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Analogías. Crisis que los medios no mostraron ni muestran. Preaviso Europeo. Grecia: Enero 2009. Grecia: Hoy.

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Las fotos pertenecen al año pasado y fueron sólo un preaviso de la actualidad.
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Por los planes de ajuste (enfriamiento de la economía) que ejecuta el gobierno "socialista" Griego, hoy las huelgas, marchas y represión son las imágenes que a diario se dibujan en ese país.
Igual que en la Argentina en el 2001.
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Ajuste en salarios, subsidios, jubilaciones, ingreso universal por hijo, etc, que pide hoy entre lineas, aunque sin animarse a decirlo claramente los opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y "todos" los periodistas de medios de comunicación, tentáculos de la oposición.
¿O mejor sería decir que los políticos opositores son tentáculos de los medios que hoy reinan en la Argentina?













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Grecia. Enero 2009. Grecia hoy.












Grecia Hoy
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Continuidades

Boaventura de Sousa Santos

Todo hace pensar que el 2008 no terminó el 31 de diciembre. El tiempo inerte del calendario deja paso al tiempo incierto de las transformaciones sociales. Mucho de lo que se desencadenó el año pasado va a proseguir, sin solución de continuidad, en 2009 y más allá. Analicemos algunas de las principales continuidades.

¿Crisis financiera o noche de gala de las finanzas? Los últimos cuatro meses revelaron claramente las dos partes en que el mundo está dividido: el mundo de los ricos y el de los pobres, separados pero unidos para que el mundo de los pobres continúe financiando al de los ricos. Dos ejemplos. Hoy se habla de crisis porque alcanzó al centro del sistema capitalista. Hace treinta años que los países del llamado Tercer Mundo atraviesan una crisis financiera y para resolverla solicitan, en vano, medidas muy similares a las que ahora generosamente son adoptadas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Por otro lado, los 700 mil millones de dólares del salvataje están siendo entregados a los bancos sin restricción alguna y no llegan a las familias que no pueden pagar la hipoteca o la tarjeta de crédito, que pierden el empleo y congestionan los bancos de alimentos.

En el país más rico del mundo, uno de los grandes bancos rescatados, el Goldman Sachs, declaró en su informe fiscal que el último año apenas pagó el uno por ciento de impuestos. Mientras tanto, fue apoyado con dinero de los ciudadanos que pagan entre un 30 y un 40 por ciento de impuestos. A la luz de esto, los ciudadanos de todo el mundo deben saber que la crisis financiera no está siendo resuelta en su beneficio y que eso será evidente en este 2009. En Europa, los jóvenes griegos fueron los primeros en darse cuenta y cabe esperar que no sean los únicos.

Zimbabwe: el fardo neocolonial. La crisis de Zimbabwe es la mejor prueba de que las cuentas coloniales todavía siguen impagas. Su importancia reside en que la cuestión subyacente –la cuestión de la tierra– podría estallar próximamente en otros países, en Africa del Sur, Namibia, Mozambique, Colombia, etc. Cuando Zimbabwe se independizó, en 1980, unos 6 mil agricultores blancos poseían 15,5 millones de hectáreas, en tanto 4,5 millones de agricultores negros apenas poseían 4,5 millones de hectáreas, casi todas de tierra árida. Los acuerdos de la independencia reconocieron esta injusticia y establecieron el compromiso de Inglaterra de financiar la redistribución de las tierras. Pero eso nunca sucedió. Robert Mugabe es un líder autoritario que suscita muy poca simpatía y cuyo poder puede estar llegando a su fin, pero hasta ahora su supervivencia se asienta en la idea de justicia anticolonial, con la que los zimbabuenses están de acuerdo, incluso quienes consideran incorrectos los métodos de Mugabe. Recientemente se habló de una posible intervención militar, una cuestión que divide a los africanos y en la que, una vez más, los Estados Unidos podrían meter la mano (con el recién creado Comando Africano). Sería un error fatal no dejar que siga su curso la diplomacia africana.

Sesenta años de derechos poco humanos. La celebración en 2008 del 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dejó un sabor amargo. Los avances tuvieron lugar más en los discursos que en las prácticas. La inmensa mayoría de la población mundial no es sujeto de derechos humanos, antes es objeto de derechos humanos, objeto de discursos por parte de los reales sujetos de derechos humanos, los gobiernos, las fundaciones, las ONG, las iglesias, etc. Será preciso un año mucho más largo que el 2008 para revertir esta situación.

Cuba: ¿el comienzo de la transición? Pese a que los cincuenta años de la Revolución Cubana se celebran este año, en 2008 se habló mucho de Cuba. La enfermedad de Fidel Castro planteó la cuestión de la transición. ¿Desde dónde y hacia dónde? Va a ser otro tema del largo 2008, más importante para el futuro del mundo de lo que puede imaginarse. Porque si es posible decir que Europa y Norteamérica serían lo que son aun cuando no hubiera sucedido la Revolución Cubana, no puede decirse lo mismo de América latina, de Africa y Asia, o sea, de las regiones del planeta donde vive cerca del 85 por ciento de la población mundial.

La dolorosa verdad es que Cuba se transformó en un problema difícil para la izquierda socialista mundial y, particularmente, para la de Latinoamérica. Decir que Cuba es un problema difícil para la izquierda implica aceptar tres ideas: que, en su estado actual, Cuba dejó de ser una opción de izquierda viable; que los problemas que enfrenta, sin ser insuperables, son de difícil solución; y que, si esos problemas fueran resueltos en los términos de un horizonte socialista, Cuba podría volver a ser un motor de renovación de la izquierda, pero sería entonces una Cuba diferente, que podría construir un socialismo diferente del que fracasó en el siglo XX y, de ese modo, contribuir a la urgente renovación de la izquierda mundial, una renovación sin la cual la izquierda no entrará en el siglo XXI.

¿Un réquiem por Israel? El aspecto más trágico del largo 2008 está ocurriendo en Palestina, con la más reciente y más brutal masacre del pueblo palestino cometida por las fuerzas de ocupación israelíes, que cuentan, más allá del poderío militar, con la complicidad criminal del mundo occidental. Esta complicidad está hecha de silencio, hipocresía y una grotesca manipulación de la información que transforma a los ocupantes en ocupados, a los agresores en víctimas, a la provocación ofensiva en legítima defensa. El Estado de Israel constituye el más reciente (nunca el último) acto colonial de Europa, tanto por las condiciones en que fue creado como luego apoyado por Occidente. Hace sesenta años, unos 750 mil palestinos fueron expulsados de sus tierras ancestrales y condenados a una ocupación sangrienta y racista para que Europa expiase el repugnante crimen del Holocausto contra el pueblo judío. Hoy es evidente que, para los sionistas de Israel, el verdadero objetivo, la solución final de la cuestión palestina es el exterminio del pueblo palestino, y es eso lo que está en curso. ¿Habrán olvidado que las "soluciones finales" terminan siempre con la eliminación de quienes intentan realizarlas? ¿No temen que muchos de los que defendieron la creación del Estado de Israel hoy se cuestionen si, en estas condiciones –y repito, en estas condiciones–, el Estado de Israel tiene derecho a existir?

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Potencias

LAS ECONOMIAS DE ESTADOS UNIDOS Y EUROPA, ATRAPADAS POR LA CRISIS FINANCIERA

Record de empresas estadounidenses en quiebra y un déficit presupuestario desbocado. Los bancos Citi y Barclays están en problemas. Alemania presentó un segundo plan de auxilio y Francia salió al rescate de sus automotrices.

Cristian Carrillo

Los efectos de la crisis financiera en el sector real estadounidense siguen multiplicándose y los balances empresarios son una muestra de su impacto devastador. A pesar de haber concluido, el 2008 aún depara nuevas sorpresas en materia económica. Ayer se conoció la cifra record de empresas estadounidenses que cotizan en Bolsa y se declararon en quiebra. También se informó sobre el déficit presupuestario del primer trimestre del período 2008-2009, el cual alcanzó los 485.200 millones de dólares, superando el rojo de todo el ejercicio anterior. El titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, estimó un futuro incierto para los próximos meses, aunque asegura contar con "instrumentos poderosos" anticrisis. En el sector corporativo, el Citigroup anunció la fusión con Morgan Stanley para sus negocios minoristas (ver aparte). Por su parte, en Europa, el banco británico Barclays suprimirá 2100 empleos en sus actividades de inversiones. Las Bolsas respondieron en distintas direcciones. En Wall Street el Dow Jones retrocedió 0,3 por ciento y el Nasdaq tuvo una suba de 0,5 por ciento.

Con cierto tono poético el Fondo Monetario calificó de "triste" al mayor descalabro financiero y económico desde la Gran Depresión y del que tuvo gran responsabilidad junto con las calificadoras de riesgo. La entidad que conduce Dominique Strauss-Kahn volvió a reducir sus pronósticos de crecimiento mundial. Si bien la nueva revisión se conocerá en pocos días, el director del FMI adelantó que sufrieron un fuerte recorte global.

A una semana de que asuma Barack Obama la presidencia de los Estados Unidos, la fragilidad de la actividad parece extenderse y abarcar todos los ámbitos de la mayor economía del mundo. Según cifras del Tesoro, el déficit presupuestario del período octubre-diciembre superó el rojo que fue record en el ejercicio 2007-2008. Por otro lado, la cantidad de firmas que se declararon en bancarrota durante el año pasado fue la mayor desde 2001, mientras que los montos de esas quiebras no encuentran precedentes. Unas 136 empresas que cotizan en Bolsa se colocaron bajo el amparo de la ley estadounidense de quiebras, en tanto el total de activos comprometidos ascendió a 1160 millones de dólares.

Bernanke intentó dar tranquilidad a los mercados haciendo alusión a sus márgenes de maniobra para amortiguar la caída. "La Fed cuenta todavía con instrumentos poderosos a su disposición para luchar contra la crisis financiera y la desaceleración económica", afirmo el presidente del banco central estadounidense durante una intervención en la London School of Economics. Aun con la tasa directriz en cero, Bernanke sostiene que puede "influir" en el costo del dinero "a largo plazo". De todos modos, aseguró que el daño en términos de pérdida de producción, empleo y riqueza "ya es sustancial", y que los tiempos para la recuperación "serán muy inciertos". El presidente de la Fed se reunió además con el premier británico Gordon Brown. Durante el encuentro en la residencia oficial de Downing Street ambos analizaron los efectos de la crisis. En el Reino Unido, en tanto, el gobierno estudia garantizar 20.000 millones de euros en préstamos a pequeñas y medianas empresas. Las respaldos se concederán sobre tres tipos de garantías hacia firmas claves de la economía británica. Mientras, el banco Barclays prevé eliminar 2100 puestos de su nómina en sus actividades de inversiones.

Por su parte el gobierno alemán lanzó su segundo paquete de ayuda fiscal para reactivar la economía y reducir los efectos de la crisis. El plan incluye fuertes inversiones estatales, pagos asistenciales, una reducción de la carga impositiva, rebaja de los costos laborales y el pago de subsidios para la compra de autos. El monto total del paquete que anunció la canciller Angela Merkel asciende a 50.000 millones de euros. La medida cumple con la petición de la Comisión de la Unión Europea de destinar a la reactivación económica al menos el 1,5 por ciento del Producto.

El gobierno francés hará lo suyo al rescatar las principales automotrices del país. El Ejecutivo galo ayudará a Peugeot y Renault a obtener financiación en el mercado. Francia aportará 1000 millones de euros para incentivar la venta de vehículos, y 100 millones para asistir a los pequeños proveedores de autopartes. El plan comenzará a fines de enero. En tanto, sólo Renault reconoció necesitar una cifra cercana a los 9000 millones de euros para su "correcto funcionamiento", según manifestaron a la prensa voceros del gobierno de Nicolas Sarkozy.

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Corrupción en Venezuela según... la corrupción. Nueva ley de radiodifusión Urgente, por favor.

Ricardo Fuentes Ramírez
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En la universidad nos enseñan que Transparencia Internacional (TI) es una organización neutral y objetiva que, entre otras cosas, se dedica a medir la corrupción en los distintos países. Desde el 2004 venimos escuchando la noticia de que según el índice de corrupción de TI, el gobierno de Chávez no solo es de los más corruptos del mundo, sino que cada vez es más corrupto.
Al escuchar esto, mi primera reacción fue decepción total. La conclusión de Transparencia Internacional debía ser cierta. Para colmo, en septiembre del 2008 Chávez expulsa a representantes del Human Rights Watch, lo que me confirmaba que lo que se estaba planteando era una realidad.
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Mi primera reacción no fue nada crítica. La reacción adecuada debieron haber sido las preguntas: ¿Y quienes componen Transparencia Internacional? ¿Cómo se calcula su índice de corrupción? Al buscar estos detalles, encontré que el Índice de Corrupción se compone de estudios de diferentes entidades, dependiendo del país que se esté analizando. En el caso del gobierno de Chávez, se tomaron en cuenta los estudios de seis entidades. Al estudiarlas podemos llegar a conclusiones distintas.
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La primera entidad es la Bertelsmann Foundation. Esta fundación alemana abiertamente aboga por reformas que fomenten economías de mercado con responsabilidad social. Se les ha criticado por involucrarse en la política con el fin de adelantar su agenda neoliberal, especialmente en la educación y las relaciones laborales en Alemania. También se han destacado en su lucha por eliminar el acceso gratuito a las universidades y en eliminar la autonomía universitaria.
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La próxima es el Economist Intelligence Unit. Esta compañía es parte del Economist Group. Este grupo fue fundado para apoyar la causa del libre mercado. A pesar de que plantean que son objetivos, siempre han dejado claro en su publicación más importante, la revista The Economist, su afiliación con las doctrinas del libre mercado.
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Sigue el “World Competitiveness Report” del “Institute for Management Development” (IMD). El IMD es una escuela única y exclusivamente de negocios. No profundizan en los campos de la política o la economía ya que establecen claramente que su interés primordial es en los asuntos de negocios. Su índice, se enfoca en medir la competividad de las naciones desde su perspectiva económica empresarial.
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Continuamos con el “Merchant International Group.” Esta compañía se dedica a hacer estudios sobre el riesgo que le pueden representar a los empresarios hacer inversiones en distintos países. Por ejemplo, miden las probabilidades de que se lleven a cabo nacionalizaciones en un país.
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Seguimos con “Global Insights,” una compañía privada que genera más de $95 millones anuales y se dedica a proveer información relevante para la planificación y toma de decisiones empresariales en los distintos países.
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Finalmente, tenemos el “Global Competitiveness Report” del “World Economic Forum.” Lo primero que hay que destacar es que la parte más importante de su informe es una encuesta a los empresarios mas importantes de cada país. El “World Economic Forum” establece claramente que fomentan los gobiernos corporativos, con su lema “iniciativa empresarial para el interés publico global.”
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Lo curioso es que las seis entidades se concentran en lo que es el apoyo al mundo de los negocios y la economía de libre mercado. La mayoría de sus estudios se concentran en estos campos, y desde su propia perspectiva de lo que es mejor para los países del mundo. Me impresiona el hecho de que el índice se supone que mida corrupción en el sistema político, pero esta compuesto únicamente de estudios de la situación empresarial y la situación del libre mercado en Venezuela. .
El gobierno de Hugo Chávez tiene una perspectiva muy distinta de lo que es mejor para los países de America Latina en términos económicos. La política-económica del gobierno de Chávez parte precisamente del rechazo a este mundo de negocios y economía de libre mercado que defienden las seis entidades que se utilizaron para calcular su índice de corrupción.
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Si Chávez precisamente esta buscando reducir el rol de los empresarios en su país y de alejarse de la economía de mercado, y estos estudios miden la situación empresarial y la situación de la economía de mercado, es lógico que Venezuela vaya a salir horrible en sus resultados.
Pero lo único que miden estos estudios es si el país esta realizando política-económica como estas seis entidades piensan que se debería hacer. Absolutamente más nada. No miden ni los resultados que la política-económica ha tenido en la población, ni mucho menos el estado de la corrupción en un país.
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Es interesante como los grandes intereses económicos hacen estos proyectos “sin fines de lucro,” como los índices de corrupción de Transparencia Internacional; pero que bastantes fines de lucro tienen, ya que buscan desacreditar un proceso revolucionario que busca hacer las cosas de una manera distinta a la que ellos predican. De una manera que no les permite enriquecerse de los diferentes pueblos del mundo.
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Carta Abierta 5. Restauración conservadora o profundización del cambio

El espacio de intelectuales, artistas y creadores Carta Abierta elaboró un nuevo documento, centrado en el avance de "una derecha agromediática" en el contexto del escenario electoral nacional y de la intensa crisis global. La presentación se hará mañana, a las 13, en la Librería Foro Gandhi. Aquí, el texto completo.
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Recorre la Argentina la fanfarria de una restauración conservadora, expresión de una derecha vieja y nueva. Con arrebatos cambiantes, a veces con estridencia, muchas veces en la penumbra, nerviosamente se preparan. Van de reunión en reunión, en una coreografía que se hace y rehace bajo la bitácora de semanales gacetilleros del gran desquite. Ventrílocuos, pronostican el próximo viraje. El fin de la pesadilla. No llegan a ser aún la Santa Alianza. Pero a falta de un Metternich, pululan políticos de diversas historias y procedencias, estilos comunicacionales aparentemente objetivos y representantes de economías facciosas que apuestan a recrear un Estado sin capacidad de pensar el conjunto de la Nación, cuando es necesario transformarlo en el sentido contrario, sacudiéndose sus modos neoliberales y su debilidad institucional. Los restauradores exudan el deseo de recuperar los fastos de la Argentina del primer centenario, aquella en la que la mitología agroganadera representaba los fundamentos de la Nación. Sus narrativas del presente se inspiran en las injusticias y desigualdades del pasado.

Ellos realizan sus rápidos cálculos de reposición del viejo orden. Alegan pureza institucional, pero se han abstenido de hacer gala de ella cada vez que les tocó actuar en tareas de responsabilidad. Esgrimen que se han superado los límites tolerables en materia de seguridad, pero en vez de pensar los abismos sociales que sólo se remedian con políticas democráticas y con el desafío aún pendiente de una nueva distribución del ingreso, expanden un miedo difuso preparando futuras agencias y formas regresivas de control poblacional. Vigilar y castigar parecen ser sus recursos privilegiados, el núcleo primero y último de la brutal simplificación de la anomia que subyace a una sociedad desquiciada por la implantación, desde los años de la dictadura videlista, de un proyecto de país fundado en la exclusión, la marginalidad y la miseria creciente de aquellos mismos que acabarán convertidos en carne de prisión o de gatillo fácil.


Si es el caso, no vacilan en aceptar pigmentos de "izquierda" para presentar un proyecto que pertenece a las fantasías recónditas de una nueva derecha mundial. Desenfadados, anuncian que todo lo que harán no será contradictorio con la asunción de "la política de derechos humanos". El neoconservadorismo argentino ha aprendido a no ser literal como sus ancestros. Puede ser también, si lo apuran, un "progresismo de derecha", imbuido de los miles de fragmentos sueltos que vagan por los lenguajes políticos. Todo vale. Pueden tomar las premisas de una lengua que hace poco pertenecía a los movimientos sociales de transformación. O pueden sonreír por lo bajo, pues alguien sustituyéndolos reclamará magnas puniciones y pronunciará el supremo veredicto: "pena de muerte". Será la forma sublimada de indicar el rumbo de la reingeniería de una "sociedad turbada", una Argentina que reclamaría la pastoral de la seguridad, que en vez de considerarse un grave problema que debe convocar imaginativas soluciones económicas, democráticas, laborales y pedagógicas, es visto como una peste medieval que exige periódicos exorcismos de punitivas sacerdotisas y ávidos prelados.


Junto a la complicidad con quienes exigen un cadalso público como forma de una nueva razón disciplinadora, los mundos políticos de la restauración conservadora extienden bruscamente ante sí el descuartizado mapa de las ideologías argentinas. Unos buscando "patas peronistas", otros "patas liberales" y otros "patas radicales" para lo que creen que son sus baches a ser rellenados con cuadrillas políticas nocturnas de urgencia. Confunden política con pavimentación. Se entrecruzan en el complaciente intercambio de figuritas sobre el vacío que se atribuyen a sí mismos. Comienzan por reconocerse carentes, vivir en el socavón de su propia escasez. No sorprende que la decadencia de las grandes ideas de cambio social haya traído aparejada la decadencia del lenguaje político. Las viejas corrientes políticas, que supieron ser corrientes de ideas, son ahora partes de un pensamiento rápido, aleatorio, que se arrastra por el piso como un mueble que desgastó sus soportes. La nueva derecha, forjada en los lenguajes massmediáticos, carece de escrúpulos a la hora de arrojar por la borda ideas y principios o de adherirse a los restos tumefactos de tradiciones antagónicas; lo único que le importa es conquistar, por la vía de la simplificación y el vaciamiento ideológico, a una ciudadanía apresada en las matrices heredadas de los '90 menemistas. Pretenden organizar las filas del individualismo atemorizado pero si triunfan no gobernarán como estrategas de la concordia social sino como artífices de una implacable revancha represiva.


Los representantes de la restauración han memorizado así archisabidos preceptos, míseras cartillas para refundar el Orden Conservador, pero se sienten vivados por los abstractos públicos presentados como momentánea platea popular sustituta. Saben que actúan en medio de poblaciones estremecidas por los diversos planos de una crisis civilizatoria de la que dicen no tiene conclusión visible, pero la suelen ver como parte de un oscuro deseo de que esa crisis llegue pronto a la Argentina como "gran electora catastrófica". La crisis mundial sería la prestidigitadora de una devastación. Desarticularía previsiones, refutaría políticas públicas y esparciría desempleo, inestabilidad o pánico. Y les daría votos. La conciencia invisible del conservador se mueve en todos los rubros de la lengua movilizadora, pues sabe que hay un público difuso extendido en todo el país que lo escucha y que proviene de muchos legados políticos destrozados. Se parte del anhelo de que la crisis venga ya. Que irrumpa por fin esa crisis mundial y derrote a los esfuerzos que se hacen por conjurarla, a veces buenos, otras improvisados sobre el vértigo que la crisis impone, no siempre efectivos.


En el inconsciente colectivo de la restauración se halla emplazado el pensamiento de que la "llegada visible de la crisis" equivaldría a una admonición mesiánica que se encargaría de derrotar a los frágiles gobiernos a martillazos del Dow Jones y drásticos patrullajes del Nasdaq. Ninguna conciencia parecen tener de que esas catástrofes en el centro del mundo se han llevado consigo los paradigmas sobre los que construyeron sus capitales políticointelectuales. Más que paradigmas, son sofismas que no cesan de repetir a despecho de las evidencias. Eluden dar cuenta de la gravedad mundial de la crisis para menoscabar las medidas que atenúan sus ondas expansivas más duras. No se atreven a reconocer que la demora y cierta "suavidad" relativa de la crisis en Argentina se vincula con las políticas gubernamentales de moderada desconexión de las lógicas financieras del capitalismo contemporáneo. Los restauradores repiten sus axiomas ya fallidos y no trepidan en solicitar el fin de la desconexión: volver al seno del FMI es ya una consigna de batalla.


Los líderes del "partido del orden", mientras aguardan el auxilio de la crisis, no pueden atravesar ciertos dilemas de parroquia: ¿qué representación política dará finalmente el nuevo bloque agrario que trae la sorprendente fusión en las consignas de los agronegocios de los sectores que antaño se diferenciaban por distintos tipos de actividad agropecuaria? Una nueva soldadura material y simbólica ha ocurrido frente a las nuevas características tecnológicas y empresariales de la explotación de la tierra sobre el trasfondo de ganancias inesperadas. Se trata de un bloque "enlazado" que, bajo un débil manto de republicanismo, se propone la cruzada restauradora y para hacerlo declara vetustos los desvencijados partidos remanentes, exige una derechización social y pone en crisis también a las tradicionales representaciones del sector.


Los restauradores anuncian que están frente a una impostura histórica pero llaman impostura a novedades introducidas por un juego democrático que sin duda es desprolijo pero vital; anuncian que están frente a manifestaciones de locura y tilinguería, pero no se privan de reclutar en sus filas a toda clase de comediantes que postulan el regreso a una normalidad administrada desde antiguos retablos ajustistas. Anuncian también que están frente a un gobierno errático, peligrosamente estatista –si son liberales–, e insensible a lo social –si asumen aires ocasionales de izquierda–. La impostura de la que acusan al Gobierno atraviesa de lado a lado su lenguaje, en especial cuando recurren a antiguas y venerables simbologías populares en nombre de intereses antagónicos de esas tradiciones.


Este tema es necesario recorrerlo claramente. El Gobierno se halla en medio de una tormenta social y política –local e internacional– acerca de la cual, tanto como no se puede aceptar que la haya provocado en lo que tiene de incierta, tampoco es posible dejar de ver en sus medidas más atrevidas el origen de las hirientes esquirlas que recibe como respuesta y debe afrontar. Estas medidas ya se conocen, y van desde los primeros gestos en relación a fuertes reparaciones simbólicas que desataron nudos asfixiantes de la historia hasta el pasaje de las existencias de las AFJP al patrimonio público bajo administración estatal o el profundo y necesario proyecto de ley de medios audiovisuales, sin dejar en un segundo plano la recuperación de una perspectiva latinoamericana que abandonó el paradigma de las "relaciones carnales" para encontrarse con irredentas pertenencias histórico-culturales. Con sus diferencias y particularidades, los procesos boliviano, venezolano, brasileño, ecuatoriano, cubano, uruguayo, chileno, paraguayo, nicaragüense, salvadoreño, no nos dejan pensar que esta hora latinoamericana va a ceder su horizonte de realizaciones ante la agresión mancomunada de las nigromantes y los hechiceros del retroceso. Y sabemos que la difícil encrucijada económica y social no puede sortearse sin la composición de tramas políticas, económicas y culturales de alcance regional.


El ciclo abierto en el 2003, no sin titubeos, produjo una diferencia con las formas de gobernabilidad anteriores, diferencia surgida de la lectura de los acontecimientos de 2001, cuando el protagonismo popular sancionó el fin de aquellas formas. Diferencia que se percibe en sus intentos democratizadores (que van desde la modificación virtuosa de la Corte Suprema hasta la afirmación de una política de derechos humanos que retoma los reclamos de los grupos organizados por su defensa), en el tipo de encuentro que propició con los movimientos sociales (entrecruzamiento de diálogos y no de medidas represivas), en el planteo de núcleos centrales para una sociedad justa (desde la enunciación de una pendiente redistribución del ingreso hasta la extensión de los derechos jubilatorios y la reposición de la movilidad de los haberes), desde la innovación en políticas de defensa hasta la decisión de no rendir ante el altar de la crisis los sacrificios tradicionales del trabajo y del salario.


Se conocen también sus deficiencias. Existe un gran contraste entre acciones innovadoras en campos sensibles de la vida social y apoyaturas que arrastran estilos rígidos, no decididamente democráticos, de organización política. Nos referimos a una escasa renovación en los sostenes oficiales del Gobierno, cuando no a un chato horizonte de conveniencias sectoriales –encarnadas por lo general en porciones extensas del Partido Justicialista– y específicamente en el profundo error que se comete con alianzas como las de Catamarca, donde se marchó junto a la figura que gobernaba la provincia cuando sacudía al país el caso María Soledad y con las huestes de un confeso ladrón. También lo que implica la cercanía con Aldo Rico en San Miguel, para mencionar sólo los casos que más hieren. No sólo por lo que componen, también por la ausencia que revelan de otra construcción política capaz de efectuar una interpelación popular, convocar a los hombres y mujeres, a los trabajadores, a los desocupados, a los que estudian y los que crean, a apoyar y expandir una diferencia que efectivamente existe en ciertos actos y se opaca en la rutina de las antiguallas partidarias. No es casual que en las entretelas de estas alianzas de ocasión con personajes sin moral y sin conciencia, que han navegado los últimos veinte años de vida política, haya tomado cuerpo la "idea" de una "salida ordenada" del kirchnerismo, manejando figuras como el cáustico sojero Fórmula 1. Esa salida –engalanada con prefijo post– dejaría al pueblo como rehén. Se trata, en realidad, de la restauración conservadora con la misma soja al cuello pero con Hugo del Carril en la vitrola. El Gobierno se recuesta sobre una estructura partidaria que parece garantizarle un piso electoral imprescindible, sin transitar por sendas en las que se podría vislumbrar un horizonte distinto. Comprender la carencia no significa aceptar la solución como la única posible. Es, más bien, anticipar los costos a pagar.


Son temas que es necesario revisar. La dignidad de un proyecto social de cambios requiere que sus apoyos surjan convencidamente de llamados a las vertientes sociales, productivas y culturales que esperan participar en un movimiento que pueda gobernar en medio de desafíos fundamentales y vencerlos innovadoramente. Ese llamado aún no ha ocurrido aunque, como debe brotar de los pliegues críticos de la sociedad, es necesario encontrar en la sociedad civil el lenguaje y los argumentos para concretarlo. Un lenguaje sensible a una sociedad que se ha transformado y cuyas disidencias internas, sus polémicas públicas, no pueden ser explicadas sólo con la cartilla de las anteriores lecturas nacional-populares. El desafío es apropiarse de aquellas lecturas pero entramadas en una nueva y compleja realidad; de reencontrarse con los afluentes de una memoria de la justicia y la igualdad en el contexto de inéditos saltos al vacío del capitalismo actual. Es bajo esta perspectiva que reconocemos la trascendencia de lo abierto en mayo del 2003 y que no olvidamos las enormes dificultades que existían y que todavía persisten para construir un proyecto democrático y popular. Algunas izquierdas, como lo han hecho repetidamente, no atinan a dar cuenta de la singularidad de los acontecimientos. Es hora de entrelazar miradas, perspectivas, tradiciones y biografías diversas que comparten el ideal emancipatorio, intuyendo que la hora argentina reclama una fuerte toma de partido que sea capaz de enfrentar la restauración conservadora.


No queda mucho tiempo para ello. Pero reconocer las dificultades no implica bajar los brazos. Las consecuencias de un triunfo de la coalición conservadora pueden ser graves, pero este documento quiere ser de esperanza y de reagrupamiento en la lucha. Veamos: en la Ciudad de Buenos Aires está en curso una experiencia. La gobierna una derecha que con remozada gestualidad despliega destructivos ataques a las instituciones públicas de la ciudad, rastrilla las calles con anteojeras represivas y no desdeña ocasión de borrar aquello que otros pensamientos políticos habían inscripto en la vida estatal. Gobierna esa derecha por su capacidad de seducir a un electorado dispuesto al festejo de fórmulas abstractas que (ilusoriamente) resolverían problemas complejos. Pero el progresismo porteño aún merece una revisión crítica y el gobierno nacional el cuestionamiento de su escasa reflexión sobre la peculiar sensibilidad cultural y política de la ciudad. Cuando algo permanece intratado, cuando no se lo considera en su especificidad, es arrojado a un trato consignista, abstracto, reactivo. Campo fértil para las derechas, con sus maniqueísmos excluyentes. Por eso, se arriesga demasiado cuando se trata con categorías desdeñosas a una ciudadanía que puede ser complaciente y superficial, pero en ocasiones, además, díscola y crítica. También el riesgo es altísimo cuando se renuncia a considerar ciertos temas, como el de seguridad, por lo que arrastran de amenaza. Las grandes ciudades argentinas, escenarios y protagonistas de luchas emblemáticas de la historia nacional (desde las huelgas de la Semana Trágica o la Reforma Universitaria hasta el Cordobazo; desde el 17 de Octubre o la huelga del frigorífico Lisandro de la Torre hasta las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001), esas mismas ciudades han sido permeables al discurso neoliberal. Pero las ciudades anteriores persisten.


Tradiciones culturales y memorias comunitarias subyacen a la espera de una invocación política que las reavive y contenga. Nadie es dueño de la conciencia de los millones que viven, sueñan y despotrican en estas urbes. La crisis puede ser oportunidad de reabrir esa historia y para considerar los núcleos potentes de las luchas urbanas actuales: la confrontación contra la precarización del trabajo y el desempleo, el enfrentamiento contra las añejas pero actualizadas formas de opresión a las mujeres, para nombrar sólo algunas. No damos por perdida esa apuesta por arrebatar las ciudades de sus cautiverios mediáticos y sus temblores restauradores.


Cuestiones vitales como el modelo energético, el régimen de entidades financieras, el transporte ferroviario y fluvial, la explotación minera, requieren formas de desarrollo viables que no acepten fáciles composiciones con empresas transnacionales que no tienen hipótesis de preservación ambiental ni se componen con un modelo económico nacional autónomo. Es necesario actuar con criterios eficaces en torno a crear opciones económicas democráticas, donde un pragmatismo inmediatista no sustituya un proyecto más profundo de economía distributiva, proteccionismo democrático, urbanismo integrador e inclusivo y ordenamientos normativos que impidan la rapiña de recursos. Esto requeriría de instituciones estatales con capacidad de desplegar políticas públicas, con efectiva llegada a todo el territorio nacional. Pero sabemos que, si entre los méritos del ciclo abierto en el 2003 está el de resituar la importancia del Estado, también es claro que el realmente existente no está a la altura de esa relevancia.


Se han desplegado, sin embargo, considerables apoyos a los compromisos científicos sustantivos, expandiendo la investigación, los presupuestos a ella destinados e incentivando la innovación intelectual en la vida social productiva. En este mismo itinerario, queda pendiente la renovación de las fuentes de la reflexión crítica sobre estas materias, sin esquematismos ni fervores momentáneos que demoren el encuentro de los grandes núcleos de acción intelectual creativa en torno a la ciencia, el arte, el urbanismo, los medios de comunicación, el lenguaje, el diseño y las tecnologías. La creación del Ministerio de Cultura de la Nación, capaz de articularse con el de Ciencia y Tecnología, permitiría pensar la inteligencia y la creatividad sociales en conjunto, no como secciones estancas de acciones nómadas.


Por todo esto, llamamos a ejercer el derecho de crítica autónoma dentro de un gran campo de apoyo a los aspectos realizativos que ha encarnado el gobierno nacional. El momento lo reclama. No somos partisanos de una axiomática y binaria contradicción fundamental, aun cuando reconozcamos que las situaciones críticas conllevan, a nuestro pesar, un borramiento de matices. Debe haber distintas variantes y situaciones para los pensamientos críticos. Pero tampoco el Gobierno es ese manojo irreversible de contradicciones obtusas que a diario nos propone la vasta maquinaria mediática que lo envía al patíbulo en miles de minutos diarios de televisión, acudiendo a las doctrinas ubicuas del escándalo y el odio, en uno de los momentos más graves de irracionalismo asustadizo y de no tan encubiertos racismos que haya vivido la sociedad argentina contemporánea. Esa ofensiva de una derecha agromediática que no deja nada por tocar ni ensuciar, que corta rutas y agita conspiraciones, nos persuade de la decisiva importancia que adquiere no solamente la defensa de la legitimidad democrática sino, más hondo y grave, del decisivo entrelazamiento de un proyecto popular con el destino del Gobierno. Desatar el nudo que une ambas perspectivas constituye un error cuyo costo puede ser desmesuradamente elevado; imaginar que la caída de lo inaugurado en el 2003 puede ensanchar el horizonte popular y nacional es no sólo una gigantesca quimera sino una perturbadora irresponsabilidad histórica de los que todavía no comprenden el carácter y la dimensión del peligro restaurador.


La restauración tiene sus antenas y tentáculos preparados para aprovechar los deficientes reconocimientos mutuos que hemos tenido entre aquellos que en el pasado compartimos horas decisivas para constituir una fuerza popular transformadora desde distintas vertientes de la historia argentina. Llamamos entonces a que consideren favorablemente estas ideas, precisamente los compañeros de las izquierdas, de las corrientes nacional-populares, de los libertarismos, de los autonomismos y de los socialismos. Es imprescindible que sigan realizando observaciones críticas a las que siempre les otorgamos credibilidad, pero también les proponemos que las integren a un seno común aunque heterogéneo de opiniones situado ante la urgencia de oponerse a la restauración conservadora. Pero no menos imprescindible es que se constituya una gran fuerza autónoma que recorra las diversas experiencias de transformación social y las devuelva a la esfera pública de un modo movilizador, renovado y creíble. Allí radica una de las apuestas sin la que resulta casi inimaginable la profundización popular de un proyecto democrático que vino a renovar las lenguas políticas en un tiempo dominado por las clausuras y las desesperanzas.


Llamamos a actuar contra la restauración conservadora de un modo creativo, inhibiendo su diseminación con argumentos sutiles y masivos, que pongan en evidencia su auténtica impostura, su anacronismo y la amenaza que suponen a cualquier forma de redención social, defendiendo los aspectos progresivos de la actual situación y haciendo explícitas las reservas, a modo de un necesario reencaminamiento de las acciones políticas populares. Llamamos a no dejarnos sorprender por el clima de desprecio que crean los operadores de una crisis anunciada, que es el ensueño de las viejas fuerzas del Orden con pañuelito de seda al cuello, gozando ahora de la masividad mediática con que instalaron el partido del miedo. Llamamos a retirarnos de la quietud y a no quedar atados al comprensible malestar por los enredos que poseen muchos de los recorridos políticos de la hora. Porque la aparente claridad de los restauradores traerá al país los capítulos ya conocidos de la pasividad cívica, el descompromiso con el trabajo colectivo, la mediocridad política y el predominio de los círculos áulicos que operan en el servicialismo a los más oscuros poderes imperiales, cuyo resultado previsible es la multiplicación de la desigualdad, su marca más auténtica.


En estos meses, se desplegará una contienda electoral que tendrá mucho de plebiscito respecto de las políticas gubernamentales, que en algunos casos presentan deficiencias pero que configuran acciones reparatorias para una sociedad dañada. Las rutinas electorales –con sus desfiles de espantajos y sus diatribas mutuas– serían insufladas de otro entusiasmo si se las dota de un carácter programático. De un programa en el que la defensa de los derechos humanos, la consideración de la seguridad sin reduccionismos represivos, políticas de retención de las rentas extraordinarias, estrategias de apoyo a la producción, proyectos educativos que promuevan sujetos autónomos e inclusión social, políticas de salud enraizadas en las vastas necesidades populares, la profundización de la integración regional, la preservación ambiental (incluidos los glaciares) y el debido cumplimiento de las aún pocas leyes existentes que reconocen los derechos de los pueblos indígenas, no puedan ser expurgados ni menoscabados. Por otro lado, también se estará debatiendo una de las más radicales medidas de distribución cultural: una ley que impulsa la democratización del sistema de medios de comunicación. El proyecto, surgido de intercambios y consultas, estará recorriendo los vericuetos del debate en la sociedad civil antes de su trato parlamentario. No serán, no son, tiempos fáciles, portan una nitidez casi dolorosa y exigen renovadas pasiones. Muestran que no hay para el pueblo argentino "salida ordenada" contra la restauración conservadora. ¡Profundicemos los cambios! Ese es nuestro llamado.

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Nueva ley de radiodifusión URGENTE POR FAVOR.

El bazar
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Alfredo Zaiat

La caída del Muro de Wall Street no sólo ha dejado desnudo al rey finanzas desregulada, que los líderes de los países del G-20 tratarán de travestir en la cumbre de Londres el 1º y 2 de abril próximo. También ha dejado en evidencia el derrumbe de modelos económicos presentados como exitosos durante décadas por parte del discurso dominante. No pocos intelectuales locales y del exterior han destacado la experiencia irlandesa por su apertura a mercados, modernización y limitación del Estado, desarrollo de la industria de servicios tecnológicos, disminución de las tasas impositivas, bajos aranceles a la importación, desregulación, afluencia de capitales extranjeros y mejora en la educación. Afirmaban que Irlanda había logrado acceder a los más altos puestos en los índices de libertad económica y transparencia, así como también a ser prototipo institucional para otros países.La crisis global ha sacudido ese modelo exitoso devastando su economía y tejido social.


Uno de los representantes de esa corriente de pensamiento vulgar es el periodista Andrés Oppenheimer, que escribió Cuentos chinos. El engaño de Washington, la mentira populista y la esperanza de América Latina. Ese libro es una guía ineludible para descubrir la exposición de falacias y lugares comunes que en las últimas décadas se han impuesto en sociedades vulnerables y con escasa densidad nacional. Hoy adquiere mayor dimensión porque revela su tosquedad, comportamiento que ha sido imitado por no pocos analistas y economistas locales. "No hay razones biológicas por las cuales los países de América latina no puedan copiar varias de sus recetas (las irlandesas) y convertirse en éxitos económicos parecidos", pontificó Oppenheimer. La crisis global exhibió la fragilidad de ese milagro, con un saldo desolador: el crecimiento de Irlanda es negativo y el desempleo a fin de este año podría llegar al 14 por ciento de la fuerza laboral (4,3, en 2006). El gobierno ha tenido que garantizar los depósitos bancarios por 105 mil millones de dólares, nacionalizó el Anglo Irish Bank y aprobó un rescate de entidades por unos 7500 millones de dólares. Irlanda, joya del nuevo modernismo, vive momentos de zozobra: su déficit fiscal ya supera el 6 por ciento del PBI y llegaría al 11 este año. El gobierno quiere reducir el salario de los empleados públicos. El emblema del triunfo de la economía de los tigres celtas, el empresario Patrick Rocca, se suicidó.


Irlanda no es el único modelo exitoso vendido en el bazar de la economía global que ha terminado en la mesa de saldos. Islandia, país que fuera considerado por la ONU como el mejor para vivir en todo el mundo, ahora padece desempleo, parálisis económica, incapacidad para pagar y bancarrota. En una crónica del diario El País de Madrid se menciona que "los islandeses se debaten hoy entre echarle la culpa al gobierno, por haber desregulado las leyes de manera tal que todo valía, o a los banqueros, cuya extravagancia era observada por el resto de los ciudadanos en las fiestas espontáneas que montaban en los bares de Reikjavik, la capital, donde consumían champán a 1000 euros la botella como si fuera cerveza".

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También ha quedado sepultado el milagro económico de los países de Europa del Este, que luego de librarse del régimen comunista soviético ingresaron en el fascinante mundo del consumo capitalista y ahora están al borde de la ruina por la desregulación, elevado endeudamiento y apertura económica.
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A una velocidad impresionante han sido cascoteados los faros que iluminaban el sendero a transitar para arribar al puerto del paraíso de la economía. Los abanderados del pensamiento neoliberal se han quedado sin referencias en la feria de las naciones, aunque no lo admiten y como patrullas perdidas alienadas siguen postulando lo mismo que se ha revelado como un fracaso global. En ese bazar todavía les quedan algunas piezas para seguir batallando acerca de modelos económicos a imitar. Entre ellas sobresale la de Chile. La estabilidad política y la evolución positiva de variables macroeconómicas se presentan como el marco preferido del modelo exitoso chileno. Los admiradores de esa experiencia ocultan que gran parte de la estabilidad fiscal e incluso la posibilidad de constituir un fondo anticíclico se encuentra en que el Estado ha retenido gran parte de la inmensa renta proveniente de la explotación del cobre.
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Tampoco se expone que ese modelo ha avanzado como pocos en la privatización del sistema de salud, educación y previsional, dejando a las mayorías en una situación de elevada vulnerabilidad por el desmantelamiento de los sistemas sociales públicos. La pobreza ha descendido en las últimas décadas, pero la desigualdad no ha registrado la misma tendencia. Al respecto, vale destacar que tanto los índice de pobreza como de desigualdad son relevantes y la superación de uno no involucra necesariamente mejorar el otro. Por caso, si en una sociedad todos sus integrantes son igualmente pobres la desigualdad es cero, pero si uno de ellos recibe una transferencia externa de modo que le permita superar esa condición, reduciría la pobreza pero aumentaría la desigualdad.
Dante Contreras, doctor en Economía por la Universidad de California, sostiene en Distribución del ingreso en Chile. Nueve hechos y algunos mitos, que ese país "es una de las economías con mayor desigualdad en el mundo". Explica que "la economía chilena ha sido caracterizada en los últimos años como una de rápido crecimiento y desigual distribución del ingreso. En este contexto, varias investigaciones muestran que la distribución de los ingresos en Chile es una de las más desiguales en el mundo, pero que dicha desigualdad se ha mantenido relativamente estable desde una perspectiva de largo plazo". Otro especialista, Andrés Velasco, doctor en Economía de la Universidad de Columbia, sostiene en Crecimiento económico en Chile: mitos, preguntas y certezas (muy pocas), que ese país está preso de la evolución del precio del cobre. "Cada vez que cae, en el período siguiente se desacelera el crecimiento en Chile", apunta, para agregar que "si uno mira a otros países exportadores de materia prima con economías más diversificadas, eso no ocurre". Otro dato relevante sobre el modelo chileno es que pese a los abultados ingresos brindados por la renta del cobre, no ha podido avanzar en su desarrollo industrial con incorporación de valor agregado. Además del cobre, que representa del 35 al 40 por ciento de las ventas externas, la canasta exportadora chilena está compuesta básicamente por pescado fresco y congelado (salmón), harina de pescado, uvas frescas, vinos y madera.
La crisis global brinda la oportunidad para romper con esa particular tendencia de los voceros del discurso hegemónico doméstico de proponer la copia de modelos externos supuestamente exitosos. Uno de los grandes aportes que ofrece la caída del Muro de Wall Street es que los ha dejado huérfanos, aunque todavía se resisten a velar a sus padres. Se presentan las condiciones para avanzar en lo que Dani Rodrik, profesor de economía política de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, plantea: "El reto está en proveer un grupo alternativo de lineamientos para la definición de políticas sin caer en la trampa de promulgar otro modelo impráctico más, supuestamente correcto para todos los países en todo momento". Esta idea está presentada en el artículo "Y después del neoliberalismo, ¿qué?", publicado en 2002, donde Rodrik señala que "los antecedentes sugieren que son dos las estrategias en las que debe anclarse un programa de crecimiento adecuado: una estrategia de inversión diseñada para darle un impulso inicial al crecimiento en el corto plazo y una estrategia de construcción de instituciones diseñada para darle resistencia a la economía para enfrentar situaciones adversas". La economía argentina se encuentra en esa segunda etapa frente a la crisis global, trayecto que requiere dejar de mirar modelos que fueron y ya no son y apostar a espacios para la audacia en la gestión gubernamental e institucional y en la política participativa en el diseño de una estrategia de desarrollo propia a nivel nacional y regional.
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Extrañando los 90 y algo más

Entre la restauración conservadora y el deseo de una democracia corporativa
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Ricardo Forster

1 El escenario es elocuente, los actores ocupan sus lugares y despliegan con justeza sus respectivos papeles. Al levantarse el telón lo que antes podía quedar supeditado a la imaginación del espectador se vuelve pura evidencia; no hace falta vestuario ni maquillaje porque cada quien actúa de sí mismo. No hay ocultamientos ni falsas máscaras; las voces, sus tonalidades, se corresponden con las ideas de sus expresivos portadores que sabiéndose observados se deleitan imaginando que, ahora sí, ellos son el poder y lo son de una manera como no se había vuelto a ver desde las épocas de la Argentina del Centenario, aquella Nación construida por los dueños de la tierra que se emocionaba ante la llegada de la infanta Isabel y que se aprovechaba de la abundancia exuberante de estas pampas bendecidas por Dios, mientras los otros, los pobres de ayer y de hoy, permanecían y permanecen como figuras borrosas e insustanciales de una historia siempre escrita por la pluma de los poderosos. La prodigalidad de la Pampa húmeda alcanzó a unos pocos, esos mismos que harían lo imposible para acallar los reclamos de justicia y equidad de los humillados y explotados; dueños de la tierra que se encargarían de escribir su propia versión de la historia, una versión que vuelve a emerger, aunque algo gastada y desvencijada, para convertirse en la escritura de una nueva derecha (sofisticada por los lenguajes de la corporación mediática y las formas inéditas de construcción de la opinión pública) dispuesta a recuperar los oropeles perdidos.


El Congreso de la Nación, obra diseñada en aquellos tiempos conservadores y oligarcas, se convirtió, por esas cosas de la política y del espectáculo que ofrecen los medios de comunicación, en el escenario majestuoso para que los herederos de la Sociedad Rural, algo plebeyizados por la participación de los restos travestidos de la Federación Agraria, se unieran en un coro estupendo en su afinación destituyente con una oposición que ya no sabe qué más hacer para llamar la atención y para expresar su entrega absoluta al proyecto de un país agromediático, formulado desde la convicción de que los destinos de la patria deben volver a ser conducidos por sus verdaderos señores, aquellos que nos ofrecen sus riquezas, las de la pródiga tierra, como si fueran generosos portadores de un bien dispuesto a ser repartido entre todos los habitantes de estas geografías sureñas.


Una alianza franca, sin mediaciones ni ocultamientos; nada queda velado cuando hablan y manifiestan sus deseos, urgentes, de ser ellos los encargados de gobernar. Están, eso sí, algo apurados, su ansiedad denuncia la desprolijidad con la que suelen pensar la democracia, los derechos legítimos, el voto popular y todo aquello que es válido siempre y cuando sirva a sus intereses. Como los patrones de estancia toman posesión de sus propiedades y exigen que se los escuche. Mientras tanto, unos advenedizos hacen de las suyas tomando decisiones que alteran los nervios de quienes siempre se acostumbraron a ser los dueños de la última palabra. Extraña escena en la que se mezclan propietarios y gerentes, miembros conspicuos de intereses corporativos y dirigentes partidarios que se ofrecen como los mejores administradores de tanta riqueza.


Una democracia corporativa que nos muestra la imagen cierta de una restauración conservadora encabezada por la gauchocracia y sus aliados. Una democracia sustentada en la propiedad de la tierra, en su renta extraordinaria y en la convicción de una sociedad que debe girar, en su conjunto, alrededor de las riquezas agroganaderas, aquellas que, desde que la patria es patria, han sido, así lo hemos escuchado infinidad de veces desde nuestra más tierna infancia, la base de nuestro éxito y de nuestro desarrollo. Un país construido desde el verde océano de soja capaz de garantizar que regresemos al lugar al que la generación del '80 nos condujo cuando éramos un país agroexportador, el granero del mundo, y no teníamos que preocuparnos por los derechos sociales, por los sindicatos, por la desigualdad ni por la pobreza porque esos eran ideologismos importados que nada tenían que ver con nuestro ser nacional. Una democracia de propietarios que se ven a ellos mismos como los verdaderos ciudadanos mientras que definen a los otros, a los que debieran permanecer invisibles, como carne de cañón del clientelismo populista, ese que intentó y sigue intentando con diferentes medios entorpecer nuestra marcha hacia la grandeza. Un populismo que se desespera por confiscar la riqueza genuinamente generada por aquellos que representan, entre nosotros, la esencia del trabajo y de la honestidad, aquella que desde los lejanos tiempos de Hesíodo nos cuenta, en tono elegíaco, que la bondad y la transparencia habitan en el campo, son la marca de los antiguos pastores, mientras que en las ciudades, vil descendencia cainita, lo que crece es la inmoralidad y la corrupción, en especial aquella que viene de la mano de la bestia negra de la época y que busca apropiarse del esfuerzo de nuestros "pastores y agricultores", de esos que se ven a sí mismos como los fundadores de la patria, pilar insustituible de la Nación. ¿Será a ellos a los que se refería el poeta de la Hélade? ¿Tan confundidos estamos que ya no somos capaces de diferenciar a un honesto campesino de un gran propietario, a un pequeño y trabajador chacarero de un estanciero o, más grave todavía, a un jornalero de su patrón?


2 Asistimos no al drama de la historia sino, y no por desmerecer al género que también tiene prosapia griega, a la comedia, a la puesta en escena de un guión que ya conocemos y que viene a reintroducir los argumentos avejentados, insólitos por inactuales, de aquellos dueños de la tierra que un día fueron los dueños de hacienda y de hombres, de ríos y de valles, de pobres y de bosques, de soldados que los defendían y de curas que los bendecían e, incluso, como ahora, de partidos políticos que se desviven por expresar sus intereses. Los asalta la nostalgia de aquellos días gloriosos y sueñan con recobrar, en el presente, el lugar que les corresponde como artífices de la patria, como incansables chacareros que, de sol a sol, de surco a surco, van regando con su sudor y su trabajo las diversas geografías argentinas. Tal vez, la única novedad respecto de sus ancestros es que aquellos no se sonrojaban al afirmar su condición de terratenientes, mientras que éstos buscan escudarse en los restos deshilachados de una Federación Agraria que pasó del Grito de Alcorta al grito del Monumento a los Españoles; de defender los intereses de los genuinos trabajadores de la tierra, de los pequeños productores siempre explotados por sus actuales socios, a ser la fuerza de choque y la cara bonita de los verdaderos dueños del negocio sojero.


El telón que se levanta para ofrecernos el espectáculo de una alianza restauradora, de un relato que ya conocimos en el pasado y que hoy vuelve por sus fueros pero envuelto en nuevas vestimentas, engalanado con trajes a la moda, de aquellos que se corresponden con los gustos contemporáneos. Viejas y ajadas retóricas maquilladas y rejuvenecidas por la gramática de un nuevo y virginal republicanismo. Aunque parezcan diferentes, aunque respondan a las actuales estéticas políticamente correctas, aunque logren apropiarse del sentido común a través de la corporación mediática que defiende sus intereses van, hoy, como ayer, por lo mismo: por la apropiación de la riqueza, contra los derechos de los desiguales de la historia y por la conservación de sus privilegios, esos que, nos cuentan, nacieron incluso antes de que alumbrara la patria.


Ellos, que son anteriores a la democracia, se ofrecen, como en otros momentos de nuestra historia, como los garantes de una República seria, capaz de defender los intereses de aquellos que son la esencia de la nacionalidad y los exponentes de un orden económico social que nos devuelva al mito de los orígenes, ese que nos mostró como una potencia ascendente, afincada en el ideal agroexportador, mientras la desigualdad, la injusticia y el privilegio encarnaban en nuestro cuerpo social y político. Ahora, cuando la economía del capitalismo global cruje y se rompe en mil pedazos, cuando el modelo neoliberal se desbarranca y desvela su esencia, nuestros cultores de un republicanismo liberal, asociados a los dueños de la tierra y de los medios concentrados de comunicación, dirigen toda su batería contra un Estado que intenta, con dificultades, recuperar aquello que les fue arrebatado por esas mismas políticas que hoy se vuelven a ofrecer como salvadoras de la patria, cuando no expresan otra cosa que la sempiterna defensa de su propios intereses. Una democracia corporativa que expulsa a millones de argentinos que poco o nada tienen que hacer en el reino de la soja y de sus derivados; una Argentina agroexportadora que se saca de encima a un tercio de su población pero todo en nombre del saneamiento de las instituciones, de una avejentada retórica republicana que no hace otra cosa que expresar la restauración conservadora travestida, ahora y como lo pudimos ver sin sorpresa durante estos días en el Congreso Nacional, en democracia corporativa. Debemos agradecerles, eso sí, que ya no ocultan absolutamente nada de nada... son lo que son y así les gusta mostrarse ante los flashes y las cámaras, coqueteando con volver a ser los patrones de una estancia que, eso creyeron ayer y lo siguen creyendo hoy, siempre les perteneció.

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Rompiendo las pelotas 4008. Días y flores.

La oposición y los dirigentes ruralistas se unieron contra el Gobierno en una audiencia. Como viejos compinches en el Congreso
.Los legisladores opositores convocaron a una audiencia que terminó funcionando como puesta en escena para que los ruralistas vuelvan a reclamar la anulación de las retenciones. Pidieron una ley de emergencia.
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Fue como un encuentro de viejos cómplices. Los dirigentes de las entidades rurales concurrieron al Senado a una audiencia convocada por legisladores de la oposición. En los discursos, compitieron en las críticas al gobierno nacional, hasta el punto de que resultó difícil decir quién era opositor y quién ruralista. "Nada ha cambiado: los instrumentos con los que nos torturan son los mismos", exageró el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, ante los aplausos de los legisladores. "Sin ley de emergencia estamos a merced del emperador y hay otras leyes que esperan", sostuvo el diputado peronista PRO Felipe Solá, quien hizo su autocrítica por sus años como secretario de Agricultura de Carlos Menem: "Yo creé la Oncca y ahora me quiero cortar las manos", dijo.
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La audiencia convocada por la oposición funcionó como una puesta en escena de los reclamos de los ruralistas de que se bajen o se anulen las retenciones a la soja y otros granos. "La emergencia agropecuaria es la cuestión prioritaria", comenzó la sesión el senador radical Gerardo Morales, quien exigió que el Congreso esté "en sesión permanente". Morales aseguró que la oposición "sigue apostando al diálogo" y le cedió la palabra a los cuatro dirigentes, que se centraron en cuestionar las retenciones. "Las retenciones no han cambiado", sentenció Biolcati, antes de recurrir a su metáfora de la tortura. "Nosotros pagamos impuestos como todo el mundo, pero además pagamos retenciones", se victimizó el tambero, que en los últimos meses había negociado en secreto con el ministro de Planificación, Julio De Vido. "Conservamos la unidad frente a la calumnia, los ataques y las mentiras", consideró. Por último, afirmó que "el Poder Ejecutivo ha destruido la confianza de la gente".

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"Si no se discuten las retenciones no se está discutiendo una política agropecuaria que distinga a los sujetos que producen en el campo argentino", reclamó el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi.
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"La reunión tuvo algunos componentes positivos –admitió sobre el encuentro del martes–, pero queda todo por hacer con la comercialización y las retenciones y el martes hay que ir a fondo con las soluciones", sostuvo. "Es una pena que el oficialismo no quiera discutir los temas", remarcó el titular de CRA, Mario Llambías, sobre la total ausencia de legisladores del oficialismo en la audiencia. "Los argentinos no queremos vivir en un permanente conflicto y no buscamos ventajas particulares", sostuvo el dirigente agrario. "¿De qué sirven retenciones tan altas cuando la producción cae? ¿Por qué no somos inteligentes y bajamos las retenciones?", insistió el presidente de Coninagro, Carlos Garetto, quien acusó al Gobierno de estar "destruyendo la estructura familiar y el aparato productivo del interior del país".
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Luego de aplaudir el concierto de lamentos de los ruralistas, los opositores empezaron por tirarle flores. "No defienden un sector, una parcialidad, sino los intereses colectivos", los ensalzó el jefe del bloque de Diputados de la Coalición Cívica, Adrián Pérez. "Son un ejemplo de unidad para los legisladores", les señaló Solá a los otros opositores. "El Gobierno dice que los hombres del campo son oposición. Pero en el campo hay personas de todas las ideologías. ¡Si todos son opositores, tendrían que revisar en el Gobierno qué hicieron mal!", bramó Solá entre aplausos.
Solá aprovechó para hacer una suerte de autocrítica: señaló que cuando era secretario de Agricultura de Menem creó la Oncca "para combatir la evasión de IVA en los frigoríficos y ahora es un lugar de extorsión, al que roen, es al productor que no lo dejan exportar". Aludió así a los permisos de exportación, llamados ROE. También cuestionó la Ley de Emergencia Económica. "Además de estar mal redactada, tenemos que esperar a que el emperador nos diga si la aprueba o no. Y si es así, aplaudirlo", ironizó sobre el ex presidente Néstor Kirchner.
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"El oficialismo está al borde de perder la mayoría que le aseguraba el silencio", sostuvo el diputado de PRO, Christian Gribaudo, que preside la Comisión de Agricultura. El senador socialista Rubén Giustiniani, por su parte, señaló que "Egipto tuvo cinco plagas y en la Argentina ya tuvimos cuatro". Sostuvo que las cuatro plagas fueron "la crisis internacional, la crisis agropecuaria, la sequía y la crisis de credibilidad". "Para no esperar una quinta plaga, este Parlamento abre las puertas", anunció la entrada de la oposición al ring del conflicto con las entidades rurales.
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Gatopardismo imperial

Atilio A. Boron

Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la "sociedad del espectáculo", una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante "obamamanía" actual es un magnífico ejemplo de ello.

Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.

¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la "guerra contra el terrorismo" por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener "una agenda positiva" para la región para contrarrestar "el temor propagado por Chávez y Evo Morales". Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?

¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que "Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (...) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC"? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) "valieron la pena". Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.

En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a "suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba", pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando "La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla". En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.

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Descifrando a Obama

Fidel Castro

No es demasiado difícil. Después de su toma de posesión, Barack Obama declaró que la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo a su legítimo dueño debía sopesar, en primer término, si afectaba o no en lo más mínimo, la capacidad defensiva de Estados Unidos.

Añadía de inmediato que, respecto de la devolución a Cuba del territorio ocupado por la misma, debía considerar bajo qué concesiones la parte cubana accedería a esa solución, lo cual equivale a la exigencia de un cambio en su sistema político, un precio contra el cual Cuba ha luchado durante medio siglo.

Mantener una base militar en Cuba contra la voluntad de nuestro pueblo viola los más elementales principios del derecho internacional. Es una facultad del presidente de Estados Unidos acatar esa norma sin condición alguna. No respetarla constituye un acto de soberbia y un abuso de su inmenso poder contra un pequeño país.

Si se desea comprender mejor el carácter abusivo del poder del imperio debe tomarse en cuenta las declaraciones publicadas en el sitio oficial de Internet por el gobierno de Estados Unidos el 22 de enero de 2009, después del acceso al mando de Barack Obama. Biden y Obama deciden apoyar resueltamente la relación entre Estados Unidos e Israel y consideran que el incontrovertible compromiso en Medio Oriente debe ser la seguridad de Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la región.

Estados Unidos nunca se distanciará de Israel y su presidente y vicepresidente "creen resueltamente en el derecho de Israel de proteger a sus ciudadanos", asegura la declaración de principios, que retoma en esos puntos la política seguida por el gobierno del predecesor de Obama, George W. Bush.

Es el modo de compartir el genocidio contra los palestinos en que ha caído nuestro amigo Obama. Edulcorantes similares ofrece a Rusia, China, Europa, América latina y el resto del mundo, después que Estados Unidos convirtió a Israel en una importante potencia nuclear que absorbe cada año una parte significativa de las exportaciones de la próspera industria militar del imperio, con lo cual amenaza, con una violencia extrema, a la población de todos los países de fe musulmana.

Ejemplos parecidos abundan, no hace falta ser adivino. Léase, para más ilustración, las declaraciones del nuevo jefe del Pentágono, experto en asuntos bélicos.

De Cubadebate.com

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Sorpresas de dos décadas. Hugo Presman

Entre los once años postreros del siglo XX y los ocho años y algunos días del siglo XXI, la historia, esa doncella veleidosa, esa arpía vesánica, ha demostrado que su capacidad de tejer tramas y relatos es infinita. Ha consumado en menos de dos décadas la implosión del socialismo real y su símbolo que fue la caída del Muro de Berlín. Bajo sus escombros quedaron enterrados sueños y desilusiones que alumbraron y surcaron el siglo XX. En los últimos años del siglo pasado se intensificó el discurso único, la idea hegeliana asumida por Fukuyama del fin de la historia, el afianzamiento y devastación del capitalismo financiero que culminó con el derrumbe del Muro de Wall Street. En el medio de estos años intensos, en América Latina, un territorio que el neoliberalismo uso particularmente como conejillo de indias, dos mujeres llegaron a la presidencia en Chile y Argentina, un obrero a la de Brasil, un indio a la de Bolivia, un mestizo a la de Venezuela y en el país más poderoso, en el Imperio, un mulato arriba a la Presidencia. Parece increíble lo que debería ser normal. Lo insólito no es que una mujer, un obrero, un indio, un mestizo o un mulato lleguen a la Presidencia sino que ello haya tardado tanto. A su vez, estos arribos simbólicos son positivos porque implican aperturas, sociedades menos prejuiciosas, pero no garantizan per se la eficacia de las administraciones. Aunque hasta ahora, en líneas generales, las llegadas coinciden con un aire renovador que arrumbó parte de las falacias y desaguisados de la década del noventa.
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EL SÍMBOLO DE UN DESASTRE
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Los ocho años de Georges Walker Bush, iniciado con elecciones fraudulentas, han implicado una mezcla letal de capitalismo financiero, fundamentalismo religioso, conservadorismo medieval e intereses petroleros.
Las consecuencias se exteriorizaron a nivel interno e internacional. Para los norteamericanos la limitación de las libertades individuales en aras de la seguridad, instrumentada con el Acta Patriótica después del atentado a las torres gemelas. Desandando un camino enunciado por Benjamín Franklín: "Aquellos que son capaces de renunciar a libertades esenciales para obtener un poco de seguridad temporaria no merecen ni la libertad ni la seguridad".
El miedo como disciplinador. La legalización de la tortura. La instrumentación de la mentira como argumento para invadir Irak y destruirlo. Bush, según Tomás Eloy Martínez, en La Nación del 17-01-2009: “ Gastó tres billones en una guerra basada en mentiras y deja a cuarenta y seis millones de personas sin seguro de salud.” El arrasamiento de Afganistán. Convertir un superávit fiscal de 160.000 millones de dólares en un déficit de 700.000 millones de dólares. Un país con déficit gemelos. Que se endeuda a un ritmo de 2.500 millones de dólares diarios. Que ha perdido en el último año cerca de 3.000.000 de puestos de trabajo, de los cuales un millón fueron en los últimos meses. Con bancos quebrados y empresas en convocatorias o en quiebra. Un país con una deuda externa que va camino a igualar y aún superar su PBI. El imperio, que si no fuera imperio y tuviera la potestad de emitir la moneda de circulación internacional, su quiebra pasaría de virtual a real. Ocho años, prolongación amplificada de veinte años anteriores donde se hizo un culto exacerbado del Dios Mercado, en donde las catedrales eran los bancos, la idea era desgravar a los ricos para que invirtieran y luego el goteo llegaría como migajas benefactoras a los otros sectores sociales. Se suprimieron las regulaciones y se convirtió al Estado en un propulsor y cómplice de la rapiña. Se afectaron las prestaciones sociales. El resultado era previsible: la peor crisis planetaria desde el año 1929. James Hattfeld autor de una biografía no autorizada la tituló: “El Nerón del siglo XXI”. Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad del presidente James Carter escribio: “ La referencia constante a la guerra contra el terror conseguía un objetivo superior: estimulaba la aparición de una cultura del miedo. El miedo nubla la razón, intensifica las emociones y facilita a los políticos la movilización de la gente en apoyo de políticas que quieren poner en marcha”. Bush utilizó esta estrategia hasta el hartazgo, acompañado de una pandilla impresentable como el Vicepresidente Dick Cheney, el Ministro de Defensa Donald Rumsfeld o el Ministro de Justicia John Aschcroft, que según relata Marcelo Cantelmi en su libro “ El fin de la era Bush. Una tragedia histórica”, es “ un fundamentalista que llegó a tapar los senos desnudos de la estatua de la justicia y proclamaba que “ la droga entró en las casas cuando salió la mujer a trabajar”
Un gobierno que fue el emblema de la libre empresa y que terminó con el Estado socorriendo desesperadamente a los bancos y estatizando a muchos de ellos. Más allá de ser una frase afortunada de John Kennedy, es absolutamente cierto que: “Si una sociedad no puede ayudar a los muchos que son pobres, tampoco puede salvar a los pocos que son ricos”
Propagandista de la gestión, su ineficiencia quedó patentizada en la falta de previsión sobre las consecuencias del huracán Katrina, la inoperancia en la reconstrucción de Nueva Orleáns, mientras su gigantesco presupuesto de seguridad no reaccionó con rapidez para interceptar el segundo avión que se estrelló contra la torre gemela, veinte minutos después del impacto de la primera.
El historiador británico conservador Paul Kennedy, en el libro de Cantelmi sostiene: “No creo que sea un accidente Bush y sus neocon. Creo que reflejan un movimiento social estadounidense, la forma conservadora de pensar el bien y el mal, las políticas sociales, el Estado grande( en un sentido invasivo), la homosexualidad, el aborto. Bush y los suyos ni sabían donde quedaba Bagdad y la mayoría sigue sin saberlo, pero era el estilo de vida conservador que les decía que serían cuestionados por todo tipo de fuerzas insidiosas” Son miles las anécdotas estrafalarias, las ignorancias supinas y los bloppers conocidos como bushismos. Uno solo de ello es una muestra de cientos. En la campaña del 2000, un periodista le preguntó sobre los talibanes, a lo que el futuro presidente contestó: “ No escucho ese tipo de música”
Pero tal vez el bushismo que define su gestión es : “Nuestros enemigos son innovadores e ingeniosos, pero nosotros también. No cesan nunca de pensar en como dañar a nuestro país y nuestro pueblo. Nosotros tampoco” ( Washington 5-08-2004)
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UN MULATO EN LA CASA BLANCA
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La llegada de Barak Obama a la presidencia norteamericana en el actual contexto, a provocado notables expectativas, junto con esperanzas ciertas y muchas también infundadas. En esta oportunidad, el remanido argumento de “una pesada herencia” es correcta, pero insuficiente para abarcar la dimensión del pasivo heredado. Cuenta con una movilización de la sociedad norteamericana, expresada en largas y agotadoras internas, de una magnitud inédita desde la elección de Kennedy. Su gabinete es una mezcla de continuidad y ruptura con predominio de conservadores. Su juventud y la situación insólita de que un mulato acceda a la presidencia, producen una mezcla de asombro, la esperanza de una sociedad pesimista y descorazonada por el fracaso en lo que lo que creyó y apoyó, y el miedo de una crisis nacida en las entrañas del imperio de final y extensión impredecible.
En su discurso inaugural, en el Capitolio construido por los esclavos negros, pueden señalarse definiciones y ausencias significativas. “ Que estamos sumidos en una crisis es algo muy asumido…..Nuestra economía está gravemente debilitada, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por el fracaso colectivo a la hora de elegir opciones difíciles y de preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas y empleos y se han cerrado empresas. Nuestro sistema de salud es caro; nuestras escuelas han fallado demasiado……. Un temor persistente de que el declive de EE.UU es inevitable y que la próxima generación debe reducir expectativas.”
Obama abrió el paraguas adelantando que no se saldrá fácil ni rápido de la crisis: “ Hoy les digo que los desafíos a los que nos enfrentamos son reales. Son graves y son muchos. No los enfrentaremos fácilmente o en un corto período de tiempo. Pero EE.UU debe saber que le haremos frente” Luego de este balde de agua fría sobre los atajos rápidos o mágicos, viene el aliento: “ Hoy nos reunimos porque hemos elegido la esperanza sobre el temor, la unidad de propósitos sobre el conflicto y la discordia……A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y volver a empezar a la tarea de rehacer Estados Unidos”
Hay un mensaje ecológico en el lugar adecuado. EE.UU es el país más contaminante y que se negó hasta ahora a firmar el Tratado de Kyoto de preservación del planeta: “Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar a nuestros automóviles, y hacer funcionar a nuestra fábricas”
Es claro que alerta sobre su posición pragmática, no tocando el corazón del sistema económico, pero inaugurando posiblemente otra versión del modelo capitalista, cambios colaterales importantes en aspectos no económicos: “ La cuestión para nosotros tampoco es si el mercado es una fuerza del bien o del mal. Su poder para generar riqueza y expandir libertad no tiene rival, pero esta crisis no ha recordado a todos que sin vigilancia, el mercado puede descontrolarse y que una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si favorece solo a los ricos”
Intenta recuperar valores de la sociedad norteamericana, limitados y bastardeados por el gobierno de Bush: “ En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales”
Y luego una aseveración precisa: ”La seguridad emana de la justicia”
“Nuestra nación está en guerra”. Traducido: se retirarán lentamente de Irak y concentrarán esfuerzos, recursos y hombres en Afganistán.
América Latina no aparece entre las preocupaciones de su discurso inaugural. Tal vez, un exceso de interpretación, podría incluirla en el párrafo: “ Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él”
Y al final, lo simbólico de su llegada al gobierno: “ Hombres, mujeres y niños, de todas las razas y de todas las creencias pueden unirse en una celebración a lo largo y ancho de esta magnífica explanada, por la que un hombre cuyo padre, no habría sido atendido en un restaurante ahora está ante ustedes para prestar el juramento más sagrado”
Las primeras medidas no económicas representan un viraje significativo y positivo. El levantamiento de la interdicción para el avance sobre la experimentación de las células madres, la reivindicación del derecho de la mujer de disponer de su propio cuerpo, el cierre a mediano plazo de la cárcel ignominiosa de Guantánamo, el juzgamiento de los detenidos por tribunales comunes, la abolición de la tortura.
Aparentemente hay una continuación de la política de Bush con relación a Venezuela, incluida como el enemigo a abatir. El lugar de Castro, en la geopolítica de la región, lo ocuparía Hugo Chávez. Es un craso error. Una remake de un gigantesco error.
Habrá pragmatismo en lo económico y cosmética y avance progresista en lo no económico.
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OMISIONES LLAMATIVAS
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No hay una sola mención a que la justicia alcanzará a los máximos instigadores y propulsores de una política criminal y a los que promovieron las desregulaciones y luego cometieron gigantescos delitos económicos. Seguramente está alejado de las posibilidades y las intenciones de Obama en función del poder económico que se mueve por detrás, pero hablar de justicia sin sentar en el banquillo de los acusados a quienes llevaron a EE.UU a una guerra con mentiras y a quienes se enriquecieron con burdas maniobras conduciendo al planeta a una crisis de consecuencias planetarias, será una constatación palpable que el sistema protege a los asesinos y delincuentes por aquello que decía Carlos Marx: “ El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo.”
Desafortunada también su referencia a las razas. Es hora que lo asumamos: hay una sola, que es la humana.
Hay dos omisiones históricas de una enorme ingratitud. Un homenaje a Rosa Park, que el 1 de diciembre de 1955, cansada después de un largo e intenso día de trabajo como costurera, ascendió a un autobús en la Avenida Cleveland de Montgomery. Se sentó en el primer asiento, detrás del conductor, en el espacio reservado a los blancos. A los pocos minutos, el empleado se acercó a ella y a otros tres pasajeros negros, y le ordenó que se levantaran porque debía acomodar a cuatro pasajeros blancos. Solo se resistió Rosa. No había sitios libres. Lo hizo con gesto reposado y tranquilo. Park fue detenida. Nadie podía imaginar, en aquella fría tarde de otoño, que ahí comenzaba la larga lucha de los negros por sus derechos civiles, por la igualdad en una sociedad que después de haber exterminado a los indios, trajo a los negros de África como esclavos. Ahí apareció el otro protagonista omitido, Martín Luther King, coprotagonizando un gigantesco boycot a las empresas de colectivos, iniciado el 4 de diciembre. Uno de sus biógrafo cuenta: “King no podía creer lo que sus ojos, con absoluta nitidez, estaban viendo: el autobús, pese a ser una de las líneas más normalmente concurridas, iba vacío. Un cuarto de hora después paso el segundo, también sin pasajeros, el tercero llevaba dos pasajeros….pero blancos. ¡ La comunidad negra había reaccionado favorablemente a la convocatoria!...Los negros tomaron medidas sin ningún alboroto: muchos-los más- fueron a pie; otros, en los taxis, otros, en sus propios coches o en los de sus vecinos, algunos, por último, hasta fueron en sus trabajos montados en mulas o en viejos y destartalados coches a caballo. Hubo quién recorrió a pie veinte kilómetros de distancia. ..En silencio, casi con solemnidad, los trabajadores negros caminaban a sus trabajos, sin temor, con la cabeza alta, como quien cumple con una ineludible obligación ciudadana” Al final del día King pronunció un discurso en una Asamblea, evaluatoria del boicot, tan memorable como el muy conocido de “ Tengo un sueño” Dijo entonces: “ Durante muchos años hemos poseído una asombrosa paciencia. Algunas veces hemos hecho creer a nuestros hermanos blancos que nos gustaba la forma en que éramos tratados. Pero hemos venido aquí esta noche para librarnos de esta paciencia que nos hace pacientes con todo, menos con la libertad y la justicia”
El boicot de los negros se prolongo en el tiempo. Apareció el siniestro Ku-Klux Klan, King fue a la cárcel, pero contra todos los infortunios el conflicto fue exitoso. El 11 de mayo de 1956 un tribunal federal de tres miembros toma la causa de los autobuses de Montgomery. Tres semanas más tarde se conoce la sentencia. Dictamina: Las leyes de segregación en los servicios públicos son anticonstitucionales. El fallo fue apelado pero la medida empezó a cumplirse desde el 21-12-1956. Durante todo el tiempo las medidas de fuerza prosiguieron a pesar que continuaron las agresiones a los negros King declararía: “ Durante más de un año hemos sufrido, prefiriendo caminar con dignidad, antes que viajar sobre ruedas con humillación”
Tal vez Obama no lo sepa o prefirió omitirlo. El está ahí, además de sus méritos propios, por Rosa Park, por Martín Luther King, por Malcom X, por los millones que lucharon, por los esfuerzos meritorios que hicieron por la integración los presidentes John Fitgerald Kennedy y Lyndon Johnson
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SORPRESAS DE DOS DÉCADAS
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Dos mujeres, un obrero, un indio, un mestizo y un mulato presidentes. Derrumbe del Muro de Berlín y de Wall Street. La historia, esa doncella veleidosa, esa arpía vesánica, ha demostrado que su capacidad de tejer tramas y relatos es infinita. La llegada de un presidente mulato a la presidencia de los EE.UU. Una parte del sueño de Martín Luther King está cumplido a 143 años de la finalización de la guerra de la secesión, punto inicial de la consolidación del desarrollo norteamericano. A 45 años del famoso discurso del dirigente negro, un 28 de agosto de 1963. Ese sueño que incluye, pero es mucho más que un mulato llegue a la presidencia a los 47 años, ocho más de lo que tenía Martín Luther King cuando fue asesinado. Ese que en una parte decía: “Ayer soñé que llegará un día en que en las rojas montañas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos esclavistas puedan sentarse juntos a la mesa de la fraternidad. Yo albergo el sueño de que, un día, incluso el Estado de Misisippi, un Estado abrasado de injusticia, abrasado por el calor de la opresión, se transformará en oasis de libertad y justicia. Yo albergo un sueño de que, un día, mis cuatro hijos no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su personalidad”
Conviene ser más que prudente en las expectativas Dentro de cuatro años se sabrá, si Barak Obama ha hecho integralmente realidad el sueño de Martín Luther King.
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