fondo del Bicentenario y el despido de Redrado volvió a profundizar el debate en las fuerzas que se declaman de centroizquierda. Las amenazas de restauración conservadora y la mirada sobre el papel que juega el pago de la deuda en la coyuntura.
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Sandra Russo
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Lo destituyente
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Como las cáscaras de una cebolla, una por una se fueron cayendo las máscaras desde que la Resolución 125 hizo chillar tractores y cacerolas. Esa lucha sí que fue una sola desde entonces, sostenida por otros intereses, mezclados, emparentados, amasijados, que se expresan en los medios monopólicos. ¿Será Cristina una presidenta que sale al cruce públicamente de un intento destituyente, será vista así? Todo indica que no. Que la derecha saldrá a decirle que exagera o es muy susceptible, y que buena parte de nuestra centroizquierda saldrá como hasta ahora, sin movimiento de mentón, a coincidir.
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Ya uno no puede hacerse el que ve otra película. Estamos viendo la misma. Los que ven TN para "informarse" y los que ven TN para presenciar el gran espectáculo de la desinformación sistemática de un pueblo. El proceso se acelera y ya no se puede mirar para otro lado o instalar debates superpuestos que no rozan el debate urgente. Cierra el relato de la derecha: esto es un caos, los montoneros hacen trotscoleninismo, las señoras como Mirtha Legrand tienen miedo de hablar mal del Gobierno delante de mozos y mucamas, la institucionalidad corre tanto peligro que hay que romperla pronto, meterle un tajo como hicieron ya varias veces en democracia, abortar mandatos, sacárselos de encima. Lo que no cierra es el relato de un sector del centroizquierda según el cual el kirchnerismo simula ser progresista, cuando en realidad hay derecha afuera y adentro del kirchnerismo.
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Ni "centroizquierda" designa a algo consustanciado y homogéneo, ni "progresismo" tampoco. Menos todavía, "derecha". Que la hay dentro y fuera del kirchnerismo es cierto, pero no calibrar, no discernir, no dimensionar los biotipos de derecha y con esa retórica alejada de la verdad dar por respondidas todas las preguntas es por lo menos, a esta altura, estrábico. Yendo en camino de ser imperdonable. Los que probablemente no perdonen un retroceso como el que asoma sean los representados por esas corrientes políticas antikirchneristas que en carne propia volverán a experimentar los rigores monstruosos de la derecha con los más débiles. Tenemos a mano a Buenos Aires para saber qué hace la derecha cuando gobierna. Tenemos también el recuerdo del último gobierno radical.
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Es hora de hablar y de pensar un poco más sensatamente. Si fuera posible, de deponer algunos egos en virtud del tamaño de lo que habría que defender. Salvo que se siga adherido a la idea de que cuanto peor, mejor, y en ese caso se esté dispuesto a que se pierdan nuevas generaciones de argentinos en las fauces del neoliberalismo que no cede en su pretensión hegemónica. Salvo que ninguno de los avances que, incluso traspasando las enormes contradicciones del poder, se han materializado en los últimos dos años, resulte de importancia. Salvo que la lucha sea más atractiva que la victoria.
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¿Quién banca a la democracia? ¿A qué le llamamos democracia? ¿Qué forma y qué protagonistas tiene la democracia que en todo caso todos defendemos? ¿Nos fijaremos en los ejes comunes o elegiremos diferenciarnos para brillar en las ruinas? ¿Qué cálculos estratégicos hacemos? ¿Qué acumulación de fuerzas privilegiamos? ¿Hasta dónde dejamos avanzar este dislate? ¿Quiénes somos "nosotros"? ¿Qué conjuntos creamos para pechar la embestida? ¿Qué cosas nos importan realmente? ¿Qué motores políticos nos encienden? Y sobre todo, ¿contra quién, contra qué peleamos? De las respuestas a estas preguntas puede salir una resistencia con mayoría de edad, de gente grande, de pueblo grande. Si se miran las otras experiencias latinoamericanas exitosas, ninguna ha salido a flote sin un mínimo consenso interno de las fuerzas populares. El peronismo lo complica todo, ya lo sabemos. Pero estamos a años luz de que en este país se pueda producir un avance popular que lo excluya. Ya lo intentó la derecha, con la proscripción. El centroizquierda tiene que elaborarlo.
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Aquel ánimo destituyente que denunció Carta Abierta hace ya mucho, y que fue desmentido puerilmente por periodistas que aunque cacareen progresismo tienen sus intereses personales atados a los grandes medios, nos sopla el oído.
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Acá el problema son las mayorías, el problema es la ampliación de ciudadanía, el problema es que estamos en una región que de diversos modos mira este Bicentenario con ojos de un desafío que las clases dominantes no soportan. El problema es que las masas clientelares de siempre en todas partes encuentran grietas y ya no se trata de los desocupados de los '90, sino de conciencias que piden su parte. Este Gobierno no satisface a muchos de esos sectores. Pero duele imaginar el destino de esos sectores, de los representados por esas dirigencias, si gana la restauración.
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Tenemos un centroizquierda que no enfoca la trama que tiene delante de sus narices. Con la escena preparada para una destitución que, como en Honduras, busca su pata judicial, con un vicepresidente que opera como líder de una oposición inenarrablemente reaccionaria, con el vendaval de fondo de viejos servicios que vuelven a amenazar de muerte a militantes y periodistas no alineados en el discurso único mediático, por bandas de la noche que se sienten amparadas moralmente por las estrellas de la televisión, con la derecha pinochetista llegando a un Chile extraño y doloroso que despide a Michelle Bachelet con una extraordinaria imagen positiva, pero vota el regreso de la sombra, es por lo menos zozobrante ver a algunos dirigentes de centroizquierda hablar en TN como si TN fuera un vulgar canal de noticias.
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Es tiempo de ajustar las lecturas, porque qué pasaría si la cosa fuera al revés, y si el llamado centroizquierda fuera el que simulara un progresismo que, por ejemplo, fue bien disimulado cuando le abrieron el camino a Elisa Carrió para presidir la comisión de Juicio Político. Una posición orgásmica para la infeliz pitonisa que, no obstante, será probablemente uno de los obstáculos entre Cobos y el poder adelantado.
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Acá no pasa nada de lo que dicen que pasa y nada que justifique que las cosas se cuenten como se cuentan. Acá hay canales, radios y diarios que operan sin parar en la abyección más visible, y una democracia que corre peligro si algunos sectores clave se siguen haciendo los más puros y los más esclarecidos que ninguno. Es una cuestión de prioridades, que es una buena palabra en política. Una palabra que puede salvar los pasos adelante y dejar lo pendiente para el juego democrático, y cuya abstracción puede depararnos desastres que hoy no podemos evaluar.
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Ya está claro que hay más que ánimo destituyente. Saltó por el lugar más obvio, el Banco Central. No hay nada de espontáneo en Redrado declarando "Yo soy un técnico, yo soy un técnico", como si las aberraciones políticas de los técnicos no hubieran provocado tan luego ahora mismo la crisis económica mundial.
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Ya está claro que se opera para limar, desgastar, perjudicar, desanimar, obstruir, aplastar un proceso político que se basa en la mayoría aplastante de las elecciones presidenciales de 2007. No respetar esa regla de juego, que es la principal, la línea rectora de la democracia, es asomarse al mundo sin reglas de los golpistas, de los genuflexos que sólo prosperan en escenarios circunstanciales, de los cómplices que esta vez no podrán decir que no sabían qué pasaba.
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Medios, ceguera y globalización. Santa Marta. Larbanois Carrero.

Santa Marta era una villa
de malvón y rosaleda,
laureles en la vereda
y plaza con catedral.
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La gente se saludaba
y había noches de retreta
con muchachos en la vuelta
y banda municipal.
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Las ventanas no tenían reja
y nadie pasaba cerrojo a la puerta
y en los mediodías la ciudad desierta
invitaba a largas tertulias y siestas.
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No había velorio, casamiento o yerra
que no fuera duelo nacional o fiesta
en aquel lugar.
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Santa Marta tenía domingos
de asados y vino, de ruedas de amigos
en noches de truco guitarreada y canto.
En tardes de invierno fritando y mateando.
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La gente tenía más tiempo y podía
compartir las cosas simples de la vida
de aquella ciudad.
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El progreso poco a poco
fue cambiando a Santa Marta:
la televisión por cable
y el acceso a la Interné.
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La gente se fue olvidando
de sus cosas cotidianas
ahora habla en otro idioma
y vive en otro lugar.
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Santa Marta juega al primer mundo
gracias a los shoppings y a las hamburguesas
la comida rápida, la moda inglesa,
se festeja Halloween ¡vaya sorpresa!
pero nadie sale sin cerrar la puerta
sálvese quien pueda se acabó la fiesta,
la siesta y la paz.
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Santa Marta ahora está inundada de música diet, de tiendas extrañas
y en quintas y campos nadie planta nada
todo viene hecho y hay papa importada.
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Se persiguen cosas que a nadie interesa
pero todo el pueblo pierde la cabeza
si hay liquidación.
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Santa Marta está informada
de la cumbre de Ginebra
si la reina estuvo enferma
o Palermo erró un penal.
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Todo el mundo vive al tanto
de un millón de cosas nuevas
pero ya nadie se entera
lo que pasa en su ciudad.
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Y aunque es malo mantenerse aislado
cuando todo el mundo está tan conectado
si el diablo gobierna hay que tener cuidado
la cultura nunca puede estar de lado
no todo está en venta, no todo es mercado
árbol sin raíces no aguanta parado
ningún temporal.
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La mejor parte del amor

Sandra Russo
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Seguramente los apropiadores de niños sienten amor por ellos, o al menos eso deben creer. Quién sabe qué siente alguien que oculta una verdad atroz; que obliga al ser presuntamente amado a una reciprocidad que él mismo viola. Nadie está, sin embargo, preparado para fingir toda su vida. Ese amor que los apropiadores sienten por esos bebés que hoy son hombres y mujeres de treinta y pico debe haber tenido fallas, grietas, lapsus, desbordes inevitables de la verdad. Un hijo apropiado debe saber, en alguna parte sí, alguna forma de la verdad. Seguramente huele el tufo de ese amor, su hedor, el rastro de un crimen. Hay cuatrocientas personas todavía viviendo esas tensiones soterradas.

Hay mecanismos psíquicos y sociales que permanentemente bloquean el amor y lo reemplazan por sus simulacros. Estamos todos tan confundidos con el amor, que aceptamos sus sustitutos, sus malas copias. Los apropiadores de niños les han dicho a lo sumo a esas personas que son hijos adoptivos, bebés que ellos sí aman, en reemplazo de madres que los abandonaron. Desde el punto de vista de ese tipo de víctima, el hijo abandonado, ser hijo de un desaparecido es una enorme descarga de angustia. Es constatar que no hubo abandono. No son hijos biológicos de una madre que eligió seguir su vida sin ellos, sino que fueron bebés arrebatados de las manos de sus madres. Sus madres no siguieron sus vidas, no formaron otras familias, no tuvieron otros hijos. Fueron asesinadas.

Lo innombrable del abandono es el desamor. Cualquiera que haya sido abandonado en una circunstancia amorosa sabe que lo anímicamente intragable del abandono es el desamor. Una de las razones que siempre esgrimieron las Abuelas como motores de su búsqueda es hacerles saber a sus nietos que fueron bebés muy deseados y amados por sus padres y sus familias. Quieren hacerles saber algo que puede curarles un trauma y sanarles la vida.

Cuando esos bebés llegaron a la adolescencia, cuando pudieron hacer lo que un niño pequeño no puede, muchos hijos adoptivos fueron por sí mismos a la sede de Abuelas. Querían saber si eran hijos de desaparecidos. Buscaban su identidad, pero también buscaban, probablemente, ese consuelo terrible: no haber sido bebés abandonados, sino víctimas de crímenes políticos. Esto no tiene nada de ideológico, en principio. Se trata más bien de distintas dimensiones del amor y el desamor. Nuestras vidas penden de esas nociones. Nuestros dolores y pasiones nacen allí, a la sombra de cómo fuimos o no fuimos amados.

La idea que tenemos del amor, eso que reconocemos en los otros y en nosotros mismos como amor, no puede germinar en la mentira, sólo en la libertad. Nadie puede obligarnos a amar. No podemos tampoco obligarnos a nosotros mismos a hacerlo. Es un sentimiento que está fuera de nuestro control, que aparece y también desaparece, pero que suponemos sólo posible entre criaturas libres. Cuando la mentira atraviesa la circunstancia amorosa, no hay amor. Hay manipulación.

La manipulación en el amor, sin embargo, no es cosa extraña. El mercado Vero Peso, en la desembocadura del Amazonas, es enorme y extraordinario. Hay interminables filas de puestos que venden los mangos más grandes del mundo, pescados de diseños exóticos, instrumentos musicales de madera maciza. Allí hay un sector de hechiceras que vende frasquitos de esencias y aceites para curar la salud y para recuperar o afirmar el amor. Esas mujeres de etnias amazónicas la agarran a una de la pollera cuando pasa, le ofrecen felicidad. Un embrujo no es otra cosa que manipulación. O simulación.

Traje de allí un pequeño volante que no es indígena, es afro. "Mae Triana Cartomante Exotérica" se llama la mujer vidente. Promete traer a la persona amada rápido, "amarrada a tus pies". El amarre es un tópico de la hechicería. Hay brujas urbanas en todo el mundo especializadas en amarres. Los amarres pretenden reemplazar al amor por fascinación. Ese es un truco posmoderno. Una prestidigitación tecnológica que hace llamar amistad a lo que pasa en Facebook. Es un atajo virtual para el atajo que siempre en todas las culturas se buscó: tomar por amor un sentimiento sintético que no se regocija en el bienestar del ser amado, sino en la propia necesidad de conexión.

A fin de año la palabra "amor" se multiplica. Son palabras. Las palabras tienen la particularidad de ser nada menos y nada más que palabras. Pueden ser decisivas o intrascendentes, pueden estar llenas o vacías.

Venimos terminando un año en el que las palabras fueron aligeradas, violentadas, subvertidas por el establishment. Se llegó a tal extremo que tuvimos que escuchar, como una reivindicación política de la mentira, que los hijos de Ernestina Herrera de Noble son nuestros hijos. Llama muy poco la atención que la lucha de las Abuelas sea cuestionada desde sectores golpistas que participan del juego democrático justo cuando esa lucha roza a una mujer muy poderosa. Cuando roza al poder. Eso pasa no inadvertido, sino no dicho.

Este año se puso en jaque a los derechos humanos. La primera en hacerlo fue Susana Giménez, entretenedora exquisita para la videopolítica. "Esa estupidez de los derechos humanos", dijo aunque quedó sonando la otra parte de la frase, "el que mata tiene que morir". Después se cuestionó a las Madres y a las Abuelas por la ley de ADN y se alzó nuevamente la frase hecha de que "los derechos humanos son sólo para los delincuentes", y no para las víctimas de "la inseguridad". Las coberturas políticas y policiales se entremezclaron. Abel Posse tuvo que renunciar, pero pasamos por el trance de tener unos días un ministro de Educación porteño que volvió a reivindicar el terrorismo de Estado. El huevo de la serpiente se instala en muchos nidos.

Nuestra veta fascista tiene sus dirigentes, pero tiene también muchos voceros en las calles, hombres o mujeres comunes y corrientes que de pronto se entreveran en conversaciones en las que piden matar a unos cuantos. La muerte es una de nuestras tradiciones. Una pulsión argentina que se regodea en soluciones finales. Matarlos a todos es una ilusión degenerada.

Hubo una época bastante reciente en la que los mataron. A todos los que pudieron. Hubo uno o dos años, durante y después del Juicio a las Juntas, en los que el horror sacudía las almas. Habían hecho cosas como tirar a la gente viva de los aviones o como asesinarla y robarse a sus hijos. Eso no es de izquierda ni de derecha. A veces uno se pregunta, en este país jodido, si acaso es de izquierda o peronista haberse quedado atravesado por la decisión de "nunca más". Este año, uno ha tenido la sensación de que si apareciera un liderazgo bestial, tendría sus bases en esa gente que tiene mucho y no quiere perderlo, o en los que tienen muy poco, quizá un freezer y un auto, o una casa propia y un plazo fijo en el banco, y sin embargo arengan la muerte de los que tienen menos que ellos.

Si se me permite, quisiera dedicar esta columna de fin de año a las Madres y a las Abuelas, por muchas razones. Pero entre ellas, la más firme y convencida es el agradecimiento por haber tramitado su dolor con lucha, y no con venganza. Por haber pedido siempre justicia, y haberse avenido a la mala, la poca, la lenta justicia que obtuvieron. Por haber estado dispuestas siempre a ofrecer a sus victimarios las garantías que sus hijos y sus nietos no tuvieron. Porque a pesar de sus diferencias y de sus líneas internas, siempre todas se pararon allí, en ese escalón que separa la civilización de la barbarie. Y porque en este país que aún conserva su horrible pulsión hacia la muerte, ellas la saltaron, se sobrepusieron, la reciclaron, la gestionaron hacia la vida. Porque son parte de lo mejor que somos, y somos peores si lo olvidamos.

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Agrogarcas, los chicos buenos de los medios de comunicación. Los desplazados de la soja.

Se multiplican los desalojos de pequeños productores
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Los casos de pequeños campesinos que se ven forzados a dejar las tierras donde viven y trabajan desde hace décadas son cada vez más numerosos. Gianfranco Macri y otros grandes empresarios son protagonistas de expulsiones de estos días.

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Sebastián Premici

Son historias personales y colectivas que se repiten en diferentes puntos del país. Modus operandi reiterados que se multiplican con las declaraciones en primera persona de los afectados y en los escritos judiciales: primero los campesinos son engañados para firmar documentos que supuestamente los benefician, luego llega la intimación para abandonar sus tierras, después la presencia policial para concretar el desalojo y un sistema judicial que se convierte en "la herramienta más sofisticada del modelo de los agronegocios", como denunció el abogado Ramiro Fresneda, integrante del Movimiento Campesino de Córdoba. Son historias comunes que afectan a campesinos y habitantes originarios de Salta, Formosa, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe –la lista continúa– que pasan sus días entre la cría de animales, la cosecha de vegetales, granos y la lucha por no ser desplazados.

Mientras tanto, el campo visible, el de la Mesa de Enlace, mira para otro lado y defiende sus intereses. Detrás de su silencio, se amparan el empresario Gianfranco Macri, la empresa Madera Dura del Norte, el empresario Jorge Bellsolar Ferrer, los dirigentes Edgardo y Juan Carlos Scaramuzza (Federación Agraria) y Ricardo Buryaile (CRA), diputado electo por el radicalismo.

A continuación, algunas de las historias que hacen visible lo que muchos se empeñan en ocultar.



Un hermano ejemplar


En el departamento de Rivadavia, en la provincia de Salta, el empresario Gianfranco Macri, hermano del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, quiere desalojar a varias familias campesinas. Hace seis meses comenzó el juicio que sentó en el banquillo de los acusados a la familia Garnica, que ocupa 170 hectáreas; la familia Ruiz, con 500 hectáreas, y la familia Cardozo, con 700 hectáreas. Gianfranco Macri dice que compró 15.000 hectáreas en 2006, dentro de las cuales viven estos campesinos.

"Los pequeños productores piden que se les reconozca el derecho principal que tienen, que es la posesión de esas tierras por haber vivido y trabajado allí toda su vida desde hace varias generaciones. Desde que comenzó el juicio, los pobladores no comen ni duermen tranquilos. Ellos reclaman el derecho de posesión y, si después se tienen que sentar a negociar cuántas hectáreas le corresponde a cada uno, no tienen problema. Lo que ellos reclaman no es ni el 10 por ciento del total que dice tener Gianfranco Macri", aseveró a este diario Rebecca Russo, abogada de la Organización de Pequeños Productores del Chaco Salteño, entidad que cuenta con el apoyo de la Federación Agraria. Según los campesinos de la zona, el objetivo de Macri es la producción de soja y la cría intensiva de ganado en feedlots.

En octubre de 2007, el Foro Provincial de Agricultura Familiar le hizo firmar a Juan Manuel Urtubey un acta donde el entonces diputado y ahora gobernador se comprometía a impulsar un Plan Estratégico para el Desarrollo Rural, que en su primer punto se fijaba la regularización de la tenencia de la tierra a los pobladores rurales. A dos años de esa acta acuerdo, el juicio a los campesinos continúa. Por otro lado, las comunidades indígenas (wichí) también siguen esperando la regularización de sus tierras (ley 26.160/06).

En agosto pasado, los wichí hicieron una presentación ante la Corte Suprema reclamando sus derechos. La Defensoría del Pueblo, por su parte, hizo una visita a la zona de Embarcación, donde viven 25.000 personas, rodeados por 10 comunidades indígenas, que están a la vera de las rutas 34, 53 y 81, esperando, pacientes, una respuesta oficial.



Poder político y empresario


"En Formosa hay una connivencia entre los intendentes y los representantes de la Mesa de Enlace. El intendente de General Belgrano, Amado Bobadilla (FpV) –que ahora está distanciado de las entidades agropecuarias–, nunca intervino a favor de los campesinos. No existe ninguna experiencia de intendentes, al menos en la zona, que hayan jugado a favor de los campesinos", denunció ante este diario Benigno López, dirigente del Movimiento de Campesinos de Formosa (Mocafor).


En esta provincia hay dos casos emblemáticos. Uno ocurre en General Belgrano, donde Ricardo Buryaile, dirigente patronal de CRA y empresario millonario –según sus propios compañeros federados de la Mesa de Enlace–, impulsó el desalojo de diez familias de un campo de 38 hectáreas, donde viven campesinos de entre 20 y 80 años.


El otro caso emblemático ocurre en el municipio de Ingeniero Juárez, departamento de Matacos, en una finca que se llama La Florencia, de aproximadamente 60.000 hectáreas, adonde viven más de cien familias de criollos e indígenas. Los campesinos, que se dedican a la cría de ganado, cabras, porcinos, entre otros animales, son perseguidos por el empresario Jorge Bellsolar Ferrer quien, a través de su empresa Sociedad de Parques SRL, busca desalojar a esos productores para expandir la frontera agrícola.


Benigno López denunció en reiteradas oportunidades la connivencia entre Ferrer, el intendente de Ingeniero Juárez, Cristino Vidal Mendoza, y la policía local, dirigida por el oficial Pablo Sosa. "Ferrer expulsa a los campesinos y vende las tierras a precios internacionales. Hace dos años comenzó a reclamar formalmente por las hectáreas de La Florencia. Antes de eso se presentaba como alguien que quería ayudar a los campesinos, les hacía firmar papeles con la excusa de que conseguiría subsidios y así se fue haciendo de un manto legal, pero ilegítimo, para reclamar algo que no le corresponde", indicó López. En Formosa hay 3 millones de hectáreas en situación de conflicto.



Modus operandi



Según un informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación (2006), desde hace años los habitantes de Sol de Mayo, departamento de Alberdi (Santiago del Estero), resisten las presiones de la empresa Madera Dura del Norte, compañía que aduce poseer títulos sobre unas 156.000 hectáreas. Una investigación de la Defensoría (345/06) describe un modus operandi que se repite en los diferentes testimonios recogidos por este diario. Según la denuncia de los vecinos de la zona, en varias oportunidades hubo intentos de desalojo, con represión policial, disparos con balas de gomas, donde actuaron tanto fuerzas de seguridad nacionales como el Grupo Especial de Táctica Operacional de Alto Riesgo, división especial de la policía de la provincia de Santiago del Estero.

Dentro de las hectáreas detentadas por Madera Dura del Norte S.A. viven más de 1500 familias campesinas, hay postas sanitarias, destacamentos policiales y un cementerio. "A pesar de las reiteradas denuncias, desde el Juzgado de Monte Quemado se reclutan policías y supuestamente gendarmes para custodiar a parapoliciales y las topadoras, de la empresa Desmontes Londero, que ya desmontaron más de 15.000 hectáreas. El reclamo unánime de la población de las regiones visitadas es que el sistema judicial de la provincia actuaría sistemáticamente en favor de los empresarios. A ello se agrega la gran dificultad de los campesinos para acceder a la Justicia", concluye el citado informe.


Federación Agraria y dos desalojos


Ramona Bustamante, de 83 años, vive desde que nació en un campo ubicado en el paraje Las Maravillas, a veinte kilómetros de la localidad de Sebastián Elcano, en el norte cordobés. Por ser hija extramatrimonial, sus hermanastras, tras la muerte de su padre, vendieron el campo de 230 hectáreas donde vivía. Esto fue en 1984. Tras la venta, el campo pasó por varias manos hasta caer en posesión de los hermanos Edgardo y Juan Carlos Scaramuzza, quienes le hicieron firmar a Ramona un convenio de desocupación.

Ramona firmó bajo la creencia de que los reclamos judiciales terminarían. Pero no fue así. En 2003 fue desalojada, pero logró volver a su campo. La Justicia insistió, y en 2004 la volvieron a desalojar. Los hermanos Scaramuzza, que fueron acusados de fraude pero rápidamente sobreseídos, son dirigentes de la Federación Agraria de Oncativo. Según indicó a este diario un dirigente de la entidad, cuando se conoció el hecho se recomendó su expulsión, pero quedó en la nada.



La lucha del granito rojo


José Luis Godoy, de 43 años, enfrentará el próximo lunes junto a su hermana Alcira la sentencia por un juicio en el que están imputados como usurpadores de un predio de 26 hectáreas, ubicado dentro del campo donde su familia vive desde hace más de sesenta años. Un productor y empresario local, de nombre Víctor Manuel Gómez, les reclama esas hectáreas ya que detenta unas canteras de Granito Rojo Príncipe, recurso natural de alto valor económico.

"Hace más de sesenta años que vivimos en la comunidad Represa Morales, a 10 kilómetros de Villa de Soto (Córdoba). No tenemos luz eléctrica, tomamos agua del mismo pozo que nuestros abuelos. Fuimos a la escuela rural a tres cuadras de casa. Esta es nuestra vida, criamos cabras, chanchos, ovejas, es un campo tirando a árido, de 400 hectáreas. Hace muchos años, un tal Víctor Manuel 'Maruco' Gómez llegó a la zona diciendo que era dueño de los campos. El tipo decía que mi padre le había firmado un papel cediendo las 26 hectáreas donde está el granito rojo. El abogado de mi padre en ese momento era Aristóbulo Gutiérrez, después resultó que se asoció con Gómez para estafarnos. Los dos se juntaron para desalojarnos", relata.

"Gómez también dice que mi padre le cedió 200 hectáreas del campo. En 2003 comenzó el juicio por usurpación y lo perdimos. Fuimos a Casación en febrero de 2009. Ahora parece que podemos ir a la cárcel. Este empresario es un matón que se va ganando el miedo de los vecinos matando animales y negando el acceso al agua; amenaza a las mujeres cuando los hombres trabajan en el monte. Todo lo que quiere son las canteras."

Hay parámetros generales que se dan tanto en Santiago del Estero, Catamarca, Salta o Córdoba, que es ver a la tierra como mercancía o como parte de un negocio para pocos, donde se propicia la expulsión de campesinos. "El sistema judicial resulta ser la herramienta más sofisticada del modelo de los agronegocios. El Poder Judicial, que debería servir para equiparar la desigualdad natural, termina favoreciendo a los más poderosos. De un lado quedan los impulsores de los agronegocios, con la soja a la cabeza y la especulación inmobiliaria. Del lado de enfrente, están los agricultores familiares", concluyó el abogado Ramiro Fresneda, integrante del Movimiento Campesino de Córdoba.

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Jugá limpio

Sandra Russo

Es miércoles. El televisor está encendido en el otro cuarto. Escribo escuchando entrecortadamente las voces de las víctimas de "la inseguridad", que se juntaron en el Congreso. TN. Acabo de llegar desde la otra marcha, la que organizaron algunos movimientos sociales contra los dos años de gestión de Mauricio Macri. Me senté en un bar de Avenida de Mayo y vi a algunos turistas sentarse a tomar licuados, preparándose para "ver pasar piqueteros".

Pasaron, pero había una composición social mucho más abierta y constante: pasó el paisaje del pueblo más profundo, de los que están debajo de todo. Lo que en la pirámide es la base. Caras ajadas, bocas sin dientes, muchas mujeres con sus bebés, los que juntan entre tres los cuatro pesos que cuesta la Pepsi. Sus rasgos y su pobreza son la prueba del nunca admitido racismo de este país.

En las dos marchas hay malestar. Pero se diferencian en que a una fueron todos los medios, y a la otra dos o tres. Y también se diferencian cuando esos medios transmiten al público, a través de palabras, sobre todo adjetivos, y también de imágenes editadas, qué pasó en cada una. Ya es de noche y sigo escuchando las voces destempladas de las víctimas de "la inseguridad".

Mañana saldrá publicada en La Nación la nota de Abel Posse que erizará incluso a periodistas que acompañan azorados pero con condescendencia las profecías de lesa humanidad de Carrió. Mañana Abel Posse, el hombre que escribió un libro contando el suicidio de su hijo y que logró al hacerlo, como declaró, "no sentir nada", perforará la membrana que aún late, viva, en la decencia de miles que entre sí no se ponen de acuerdo. Asqueará a esos sectores que aún guardan para sí el recuerdo de los asesinados en la dictadura. Mañana Posse le revolverá las tripas a esa gente, hablando desde sus tinieblas. Mañana este nuevo "error" de Macri confesará, en su gélida voz, en su extravío repugnante, que "la inseguridad" se debe a que gobiernan los Montoneros, clamará por la restauración del orden y en lo más raso de su confesión amparará con sus argumentos un genocidio.

Posse será, en su aspecto más venal, quien ponga de manifiesto, de una vez, que "la inseguridad" es una trampa de la derecha, y que tenemos una derecha radicalizada en puerta. Hasta dónde el discurso mediático acompañará esta obscenidad fascistoide cada día más explícita depende ahora más que nunca de hacer reaccionar el resorte de cualquier progresismo. Si no se pueden superar los matices, los resentimientos y los egos para frenar esta embestida, el progresismo estará ante la peor derrota simbólica y política conocida. Seremos un país de esa derecha que como Posse, desde un pozo intelectual y moral, pasan de largo por las metodologías aberrantes que se emplearon en la masacre.

"La inseguridad" lleva comillas, ya lo he comentado en alguna nota vieja, porque designa a una construcción de sentido que mucha gente ha internalizado como algo que de verdad sucede. Lo que sucede es el delito. "La inseguridad" designa mucho más que delito. Sobre todo, más que delito, significa zozobra, impaciencia, terror, abyección. Y antikirchnerismo, claro. De hecho, están ocurriendo algunos hechos que se alzan con todos los sentimientos irascibles que despierta "la inseguridad". No pueden a uno menos que llamarle la atención los tres casos de mujeres acribilladas en sus autos, sin motivo aparente, y ahora el regreso del salvajismo contra los colectiveros. Casi se diría que los hechos que ocurren conllevan un plus de repetición y sadismo que es casi una puesta en escena de "la inseguridad". ¿Alguien irá al fondo de cada investigación? Debería. Sobre todo porque la sucesión de acontecimientos es tan vertiginosa, que todo se abre y nada se cierra.

Uno no subestima en absoluto el dolor y el desgarro que implica la muerte violenta de un ser querido. Todo lo contrario. Porque es una situación límite inenarrable, porque es un estado de hundimiento en la pérdida que no es transferible, uno termina detestando todavía más "la inseguridad". Porque una cosa es el delito, que debe ser obviamente investigado y penado; una cosa es la política de seguridad bonaerense, que sólo se explica con Scioli, y otra cosa es convertir esos estados de emoción violenta en alegatos que sirven para articular un discurso político. La televisión no se detiene ni un instante ante el abismo de quien acaba de perder a alguien de su familia o a su familia entera, como le sucedió a la mamá de Gabriela Pomar. Lo más bajo del recurso político mediático hace base en esos momentos personales de sombra.

"La inseguridad" es alimentada por chacales que saben que pueden sacar rédito de los máximos dolores. Se entrecorta pero se escucha, desde el otro cuarto, la voz de un padre riojano que nunca pudo cerrar la herida que le dejó el asesinato de su hija. "La voz de los que piden justicia", remata la conductora. Con la comunicación pasa algo bastante parecido a lo que dice Barthes que pasa con la lengua.

Hablamos en este caso el idioma español, pero no lo dominamos. La lengua nos domina a nosotros. "No es de izquierda ni de derecha; la lengua es fascista", dice Barthes. Y el aspecto más fascista de la lengua no es "lo que impide decir, sino lo que obliga a decir". Los grandes medios tienen un funcionamiento parecido. Ahora, que directamente hacen política, ese mecanismo se exhibe descarnado. Por eso conviene evitarlos si no se comparte la posición política de los grandes medios. Por eso cada vez más gente llama a la radio para contar que ha dejado de mirar televisión casi para cuidarse la salud. Por eso experimentamos, muchos, algo de siniestro en "el espejo", al decir de Dolina, que nos muestran los grandes medios.

Así no es la realidad que percibimos. Cuando a un niño una madre o un padre le niegan permanentemente sus propias percepciones de la realidad, lo inducen a la psicosis. La defensa es la barrera. La desconexión.

Mientras tanto, en la otra marcha, la de los pobres, se hablaba de otra inseguridad. Va sin comillas porque sobre ésta no hay ningún discurso dominante construido. La inseguridad que transmite el gobierno de Mauricio Macri en la ciudad. Habló la viuda del maestro Fuentealba, porque esa muerte llevó el sello de una política de seguridad que revive el espíritu del enemigo interno. Acá, si uno raspa, se ve la conexión de sentido entre "la inseguridad" y la vieja y temible Doctrina de la Seguridad Nacional. El asesor del entonces gobernador Sobisch era Eugenio Burzaco, el nuevo titular de la Policía Metropolitana. La derecha no tiene muchas variantes de perspectiva, sino límites variables. Pero desde la perspectiva de la derecha aquí y en todas partes, los pobres son en general objeto de misericordia religiosa y en particular una molestia que hay que erradicar no importa cómo.

Mientras tanto. Mauricio Macri sigue gozando del amparo de los grandes medios, que por ósmosis adaptan sus líneas editoriales a la derecha tilinga y salvaje de Macri, y a su versión pulsional, vomitada por Posse. La impunidad y la complicidad son tales, que hasta se da el gusto, Macri, de empapelar la ciudad con afiches que dicen "Jugá limpio". Un recurso retórico vecino a la perversión.

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Liliana Felipe

Dame un candidato. Barragán. Je



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