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NO TE OLVIDES DE JORGE JULIO LÓPEZ ~~~~ ¿TE ACORDÁS DE LOURDES DI NATALE?NO TE OLVIDES DE LA IV FLOTA, LAS BASES MILITARES EN COLOMBIA, EL GOLPE EN HONDURAS
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Por la paz y el medio ambiente

Batería de acciones
.El Foro Social Mundial (FSM) concluyó con una convocatoria a protestas globales contra la guerra y en defensa del medio ambiente. En el acto de clausura, celebrado ayer en un campo de fútbol convertido en un pantano por una tormenta tropical, los activistas reclamaron por medidas que modifiquen el sistema capitalista mundial y pidiendo principalmente el desmantelamiento del sistema financiero para acabar con la crisis actual.
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La cumbre del movimiento contra la globalización propuso una batería de acciones de carácter urgente para contener la crisis actual del capitalismo. "Son los ricos los que tienen que pagar los platos rotos, y no los pobres", aseguraron los asistentes. Entre las ideas que se consensuaron figura el desmantelamiento de las instituciones de Bre-tton Woods, es decir, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), considerados pilares del actual sistema financiero. También se demandó un compromiso global para acabar con los paraísos fiscales y la creación de un mecanismo mundial para el control de los mercados financieros, que regule efectivamente los flujos de capital. Además se impuso una condición necesaria para la nueva arquitectura financiera global: excluir al dólar como moneda de referencia. Asimismo se exigió que las materias primas sean excluidas de los mercados de valores para acabar con la especulación y la creación de fondos regionales de reservas.

En el terreno ambiental se propuso crear tasas internacionales para financiar la preservación de lo que llamaron bienes públicos mundiales, entre los que citaron expresamente a la Amazonia.

En cuanto a la política, todos los presentes coincidieron en solicitar una reforma inmediata de las Naciones Unidas (ONU), por considerar que su funcionamiento, en especial el de su Consejo de Seguridad, no es democrático. A su vez, los manifestantes antiglobalización condenaron a Israel por lo que calificaron de "genocidio" en la Franja de Gaza y anunciaron su determinación de llevar a funcionarios y militares israelíes ante la Justicia internacional, por lo que identificaron en sus documentos como "crímenes de guerra".

Por otra parte pidieron terminar con la OTAN, exigieron el desmantelamiento de los arsenales nucleares y también de las bases militares en suelo extranjero, entre las que citaron la de EE.UU. en Manta (Ecuador), y la devolución de la península de Guantánamo a Cuba.

Durante la clausura fue anunciado un calendario de protestas globales, que tendrá su epicentro entre los días 28 de marzo y 4 de abril próximos, semana en la que se manifestará contra la guerra y el capitalismo, y que incluirá un Día de Solidaridad con Palestina, el 30 de marzo. Asimismo, habrá manifestaciones en el encuentro del G-20 que se realizará en Londres el 2 de abril, ante la Cumbre de las Américas del 17 al 19 abril en Trinidad Tobago, en la cita anual del G-8, a celebrarse en Italia en junio, y en la reunión de la ONU sobre el clima, prevista para diciembre en Dinamarca. El 12 de octubre, según la Asamblea de los Movimientos Sociales, será convocada una gran movilización en defensa de la Madre Tierra y los derechos de los indígenas.

Según los organizadores, la novena edición del FSM contó con 133 mil activistas y un total de 5808 movimientos sociales de 142 países de todos los continentes. La enorme mayoría de esos movimientos (4193) fue de naciones sudamericanas, mientras que 491 grupos llegaron desde Europa y otros 489 de Africa.

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Foro Social Mundial

Globalizemos la esperanza

El balance del octavo Foro Social Mundial que culminó ayer tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta. La crisis global, oportunidad inesperada para encauzar las luchas populares. La educación y la organización. El trabajo por delante.

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Sandra Russo

Otro mundo es posible y ese otro mundo ya asomó la cabeza por la vulva afiebrada de este planeta que puja que sobrevivir. En ese otro mundo neonato, incubado durante décadas en las entrañas de América latina, esto es, en la oscuridad de sus masas, en la organización de sus hijos más débiles, habrá que repeler las frases hechas aunque vengan del vocabulario de la izquierda. ¿Cómo separar lo importante de lo anecdótico? ¿Cómo evitar que las recetas, los manuales, las fórmulas empañen el camino que debe abrir cada pueblo? El balance de este octavo Foro Social Mundial (FSM) tiene algunas líneas claras y muchas señales de alerta que no son en absoluto menores. Las líneas claras, esbozadas de manera coincidente por los cinco presidentes de la región que participaron y por los participantes de miles de debates y paneles, rezan que el neoliberalismo fracasó, que dejó un mundo no sólo globalizado sino también terminal. Que la crisis global es una oportunidad inesperada y fabulosa para encauzar luchas que tienen historia, identidad, pueblo y principios detrás. Que la idea de Estados nacionales invisibles y políticamente serviles fue el felpudo en el que se limpió los zapatos el capital transnacional que ya se independizó de las respectivas burguesías. Que América latina no es un mero escenario exótico donde pueden desembarcar aún bienintencionadamente ideólogos del mundo central y poderosas organizaciones no gubernamentales para reemplazar con sus propuestas el diseño de una emancipación que debe estar a cargo de sus protagonistas reales. Y que para eso, hay dos palabras que deben ser mucho más que palabras repetidas, que deben ser el punto de partida para que esta vez América latina adquiera la forma que quieran darle los latinoamericanos: educación y organización.

Este octavo FSM fue acaso el más esperanzador de todos. "Globalicemos la esperanza", se grita por ahí. La esperanza es en efecto lo que alentó a miles y miles de movimientos sociales y organizaciones comunitarias para seguir trabajando día a día y sin descanso durante una larga década de corriente en contra. Pero ahora la corriente está a favor, y el otro grito, "el pueblo unido jamás será vencido", abre el primero de los interrogantes que deja este FSM: ni nuestros pueblos ni la izquierda en general se caracterizan por la unión o por su habilidad en encontrar consensos, sino por su inquietante fascinación por los matices. Ahí está el primero de los grandes desafíos que se abren: ser capaces de subordinar algunos criterios y objetivos en pos de los grandes consensos que permitan a la región ponerse en valor en el mundo merced a sus increíbles riquezas y recursos.

De los presidentes que participaron del FSM (nunca participó ninguno y esta vez fueron cinco), Evo Morales fue el que lo dijo mejor: "Si yo estoy en la presidencia de Bolivia, es gracias a ustedes, compañeros". Lo dijo ante los movimientos sociales y no se dirigía a un movimiento particular, sino a las bases como motor y núcleo de sentido de su trabajo como presidente. El líder del MST, los Sin Tierra brasileños, Joao Pedro Stedile, opinó que sólo en Bolivia las masas ascendieron al poder, mientras en los restantes países de gobiernos progresistas la política toma otros rumbos y oscila entre satisfacer a las bases y tranquilizar a las burguesías. En este sentido, ese otro mundo posible se verá obligado a repensar la política y a sacudirse prácticas clientelistas que obstruyen la construcción de ciudadanía. Sólo hombres y mujeres convencidos de lo que defienden y en condiciones de actuar en consecuencia a sus ideas serán capaces de sostener a gobiernos que se animen a cambios estructurales. Las roscas superestructurales pertenecen al Viejo Mundo, en el que el poder no es fruto de la suma de voluntades sino de acuerdos que no siempre son confesables.

La reivindicación unánime del Estado como agente de control, supervisión, intervención y equidad también requiere pensar profundamente qué rol les cabe a las organizaciones no gubernamentales, surgidas en un tiempo en el que los Estados eran maquetas escenográficas y la sociedad civil no podía defenderse ni expresarse de otro modo. Muchas de ellas, generalmente europeas, han hecho un trabajo magnífico y han financiado programas que mejoraron la situación de millones de personas en todo el continente. Pero en este nuevo contexto es necesario revisar el papel que les cabe, ya que en este otro mundo posible los pueblos y sus gobiernos ya pueden entenderse sin intermediarios, y lo "no gubernamental", que en otro tiempo implicaba autonomía de la manía neoliberal de una generación política, hoy requiere una nueva lectura.

El mercado quebró. Ya basta de obedecer a los que fracasaron. No salvemos a los bancos, salvemos a la gente. Lo económico y lo ambiental van de la mano. Soberanía latinoamericana sobre los recursos latinoamericanos. Una moneda común. Un cambio ético. Lo colectivo por sobre lo individual. Tolerancia cero al analfabetismo. Alerta roja ante los nuevos disfraces del capital transnacional, especialmente los vinculados con los monocultivos y las semillas transgénicas. Socialismo del siglo XXI. Políticas de Estado regionales. Cooperación en áreas estratégicas. Formación de cuadros políticos y sociales como reaseguro de un proyecto democrático y popular de largo alcance. Son sólo algunas de las certezas que deja este FSM. Los hitos en un camino plagado de obstáculos. El trabajo que tenemos por delante.

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Todo bien muchachos, a laburar entonces.

EN EL FORO SOCIALMUNDIAL, LULA REIVINDICO EL ROL DEL ESTADO Y CRITICO LAS RECETAS NEOLIBERALES DE LOS PAISES CENTRALES
.El mandatario de Brasil prefirió esta vez estar en el Foro de Belém y no en el de Davos. "Estoy cansado de hablar con yuppies que dicen lo que tenemos que hacer en Brasil y ni saben dónde queda", afirmó.
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Sandra Russo
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"El mundo desarrollado decía lo que teníamos que hacer en América latina, parecían infalibles y nosotros incompetentes, nos vendieron que el Estado no podía nada y que el mercado desarrollaría nuestros países, y ese mercado quebró por falta de responsabilidad y control, la palabra de orden de hoy es: otro mundo es posible, y aún más, es necesario e imprescindible que busquemos un nuevo orden." Hubo una ovación cuando dijo "otro mundo es posible" y otra más cuando habló de la "quiebra del dios mercado". El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, no había participado del encuentro entre los presidentes de Paraguay, Venezuela, Ecuador y Bolivia con los movimientos sociales, el jueves, sencillamente porque no fue invitado por los organizadores de ese acto puntual, que fueron los miembros del MST, los Trabajadores Sin Tierra. Pero el hangar de la Universidad Estadual todavía no había recuperado su aspecto habitual de gimnasio, cuando otro encuentro se llevó a cabo por la noche, y allí sí se sumó Lula a Fernando Lugo, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Allí, en el hangar de la Universidad de Belém, bajo un calor denso y pastoso, Lula reivindicó el rol del Estado en el contexto de la crisis global, para garantizar el empleo y la continuidad de los procesos productivos regionales. Como político en funciones hizo también anuncios que para muchos sonaron a electorales y fuera del contexto del debate del Foro, como la suba del salario mínimo y la creación de un millón de viviendas.

Con su estilo didáctico a veces, y agitativo en otros momentos, Lula dijo que aún no se sabe cuál es el piso de la actual crisis. El debate del que participó junto a sus colegas presidentes, a última hora del jueves, se llamó "América latina y los desafíos de la crisis internacional". "La crisis está llegando a América latina. Hay recesión en Estados Unidos y Europa. En esta crisis el Estado tiene que asumir las inversiones. Vamos a anunciar la construcción de 500.000 casas en 2009 y otras 500.000 en 2010. Petrobras va a invertir 174.000 millones de dólares hasta 2012 para mantener puestos de trabajo", dijo Lula, que alguna vez fue abucheado en el FSM. En esta oportunidad, sin embargo, el público le fue favorable y hasta entusiasta, fue recibido con respeto y vivado varias veces durante su intervención.

El auditorio estaba desbordado por unos 10.000 participantes, entre dirigentes sociales, indígenas, estudiantes y activistas ambientales, que lo aplaudieron cuando indicó que hasta hace poco los países centrales dictaban todas las recetas, "y ahora la crisis es de ellos".

"Esta crisis no nació por causa del socialismo bolivariano de Chávez, o por Evo, sino porque en los años '80 y '90 el Consenso de Wa-shington estableció que nuestros Estados no debían intervenir para nada", dijo, en la misma línea que los otros cuatro presidentes presentes. "Me cansé de ir a Londres o a Nueva York a debates con yuppies de 30 años que decían lo que tenía que hacer Brasil y ni siquiera sabían dónde quedaba." Con ironía invitó a "esos yuppies" a que vayan a decirle "a nuestro querido Obama" lo que tiene que hacer ahora. Con relación a medidas proteccionistas que comienzan a anunciar las economías centrales para protegerse de la crisis, Lula señaló que "en este momento, el proteccionismo va a agrandar la crisis, no a resolverla. Es importante que los países ricos no olviden nunca que han sido ellos los que inventaron esta historia de que el comercio podría fluir libremente. Tenemos muchas esperanzas de que el nuevo presidente estadounidense, Barack Obama, tome decisiones para resolver esta crisis y no deje que los pobres paguen los platos rotos".

Lula habló del "dios mercado" que "quebró" por falta de controles estatales y arremetió contra los protagonistas de ese proceso: "Esos banqueros que miden el riesgo de nuestro país cerraron la boca". Y agregó: "La crisis es una oportunidad para devolver a aquellos que decían saber más que nosotros cómo tratar el problema del desempleo. Hasta ahora sólo cuidaron el problema de los banqueros. Yo les puedo asegurar que aquí el pueblo pobre no es el que va a pagar el precio de esta crisis". Mencionó que también habían sido invitados pero no habían podido asistir "la compañera presidenta Cristina, de Argentina, la compañera Michelle Bachelet, de Chile, y el compañero Tabaré Vázquez".

Lugo, Chávez y Correa retomaron la línea de los discursos que habían pronunciado un rato antes ante los movimientos sociales. Evo Morales, en cambio, fue más allá. Propuso concretamente emprender cuatro campañas mundiales. Una, por la paz y la justicia, para llevar a los responsables de las guerras genocidas a los tribunales y acabar con el derecho de veto del Consejo de Seguridad de la ONU. "Tenemos que acabar con la monarquía de Naciones Unidas; no es posible que un país tenga más poder que 190, que el derecho internacional se aplique por igual para todos", dijo, a lo que siguió una estruendosa ovación. La segunda propuesta, fue a favor de un "nuevo orden económico internacional basado en la solidaridad, justicia y complementariedad entre las naciones", que reforme instituciones financieras y comerciales internacionales. "El Banco Mundial –reclamó– el FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC) tienen que ser profundamente transformados si quieren ser instituciones financieras al servicio del pueblo. No podemos permitir que se maquillen para seguir como están."

La tercera campaña que propuso el presidente boliviano consiste en movilizarse para salvar el planeta. Ello implica "cambiar los patrones de consumo. La madre tierra es nuestro hogar, la fuente de nuestra vida. Si los pueblos del mundo no somos capaces de sepultar al capitalismo, el capitalismo sepultará al planeta Tierra", dijo Evo, en la línea que será uno de los balances más importantes de este foro: la elevación de la agenda del medio ambiente como una bandera política y común a los países de la región.

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Puertas pentágono o negros de mierda.

FRASES PARA PENSAR Y CONQUISTAR
La publicidad de una puerta blindada que divide a víctimas y victimarios según sus rasgos.
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Sandra Russo
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Así se llaman unas puertas blindadas cuya publicidad me perturba cada vez que la pasan. Muestra a un negro corriendo. No es una persona corriendo ni un hombre corriendo. Es un negro corriendo. Tampoco es un negro como Barack Obama o como Pelé o como Rubén Rada. Específicamente, es un negro de mierda. El personaje que corre moviendo con él la panza inequívocamente hinchada de cerveza es un hombre quizás argentino, quizá paraguayo o peruano, sin rasgos europeos. Su fisonomía es la de cualquier hombre común y corriente que toma el tren a las seis de la mañana en Moreno para ir a trabajar a la obra en Capital. O la de un colectivero, o un taxista. O la de un kiosquero, o un mecánico. Pero tiene la barba crecida y la cara sudada mientras corre. Corre hacia lo que en una segunda instancia se ve que es una puerta. Choca con toda la fuerza de su cuerpo grueso contra la puerta. Rebota contra Lo Blindado y cae.
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Del otro lado de la puerta, sin siquiera escuchar el ruido que provoca un cuerpo grueso cuando rebota contra una puerta, está la familia que debe ser protegida de los negros de mierda. Es una familia que no necesita descripción. Es una familia. Las familias en la publicidad televisiva nunca son familias de negros de mierda. La idea de familia catódica vira al castaño claro por lo menos. Y decididamente, incluye rasgos europeos.
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Yo creo que se trata de un caso de lisa y llana discriminación. Es la puesta en escena de un intento de robo en el que se reparten según los roles los orígenes étnicos. Esa publicidad, vista desde los millones de hogares en los que los espectadores tienen los rasgos del ladrón, es un insulto. Lleva el cliché y el prejuicio inscripto en el casting.
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Esa publicidad refleja y retroalimenta la lectura que hacen de la inseguridad algunos de los sectores que hoy piden seguridad. La explicación del malestar siempre vive en la villa de al lado. O en Fuerte Apache. El testimonio a TN de Edgar, el chico que dijo sobre el asesinato de esta semana "no sé si estaban drogados, a mí careta también me da para cargarme a un gendarme por las veces que me cagaron a palos", fue coronado con su propia detención. En el video que secuestraron y que él estaba mostrando a la prensa, se veía a un grupito de púberes jugar con armas.
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Sí, hay armas en Fuerte Apache y en las villas. Pero no hay solamente armas. Todo aquel que vive allí y saca la cabeza y vive con terror pero no puede vivir en otro lado, no es premiado sino estigmatizado. ¿Cuántos de nosotros persistiríamos en la dirección correcta invirtiendo todo nuestro esfuerzo, si en lugar de ser aceptados socialmente fuéramos diariamente estigmatizados no por lo que hacemos sino por nuestros rasgos y nuestros domicilios? Sigo preguntándomelo. ¿Cuántos?

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Belém. Apertura del FSM. Por un mundo mejor.

OCHENTA MIL PERSONAS Y MILES DE ORGANIZACIONES FESTEJARON EL INICIO DEL OCTAVO FORO SOCIAL MUNDIAL EN EL NORDESTE DE BRASIL
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Todos los que están aquí han venido porque creen que otro mundo es posible y eso dicen las camisetas, los volantes y las banderas. El mundo al que se aspira en Belém tiene una racionalidad de la que este otro mundo, el globalizado, carece.


Sandra Russo

Atabaques y berimbaus. Miles y miles, sonando a lo largo de la Avenida Presidente Vargas. Ochenta mil personas bailaron bajo una lluvia copiosa que fue invocada minutos antes. No fue ni un milagro ni una casualidad: a esta hora en Belém siempre llueve, pero poco antes de las cuatro de la tarde podía escucharse una voz superponiéndose a otras, invocando a la Madre Tierra. "Elevemos una plegaria a la tierra que amamos, a la tierra que debemos preservar. Señora de la sabiduría, fertiliza. Danos lluvia, que ella traiga amor, alegría, sensualidad." Cuando el primero de los chaparrones tropicales se soltó sobre la multitud, los gritos y los cantos se multiplicaron en una fiesta un poco loca, desatada, maravillosa. Así empezó, oficialmente, el octavo Foro Social Mundial.

Nadie está solo en Belém. La inscripción del FSM se repetía en camisetas de todos los colores, acompañada de leyendas en todos los idiomas. Las miles de organizaciones de todo el mundo que están participando en los foros paralelos y en el oficial se reunieron ayer por primera vez, después de días de estar repartidas en toda la ciudad, ocupándose de salud, educación, política, gestión cultural, vivienda, género, sindicalismo, medio ambiente y muchos otros temas de los que dependen las vidas particulares de quienes, en la marcha de ayer, no se representaban a sí mismos, sino a las organizaciones a las que pertenecen. Quizá ésta sea la primera lectura de este Foro que ahora, mientras escribo, se enerva en la calle, donde seguirán marchando hasta la Plaza del Operario. Los berimbaus retumban en las paredes. El baile recomienza, los gritos cada vez son más fuertes, la alegría de andar juntos no cabe en los cuerpos, que se abandonan en abrazos. Todos los que están aquí han venido porque creen que otro mundo es posible, y eso dicen las camisetas, los volantes, las banderas, las personas que toman el micrófono.

El mundo al que se aspira en Belém tiene una racionalidad de la que este otro mundo, el globalizado, carece. Los discursos hablan de solidaridad, compromiso, respeto, equidad. Entre hombres y mujeres, entre trabajadores y patronales, entre países, entre cultura y naturaleza. Que el escenario sea Belém pone en primer plano a la Amazonia, que ocupa la tercera parte del territorio brasileño, cuenta con 280 pueblos que hablan más de 200 lenguas diferentes. En materia étnica y ambiental, es un enclave mundial en el que la diversidad es reina.

Lírica y política

"El mundo no es una mercancía. Las mujeres tampoco"; "Yo aborto, tú abortas. Las dos somos clandestinas". Las paredes de esta ciudad dicen eso, que es lo que vinieron a decir las mujeres brasileñas organizadas. "Que el Mercosur no financie la masacre palestina", dice otra pared. Y otra, "A los pueblos originarios, salud". El Foro, este año, será el que mayor concentración de pueblos indígenas contará. Los pueblos del Amazonas, con sus caras pintadas de bermellón y negro, se unirán a los representantes africanos y a los quilombolas, aquellos descendientes de esclavos que alguna vez huyeron a la selva. Hay más de tres mil indígenas de diversas latitudes reclamando por sus derechos y sobre todo por la protección de las especies vegetales de las que dependen sus respectivas medicinas y modos de vida.

Las organizaciones ambientalistas son muchas. Pero, como ayer dijo en un panel la senadora y ex ministra de Medio Ambiente brasileña Marina Silva, "la crisis económica y la ambiental son una misma cosa. La solución debe ser conjunta". Es que este mundo globalizado que empezó a mostrar la cara monstruosa que muchos se negaban a ver no sólo presuponía una manera de encarar las finanzas o la política. Esa manera de tratar al planeta también entró en su fase terminal. Los recursos naturales que quedan deben ser preservados por instinto de supervivencia, pero aquí esa otra racionalidad incluye no sólo el respeto: también el afecto. Es una racionalidad amorosa que se relaciona con el planeta desde esta premisa: "la Tierra es la gran oprimida".

"El caos puede ser creativo, sólo depende de nosotros que la crisis se convierta en un salto cualitativo. Por eso esta crisis es buena. Nos obliga a buscar alternativas que incluyan a toda la comunidad de la vida", dijo a su turno, en un panel matutino del que participaron 9000 profesores de diferentes materias y de varios países, el teólogo Leonardo Boff, una de las voces escuchadas con más reverencia. Boff habló de cinco principios que deben regir un nuevo mundo: sustentabilidad, cuidado, respeto, cooperación y solidaridad. Y habló de virtudes que deben ser revalorizadas e impulsadas: hospitalidad, convivencia, tolerancia.

"Si nos transformamos en el proceso, tenemos la chance de hacer una buena travesía. Si nacemos en el corazón de las grandes estrellas bermellón, entonces nacemos para brillar. La humanidad no fue creada para desaparecer, sino para celebrar la vida. Esa irradiación es el propósito del universo, y también el designio del Creador", siguió Boff, cuya lírica encaja a la perfección en este clima, en el que es muy fácil tomar aire y creer, creer que es posible, que si somos muchos y lo deseamos intensamente, ese otro mundo está al alcance de nuestros torpes dedos.

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Oro, hambre, saqueos y complicidades

Fernando "Pino" Solanas

Termina otro año con la tragedia de millones de niños acosados por la pobreza y el hambre, con miles de muertos por desnutrición o enfermedades curables. Un genocidio social evitable que entre 2000 y 2002 se cobró cerca de 100 mil víctimas –según el Indec– y que al final de la década habrá dejado otros 100 mil muertos si continúan las políticas neoliberales. El hambre es un crimen evitable y consentido por una cultura de la hipocresía, cuya violencia cotidiana, silenciosa y sistemática, mata a millones de compatriotas. En este diario, Tato Pavlovsky escribía el 22 de noviembre pasado: "No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables (...) La indignación debiera ser la misma". Pero son más quienes lo toleran o miran para otro lado que quienes se rebelan ante estos crímenes aberrantes. A la Argentina le sobran recursos económicos para acabar con esta inmoralidad. ¿Cómo puede haber hambre en un país que produce 134 millones de toneladas de alimentos al año y que tiene inmensas reservas ictícolas, abandonadas a la depredación de las flotas pesqueras extranjeras? ¿Con qué argumento se tolera la desnutrición, cuyas secuelas pueden ser irreversibles, existiendo millonarios recursos minerales, se acumula superávit fiscal y cientos de miles de chicos jamás probaron un durazno o una manzana?

En la Quiaca, el obispo Pedro Olmedo continúa denunciando, con huelgas de hambre y crucifixiones, una desnutrición que afecta al 50 por ciento de la población. Los más desprotegidos son nuestros hermanos aborígenes, con el mayor índice de mortalidad infantil. Están condenados al hambre por el despojo de sus territorios originarios, que les daban el alimento: es el viejo racismo colonial en democracia. En Salta, el gobernador del Frente para la Victoria, Juan Urtubey, permitió arrasar en este año 400 mil hectáreas de bosques nativos y la Legislatura aprobó el desmonte de cinco millones de hectáreas más. Acabo de ver personalmente el sistema de explotación aplicado por los terratenientes: cientos de niños indígenas indocumentados son empleados por 120 pesos al mes para limpiar árboles volteados. Sin agua ni alimentos, expuestos a las alimañas y a leguas del poblado, duermen en el suelo tapados con un nylon.

Entregar los recursos naturales que permitirían terminar con el hambre y la indigencia es la otra cara del crimen del hambre. Para el periódico inglés Minning Journal, la Argentina tiene la sexta reserva de metales del planeta. Dos de sus mayores yacimientos situados en los Andes sanjuaninos y en manos de la Barrick Gold Co., Veladero y Pascua Lama, para la Secretaría de Minería de la Nación (SMN) son "uno de los distritos auríferos más ricos del planeta, con recursos de 40 millones de onzas de oro y mil millones de onzas de plata". Un tesoro que, a 830 dólares la onza de oro y 11 la de plata, es de 44.200 millones de dólares, mientras su costo de producción desde la extracción al lingote, y a 155 dólares la onza, es de 16.200 millones dólares. En veinte años de vida útil se llevarán un beneficio de 28 mil millones de dólares, 1400 millones por año.

Las corporaciones mineras no tienen obligación de procesar nada en el país; están exentas de casi todos los impuestos y sólo pagan regalías del 1 al 1,5 por ciento porque se les permite deducir los gastos de extracción y flete. Por lo demás, las regalías sólo cuentan para oro, plata y cobre, y se llevan gratis un concentrado metalífero de más de sesenta metales, algunos más valiosos que el oro, como molivdeno, renio o cadmio. No hay control público sobre lo que extraen y exportan y liquidan. Pueden guardar en el exterior el ciento por ciento de las divisas de sus ventas y aquí dejan una contaminación que costará fortunas repararla. Vaciamiento y descapitalización colonial que recuerda a Potosí: se trata de una renta que junto a los hidrocarburos supera los 20 mil millones de dólares anuales y debiera ser destinada a erradicar el hambre y la exclusión social. ¿No debe procesarse a los gobernantes por no cumplir con su deber de cuidar nuestros recursos?

Hay hambre porque no existe la voluntad política de terminar con él. Los gobiernos de la década, lejos de saldar esta deuda, pagaron la deuda externa con el agravante de no haberla investigado. Claudio Lozano demuestra que con siete mil millones de dólares se puede eliminar el hambre infantil y, si se invierte el cinco por ciento del PBI, acabamos con la pobreza. Pero la prioridad de los gobiernos kirchneristas es subsidiar a las corporaciones con 10 mil millones de dólares anuales. El doble discurso se vuelve transparente: los Kirchner hacen política con los derechos humanos y pregonan la distribución de la riqueza, pero la Presidenta decide subsidiar con miles de millones de dólares a las petroleras; otorga impunidad a la delincuencia financiera mediante el blanqueo de capitales y veta la ley de protección de los glaciares. ¿Es que el oro extraído con cianuro por la Barrick Gold Co. es más valioso que las principales reservas de agua dulce del país, condenadas a ser destruidas?

Si el hambre es un crimen, hay víctimas y hay responsables, cómplices, mentores intelectuales: son los dirigentes y economistas que ejecutaron los planes neoliberales causantes de la desocupación, la pobreza extrema y el despojo nacional. Recordemos al FMI, al ejército de gerentes de corporaciones y petroleras, banqueros, exportadores y terratenientes, junto a los Menem, Cavallo, Roque Fernández, De la Rúa, Machinea y tantos otros que hasta hoy sustentan los principales ejes del neoliberalismo, ignorando que su potencial destructivo es tal, que ahora está destruyendo a sus promotores en el corazón del imperio. También es condenable el silencio de aquéllos que saben y callan. ¿Cómo es posible aceptar que magistrados, grandes intelectuales, profesores, filósofos y comunicadores, no denuncien el crimen del hambre y el saqueo de los recursos del país? Pienso en queridos y talentosos compañeros, como varios integrantes de Carta Abierta, que tantas veces hicieron oír sus voces defendiendo las causas de los derechos humanos y la democracia y hoy callan estos latrocinios. ¿Cuántas marchas del hambre harán falta para aceptar que el hambre es un crimen y que el saqueo de los recursos naturales es causa del empobrecimiento?

Es hora de reemplazar el silencio por la denuncia, la inacción por la protesta: salir de nuestras casas para pararnos frente a las gobernaciones y parlamentos exigiendo un cambio de rumbo. Aceptémoslo: el hambre es un crimen de lesa humanidad en tiempos de paz. Sus responsables deberán ser juzgados por el tribunal de los pueblos. No pretendemos ser "destituyentes"; pero cada día que pasa mueren decenas de pibes y esas muertes pesan sobre la conciencia.

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Reflexión enfrentada en torno de la columna de Pino Solanas

Palabras y silencios sobre el hambre (19-ENE-09)

Hugo Barcia


Voceros del medio pelo

Resulta evidente –y provoca tristeza– que Pino Solanas interprete cifras con el mismo método con que La Nación titula (y deforma) la realidad. Y conste que se trata de La Nación, el mismísimo matutino que don Bartolo dejara como guardaespaldas de su pretendido legado eterno, como dijera el gran Arturo Jauretche. En una columna de opinión publicada el 5 de enero, Pino pone el dedo en la vieja llaga de la desnutrición infantil y asegura que ésta "entre 2000 y 2002 se cobró cerca de 100 mil víctimas –según el Indec– y que al final de la década habrá dejado otros 100 mil muertos si continúan las políticas neoliberales". Más adelante, Solanas se pregunta "¿cómo es posible aceptar que magistrados, grandes intelectuales, profesores, filósofos y comunicadores, no denuncien el crimen del hambre y el saqueo de los recursos del país? Pienso en queridos y talentosos compañeros, como varios integrantes de Carta Abierta, que tantas veces hicieron oír sus voces defendiendo las causas de los derechos humanos y la democracia y hoy callan estos latrocinios".

En clara sintonía, La Nación había titulado el 10 de diciembre de 2008 "Mueren 8 niños por día por desnutrición". Pero, en el cuerpo de la nota, y ocultado perversamente en el título, se puede leer que "el número de muertes por desnutrición en niños menores de cinco años, no obstante mantenerse alto, ha bajado entre 2003 y 2008, ya que hace cinco años 12 niños morían por día víctimas del hambre". Es decir, ahora mueren cuatro pibes menos por día.

Si yo fuera un desprevenido, podría decir que tanto Solanas como La Nación se equivocan: el matutino al titular y Pino al ponderar. Pero lo cierto es que no soy un desprevenido y paso a decir: lamentablemente, la desnutrición infantil en la Argentina no es un tema nuevo, con lo cual no habría materia periodística publicable, si consideramos que la materia periodística debe anunciar lo nuevo. Sin embargo, sí hay algo nuevo y bueno para publicar con este, insisto, doloroso tema de la desnutrición infantil: es lo que afirma el mismo matutino a lo largo de la nota (no en el título), la desnutrición infantil bajó en los últimos cinco años: de 12 niños que morían por día antes de 2003, en la actualidad mueren ocho. Que sigue siendo un número escalofriante, no cabe ninguna duda. Que aún resta mucho por hacer, tampoco, y que la sangre nos debe hervir para que no muera nunca más ningún pibe en esta patria llena de alimentos, debería ser y es el credo que rezamos cotidianamente. Pero, lo que no se debería hacer es cargarle la cuenta a este gobierno y al de Néstor Kirchner por la desnutrición infantil que, encima, estos dos gobiernos se encargaron de disminuir. No es ingenuo que La Nación publique lo que publica. Lo que es sorprendente es que Pino Solanas, un compañero y amigo de extraordinaria trayectoria militante en el campo nacional y popular, ostente hoy este grado de desorientación política y acuse a los dos gobiernos que, en cinco años, han logrado disminuir –nada menos que en un 33 por ciento– el flagelo de la desnutrición infantil.

Que La Nación edite y titule sus notas como las edita y titula no es ninguna novedad, no es noticia: son los viejos métodos de ocultamiento y deformación de la realidad que ha esgrimido la derecha argentina desde siempre. Así como Don Bartolo, por ejemplo, ocultó durante años el Plan de Operaciones de Mariano Moreno para no mostrarnos el gigantesco revolucionario que en verdad era, La Nación interpreta a su antojo los datos de la realidad y hace una utilización subjetiva de cifras y estadísticas. La cuestión es esmerilar al Gobierno, desgastarlo y, si es posible, alcanzar el "clima destituyente", como bien señalaran los compañeros de Carta Abierta durante el heroico intento por redistribuir una parte de la riqueza que nos pertenece a todos los argentinos. Y conste que no me sumo al coro de grillos que se la pasó hablando del "conflicto del Gobierno con el campo" o del "enfrentamiento entre el Gobierno y el campo", como si estas dos categorías fueran comparables, como si se pudiera comparar y asimilar a un gobierno elegido democráticamente por el voto popular con cuatro entidades sectoriales y, encima, representantes de lo más retrógrado de la sociedad argentina.

Pero, insisto, no me preocupa La Nación. Me preocupa y me duele Pino Solanas y otros queridos compañeros que hoy están del otro lado.

Humildemente creo que el error de estos compañeros pasa por no poder precisar con exactitud la hipótesis de conflicto correcta, para no caer en la tentación de aliarse con quien no se debe. A partir de esa elección primaria (y de manual, en política) se pueden establecer con corrección el sistema de alianzas a implementar, los objetivos políticos, el discurso y el sujeto social al cual habrá que referirse. Pero si se le pifia en lo primero –en la elección de la hipótesis de conflicto principal– todas las demás categorías serán un rosario de errores. Y, como lo demuestra el caso de la Resolución 125 para estos compañeros, se termina siendo aliado funcional del enemigo.

¿Cuántas veces la historia nos puede dar la oportunidad de enfrentar al adversario histórico –encarnado en la Sociedad Rural, amiga y cómplice de cuanta dictadura haya habido en la Argentina– como nos la dio con el debate de la 125? Sin embargo, Pino y otros amigos más se sacaron, en ese entonces, una foto horrible: no sólo votaron en contra en Diputados, sino que indujeron a un senador de Tierra del Fuego para que votara en contra. Si se hubieran abstenido, al menos, uno les podría aceptar algunas posturas. Pero el error es imperdonable: votaron funcionalmente para la Sociedad Rural y me hacen acordar a aquellos otros muchachos que, en los años '40, quedaron del lado de Spruille Braden en la Unión Democrática.

Proyecto Sur, de Pino Solanas, publicó una solicitada, en tiempos de la Resolución 125, denunciando la no devolución de un porcentaje de las alícuotas al fisco por parte de las multinacionales del cereal. Aducían corrupción.

Los que hacen únicamente eje en la denuncia, equivocan al enemigo principal, equivocan su política de alianzas (aún las fácticas o funcionales), equivocan su discurso y equivocan al sujeto social al cual deben referirse. Cuando estos compañeros hacen eje en el tema de la corrupción, como en aquella solicitada, cometen un pecado grave, sobre todo teniendo en cuenta el difícil momento histórico que vivía el país. En primer lugar, colaboran con la confusión general cuando opinan igual que la Sociedad Rural. Porque una cosa es que Biolcati esté en contra de las retenciones móviles y otra cosa –para la opinión pública– es que Pino o Lozano, con orígenes políticos tan diferentes a Biolcati, se opongan a esa política. Además, cuando disparan ese discurso, estos compañeros no le hablan a los muchachos que habitan, por ejemplo, el segundo y tercer cordón del conurbano. No. Parecen voceros del medio pelo. Ese medio pelo que siempre espera que amigos como Pino Solanas o Claudio Lozano denuncien a este gobierno, pensando socarronamente "no hay peor astilla que la del mismo palo".

Pino: vos que enronqueciste tu voz contra aquel progresismo genuflexo que empezó hablando, a principios de los '90, de llenar de contenidos a la política y que terminó devolviendo a Cavallo al Ministerio de Economía, no podés confundirte tanto ni podés despotricar contra los compañeros de Carta Abierta. Pero, fundamentalmente, lo que no podés hacer es tener el mismo idioma de los medios de difusión propagandísticos que quieren ver por el suelo a este gobierno, para después brindar con champán con la oligarquía terrateniente.

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Las navidades de Bongo


José Pablo Feinmann

Nunca pude decidir si Bongo era judío o católico. Tenía que decidirlo yo, porque él, si lo tenía decidido, difícil que pudiera comunicármelo. Además, seamos francos: ¿cómo iba a decidir Bongo que, al fin de cuentas, aunque fuera el Bongo, era un perro, si era judío o no, si era católico o no, si yo, que no era un perro (aunque tampoco ocupara entre los humanos un lugar tan excepcional como el que Bongo ocupaba entre los perros), aún no lo había resuelto y ya tenía nueve o diez años. Sucede que la cosa era compleja. Bongo y yo vivíamos en medio de una confusión aceptada por toda nuestra familia como normal. Bastará narrar una Navidad en Belgrano R, en nuestra casa de Echeverría y Estomba, para que se entienda qué busco tornar claro. La cena de Navidad era hermosa, una noche de plenitud, de regalos, de visitas, de familiares que veíamos de tanto en tanto pero que hoy estaban aquí, con nosotros, una noche de amor y de paz y de cohetes, rompeportones y cañitas voladoras. Una noche de Misa de Gallo. Una noche de mucha comida. De puertas abiertas. Abiertas para los vecinos. Todos abrían sus puertas. Si uno quería visitar a otro podía hacerlo casi sin golpearla. ¿Cómo iba a golpearla si estaba abierta de par en par? Hasta la Sra. Gerlach, que era la villana del barrio, la que vivía justo frente a nosotros, de la vereda paralela, también en Echeverría y Estomba, en un chalet que siempre me pregunté si era o no más lindo que el nuestro, abría esa noche, la de Nochebuena, sus puertas. Y eso que, lo juro, no era buena. La Sra. Gerlach jamás devolvió una pelota que hubiera caído en su jardín, que era muy grande y ella, de egoísta y de engrupida que era, lo tenía protegido por verjas altas, puntiagudas, de madera verde o marrón o bordó oscuro, porque siempre andaba pintándolas de nuevo, como si ningún color le gustara. ¿Qué color iba a gustarle a esa bruja si no habría cosa en el mundo que le gustara? En Nochebuena, no. Hasta ella exhibía a los demás sus puertas abiertas. Si uno miraba hacia adentro podía verlo al Sr. Gerlach sentado en un sillón y leyendo un diario, seguro que en alemán. A nadie, jamás, se le ocurrió decir que el Sr. Gerlach había sido nazi. ¿Qué era eso, cómo iba a ser nazi alguien tan agradable como el Sr. Gerlach? ¿O no era él, nunca ella, el que si estaba en la casa y no en el trabajo, nos devolvía cualquier pelota que cayera en su jardín, con una sonrisa y dándole con ganas, como si supiera, hasta las manos de alguno de nosotros? ¿Un nazi iba a ser eso? Vamos, ¿qué se piensan, que nos chupábamos el dedo?

Nuestra cena de Navidad la presidía –por supuesto– papá. Que se llamaba Abraham y era hijo de Boris Feinmann y Raquel Aranovich. "Yo nunca tuve un problema en este país por ser judío", decía papá. Una frase que, con el paso de los años, cada vez me resultó más extraña, increíble. Pero, ¿por qué no creerle? No por el país sino por él. Se había recibido de médico en 1917 y siempre había sido un dandy y había ganado buena guita desde el inicio. ¿Quién se habría atrevido a decirle "judío de mierda" al doctor Feinmann? Era tan suntuoso el viejo, tan seguro de sí y, sobre todo, se sentía tan argentino, tan merecedor de este país, tan dueño de él como, por ejemplo, cualquier cajetilla del Jockey Club, que debía imponer respeto hasta al cura Menvielle. Ahí estaba, entonces. En la cabecera de la mesa. A su derecha, mamá. Mamá era católica: Elena de Albuquerque. Siempre estaba muy linda en Navidad. Preparaba todo. La comida, el árbol (que lo hacíamos en un pino que había en el jardín), el lugar para poner los regalos, la lista de invitados, todo. Pero le era fácil: tenía dos sirvientas. Mi vieja siempre dijo "sirvientas". En los cincuenta todos decían "la sirvienta". Los judíos decían la "jikse". Seguro que lo escribí mal. Pero así suena, cualquiera lo sabe. Las sirvientas eran Rosario, siempre joven y linda, visitada por el calentón de mi hermano si ella le abría la puerta de su cuarto, e Isabel, una gallega gordota, medio torpe pero muy trabajadora. En esta Navidad se agrega una chica que olvidé de dónde venía. Era muy simpática y solía disfrazarse de Papá Noel. (Santa Claus no existía en los '50. Papá Noel y se acabó.) Le decían Cachirula. Por la historieta Pelopincho y Cachirula, de Fola, que salía en el Billiken. El resto era el batallón semita. Un primo al que llamaban el petiso. Y sobre todo las dos hermanas de papá. Eran infaltables. Eran maravillosas. Menores que el viejo, se llamaba Sonia la mayor, la más seria o, mejor dicho, la menos loca, y la otra era Rosa, que era un regalo de la vida. Sonia, inteligente, se ganaba la vida jugando al póquer. Y Rosa, que era fea, para qué negarlo, fea sin apelación posible, era una atorranta irresistible. No sé cuánto, no sé qué habré heredado de Rosa, pero si hubo algo de polenta en mi vida, de ganas de vivir, de atorrantear, de aceptar la locura como parte esencial de la existencia, o de la razón, eso vino de ella, de Rosa, la gloriosa tía puta de la familia. No había Navidad en que no trajera un tío nuevo. En esta que hoy evoco se lo trajo al tío Angel, un buen tipo, tranquilo, resignado, feliz por tenerla a Rosa. Cuando Rosa le mostró a su sobrinito, cuando le dijo: "Vení, Angel, éste es el Josecito, el hijito menor de Abraham", el Josecito dijo: "¡Cómo la quiero a la tía Rosa! Todas las Navidades me trae un tío nuevo". Rosa me pateó un tobillo y (sé que no me van a creer) aún recuerdo su frase dura, dicha entre dientes: "No seas pelotudo, nene. No me arruinés la Navidad". Angel ni se mosqueó. Al contrario, ahí nomás me dio su regalo: ¡una gruesa de cañitas voladoras! En seguida estaban mi hermano y sus amigos sobre mí y me las sacaban y buscaban botellas para arrojarlas sobre la casa de la Sra. Gerlach. Algo que ocurrió después de la cena.

¿Qué busco decir? Que nuestra mesa de Navidad era tan judía como católica y hasta, si se descuidan, ganaban los judíos. Si no lo hacían es porque solían venir Doña Carmen y sus dos hijos, amigos de mi hermano, dos boludos en estado de coma. Uno, creo, terminó como abogado de De la Rúa. El otro hizo el Liceo Militar. Una vez fuimos todos a verlo cómo saltaba vallas en una contienda entre milicos. Montaba un caballo marrón con manchas blancas, seguro más inteligente que él. Pero ahí estaban: engrosando la mesa navideña. Doña Carmen era la presidenta de la Acción Católica. No sé si necesito agregar algo más. Judío o católico, era papá el que decía su ya tradicional discurso. Nada del otro mundo, creo. O sí: todo del otro mundo. Porque hablaba de Dios como si se lo hubiera cruzado esa tarde al bajar del colectivo 76, en Echeverría y avenida Forest. Y después de la amistad entre las razas, los pueblos y sus creencias. Mamá no decía nada. Bongo tampoco. Estaba muy cómodo en un sillón, cerca de la mesa y miraba todo. No era de esos perros que abordan la mesa y andan mendigueando un cacho de comida. No, Bongo no solía comer mucho. Lo suyo era el sexo. No había perra o perrita en 20 cuadras a la redonda que desconociera sus artes de perro cogedor. Porque eso era. Uno podía ir a Melián a caminar y ver los árboles en lo alto o al puente de Superí a cortar cañas y solía encontrárselo al Bongo atracándose a una perrita. Era un campeón. Yo era un pibe y no sabía casi nada de esas cosas. Pero por el modo en que aullaban las damas que el sexópata penetraba era claro que ellas no estaban pasando un mal momento. El, mucho menos. Pero no era de expresarlo. Se concentraba en lo suyo. Serio, como si buscara, ante todo, complacer a la dama.

A medianoche, todas las damas iban a "misa de gallo". Mi mamá, católica; Doña Rosa, católica; las dos sirvientas, católicas; Cachirula, católica, y las dos maravillosas tías recontrajudías, la tía Sonia y la tía Rosa.

También íbamos Bongo y yo. Pero nos sentábamos atrás. Cerca de la pila bautismal. A mí no me gustaba verlo de cerca al pobre Jesús, tan estropeado, con todos esos clavos, la sangre, con esa cara de dolor, de derrota. No me gustaba. A Bongo, creo, tampoco. Después la gente salía y nosotros los dejábamos salir. Nos íbamos al final. A quien más quería Bongo era a papá. Pero después a mí. Eramos buenos amigos. "Vamos, Bongo", dije sin mirarlo. "Es tarde." Me di vuelta y lo vi, con su pata levantada, con enorme convicción, echándole una meada a la pila bautismal. No tuve, entonces, ninguna duda: era judío el Bongo. Como papá.

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Azahares y fuegos


Osvaldo Bayer

Las últimas dos semanas se cubrieron de azahares y fuegos. Esos pequeños hechos de la vida que lo llevan a uno de la mano y que todavía le enseñan, le van marcando el camino hasta el final. El perfume del azahar, que lleva a la poesía y al ánimo, y el fuego, no el que quema, sino el que impulsa. Sí, todo comenzó en La Toma, ese supermercado rosarino tomado por sus empleados que es hoy, además de supermercado, un centro de cultura. Allí, donde antes sólo se vendían mercancías, hoy se debate, se enseña y se aprende, se abren los ojos al arte, a la literatura, a la política, al futuro. De allí a Mar del Plata. En la presentación del libro Biblioclastía, sobre la prohibición y quemas de libros durante la última dictadura militar. Un hecho aberrante y cobarde, pero por el cual jamás se indemnizó a las editoriales, a los autores ni a los libreros perjudicados. Ocurrió y ya está.

De allí a El Calafate, donde todos los 8 de diciembre, frente a la estancia "La Anita", recordamos a las decenas de peones rurales fusilados por el ejército argentino en las huelgas de 1921. Ahí se levanta el cenotafio. Se lo cubre de flores y los oradores recuerdan el crimen nunca saldado. Luego, una obra teatral del conjunto formado por vecinos de El Calafate. En el bello paisaje se oyen los gritos de furia y dolor de los que cayeron. Algo que no se podrá olvidar jamás, pero de lo que no aprendimos nada los argentinos. Medio siglo después ya no se fusilaba, se desaparecía. Un día antes, en la sala cultural de El Calafate, el ballet local representaba las esperanzas de la peonada y cómo murieron bajo los fusiles oficiales. Todo hecho con una melancolía magistral. El arte, la mejor manera de escribir nuestra historia.

De regreso a Buenos Aires, el recuerdo de aquella legendaria Nueva Presencia, el primer periódico que se atrevió a criticar a la dictadura de los generales y el homenaje a Herman Schiller, quien ofreció su rostro para enfrentar a la picana y la desaparición. Una placa ha quedado allí para siempre, en la calle Castelli, para definir lo que es el coraje civil. Sí, y después, en Luján, en su Universidad, el mejor recuerdo para el herrero poeta, Dardo Dorronzoro, víctima de la misma dictadura. Un concurso de poesía. Leí las mismas, un tejido increíble de sueños jóvenes, de figuras de la fantasía, de la bondad extrema frente al horror cobarde de las bestias uniformadas. Dardo se asomó allí y nos aconsejó quién sería el premiado: todos, nos dijo. Todos los que escribieron sus ilusiones. Pero en ese momento nos interrumpió la realidad. Un ajero mendocino había llegado desde tierras cuyanas para describirnos su realidad. Curtidas manos, curtido rostro. Trabajo esclavo en las tierras del sol y de la vida, de mujeres y niños, como en la Edad Media. Leo los versos de una poetisa mendocina: las ristras de ajo se han convertido en las cadenas de la esclavitud. Se simulan cooperativas. La Justicia ordenó la reincorporación de despedidos, pero nadie se da por aludido. Los dueños de la tierra son los únicos magnates. Lo deciden todo. Los demás, los del sistema, obedecen. Los poetas de Luján escuchan en silencio. Hay tristeza. Por algo lo desaparecieron a Dardo, a los Dardos.

Al día siguiente estamos en Córdoba. Con la diputada Cecilia Merchán. Para tirar abajo un símbolo. Cambiar la figura del genocida Julio Argentino Roca por la figura de la increíble luchadora gaucha Juana Azurduy en los billetes de cien pesos, los de más valor. De uno que mató por más tierras para los poderosos a una mujer que luchó por la libertad americana. Un problema profundo que hace a la ética de los argentinos. No hay que mirar sólo para adelante. Hay que mirar para atrás para investigar por qué en estas llanuras de las espigas de oro hay hambre y hubo catorce dictaduras militares y represiones que alcanzaron al máximo de crueldad y perversión.

En la misma Córdoba presentamos un libro de tal valor ético que no encontramos adjetivo para calificarlo porque a ello se adjunta lo emocional: Los arquitectos que no fueron, la vida y fotos de estudiantes y egresados de Arquitectura de la Universidad de Córdoba asesinados y desaparecidos durante el terrorismo militar de Videla y consortes. Nos miran. Pienso, cuántas viviendas hubieran construido ellos y ellas. De haber vivido esa generación, por su lucha, ya no habría villas miseria en nuestras ciudades. Todas las universidades argentinas tendrían que publicar libros similares con los retratos y las biografías de sus estudiantes desaparecidos. Y sus retratos colgar en las aulas. Un recuerdo que no debe borrarse jamás de la memoria.

Allí, en la misma Córdoba, ofrecemos la cantata "La Patagonia de Fuego", de Sergio Castro, basada en La Patagonia Rebelde. El público acompaña las bellas canciones. Se pone de pie para recordar a esos pobres gauchos fusilados por los máusers oficiales. Aprendimos, pienso. De los libros quemados en 1976 al tema vivo en las salas del país. El perfume del azahar y el fuego de la memoria.

Y justo, al día siguiente, doy una clase en el Instituto Espacio para la Memoria a los guías del museo de la ESMA, acerca de los crímenes del Estado en la Argentina. Los crímenes militares y el colaboracionismo civil.

Un país que no aprendió de sus tragedias. Un país sin autocríticas. Autocrítica, el fundamento de la democracia. Aquí, ese término, es desconocido. Hay que mirar para adelante.

Luego, en el festival del cine documental científico, presentamos escenas de nuestro nuevo film Awka Liwen, acerca de los pueblos originarios y discutimos sobre los conceptos de racismo en nuestra sociedad. Que los hay, los hay. De ahí a La Plata, en "Voces de la cultura", que promueve la intendencia de esa ciudad. Y como todo encuentro cultural, es siempre necesario, positivo y sirve para encontrar las huellas hacia una sociedad más democrática, que no es otra cosa que una sociedad más justa e igualitaria. Y todo culminaría con el acto en la ESMA, en el Día de los Derechos Humanos.

Me sentí como en una nube de ilusiones. Estar allí, en un acto donde recordamos a nuestros desaparecidos en el lugar mismo del horror del sistema. Recibir un premio Azucena Villaflor allí donde tuvieron prisionera a esa mujer de increíble lucha, junto a sus dos compañeras iniciadoras del movimiento de Madres –Julia Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco, no olvidarlas–, en un calabozo que era una cucha de perro, tiradas en el suelo para después asesinarlas, sí, recibir un premio en ese edificio de la Mayor Perversidad Humana, me pareció el producto de una imaginación sin límites. Pero sí, fue así. Quiere decir que el ser humano no se rinde nunca, que la Etica triunfa finalmente, aunque a veces tarda mucho en vencer sobre el crimen y la codicia. Dije, al agradecer el premio, que yo no lo merecía, que los únicos que habían ganado ese premio a los Derechos Humanos, eran los treinta mil desaparecidos. Y nombré a tres, cuya amistad me sigue desbordando todos los días: Rodolfo Walsh, el Paco Urondo y Haroldo Conti. Por eso, comprendía que hay que seguir con la búsqueda que iniciaron ellos. Hasta que logremos, por lo menos, que en nuestro país no haya más niños con hambre. Siempre hay azahares y fuego, pero aquel que no quema, que impulsa.

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Por los derechos de la mujer y contra el lobby de la iglesia católica

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Un festival por la libertad femenina
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Mariana Carbajal

"Desde aquí le exigimos a Cristina Kirchner la legalización inmediata del aborto", clamó la actriz y directora mexicana de teatro Jesusa Rodríguez. El teatro Coliseo se unió en un fuerte aplauso y a continuación surgió desde las butacas el clásico estribillo: "¡Anticonceptivos para decidir, aborto legal para no morir!". Fue al filo de la medianoche del domingo, ya en el cierre del Primer Festival Latinoamericano por los Derechos, la Salud y la Vida de las Mujeres, convocado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, en el que participaron la artista argen-mex Liliana Felipe y su compañera de la vida Jesusa Rodríguez, con un provocador show anticlerical. En las primeras filas estuvieron las diputadas del Frente para la Victoria Juliana Di Tulio y de la Coalición Cívica Marcela Rodríguez, la titular del Inadi María José Lubertino, la legisladora porteña (CC) Diana Maffía, Nora Cortiñas y Laura Bonaparte, de Madre de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, y la actriz Mirta Busnelli, entre otras personalidades.

El reclamo por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en el país atravesó las casi cuatro horas que duró el festival. El Coliseo se tiñó de verde, el color que identifica a la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito: pañuelos y remeras de ese color se repetían entre el abundante público, mayoritariamente femenino –pero también se dejaban ver varones–, que colmó con entusiasmo y alegría el teatro. Todas las localidades estaban ocupadas. Más de 1700 personas, según el cálculo de las organizadoras. "Es un encuentro de arte y de lucha", abrió la periodista Liliana Daunes, que ofició de conductora del festival. Mujeres de distintos puntos del país se sumaron a la convocatoria: de Neuquén, Catamarca, Jujuy, La Rioja, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Entre Ríos dijeron presente. Y también feministas de otros países: de Brasil, México, Nicaragua, Colombia, Uruguay, Ecuador, Chile y España. Desde el escenario, Daunes anunció una llamada a una apostasía masiva para marzo de 2009, en rechazo a la intervención de la Iglesia Católica en las políticas públicas del país. "Saquen sus sermones de nuestros colchones; saquen sus misales de nuestros hospitales, saquen sus rosarios de nuestros ovarios", coronó la exhortación a renunciar a la religión católica –que se hace a través de un trámite–, y que se ha convertido en otros países como España en una forma de protesta promovida por feministas. Hubo duras críticas a la jerarquía eclesiástica: por su complicidad con la represión y la muerte durante la última dictadura militar, por su condena al amor entre parejas del mismo sexo y por su constante activismo contra los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. "Aquí estamos para luchar contra todas las opresiones", reafirmó. La folklorista Chiqui Ledesma y Cosecha de Agosto, Liliana Parodi, Mariana Baraj, la tanguera Lidia Borda y el grupo de hip hop Actitud María Marta fueron parte del programa del festival.

Pero el momento más esperado de la noche fue la actuación de la irreverente y desprejuiciada dupla Felipe-Rodríguez. De severo uniforme azul marino, con gorra cuasi militar de la que colgaba una cruz dorada, Jesusa subió al escenario personificando a una docente. Con una vara en la mano marcó su perfil autoritario. Llegó con un pizarrón. Y se presentó como la maestra "Elba Estéril de la Concepción Abortolini del Sagrado Corazón de Jesús" pero pidió que la llamen "Concha, a secas". El Coliseo estalló en carcajadas. La maestra se dedicó a dar una disparatada clase sobre "el oscuro y maloliente tema del sexo". "El sexo, como su nombre lo indica, es asqueroso", empezó. Y prefirió llamarlo "malvavisco". "Puede ser masculino, femenino o malformación genética", agregó y otra vez las risas se multiplicaron por el auditorio. Con su labia provocadora, Jesusa se refirió al aborto y al goce sexual. De pronto, se abrió su pollera y de entre sus piernas sacó un celular: "Lo uso en modo vibrador, para aprovechar al máximo la tecnología", dijo. Y contestó una llamada de "Susan, Su Santidad", aclaró.

Una ovación la despidió. Y apareció Liliana Felipe, con sus cabellos canosos sueltos. La compositora y cantante cordobesa –radicada en México desde la desaparición de una hermana suya durante la última dictadura militar– se sentó frente a un piano de cola negro y despertó el fervor de sus seguidoras. Primero con "Soy una mujer inconveniente" y luego con "No te lo puedo decir" y "Mala". "Somos malas, podemos ser peores", le contestaron desde las butacas, integrantes de colectivos feministas. Después, Felipe anunció que dedicaría tres temas –que tuvieron un marcado sello anticlerical– al encuentro reciente de monseñor Jorge Bergoglio y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la Casa Rosada. "Hereje, próximamente apóstata, por ahora atea, gracias a Dios", se definió al terminar ese tramo. A continuación presentó un tema nuevo, "La mayonesa", dedicado "a las cuarentonas o cincuentonas como yo" y que es un irónico himno sobre los sinsabores de la menopausia. Y cerró con "Las Histéricas". Los pasillos del teatro se abarrotaron de algarabía: el público se paró, bailó y cantó con La Felipe, como un rato antes lo había hecho con el trío de hip hop comprometido con luchas sociales Actitud María Marta, incluso, hasta arriba del escenario. No se pudieron escuchar, por cuestiones técnicas, pero estaban grabados, mensajes de adhesión a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto del cantautor catalán Joan Manuel Serrat, de Lito Vitale, de las actrices Marta Bianchi y Cristina Banegas, de las periodistas Fanny Mandelbaum y Liliana Hendel, la conductora Carla Czudnowsky y del multifacético Mex Urtizberea, entre otros. La fiesta terminó a la medianoche. Al final, integrantes de colectivos feministas volvieron a subir al escenario y con la música del Himno Nacional, primero, y de la marcha peronista, a continuación, entonaron canciones en las que reclamaron a la presidenta CFK la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. El proyecto de ley, elaborado por la Campaña, establece la legalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación: fue presentado en el Parlamento con la firma de 22 diputados y diputadas de un amplio arco político, entre ellas Di Tulio y Marcela Rodríguez. Pero todavía no se empezó, siquiera, a discutir

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Matando pibes.

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El eje y la esquizofrenia
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El eco sordo que dejaron las palabras de la jueza Carmen Argibay para explicar el fallo de la Corte sobre los chicos en conflicto con la ley penal.


Sandra Russo

La jueza Carmen Argibay habló fuerte la semana pasada. Su explicación sobre el fallo que evitó la libertad de sesenta chicos detenidos en institutos rasgó el telón del Truman Show. Bajo los efectos narcóticos del relato que tejen los medios y las declaraciones públicas de funcionarios del área de seguridad, e incluso bajo los efectos del otro relato, el alternativo, el que aborrece y denuncia las condiciones en las que están detenidos los chicos en conflicto con la ley penal, la medida de la Corte fue un baldazo de agua helada. Y Argibay, lejos de ponerles acondicionador a sus palabras, las erizó: habló de gatillo fácil, esbozó una vida real más allá del telón de la obra que representamos todo el tiempo como comunicadores o multiplicadores de un diagnóstico sobre seguridad.

"Esos chicos están marcados", dijo.

"Si no vamos a cumplir los pactos internacionales sobre derechos civiles y derechos sociales, ¿para qué los firmamos?", dijo.

"Si la policía protege a un pibe, el pibe sale a robar y no se hace rico, ¿para quién trabaja?", dijo.

"El día que el pibe abre la boca, lo matan", dijo.

Entonces lo que hay aquí es una jueza de la Corte Suprema de Justicia que no les pone acondicionador a sus palabras y que habla de una realidad que por un lado todos conocemos –¿o no? ¿O será que seguimos con el algo habrán hecho los pibes pobres? ¿O será que otra vez estamos en el limbo de no saber, de no sospechar, de lo ver lo que pasa acá enfrente?—, y por el otro negamos y encubrimos con vehemencia. "Es muy grave lo que dijo", decía un analista de la televisión. "O sea que según la jueza hay gatillo fácil en la República Argentina", decía otro, como si hubiera que anteponerle "república" a ese lugar en el que se tolera esta práctica: que la policía marca a los chicos con antecedentes, que los presiona para que salgan a robar para ella y les libera zonas para que operen, que los protege para que sigan actuando, y que si el chico quiere salirse de ese trato, lo matan.

La jueza Argibay corrió el eje del problema que tanto rédito les da a los grandes medios cuando lo abordan por otro lado. Cuando los crímenes que escandalizan en proporción al nivel socioeconómico de la víctima imponen el tema de la seguridad. Cuando los deudos de cualquier asesinado les regalan a las cámaras su desgarro, y las cámaras beben cada lágrima y ecualizan cada grito de dolor. Y entonces queda constituido un "nosotros" que somos los conductores del programa de televisión, sus espectadores, las víctimas de los asaltos, la policía, toda-la-gente-de-bien-que-quiere–vivir-en-paz y no puede porque están estos pibes, que son los nuevos malones que supimos conseguir.

Lo que está diciendo la jueza Argibay es que ese "nosotros" es falso, y que si lo aceptamos es porque somos esquizofrénicos. Porque está pasando lo que está pasando y no otra cosa, aunque lo diga la televisión. Porque es imposible que esos pibes salgan a la única escena que los espera y sobrevivan.

Y está diciendo que la policía extermina en silencio. Que hay un consentimiento, un equívoco social y discursivo que apaña a la policía, que la deja seguir exterminando en silencio. Tan brutal es lo que pasa, tan inenarrable es lo que se mantiene en silencio, que estamos cerca de hacer válida la pregunta que se hacían los españoles con los indios. Se preguntaban si tenían alma. Se preguntaban de qué orden eran esas criaturas tan distintas. ¿Los pibes pobres tienen alma? Si la respuesta es sí, lo lógico sería que pidamos justicia también para ellos, que hagamos marchas también para ellos, que nos duelan y nos arranquen sus muertes. Actuamos como si la respuesta fuera: no.

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Perdón Ecuador, no saben lo que dicen. Una manito para Kris.

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República bananera
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Atilio A. Boron

No estuvo muy feliz en sus declaraciones el jefe de la bancada oficialista en el Senado de la Nación, Miguel Pichetto. En el debate en torno de la prórroga de la Emergencia Económica –que le otorga al Poder Ejecutivo poderes casi omnímodos para ejecutar el presupuesto nacional a su voluntad– declaró que los argentinos "tenemos que pagar la deuda externa, no podemos caer en el default como Correa en Ecuador. No somos un país bananero, tenemos que pagar...". Como si la Presidenta no tuviera suficientes simpatizantes y partidarios que parecen más empeñados en entorpecer su gestión que en facilitarla, las palabras de Piche-tto demuestran que la sabiduría y el tacto político no son precisamente las que caracterizan a la primera espada del oficialismo en el Senado. En primer lugar, hablar de "país bananero" es hacer uso del lenguaje racista y colonialista que inventó la derecha norteamericana desde finales del siglo diecinueve para justificar sus tropelías en el Caribe y Centroamérica. Se trata de un error mayúsculo en labios de un representante de un Gobierno que se esmera por aparecer como "progresista" y, peor aún, cuando además lo refiere a un país cuyo gobernante, Rafael Correa, mantiene excelentes relaciones con la Casa Rosada. Pero, en segundo término, ¿cómo es posible que se descalifique tan groseramente a un gobierno que ha tenido la sensatez y la valentía de practicar una rigurosa auditoría de su deuda externa? ¿Qué nos queda entonces a nosotros, los argentinos, que la hemos venido pagando a lo largo de veinticinco años sin prestar la menor atención a las numerosas voces que planteaban la insanable ilegitimidad de una deuda mayoritariamente contraída por la más atroz dictadura de nuestra historia, y en la cual se habían conculcado todas las libertades y garantías constitucionales? Una república bananera es la que obedece sin chistar a sus amos y a sus acreedores, por más que éstos sean simples delincuentes de cuello blanco como son quienes controlan el sistema financiero internacional; es la que actúa solícitamente ante los reclamos del imperio, por ejemplo para aprobar en menos de lo que canta un gallo una legislación antiterrorista o pagar de un plumazo una deuda porque el FMI necesitaba fondos frescos. Una república digna de ese nombre, en cambio, actúa como Ecuador, que sin aspavientos ni estridencias exige y convoca una auditoría internacional y confirma que sólo pagará lo que legítimamente se adeuda y ni un centavo de más. Una república seria no reforma la Constitución nacional como se hizo en la Argentina en 1994: producto de un pacto sellado a puertas cerradas y aprobando como ley suprema de la Nación lo que decidieron los convencionales sin someter el nuevo texto al veredicto final del pueblo como sí lo hizo Correa con la nueva Constitución ecuatoriana, abrumadoramente ratificada por la voluntad popular. Por eso no sólo es una de las más avanzadas del mundo sino también una de las más legítimas. Avanzada, no sólo porque entraña un inédito reconocimiento de los pueblos originarios y sus lenguas, instituciones y culturas sino también porque establece, entre muchas otras notables innovaciones, que la naturaleza es sujeto de derecho y no una mercancía que se puede utilizar y de la que se puede abusar sin ninguna clase de restricciones como se hace en la Argentina, que permite la devastación del bosque nativo, las cuencas acuíferas, los valles y los glaciares a manos de grandes oligopolios transnacionales. Si Ecuador es una república bananera, ¿nosotros qué somos?

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Seguridad Seguridad Seguridad

"Menores"
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Apuntes sobre la detención de un chico de catorce años por el crimen de El Palomar y una pregunta: cuando se pide seguridad ¿también se pide justicia?.
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Sandra Russo


Cuando se pide justicia, es mejor tener claro qué se pide. Y cuando se responde a un pedido de justicia, mejor que la policía no sea la que conteste. Por el crimen de Hugo Mayares, el vecino de El Palomar que fue asesinado el domingo pasado, la Bonaerense detuvo a tres jóvenes, uno de ellos de catorce años. Los testigos del crimen dicen que no hubo ningún chico entre los asaltantes, y esperan "que las detenciones no hayan sido apresuradas para que no hagamos la marcha". Los vecinos de El Palomar iban a cortar el Acceso Oeste, y los medios estaban preparados para cubrir otra "pueblada" contra la inseguridad, un tema pendular que aparece y desaparece según qué otras cosas estén pasando. Es notable, por ejemplo, que en los largos meses que duró el conflicto con los sectores ruralistas, la inseguridad no haya estado en la agenda. ¿Había menos asaltos? ¿Los pibes chorros estaban mirando a De Angeli en TN y no salían a la calle?



Esta vez, el que sacó el as de la manga fue el gobernador Scioli. No hubo un Blumberg. El propio Ejecutivo bonaerense salió a pedir la baja en la edad de imputabilidad. El crimen del ingeniero Barrenechea pareció obligar al gobierno de la provincia a manotear esa medida, siempre popular entre los que salen a pedir seguridad. La pregunta es: cuando se pide seguridad, ¿también se pide justicia? Suponiendo que sí, y tratándose esta vez de vecinos de El Palomar cuyo reclamo no habría sido tan potente si no hubiese sido precedido por el de los vecinos de San Isidro, es de esperar que un chico de catorce años no haya sido detenido para evitar el corte de una ruta. Catorce años es justo la edad de corte, la edad a la que se quiere bajar la imputabilidad. Al chico lo detuvieron la misma noche de la protesta. Los testigos dudan. En TN sale en las últimas semanas la noticia del juez Arias, que prohibió a la policía detener menores en averiguación de antecedentes. Pero el título de TN es "la policía no podrá detener a menores". En la provincia de Buenos Aires están pasando cosas graves con menores y con militantes sociales. Hace poco, un adolescente de Pelota de Trapo, la fundación que dirige el sociólogo Morlachetti, fue secuestrado, golpeado y amenazado. La semana pasada, una joven militante social que trabaja en barrios pobres de La Matanza fue secuestrada en un auto y le cortajearon la cara. ¿No es noticia?



Si se pide seguridad y justicia, habría que empezar por el principio. Antes de demonizar a los púberes y adolescentes pobres, por qué no asegurarse de que la Policía Bonaerense, ésa que era la mejor policía del mundo, ésa que era la maldita policía, no haya dejado atrás cierto tipo de aberraciones como las detenciones al voleo de perejiles imberbes. Durante un par de años tuve el gusto de trabajar en el boletín de Pelota de Trapo. Desde la fundación me mandaban diariamente noticias vinculadas con adolescentes y yo les daba forma. En ese tiempo comprobé azorada cómo cada una de las noticias en las que están involucrados chicos de diez a dieciocho años, en diarios de todo el país y en agencias de noticias, tienen como única fuente a la policía. Los chicos no tienen de su parte ni siquiera a la más básica regla periodística, que es tener las dos fuentes. Los chicos no tienen abogados. Nadie habla por ellos. Nadie les pregunta nada. Son "menores". Que pierdan la libertad o la vida no saca a nadie a la calle.

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Dignidad.

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Hambre y represión
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El psicoanalista y director de teatro Eduardo Pavlovsky advierte que el hambre y la desnutrición infantil son violaciones a los derechos humanos equiparables a las atrocidades de la dictadura. Y que allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus consecuencias actuales.


Eduardo Pavlovsky

Existía una cultura de la complicidad civil durante la dictadura. Hoy también existe una cultura de la complicidad civil en relación con el problema del hambre y la desnutrición infantil en la democracia. Es un abordaje social cultural. Como dice Giardinelli "Nuestro presente sociocultural configurado por entre 10 y 15 millones de compatriotas carentes de esperanzas, muchos de ellos en estado de animalidad (subrayado mío). Eso no se debe a un cataclismo ni es un flagelo natural, sino que es resultado de políticas que aquí se aplicaron y es urgente revertir, pero en serio y definitivamente, lo que implica exigir a las autoridades urgentes medidas reparadoras".


El intendente Gustavo Posse dijo que el crimen del ingeniero Barrenechea está relacionado con el retiro de efectivos de Gendarmería en la villa La Cava. Alguien le contestó: "El triste suceso está relacionado con la ausencia de educación, de salud, de trabajo, de buena alimentación, de los derechos fundamentales del hombre: ausencia de igualdad, ausencia de oportunidades, ausencia de políticas que tiendan a preservar la dignidad humana, en ese asentamiento y en otros muchos puntos de la República".


Dicen que los pibes de La Matanza son reclutados por organizaciones para cometer robos en otros puntos suburbanos. Los pibes se "entrenan" porque el reclutador les paga 500 pesos por cometer asaltos, robos o asesinatos que sufren todos los días principalmente las casas de la zona norte. Dicen que los preparan drogándolos antes de llevarlos al lugar indicado.


La lógica de un pibe de La Matanza no es la lógica de un pibe de Capital o San Isidro. Son dos o tres generaciones donde los valores se han transformado en la cultura villera sobre el hacinamiento, la promiscuidad, la falta de higiene, agua potable y de la carencia de recursos humanos para vivir con dignidad. La desigualdad social hoy es más amplia que nunca y también influye en este tipo de producción de subjetividades.


En la provincia de Buenos Aires, entre los 15 y los 20 años los jóvenes piensan que dentro de cinco años van a estar muertos o excluidos (encuesta del Ministerio de Desarrollo Social). No pueden pensar ni imaginar el futuro. Y no poder imaginar un futuro o un proyecto los convierte en un ser de otra cultura, formada por otros valores, por otros ideales, además de ser jóvenes que han convivido con tres generaciones sin trabajo.


Había que ver el desconcierto de Chiche Gelblung con dos jóvenes de La Cava que llevó a su audición televisiva. Chiche le preguntó a uno de ellos por una camisa Nike que llevaba puesta. El joven le contestó: "¿No te gusta que la tenga yo, no?". Y agregó: "Esta ropa es sólo para tipos como vos, cuánto ganás aquí, decímelo, vos debés tener mucha guita y te podés comprar muchas cosas". Y se inició un diálogo imposible, suscitado por el joven adolescente de La Cava y un Chiche desconcertado y desconocido que parecía someterse a un interrogatorio. Nunca lo vi tan incómodo en una entrevista, porque evidentemente es un periodista muy inteligente, pero acá se enfrentaban dos culturas diferentes.


Miles de familias están volviendo a los comedores comunitarios. En la red de banco de alimentos la demanda es un 15 por ciento mayor que en el 2007. En el partido de La Matanza la suma de las camas públicas de los hospitales es de 0,4 cada 1000 matanceros, una proporción bajísima. La Organización Mundial de la Salud establece una relación que debe ser 6,3 cada 1000 habitantes.


Es imposible no condenar los crímenes, los robos a que son sometidas las víctimas de la delincuencia y que abarcan las tres clases sociales, familias destruidas, otras que viven en permanente estado de miedo y temor. Nos identificamos con su miedo y su dolor. No podría ser de otra manera. Pero no es disminuyendo la edad de la imputabilidad de los menores de 14 años; como solución final, esto es ingenuo.


Tenemos que recordar que los derechos humanos no pueden quedar sólo asociados en la subjetividad popular al problema de la dictadura y los desaparecidos.


No debe valer más la vida de un desaparecido que la de un niño que muere de hambre, ni de los 27 que mueren por día por causas evitables. La indignación debiera ser la misma, la del joven desaparecido por el crimen de la dictadura y la del niño que muere de hambre en nuestro país.


Los derechos humanos deben ser el desarrollo de los recursos humanos para toda la población argentina. El combate al subdesarrollo de los recursos humanos (alimentación, salud, educación a todos los niños) debe ser prioridad y urgencia para prevenir futuros conflictos sociales. Empezar de abajo asegurándole a la niñez la estabilidad de poder vivir sus propios derechos constitucionales y de poder pensar en un posible futuro con dignidad. Es sólo poder pensar. El que no come no piensa y su arma es la inmediatez. No existen estructuras de demora, como habría dicho el doctor Fernando Ulloa. El hambre es un crimen en nuestro país, un crimen diario que potencia la delincuencia y el crimen organizado. Los ataques a las organizaciones como Pelota de Trapo –a través del rapto de uno de sus chicos, subiéndolos a coches donde son paseados amenazándolos por pertenecer a una organización que se ocupa del hambre y de la indigencia– son un buen ejemplo de la complicidad civil de un gran sector de la población argentina que se niega a identificarse con el otro sector argentino de la población que padece hambre e indigencia. La falta de respuesta frente al hambre es el germen de la complicidad civil. Es de "mal gusto hablar de la desnutrición infantil". El hambre no es problema para un gran sector de la población. El que come tiene alimentación, educación y salud, sólo puede tener temor a ser saqueado, asesinado por la "animalidad" descripta por Giardinelli.


Desconocemos la subcultura de las zonas más carecientes, su lenguaje, sus valores, sus creencias y sus desesperanzas. Se nace allí en la villa y allí se forman sus valores, sus ideales, nada tienen que ver con los nuestros, que hemos podido alimentarnos, trabajar y estudiar. El programa de Chiche y los dos villeros de La Cava es la visualización práctica de las dos culturas enfrentadas.


El joven villero que sale a robar o matar por dinero, o por el dinero que le ofrecen, sólo siente que ése es su trabajo, no existen en esa subcultura nuestras categorías del bien y del mal, en esos chicos de 13, 14 o 15 años sin ninguna esperanza futura posible para una vida mejor.


Como dice la carta de Posse cuando afirma que el crimen del ingeniero Barrenechea estuvo relacionado con la ausencia de efectivos de Gendarmería en la villa, "en tanto no se solucione la ausencia del Estado en la villa, seguirán presentes la inseguridad, la desigualdad, la injusticia, el hambre, la mortalidad infantil, la deserción escolar, la pasta base y la prostitución infantil –y agrega–, la respuesta no debe buscarse en el Código Penal sino en la Constitución nacional".


Allí está el germen de la formación de la delincuencia infantil y sus tremendas consecuencias actuales.


Insisto, el bien y el mal tienen distintos valores y códigos. Son los hustler, del ghetto negro de Chicago, que la familia espera ávidamente para recibir dinero que viene de los robos, asesinatos y drogas.


La ausencia de una política de Estado frente al retiro de fondos destinados a la ayuda social fue el origen del crimen juvenil. Los chicos de La Matanza y de La Cava son nuestros pequeños hustler.


No nos olvidemos que la pandilla juvenil más sangrienta en Latinoamérica, los maras, fue el origen de una mayor represión a los jóvenes en El Salvador. Hoy los maras han constituido un ejército temible de delincuentes infantiles que existen ya en Latinoamérica.


En la lenta recuperación de una justicia social donde los derechos devuelvan la dignidad a los muchos que la carecen, muchos de ellos ni saben que la carecen. Se ha perdido en esa subcultura de animalidad el derecho a tener derechos.


No más cárceles sino mejores instituciones que se ocupen de la infancia, devolviéndoles los derechos fundamentales de poder vivir y desarrollarse. No deben nacer condenados. La dignidad que fue devuelta a los indígenas de Evo Morales o a los cabecitas negras de Perón sólo consiste en ser personas y no vidas desperdiciadas, vidas no vividas, que merecen ser vividas.

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Guerra y genocidio premeditados

James Petras
(Febrero de 2003)
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Según estimaciones de la Organización de Naciones Unidas, más de 10 millones de iraquíes resultarán muertos, heridos, desplazados o quedarán traumatizados por la guerra de agresión que prepara Estados Unidos. Es muy probable que las cifras de la inteligencia estadunidense coincidan. Washington ha trazado un plan militar conforme al cual cientos de aviones de guerra y la armada lanzarán miles de toneladas de explosivos sobre ciudades y poblados, infraestructura esencial e instalaciones defensivas iraquíes. Los medios de comunicación masivos en todo el mundo dan información más o menos específica sobre los desplazamientos en tierra, aire y mar. Funcionarios de Washington hablan abiertamente de destrucción sistemática, pillaje y ocupación prolongada.
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El genocidio -destrucción en masa y sistemática de un pueblo o nación- está planeado hasta el último detalle táctico. Economistas han determinado minuciosamente los costos de los movimientos de tropas, bombardeos y desplazamiento de población para después calcular el impacto de la guerra en el presupuesto nacional, los futuros ingresos petroleros, la duración de la ocupación y las proyecciones de costos.
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Se trata, pues, de un genocidio científicamente premeditado, similar al que tuvo lugar en la conferencia de Wansee, en la Alemania nazi, en enero de 1942, cuando el alto mando decidió el exterminio de judíos. La principal diferencia con la experiencia nazi es que la decisión de Washington de cometer genocidio es anterior a la guerra y que sus ejecutores le han dado amplia publicidad en documentos públicos y en discursos oficiales.
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Los arquitectos de la aniquilación provienen de una pluralidad de orígenes étnicos, raciales y religiosos: dos son negros, algunos anglosajones, varios judíos y uno hispano. Con excepción de Powell, todos evadieron el servicio militar o cualquier misión de combate durante la guerra de Vietnam. Todos han participado anteriormente en la planeación o el impulso a guerras de agresión o atrocidades militares.
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Durante la guerra de Vietnam, Powell escribió un informe en el que justificaba la matanza de My Lai, en la que el ejército estadunidense asesinó a cientos de campesinos desarmados. En el gobierno de Ronald Reagan, Rumsfeld fue un vehemente defensor de la intervención militar y el respaldo a subrogados terroristas en Centroamérica, Asia y Africa. Paul Wolfowitz y Richard Perle diseñaron la estrategia de la destrucción sistemática del Estado palestino como asesores del Likud, política que ha sido puesta en práctica desde entonces por el régimen del primer ministro israelí, Ariel Sharon.
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Lo que en el pasado fueron ejercicios teóricos de limpieza étnica, planeación, matanzas localizadas y justificaciones prefabricadas se fusionan ahora en una doctrina sistemática de genocidio internacional. Cada miembro de la elite genocida aporta sus patologías particulares: Powell, su ca-pacidad de fabricar sistemáticamente "evidencias" para justificar las matanzas; Condoleezza Rice, su adoración sin límite por el poder a cualquier costo; Rumsfeld, las frustraciones de jamás haber sido más que un mediocre no combatiente que ahora quiere presentarse como el mayor estratega del mundo; Wolfowitz y Perle, su odio visceral por los palestinos y los árabes y su respaldo incondicional a la limpieza étnica y el terrorismo de los israelíes.
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Lo que importa a la elite genocida no es en principio el petróleo o Wall Street, sino el poder sin límites y el dominio mundial. No ven maldad alguna en la extrema derecha, sólo aliados como Sharon. En cambio perciben maldad y "obstáculos" en socios críticos de la OTAN como Jacques Chirac y Gerhard Schroeder. Patrocinan y promueven a sus vasallos innobles y serviles de Europa del este y del sur. Las fanfarronadas e insultos de cantina de Rumsfeld resuenan en las cámaras silenciosas de Na-ciones Unidas. La voz machacona de Bush busca la complicidad del pueblo estadunidense para proseguir con su invasión genocida de Irak. Cada cual en el estilo que le impone su idiosincrasia, los miembros de la elite guerrera avanzan en formación militar, con gran sentido de impunidad y ciega arrogancia, hacia la destrucción sistemática de una nación.
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Sin embargo, sus asesores y publicistas les han hecho ver que la gente está inquieta. Cientos de miles de ciudadanos han tomado las calles de las principales ciudades y de muchas poblaciones pequeñas de Estados Unidos. Al principio los genocidas minimizaron estos informes, atribuyendo las movilizaciones a "los izquierdistas de siempre". Pero luego decenas de miles de otras personas, entre ellas escritores prominentes, artistas, ex embajadores y ex generales unieron sus voces a los manifestantes, y eso irritó a los genocidas, que dieron pasos para negar el detonador de la oposición pública activa: "veten las protestas públicas", "niéguenles cobertura en los medios de información". Ahora fabrican mentiras más audaces: dan más conferencias de prensa, escriben discursos más beligerantes y envían al emperador George W. Bush a leerlos cada vez que se puede garantizar que tendrá un auditorio.
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Los genocidas se ponen cada vez más histéricos, sus insultos crecen en vulgaridad conforme enfrentan "obstáculos" en la OTAN y la ONU y creciente oposición en el frente doméstico. Sienten que están en carrera contra el tiempo: mientras más retrasen los europeos el genocidio, mayor será la conciencia pública del horror de la empresa bélica y sus implicaciones, mayor será la probabilidad de que la oposición sume millones y rebase el control de los medios masivos y la policía. Quieren ge-nocidio ahora: están obsesionados con el temor de que se esfumen todos sus planes, sus fantasías de poderío mundial y de un Medio Oriente sometido al poder anglo-israelí, libre de resistencia árabe, y de que su fracaso personal los registre en la historia como los genocidas que fueron derrotados por su propio pueblo y no por ejércitos invasores, como sus predecesores del Tercer Reich alemán.
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En la cúpula del poder, los líderes de Europa y Estados Unidos alegan sobre las condiciones y tiempos de la guerra: Washington moviliza a los satélites de Europa oriental que heredó de la ex Unión Soviética, mientras los gobiernos francés, alemán y belga se hacen eco de la vasta ma-yoría de sus electores que se opone a la guerra. Washington y Londres convocan a sus reservas militares y movilizan a fundamentalistas cristianos y sionistas de derecha, mientras las confederaciones sindicales inglesas, francesas, italianas y españolas amenazan con huelgas y las principales iglesias cristianas se unen a millones de ciudadanos que cierran filas a través de las naciones en la desobediencia civil y la protesta pública.
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La guerra que se avecina en Medio Oriente no es una simple conquista colonial, aunque también lo es. Es un choque entre la barbarie y la civilización, cuyo desenlace y consecuencias no se limitarán al resultado militar en Irak. Presenciamos una confrontación entre los propugnadores del genocidio que creen en uno, dos, mu-chos Afganistanes e Iraks, y la creciente oposición de millones de representantes de la humanidad, sus mejores escritores e intelectuales, los voceros religiosos y espirituales que son nobles y dignos y, sobre todo, sus líderes naturales en las clases populares. No puede haber concesiones: esta disputa no llegará a su fin hasta que, o bien el mundo abrace una civilización libre de imperialismo, genocidio y matanzas étnicas, o bien descendamos al infierno de un mundo gobernado por sicópatas genocidas que ven la guerra como medio de dominación perpetua.
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Como escribió alguna vez Jean Paul Sartre, "no hay salida", todos tenemos que elegir y enfrentar las consecuencias. Dondequiera que vivamos y trabajemos, debemos involucrarnos porque el imperio está en todas partes, desde el norte de México hasta el centro de Buenos Aires, desde los campos petroleros de Medio Oriente hasta los bancos de Yakarta. Así también, el movimiento de la gente está en todas partes. En las calles de Roma, Londres, París, Madrid, Atenas, Seúl, Manila, Nueva York, Washington y cientos de ciudades más pequeñas, se han movilizado millones de trabajadores, pobres urbanos, campesinos, jubilados, miembros de la clase media y estudiantes.
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La gran confrontación se ha iniciado, estamos viviendo la historia. Creo que ganaremos. No por fe visionaria, sino por la convicción de que luchamos por lo que representa lo mejor de la humanidad.
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Gorilas Argentinos

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Pino Qué Te Pasó ??

La Mesa Criolla

Los une el es pando

Garzón es Argentino

Pino y Doña Rosa contra los bloggeros que no piensan como él (un escándalo)


Nace UnaSur. Agarrate Catalina. Néstor Por Siempre

El hombre que nunca dejó de ser un niño

Quisiera que me recuerden

Llegaremos a tiempo. Si Pingüino Querido. ¡¡Si!!

Treinta mil

Hasta Siempre Néstor

Liliana Felipe

Dame un candidato. Barragán. Je



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