La conspiración
Daniel Mancuso
Daniel Mancuso 

Redrado: "Ellos creen que me matan, yo creo que se suicidan"
Frase de Bernardo Neustadt dirigida a la ex presidenta Isabel Perón cuando esta, prohibió su programa.
Sabemos lo que vino después.
Jorge Giles
Julio Cleto Cobos el radical que, acompañando a Cristina Fernández, fue elegido como miembro del Poder Ejecutivo Nacional para ocupar el cargo de vicepresidente; con su ineptitud y malas artes políticas subvierte las instituciones conspirando contra la calidad de la Democracia y sus instituciones.
M. Cristina Saborido
Orlando Barone
Francisco Adrián Pini
Eduardo AlivertiLa única diferencia con otrora es que no cuentan con el partido militar, que siempre les resolvió sus negocios a costa de golpes y terrorismo de Estado. Por el momento, tampoco cuentan con algún fantoche capaz de asegurarles conducción política firme. Pero están en eso. Los impulsan las virtudes populistas del kirchnerismo. Y los ayudan los errores y horrores del comando presidencial.
Para empezar por lo segundo: una cosa es que haya fallas de interpretación política, que las puede tener cualquiera, y otra, que en lugar de simples o hasta severas deficiencias de ese tipo ocurra, directamente, una enajenación de la realidad. Esto es lo que sucede, por ejemplo, cuando Cristina habla de un país donde el kilo de pan no llega a los 4 pesos. O cuando cita al salario mínimo como el más alto de la historia a valores comparativos, con un contexto de 40 por ciento de trabajadores en negro a los que el discurso oficialista no registra nunca. O cuando su esposo se pretende víctima de la "vieja política", en alusión al aparato del peronismo bonaerense que él eligió como aliado, sin ejercitar una mínima autocrítica. Cabe preguntarse si no hay nadie en el entorno kirchnerista que prevenga sobre estos papelones insondables; o si esa gente existe, pero lo único válido es el humor con que la pareja se despierta en Olivos. La tentación es adjudicar estos derrapes a problemas comunicacionales, que vaya si los hay, y muy ostensibles. Pero si se afina la lectura, habrá de concluirse en la obviedad de que la comunicación es efecto antes que causa. Los Kirchner, hoy, comunican no lo mejor sino lo peor de lo que son. Aquello que sirvió en la primera etapa de su gestión, para marcar la cancha desde una autoridad ejecutiva muy fuerte y necesarísima, siendo que partieron de poco más del 20 por ciento de votos en una Argentina desolada y desconfiada, se convirtió en el anverso. No, desde ya, porque se trate de presentar una imagen diluida. Todo lo contrario: la debilidad con que emergieron del 28 de junio impone actuar con un perfil audaz de relanzamiento del mando. Y menos que menos es cuestión de ceder a las extorsiones corporativas, porque eso sería sencillamente su fin ya mismo. No pasa por echar a Moreno, ni por ese Consejo de la Magistratura que no le importa a nadie, ni por caer vencidos ante presiones gauchócratas que redundarían en un desfinanciamiento gravísimo de las arcas públicas. Nada de lo que hagan en ese sentido alcanzará. Nada. Acaban de sufrir los primeros botones de muestra. Presentaron el proyecto para limitar los superpoderes del Ejecutivo, que fue casi la nave insignia de la perorata opositora, y ahora les dicen que el problema no es ése sino los decretos de necesidad y urgencia. Aumentaron el subsidio para los tamberos y les avisan que no es suficiente. Porque no quieren leche, quieren soja. Quieren todo el país tapizado de soja y los tambos son un obstáculo. De manera que no, no pasa por ahí. Pasa porque en lugar de fugar hacia adelante lo hacen para atrás. Se encierran en sí mismos. No convocan a los aliados naturales y potenciales, más que para diluirlos junto con la derecha en un escenario de "diálogo" protocolar que sólo se impuso para ganar tiempo. No concretan ni muchas ni algunas de las iniciativas reactivadoras que anunciaron, como el despegue de créditos para la vivienda o el fomento a las pymes. Sólo se sostienen, en términos de política salarial y paz social consecuente, con la efectivización (dato nada menor, claro) de las paritarias. Hay la sensación de que quieren mucho más subsistir que revivir, bien que no a como sea sino conservando rasgos de verba y accionar progresistas que, sin embargo, corren riesgo de dilución.
Buen momento para que sobrevengan unas preguntas retóricas. ¿Es por algo de todo esto y de sus adyacencias que se putea a los Kirchner? ¿Son la arrogancia de Cristina y las desmesuras estilísticas de su marido lo que irrita a campestres, medios, obispos y tilingos de la City, de barrio o de apellido compuesto? ¿Es Morenolandia lo que desata la furia de formadores de precios que los forman como más les place en la inflación real? ¿Así que ahora la derecha se preocupa por la independencia de los jueces? ¿Se estrechan los contactos entre Cobos y De Narváez porque los inquieta la salud republicana? El geométrico crecimiento de la fortuna del matrimonio, el avión y el barco usados por el ex secretario de Transporte, las andanzas con los empresarios amigos de juego y constructoras, ¿son lo que enardece a los opositores de negocios con el Estado, de prensa a su servicio, de traición a la fuerza que los incluyó en una fórmula presidencial? Qué extraordinario. Es tan notable, que hasta algunos de los propios partisanos agromediáticos tuvieron que ponerle paño tibio a lo sucedido la semana pasada en la "asamblea" de productores de la Rural, a pura ropa típica de tonos cuidadosamente opacos mientras sus mujeres recorrían el predio con sus botas tejanas de carpincho y sus sacones de zorro colorado canadiense. Igual que la puta montonera que nos gobierna con su glaciar y sus collares, dirán el cogotudaje y su coro de comadres y compadres de batón mental, pierden de vista que llorar la Biblia con el calefón no se trasunta de la misma manera. Gritaron, allí, en la Rural, en la sede del golpismo, que el campo no da más, que no hay que transar nada, que Martínez de Hoz se merece un monumento y que el agro tiene que conducir la "transición" hasta 2011. Fue tan un show de la patota sojera que, después, el tránsfuga de Buzzi y algún otro intentaron bajar un cambio, porque se percataron la imposibilidad de no coincidir con la descripción de lo ocurrido como el comunicado número uno de la Junta Militar.
Un Gobierno de palabras más encendidas que eficaces, pero con ciertos apliques ejecutivos de centroizquierda, ha desatado esta furia. Sólo con eso. Es el conjunto lo que no aguantan. Dentro de él hay ingredientes a los que ya están resignados, aunque nunca del todo. Las retenciones, el acomodo del dólar a valor de sus fauces, el retiro del Estado hacia un rincón de bobo contemplativo como no sea para proteger su seguridad a tiro limpio, son las aristas principales de una rabia de clase que tampoco digiere a los milicos en cana; los enfrentamientos con la Iglesia; el ¿todavía? intento de regular a los tiburones mediáticos; una política exterior alejada de la órbita del Imperio. Y jamás perdonarán la reestatización del sistema jubilatorio. Jamás.
Más vale que los K empiecen a articular un arco de alianzas amplio. Debería incluir con inteligencia a porciones del radicalismo que, por lo bajo y (más por lo bajo aún), conscientes de su histórica incapacidad para gobernar, andan asustados con lo que se viene si esta derecha, hoy sin más timón que la facción agraria y las corporaciones de prensa, encuentra un horizonte de liderazgo.
El general Douglas Fraser, jefe del Comando Sur, visitó Cartagena en medio de la polémica por la instalación de nuevas bases estadounidenses en suelo colombiano. Venezuela, Brasil, Ecuador, Chile y Nicaragua se manifestaron preocupados.El jefe del Comando Sur de Estados Unidos fue bienvenido en Colombia. El general Douglas Fraser llegó a Cartagena el fin de semana, en medio de la polémica por el anuncio de la instalación de más bases militares norteamericanas en este país, y tras el paso del canciller de Israel. Fraser se reunió con varios comandantes militares de Sur y Centroamérica y el sábado viajó a Bogotá, donde fue recibido por el comandante de las fuerzas militares colombianas, Fredy Padilla.
Venezuela, Brasil, Ecuador, Chile y Nicaragua, entretanto, expresaron su preocupación por lo que significa el aumento del pie de fuerza norteamericano en la región, y el apoyo de Colombia a la potencia mundial en materia militar. Hace dos semanas se supo que Bogotá y Washington negocian un acuerdo para que EE.UU. use tres o más bases aéreas colombianas, donde se instalarían 800 militares y 600 contratistas, hasta por diez años. Desde entonces, las molestias no paran. El primero en reclamar fue el Consejo de Estado nacional, a quien no se lo consultó, como indica la Constitución, ya que el Congreso estaba de vacaciones. El gobierno venezolano fue el siguiente en protestar. Para el presidente Hugo Chávez, las bases norteamericanas en su país vecino son una amenaza a su soberanía, y así lo repitió este fin de semana en su columna dominical "Las líneas de Chávez".
"Esta semana he conversado con varios jefes de Estado de nuestro continente, con el fin de alertarles acerca del peligro que representan las nuevas bases militares gringas para Venezuela. Es evidente que este será un tema central en la próxima reunión de la Unasur", escribió. Brasil, Chile y Nicaragua se sumaron a la lista de inquietos. El canciller brasileño, Celso Amorim, expresó que entiende "las preocupaciones" del país bolivariano y exigió a Colombia que presente "garantías formales" sobre el acuerdo que negocia con el país del Norte, según publicó ayer el diario Folha de Sao Paulo.
Con el nuevo acuerdo, Estados Unidos quedaría instalado en el norte, el occidente, el centro, el oriente y el sur del país, para, según alega Bogotá, solamente para apoyar la guerra contra el narcotráfico y la guerrilla. Pero otros países no lo ven así. "Lo que a Brasil le preocupa es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad parecen ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia", señaló Amorim. El jueves, el presidente de su país, Luiz Inácio Lula da Silva, y Michelle Bachelet, su colega chilena, pidieron una reunión del Consejo de Defensa Suramericano para analizar el acuerdo militar de manera paralela a la cumbre de Unasur. Esta se realizará el próximo 10 de agosto en Quito, Ecuador, pero Colombia no participará.
El tema del acuerdo Bogotá-Washington será el primero a tratar, como probablemente lo es en la agenda del general Fraser, que reemplazó en el cargo a James Stavridis, desde junio pasado. El itinerario del nuevo comandante estadounidense se manejó con absoluta reserva, pero se sabe que es el encargado directo de las operaciones que se iniciarían en Colombia, así como del retiro de sus tropas de la base militar de Manta, en Ecuador. A sus encuentros no se permitió la entrada de la prensa y no hubo declaraciones. Oculta también es la información sobre los avances del polémico acuerdo para que militares y aeronaves de Estados Unidos usen bases en Colombia. "En la región es importante tener transparencia y claridad, algo que tal vez faltó; por ejemplo, podemos tener garantías formales sobre cómo las bases serán usadas", precisó el canciller de Brasil.

Cristian CarrilloHace mucho que no se reunían todos juntos y consideraron un momento político adecuado para encontrarse. Como grupo de presión tuvieron su época de esplendor en la última mitad del gobierno de Raúl Alfonsín, en una instancia de turbulencias económicas. Durante la administración Menem no necesitaron convocarse porque comulgaban con la política económica. Y ahora volvieron porque consideran que el mundo empresario necesita una agenda de trabajo. Regresó el Grupo de los Siete (antes eran ocho) para marcar el terreno de juego de las corporaciones en su relación con el poder político. Representantes de las grandes industrias, banqueros y ruralistas se reunieron ayer con el objetivo de encarar una negociación coordinada con la administración kirchnerista.
La reunión del cónclave definido como el Grupo de los 7 tuvo lugar en la sede de la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba). Algunos de los participantes intentaron bajar el tono del encuentro, el primero en dos años. En un comunicado se detalló que el motivo del almuerzo responde a una tradición establecida para cambios de autoridades en alguna cámara patronal. Sin embargo, ciertos ejecutivos reconocieron que el encuentro sirvió para definir una agenda común de recuperación de lo que consideran "principios rectores" de la política que fueron abandonados en los últimos años. "Es parte del reclamo agropecuario que se hizo el año pasado, pero ahora que van por ellos (en referencia a la presencia de la Anses en directorios) convocan a una estrategia", reconoció el representante de una de las organizaciones presentes. Las partes prometieron verse más seguido.
Luego de la reunión sobrevino un fuerte hermetismo de parte de todos los participantes. Fue un almuerzo del que formaron parte el presidente de Adeba, Jorge Brito; de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi; el vice de Confederaciones Rurales, Néstor Roulet; de la Cámara Argentina de Comercio, Eduardo Eurnekian; de la Construcción, Carlos Wagner; de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, y de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez.
Las autoridades de Adeba emitieron un documento en el que se afirmaba que "estas reuniones son habituales y tienen por objeto intercambiar información de los distintos sectores sobre la marcha de la economía". Insistía también sobre la necesidad de darle "la bienvenida a Méndez como presidente de la UIA". Sin embargo, con la asunción de Biolcati al frente de la Sociedad Rural no hubo recibimientos. En octubre último intentaron un encuentro para despedir a Luciano Miguens de la Rural, pero se eligió el perfil bajo para que no sea leído como una crítica al Gobierno. "Esta es una situación y hasta un presidente distinto. Claramente es un gesto político", dijeron a Página/12 desde la entidad que conduce el empresario del sector plástico.
Hubo otro documento. Uno que no fue difundido. Fue consensuado entre los presentes y se pretende convertirlo en agenda y al que accedió este diario. "El encuentro tuvo una intencionalidad política mucho más clara de aquella que quieren hacer creer", señaló a este diario un colaborador cercano de uno de los directivos. Durante el almuerzo se acordaron reuniones periódicas y un agenda de trabajo para "la recuperación de los principios rectores que fueron olvidados y deben ser retomados en los actuales momentos de crisis". La enumeración coincide –y parece haber sido redactado– con los pedidos de los dirigentes del campo. Se habla de "republicanismo", en referencia a que los poderes del Estado funcionen de manera independiente y ágil, y mayor federalismo. También prevén avanzar en otro régimen de coparticipación para que exista financiamiento y recursos para el sector productivo en la región, y una "sociedad civil rica". La reunificación del sector patronal coincidió además con el malestar de algunos empresarios ante el ingreso del Estado en los directorios de aquellas firmas sobre las que tiene participación accionaria. En el encuentro también se debatieron temas como la inseguridad jurídica, la transparencia de las estadísticas oficiales, las trabas en el comercio de bienes y la caída en el nivel de actividad, de acuerdo con lo manifestado por los presentes.
Las entidades ruralistas estuvieron a sus anchas. "Durante el año pasado se interrumpieron varios almuerzos porque el sector empresario aseguraba que la agenda era distinta", explicó un directivo agropecuario. Cuando se definió el lockout del campo las otras entidades empresarias publicaron solicitadas para convocar al diálogo y a la pacificación. La presencia de Méndez, con definiciones fuertes hacia el Gobierno a muy pocas horas de asumir, aflojó a esos empresarios que empezaron a elevar el tono de sus reclamos. Aunque desde la Cámara de Comercio que conduce Carlos de la Vega pretenden no sumarse "al deporte de pegarle al Gobierno".

Los dirigentes de las entidades de productores agropecuarios reaccionaron despectivamente ante los anuncios realizados por el Gobierno, con el mismo tono que usaron durante el conflicto por la Resolución 125 de retenciones móviles. Ese conflicto lo ganaron, pero cuando hablan se victimizan como si lo hubieran perdido.
Durante ese largo conflicto, los representantes de los productores de la pampa húmeda se rasgaban las vestiduras aduciendo pérdidas insostenibles. Algo que no se compadecía con el espectáculo de gran prosperidad que cualquier visitante inocente podía y puede observar en los pueblos de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, muchos de los cuales, pocos años antes, parecían pueblos fantasma. Pero, si alguien les hacía notar esa contradicción, reaccionaban ofendidos: "¿Y qué, no tenemos derecho a ganar plata, eso es un delito?". Por supuesto que lo tienen, pero resultaba esencialmente deshonesto que utilizaran dos argumentos opuestos: o están pobres o están ganando plata.
Y si están ganando plata, también tienen derecho a querer ganar más. Pero la discusión es diferente. Si no, hay un planteo de mala fe, en el afán de convencer a la sociedad victimizándose. Porque hay muchos sectores, sobre todo desocupados y asalariados, que no fueron tan beneficiados como ellos en estos años de fuerte crecimiento de la economía y por ello tienen más derecho a esa misma aspiración.
Pero los planteos de las entidades rurales ya no tienen la forma de un diálogo o una negociación a partir de sus reivindicaciones, sino que se parece más a un planteo político de desgaste del Gobierno y siempre sobre el malentendido original. La aspiración de fondo de las entidades es que no haya ningún tipo de retenciones. Es el punto que los unifica en un esquema que no diferencia entre pequeños, medianos y grandes productores, ni en el tipo de producción ni en la región.
Es un planteo de máxima que no admite negociación y que, por lo tanto, busca, ya de manera abierta, un lugar en la puja de poder político entre oficialismo y oposición sobre el convencimiento de que este gobierno no accederá a ese reclamo.
Entonces esta confrontación de intereses, que es natural, se convierte en un intercambio de significados equívocos entre el Gobierno, las entidades ruralistas y el bloque opositor que las respalda en forma acrítica. Se está discutiendo de política sin blanquearlo y se está disputando una renta sin decirlo. El Gobierno fue la primera víctima de esos malentendidos cuando se produjo el conflicto. Pero también les sucede ahora a las entidades rurales, que se han quejado tanto de que estaban agonizando sin que ello sucediera, que todo lo que digan es tomado con pinzas, sobre todo en el primer tramo de una crisis mundial que nadie sabe en qué va a terminar.
La crisis instaló un clima de expectativa, de cautela y cierto temor. Pero los precios de los granos bajaron a valores normales porque el capital que especulaba en los mercados a futuro se retiró, no porque haya una baja en la demanda. Por lo tanto, a pesar de las advertencias apocalípticas de los centros financieros de siempre, no está previsto que las commodities bajen más, sino que incluso es probable que aumenten cuando los grandes compradores sostengan sus pedidos en los mercados. Por lo menos China ya anunció que lo hará. No hay un horizonte particularmente difícil para este sector, como sí les puede suceder a las exportaciones de manufacturas. En este contexto les será más difícil a las entidades rurales que la sociedad acepte medidas drásticas como las que realizaron durante el conflicto o que la problemática rural vuelva a ocupar el centro.
Sin embargo, como está planteado, este duelo entre el Gobierno y las entidades rurales se prolongará durante toda la gestión de Cristina Fernández. Pero en este momento de crisis, sus reclamos llevados al paroxismo del conflicto pasado pueden poner en riesgo la suerte de la industria y de otros sectores de la economía. Es un arma de doble filo: les da la fuerza de romper todo, pero también corren el riesgo de poner a todo el país en su contra.
Eduardo Aliverti Sí, el primer sentido de estas líneas es un profundo agradecimiento al amigazo Eduardo Buzzi. Pero el fin no es ése, sino valerse de eso para llamar la atención sobre ciertas opiniones y acciones circulantes.
El presidente de la Federación Agraria produjo uno de los sinceramientos más felizmente brutales de que se tenga registro público. Dijo que "la consigna es desgastar a este Gobierno", y no hay ninguna posibilidad de que no haya medido que lo dicho no trascendería. Lo aseveró en una reunión de productores agropecuarios con cobertura periodística. Dijo "desgastar", dijo "erosionar", dijo "virulencia". ¿Por qué lo dijo? Porque sabe que tiene que aglutinar la furia de los rentistas rurales pequeños y medianos, so pena de que éstos terminen por no entender cuál fue el negocio de haberse aliado a lo peor de lo peor de la derecha campestre si es que, derrotada la dichosa Resolución 125, acabaron como pato de la boda. Lo reconoció porque, de toda otra manera, sus bases quedarían sin horizonte de lucha donde volcar su resentimiento. La Rural y Cía. ya los usaron de preservativo, los que se jodieron son ellos, el diablo nunca paga bien y entonces Buzzi sale a doblar la apuesta para conservar consenso. Sin embargo, así la razón no fuese ésa y se tratase de cualquier otra, ¿Buzzi dijo algo que no supiesen los que defendieron y se plegaron a la lucha del "campo"? ¿Qué es lo que tanto molesta de su confesión, como no sea el haber reconocido que el objetivo último de la guerra gaucha era imponer condiciones desde una alianza social de derecha? ¿Qué tiene de malo reconocerlo? ¿Que "desgastar" es asociable a "golpismo"? ¿Y qué suponían que era asociarse para defender intereses individuales y de sector contra la intervención del Estado en la economía, por muy sospechoso que fuere para qué quiere intervenir el kirchnerismo? El golpismo ya no adquiere formas militares, pero la política siempre significa vencer al otro en la administración de los conflictos. Buzzi lo verbalizó, lo despejó. Puso negro sobre blanco de qué se trata: derrotar al Gobierno porque afecta sus negocios y la negociación ya no tiene sentido porque al Gobierno no le importa. Esto último podrá estar bien o mal y puede deberse a la convicción oficialista o a que es una gestión de improvisados que resuelve qué hace sobre la marcha; pero lo cierto es que hay una parte que no oculta dónde se para y hay otra que, hasta la "confidencia" de Buzzi, decía que su batalla era por la defensa de la Patria. Y aparece Buzzi y dice no. Dice que es la defensa de ellos, que enfrente hay alguien a quien doblegar y que para someterlo es necesario ratificar el acuerdo con quienes sean, no importa la historia y el olor que desprendan. Qué horror, se espantan sus aliados y simpatizantes sectoriales, políticos y periodísticos. Con todo lo que vivió este país, hablar de "desgastar" a un gobierno constitucional. ¿Se dan cuenta ahora, y no cuando estaban en cadena nacional con un coro uniforme contra la tiranía?
La hipocresía de esa razón tiene su espejo gemelo frente al debate por la reestatización del sistema jubilatorio. El proyecto del Gobierno es o puede ser todo lo desconfiable que se quiera. Hay necesidad de caja para afrontar los vencimientos de deuda; no es un tema que figurase en agenda; lo sacaron de la noche a la mañana en forma desprolija, como casi todas las decisiones que encaran; debieron aceptar varios cambios porque los controles del destino recaudatorio más bien se parecían a un relajo. Pero nadie, con seriedad y honestidad intelectual, puede oponerse a liquidar el más bochornoso de los negociados que dejaron los '90. Y tanto es así que algunos de los periodistas y comunicadores, de la derecha más modosita, se animaron a inquirir a referentes de la oposición acerca de si sus sospechas sobre la iniciativa oficial implican defender a las AFJP. Ninguno sabe qué contestar. Se enredan en explicaciones con principio pero sin final, arguyen que es una confiscación de ahorros y reclaman por un gran debate. O sea, la nada misma. No se animan a asumir que defienden el régimen de "capitalización" (curiosa palabra, en tanto sus adherentes no hacen más que descapitalizarse de modo progresivo), porque saben que hacerlo es política y técnicamente impresentable. El camino que les queda, en consecuencia, es aprovechar la circunstancia para reagrupar fuerzas a partir de las suspicacias que despierta el proyecto kirchnerista; y desde ahí, intentar la reactivación de lo que Buzzi admitió como meta: desgastar, erosionar. No será precisamente un periodista como el firmante quien vaya a cuestionar que detrás de cada determinación política subyace un posicionamiento ideológico, por acción u omisión. Pero si como juego de razonamiento pudiera aceptarse, con carácter denostador, que detrás de la reestatización jubilatoria hay intereses de construcción de poder que van más allá de la defensa de los fondos previsionales, ¿qué cabe decir de Alfredo De Angeli, Juan Carlos Blumberg & Asociados, el rabino Sergio Bergman y la Corriente Clasista y Combativa, entre muchos otros, sumados a la militancia activa contra el proyecto oficial? ¿Cómo es esa lógica? ¿En un caso hay ideología, en su acepción de ideologismo perverso? ¿Y en el otro hay ciudadanos intachables provenientes de las más variadas esferas, con la sola pretensión de oponerse a un saqueo del Estado?
En el mismo sentido, la marcha de los "pañuelos negros" frente a la residencia presidencial de Olivos, por parte de víctimas de delitos urbanos, cuenta también con el concurso de quienes se enfrentan a las retenciones agropecuarias y al cambio del sistema de jubilaciones. ¿Alguien le pregunta a De Angeli qué cuernos hace en una manifestación de víctimas de la inseguridad, en la que además participa como organizador? No. ¿Está mal que organice y participe? No, está perfecto: es un actor político en legítima función de desgastar a su oponente. ¿Alguien le pregunta a un rabino qué hace jugando un papel público contra la vuelta de las jubilaciones al Estado? No, y se copia la secuencia de respuesta anterior. Lo que resulta vomitivo es el cinismo de disfrazar esa tarea de opositor activo bajo el antifaz de la mera indignación como "simple ciudadano". Lo que no se aguanta es que quieran ignorar como si tal cosa el subtexto de convocar, en la Argentina, a una marcha con pañuelos que no sean blancos. La producción de sentido que eso significa. El proyecto político que eso quiere decir.
Así que gracias, Buzzi. Un millón de infinitas gracias por contribuir a dejar bien claro desde dónde se habla y se hace, y con quiénes. Nadie ha pasado tan en limpio cuáles son las alianzas sociales que están hoy en juego en este país.
Manuel Freytas

Cosas que pasan