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NO TE OLVIDES DE JORGE JULIO LÓPEZ ~~~~ ¿TE ACORDÁS DE LOURDES DI NATALE?NO TE OLVIDES DE LA IV FLOTA, LAS BASES MILITARES EN COLOMBIA, EL GOLPE EN HONDURAS

El acuerdo entre Magnetto y Carrió perjudica a todos.




Es obvia la intencionalidad editorial de sus últimas tapas. Ofende a la inteligencia de sus lectores la suma de operativos de demolición política, falsamente presentados como noticias impactantes. Hablar de una estampida inflacionaria cuando no la hay (recordemos la híper, por favor); instalar que en el G-20 se juega el destino de la deuda del Club de París para luego –cuando esto no ocurra, porque no es el objetivo del viaje– calificar la gira presidencial como un fracaso; y la última, la más grave, enlodar el debate del Presupuesto 2011 con desopilantes denuncias sobre coimas o presiones, en alianza con la aun más desopilante Elisa Carrió.
En su desesperación, el Magnetto político arrastra a buena parte del sistema de representación parlamentaria. Convengamos que nadie hace más por la inseguridad jurídica del país que él defendiendo su cuenta bancaria. Es cierto: Magnetto no tiene ninguna chance de victoria. Su estrella declina. La Corte Suprema de la Nación, la más insospechada de los últimos 40 años, acaba de suspender las obras de José Aranda, el socio de Magnetto en Clarín, y del magnate húngaro George Soros, en la localidad correntina de Ayuí. Esto antes no pasaba. Es inédito.
Tampoco el discurso público actual tiene un solo dueño. En otro momento, ante la sola mención inflacionaria, millones hubiesen ido corriendo a comprar dólares, y fideos para abarrotar la alacena. Ya no. Pero, aunque débil, Magnetto todavía puede hacer daño. Hoy, nuestro país, no tiene Ley de Presupuesto. ¿Qué quiere decir esto? Sencillo: después de una operación político-mediática encabezada por la dupla Magnetto-Carrió (aquella que dijo que Clarín era el único límite al autoritarismo K: ¿se acuerdan?), el Parlamento decidió que el Ejecutivo no disponga de fondos en 2011 para pagar, entre otras muchas cosas, la Asignación Universal por Hijo, la movilidad jubilatoria, los aumentos a docentes, empleados públicos y policías, la finalización de Atucha II, y así los etcéteras podrían seguir por miles. Una mayoría parlamentaria que sólo se pone de acuerdo en generar zozobra institucional, cuestionando el sistema presidencialista que nos rige, logró paralizar el país del año que viene. Todo esto, por supuesto, con el Clarín azuzando a la batalla final. En los hechos, quieren remplazar el proyecto de Presupuesto enviado por el Ejecutivo por uno distinto, confeccionado, desde la oposición, por Alfonso Prat Gay, hermano del Ceo de Molinos Río de la Plata, símbolo de la Argentina exportadora. Un capricho imposible, nacido de algún tipo de patología psiquiátrica. Que quede claro: no es Moyano el que bloquea, traba y perjudica la gobernabilidad democrática. Son Magnetto, Carrió y el dueño de los fideos y el arroz que aumentan en el súper.
Son ellos los que intentan deslegitimar con escenas melodramáticas la propuesta original. Hablan de una supuesta “Banelco”, agitada por la diputada Cynthia Hotton, cuya credibilidad está puesta en duda por ella misma cuando no identifica a quien sería el autor de un ofrecimiento, también indeterminado. Es muy recomendable escuchar su versión. Es infantil.
Nuestro país tiene incontables episodios de corrupción política. Las ofertas amistosas y los canjes de favores son la peor expresión de la vieja política. En la mayoría de los casos, no se conoce autocrítica pública de los involucrados, muchos de los cuales son los que ahora agitan estos fantasmas y se rasgan las vestiduras por las inverosímiles denuncias que Clarín amplifica, en su afán por dañar a la viuda de Néstor Kirchner, sepultado hace apenas dos semanas. Cualquier persona sensata diría que si el gobierno estaba dispuesto a ofrecer las dádivas, que se denuncian con más histeria que evidencias, habría obtenido la mayoría legislativa necesaria para sacar adelante su Ley de Presupuesto. Eso no ocurrió. Como tampoco va a pasar nada con las denuncias judiciales, útiles para la propaganda de cara a las elecciones del año próximo e inútiles para la vida de todos los días de millones de argentinos. Y conste que esto lo decimos hoy.
Algo estaría fallando, entonces, en la versión que Magnetto-Carrió pergeñaron para satisfacer un mismo objetivo: intoxicar el sentido común de la sociedad con las más burdas y cualunques expresiones de la antipolítica, para sembrar el miedo, la desconfianza y el sentido de catástrofe que hacen posible que en otras latitudes triunfen variantes, más o menos fascistas, del populismo conservador. Sí, conservador. Hace tiempo que la pelea dejó de ser entre Clarín y el gobierno. La pelea es entre la democracia de todos y el poder corporativo de unos pocos. Magnetto debería dejar su diario, fundar un partido político y lanzar su candidatura a presidente, como hizo Santos. Está a tiempo de hacerle ese favor a la democracia. Vice ya tiene: su nombre es Carrió.

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Macri y qué hacer con los niños discapacitados.


Padres de niños discapacitados siguen reclamando, en la Legislatura porteña, la “inmediata reapertura” del servicio de zooterapia que la gestión de Macri ofrecía hasta hace un mes en el Parque Roca, donde asistían cerca de 500 pacientes. La denuncia fue acompañada por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y un grupo de legisladores.

Legisladores porteños acompañan a padres de niños discapacitados que reclamaron, en el Parlamento de la Ciudad, la “inmediata reapertura” del servicio de zooterapia que la gestión de Maurizio Macri ofrecía hasta hace un mes en el Parque Roca, a donde asistían cerca de 500 pacientes.

La defensora adjunta del Pueblo, Graciela Muñiz. Naddeo, anunció que presentó, junto a los diputados/as de la Comisión de Seguimiento de la Ley de Salud Mental, un pedido de informes "donde cuestionamos por qué no se efectivizó el pase a planta permanente a los responsables de este programa, en vez de cerrar el servicio y además por qué no se presentó una propuesta alternativa".

Laura, mamá de Martina, dijo que la Zooterapia le cambió la vida a su hija: "antes no se comunicaba y ahora lo hace y aumentó su lenguaje". "No puedo entender cómo van a cerrar algo que es tan importante para nuestros hijos", agregó.

Susana Olmedo, mamá de Noelia, de 13 años, dijo "no puede ser que el jefe de gobierno cierren el servicio para nuestro chicos". "Tendrían que venir a decirnos si necesitamos mas terapistas, más elementos, mejores comodidades en vez de cerrarlo", criticó.

Amelia, mamá de Milagros, reflexionó "el mundo de la discapacidad es un gran mundo. La sociedad no nos acepta, no les gusta vernos, no les gusta compartir un ascensor y eso termina carcomiendo la autoestima de los chicos". "Es inmoral que quieran cerrar este servicio, haré todo lo que tenga que hacer para que siga funcionando", terminó.

Desde 1993 se realiza en el Parque Roca esta actividad y, según se informó, uno de los problemas centrales y que ha generado el cierre de este servicio se origina en la resolución del Ministerio de Salud por la cual se exige la restitución de la coordinadora del subprograma de zooterapia, Elsa Szwarcman, a su cargo de base en el hospital Piñero. Szwarcman, por su parte, denunció además una persecución a todo el equipo de trabajo y el robo de historias clínicas. "Ellos -por el Ejecutivo porteño- buscan la forma de quedarse con el espacio".

Los padres denunciaron que actualmente Zooterapia no tiene responsable a cargo, nadie cuida de los animales y el servicio es inexistente por lo que cientos de niños y adolescentes que presenten discapacidad mental, motora, física y/o sensorial se ven perjudicados y sin asistencia.
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Perdiodistas de Clarín y La Dictadura


El ex secretario de redacción de Clarín reconoció, en una carta documento enviada en 1987 a Ernestina Herrera de Noble, haber oficiado de nexo entre el diario y la dictadura.

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación denunció ayer ante la justicia al ex secretario de redacción de Clarín, Reinaldo Bandini, como enlace entre el diario de Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto y el Estado Mayor del Ejército durante la última dictadura. Tal como anticipó Tiempo Argentino en su edición de ayer, el organismo encabezado por Eduardo Luis Duhalde pidió que Bandini sea llamado a prestar declaración indagatoria como coautor de los presuntos delitos de lesa humanidad cometidos durante la apropiación de las acciones de Papel Prensa por parte de Clarín, La Nación y La Razón en 1976. El rol atribuido a Bandini “es una prueba fundamental de que los diarios actuaron de común acuerdo con la Junta Militar para apropiarse de Papel Prensa”, sostuvo Duhalde, quien además es querellante en el proceso.
Los fiscales –quienes tienen a su cargo la instrucción de la causa que recayó sobre el juez federal Arnaldo Corazza– deberán considerar si la carta enviada por el propio Bandini a Herrera de Noble en 1987 es prueba suficiente para convocarlo a una audiencia en los tribunales de La Plata. “Será pues necesario recordarle mi gestión ante el Estado Mayor del Ejército, cuando en el año 1976 Clarín decidió comprar parte de Papel Prensa”, escribió el hombre en una misiva considerada clave por los funcionarios de la Secretaría de Derechos Humanos.
Bandini le “recordó” a la dueña del diario que su “número dentro del Consejo de Administración era el uno”, y que delegó esa posición de poder por mandato de la viuda de Noble en el actual CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto. Duhalde y su colaborador Luis Alén consideraron esa carta como una “admisión” del papel que ocupó el ex secretario de redacción de “el gran diario argentino” como “una prueba más de la asociación del diario y la dictadura”.
Pero el prontuario del enlace entre los torturadores y Clarín no termina en Papel Prensa. Tal como publicó este diario, el 7 de septiembre de 1978 Bandini dio una clase magistral frente a los represores de la temida D2 de Córdoba –el Departamento de Inteligencia de la Policía Provincial– sobre los desafíos futuros del país. “De algo nos debe servir, después de 50 años de fracasos, la lucha contra la subversión a la que hemos aplastado”. Aplastar fue el término elegido por el empresario para no usar genocidio.
En la causa ya figuran los testimonios de la viuda de David Graiver, Lidia Papaleo; del ex testaferro del banquero, Rafael Ianover, y del hermano del financista, Isidoro. Además, el lunes 6 de septiembre, los abogados de Clarín y La Nación se presentaron ante los fiscales Marcelo Molina, Carlos Dulau Dumm y Hernán Schapiro y autoimputaron a los dueños de los diarios para poder presenciar las audiencias y acceder al expediente.
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La Kanción Hasta Siempre Néstor

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La militancia y los antimilitantes





La muerte de Kirchner produjo un sacudón que liberó un sentimiento larvado en muchos sectores que hasta pocos días antes no se hubieran definido como peronistas ni kirchneristas.


Si hubo un rasgo distintivo de la13a fecha del Torneo Apertura fue el de las manifestaciones de apoyo a Cristina y de homenaje a Néstor en todos los estadios. La hinchada de Gimnasia, lógicamente, fue más cristinista. Racing, que jugó de local, desató su pasión por Néstor. El termómetro de los estadios es un dato incuestionable del calor popular. En la última semana se hicieron más visibles diversas expresiones de identidad con esta etapa del kirchnerismo. Una, no menor, fue la Marcha del Orgullo Gay, que fue multitudinaria y que tuvo en la cabeza a Martín Sabbatella y a Hugo Yasky, entre otros dirigentes de ese espacio. El sábado, La Cámpora convocó a una reunión a todos aquellos que quisieran sumarse a este entusiasmo de militancia que cristalizó con la desaparición física de Néstor. Se acercaron centenares de jóvenes que nunca habían participado en agrupaciones políticas.
Es cierto que las encuestas dan cuenta de un fervor que está muy por encima de la adhesión que el gobierno tenía. O, más bien, la muerte de Kirchner produjo un sacudón que liberó un sentimiento larvado en muchos sectores que hasta pocos días antes no se hubieran definido como peronistas ni kirchneristas. Tal vez, haya un actor social que emerge como cristinista. Pero, sobre todo, se está produciendo un cambio más complejo, en el que pareciera asomar, además, una afirmación del peronismo y del kirchnerismo. Entre otras cosas, porque la Argentina ocupó con Néstor un espacio más protagónico en Latinoamérica. Y Hugo Chávez no deja de resaltar el rol del peronismo en la región. Del mismo modo que Lula o Marco Aurelio García no dejan de destacar lo valioso que resulta el kirchnerismo para el laboratorio del Partido de los Trabajadores de Brasil, y cosas similares afirman José Mujica, Evo Morales y Rafael Correa. Es decir, buena parte de la izquierda y el progresismo argentinos antes esquivaba al kirchnerismo, hay que decirlo, por su origen peronista. Sin embargo, a partir de lo realizado estos años en materia de Derechos Humanos y redistribución de la riqueza, esos sectores sociales mostraron cierta afinidad que se consolidó por la identificación entre Kirchner y esos líderes latinoamericanos.
Quizá por escasa comprensión del fenómeno nacional o por la intoxicación de la prensa opositora y la historia oficial. Pero también porque el vacío que dejó la muerte de Juan DomingoPerón y los años de menemismo son capítulos complejos de este movimiento cambiante y heterogéneo.
La realidad –a tan pocos días de la muerte de quien fue la figura central de la política argentina de los últimos ocho años– es que la presidenta mostró la fibra de una dirigente que tiene no sólo una historia personal de compromiso sino la pertenencia a una historia de luchas y desafíos que se llama peronismo. Y que, más allá de Cristina, hubo un cerrado respaldo de gobernadores claves –como Daniel Scioli y José Luis Gioja– y de la dirigencia cegetista. Pero no fueron los actores centrales sino que acompañaron, con toda legitimidad, un cambio que sale de abajo.

MILITANCIA SÍ O NO. Si Rosendo Fraga, Joaquín Morales Solá, Mariano Grondona, Jorge Fontevecchia o Jorge Lanata no tuvieran audacia no habrían reaccionado con tanto fervor en contra de la militancia. Esto lleva a confirmar que la antimilitancia es una variante de la militancia. Son militantes de la antipolítica en una versión en la cual los dirigentes y cuadros intermedios surgen, se consolidan o se desvanecen en función de si se insertan en su territorio, su gremio o algún otro espacio de construcción social.
Lo que ellos expresan, junto a muchos otros fervorosos anticristinistas, surge de espacios exclusivamente mediáticos. Podrá decirse que es exagerado poner en el mismo lote a Grondona y a Lanata. Sin embargo, viven en barrios similares, veranean en Punta del Este y les gustan los mismos lugares para comer. Es más, comparten, desde experiencias distintas, un desprecio por los políticos tradicionales que tienen un título de abogado y antepasados en el radicalismo. Sus referentes son empresarios como Julio Saguier y, especialmente, Héctor Magnetto, quien por estos días está evaluando hacerse una compleja operación que le mejore el habla, ya que está muy preocupado porque sus voceros Eduardo Duhalde y Julio Cobos perdieron credibilidad aun entre sus pares del llamado Peronismo Federal y el radicalismo. Magnetto no dudó en graficarlo así: “Néstor se llevó a Cobos y a Duhalde al cajón.” Dice, además, que tendrá que emerger alguien desde las segundas líneas. De cara a 2011 parece demasiado poco tiempo.

OTRA IZQUIERDA Y PROGRESISTAS. Vale la pena reproducir un párrafo de la edición de Perfil del domingo pasado, no para emitir un juicio de valor sobre Libres del Sur o de otros que sobrevivieron a la militancia de aquellos tiempos. Fontevecchia a la hora de pegarle al gobierno no se fija en gastos y por eso hizo entrevistar a Humberto Tumini y a otros dos hombres de los ’70. La decisión de dar entrevista a un medio así trae como consecuencia que la edición termina mostrándolo como un hombre entre básico y nostálgico, y no como alguien que tiene una propuesta diferente. Dice Perfil: “Nosotros estábamos dispuestos a dar la vida por nuestras ideas. El problema, igual, no es tanto dar la vida, sino que los ideales y el proyecto sean genuinos y profundos. En el caso de Kirchner, ese proyecto no es genuino. No veo a Scioli o De la Sota despertando ese espíritu militante”, contó Tumini. Y agregó: “La Cámpora tiene los mismos vicios de la vieja política. Son todos funcionarios. Está totalmente alejada de los ideales por los que luchábamos nosotros.” El diario de Fontevecchia agrega, para rematarlo: “Tumini fue funcionario del Gobierno y como el dirigente social Jorge Ceballos, se alejó desencantado con la ‘peronización’ del oficialismo”. En defensa de Tumini, nunca fue funcionario.
Días pasados, Marcos Novaro le dio una entrevista radial a Carlos Burgueño, quien lo presentó como historiador y le preguntó por el significado del concepto militancia. Novaro aclaró que no es historiador sino sociólogo, y se despachó con que militancia expresa una idea de intransigencia. Hubiera sido un gran aporte aclarar que él mismo había formado parte de las filas del Partido Intransigente durante el gobierno de Raúl Alfonsín. No tiene nada de malo, más bien todo lo contrario, aclarar que uno cambia de punto de vista. Pero para alguien que asume un compromiso público tiene que hacerlo, a riesgo de denostar algo que, en algún momento, fue parte de su concepción de la política. No parece ser una ecuación sencilla ser funcional al espacio que los medios opositores le otorgan a esa categoría de “intelectuales”, muchos de los cuales se formaron en grupos políticos con ideales de transformación.
Este ejercicio no tendría sentido si la sociedad argentina no estuviera en pleno tránsito, en plena transformación. Porque la redistribución de los ingresos no es una simple operación contable. Es una desi-gual pelea en plena democracia. Y puede avanzar en la medida que los ideales de justicia social se encarnen en cada vez más sectores. Para eso, se necesitan fuerzas sociales organizadas, conducción política amplia pero firme, y también militancia. Mucha militancia.

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Luis Majul: Un pobre tipo


Luis Majul y un presunto "Kirchner Show"

Habituado a ver conspiraciones hasta donde no las hay, Luis Majul ha tocado el límite del paroxismo. Ahora cree que el sepelio de Néstor Kirchner y la movilización popular que lo acompañó fueron nada más que un montaje televisivo con el único fin de “beneficiar a la Presidenta”.

En su nota en El Cronista de hoy, afirma que “la manera cinematográfica en que fueron presentados los funerales y el último adiós contribuyeron a generar la equívoca impresión de que Kirchner podía tener el mismo peso en la historia que Eva Duarte, Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín”.

Para el intrépido columnista, “la importante movilización juvenil” fue un hecho “amplificado por el inteligente uso de los medios audiovisuales que permitió a funcionarios como Gabriel Mariotto comparar las exequias de Kirchner con el emblemático 17 de octubre de 1945”.

Según Majul, fue Mauricio Macri quien dio en el clavo: “en privado, el jefe de Gobierno de la Ciudad consideró a la puesta en escena ‘una vergüenza’. Además, criticó a dirigentes como Felipe Solá y a ciertos periodistas no oficialistas por haber ‘caído en la trampa’ de la ‘enorme manipulación que se está haciendo de la muerte de un hombre que le hizo mucho daño al país’. ‘No fue tan impresionante la despedida. Se montó un Truman Show y se aprovechó el duelo para conseguir más votos’, se enojó ante sus partidarios”.

“Para el Gobierno –sostiene el conductor de La Cornisa-, generar la sensación de que se dio vuelta el país es clave para prolongar el estado de cosas, igual que lo fue estirar el efecto bicentenario y difundir encuestas truchas que por entonces lo hacían ganar a Kirchner en primera vuelta. En este nuevo contexto, las apariciones públicas de CFK invocando la memoria de su esposo son, como diría la militancia K, funcionales al proyecto de reelección.”

Y no conforme, va por más. Piensa -y escribe, lo que lo hace grave, porque cada uno es dueño de pensar lo que quiera- que hasta las apariciones públicas de Cristina y su dolor son nada más que una teatralización con mezquinos fines electorales. “Para ilustrar lo efectivas que están resultando las apariciones de la Presidenta desde que enviudó –nos desasna Majul-, se deben destacar los primeros cinco minutos por cadena nacional y sus declaraciones en los actos públicos de la semana pasada. Deberían ser analizados por los expertos en comunicación como piezas únicas en materia de mensajes políticos realizados en situaciones extraordinarias. Las palabras entrecortadas por el principio de llanto, la confusión entre equipos de fútbol y partidos, el final abrupto y el hecho de que no lo haya repetido dieron al discurso en cadena de Cristina Fernández una ‘humanidad’ que antes no había mostrado.”

“Sus repetidas referencias a ‘Él’, en alusión a su esposo, las apelaciones a su ‘presencia’ caminando ‘entre la gente’, mezclado entre la militancia y la idea de que a partir de ahora todo lo hará en honor a ese hombre ‘que se inmoló y dio la vida por la Argentina’ parecen darle a sus acciones un contenido y un sentido que nunca antes habían aparecido”, afirma Majul sin ruborizarse.

Encerrado en estudios de televisión y de radio como en un hermético tupperware, con extenuantes jornadas laborales en vivo, debería ser Luis Majul quien salga a la calle y escuche la voz de quienes no se ven cotidianamente en pantalla chica.

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Cosas que me vienen a la mente.


En un periódico del Sur de Yakarta leí que se hizo una encuesta y que se descubrió que las mujeres son más violentas que los hombres.
Además, es una violencia con una infraestructura premeditada, lo que la hace más peligrosa para el bienestar de la Santa Iglesia, La Patria, El Campo y Los Intereses de los de Siempre..

Pero es más complicado aún, porque La Mujer no te golpea así de golpearte por golpearte. Es más bien así como horizontal. Como frontal. Como guerrillera y más si es Sudaca esa Mujer.

Esta Mujer agobia el ingenio de los más creativos ya que el pensamiento de estos es lento... no agarran el discurso a la primera lectura y necesitan reposar la idea para responder...

En verdad, los creativos no tienen discurso ni ideas ni propuestas.
Son un rejunte de voluntades cuyos pensamientos son manejados por terceros o personajes invisibles con capa, puño y espada o pluma o pantalla.

Es que atrás de tanta mamada (termino maradoniano del siglo XXI) de los creativos debe haber algo...
Ésta es la mamada que hay: eres un creativo, te despiertas y dices:
hoy vamos a tener que hacer algo para impedir que la Mujer Sudaca logre el cometido de su horizontalidad. Impedir que los indefensos o miserables del pueblo logren abrir los ojos o pensar.

Entonces van y les hablan en vivo y en directo por los medios, también creativos, a los miserables o pueblos que luchan a diario con su indefensión del pensamiento.

A pesar de ser un rejunte logran la verticalidad y sus palabras normalmente son creíbles ya que la Mujer Sudaca es considerada una guerrillera, horizontal y más peligrosa para el común de los que repiten lo que los creativos inventan o mienten.

Normalmente los creativos son niños de Harvard, economistas, prestamistas, empleados de embajadas foráneas, mamadores en su conjunto cuya estrategia son manejadas por los medios (creadores del rejunte).

Los medios administran la jugada, y la defensa y su slogan es: No debo seguir mamándola o desaparecemos si los miserables o pueblo se avivan.
¿Acaso los hijos de la dueña de nuestras almas, que son nuestros hijos, no pasarán a ser los hijos de los miserables si estos se avivan?
¿Entonces de quién seremos los padres si esto sucede?

Los creativos, entonces, prefieren seguir mintiendo antes de transformarse en los padres adoptivos del pueblo o miserables.

En el inconciente del rejunte, el mamar se transforma en vicio.

La Mujer Sudaca, dice el periódico del sur de Yakarta al final de la nota, triunfará con su verdad. La verdad de los miserables o pueblo.
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Nelson Castro. El Satánico Dr. No.


Pablo Caruso

No les pasa a veces que pisan el freno y dicen “¿pero qué es lo que estamos discutiendo?”.
Anteayer Nelson Castro, pero podría nombrar a cualquier otro vocero del establishment, se indignó porque la presidenta calificó de loros y no se que otro animal a algunos opositores, en medio de un acto que no escuchamos completo, pero nos jugamos a que lo menos importante fue eso. Un panelista del programa que seguía toma lo de Nelson y dice que el fascismo mussolineano se caracterizaba por animalizar a los opositores… A Van der Kooy y Blank se les caía la baba.
En la editorial del final, Nelson le pide a la presidenta: “Presidenta, aporte calidad al debate… retome el diálogo… Elévese”.

Mierda.

Yo digo, si hubo en los últimos 20 años un oficialismo que recuperó la intención de debatir, ¿no fue el gobierno de los Kirchner? Si hubo en los últimos 20 años un oficialismo que elevó la calidad del argumento político, ¿no fue este gobierno? Si algún partido político hegemónico en los últimos 20 años mostró cuadros políticos, entendiendo por eso tipos (o tipas) que se bancaran una discusión cara a cara con ideas más que chicanas, ¿no fue el gobierno?

La contracara de la crispación, de la “violencia verbal”, de la intolerancia es la pasividad de los 90 y la mediocridad política de la Alianza. ¿Eso es lo que piden Nelson Castro, y toda la plana mayor de nuestro encumbrado pensamiento periodístico? Ni los cuadros políticos conservadores (y aquí entran peronistas, pro, coalicionistas, y mal que me pese varias izquierdas), ni sus voceros mediáticos están a la mínima altura intelectual para sentarse a discutir de política. ¡De hecho no lo hacen! Farandulean todo el tiempo, no saben preguntar, se quedan estupefactos ante un cruce de opiniones. Repiten las mismas preguntas de diez sílabas a todos los entrevistados. Se los reconoce por su zezeo, no por su impronta crítica para el ejercicio de una profesión funcional al ejercicio político.

Para todos ellos, la violencia verbal es una granada de mano frente a la comodidad de los livings de lujo donde piensan nuestra realidad. Se sienten cómodos en la banalización, y si el destino es justo, deberían terminar en un panel de Rial, Tinelli o en el bar de Sofovich. Pero no conduciendo los debates de nuestra política recuperada.

“Elévese” le dijo Castro a la presidenta. “Aporte calidad al debate”. Yo me quiero morir. Pero revivo cuando pienso que así como se pedía desde esas tribunas una renovación política, hoy la recuperación de la política como herramienta cotidiana de transformación les pide a ellos que se renueven. Se los pide la gente en la calle, esa gente que ellos tanto gustan nombrar. Que se pongan a la altura de los debates actuales. Que los profundicen, que obliguen a la política a profundizarse, no a retroceder. Que marquen las contradicciones que tiene el gobierno, que lo apriete argumentativamente, pero que no le pida ir para atrás.

Y si no pueden, renuncien. Tengan un movimiento digno, el mismo que le piden a tantos, y declárense de otra época, dejen el lugar para los que vendrán. Pero no busquen la neutralidad muerta, no tiren el conflicto debajo de la alfombra, que es lo más valioso que nos deja este proceso.

Nos corren con la violencia, la crispación y nos quieren hacer creer que los que se la llevan toda van a largar el pedazo de buenos tipos que son nomás. Si la creemos, estamos jodidos. La primera violencia es la de los que buscan conservar sus privilegios. Decirle al pobre que con su reclamo amenaza las instituciones y adscribe al fascismo es también una postura política de la que no se hacen cargo los tribuneros del periodismo rancio.

Cuando se descubran ustedes también políticos, sólo allí serán dignos de la pantalla que tienen. Mientras tanto, háganse el favor de tomarse algunos años de reflexión. Sin goce de sueldo, claro.

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El legado de Néstor


Ernesto Laclau *

A medida que los días vayan pasando, el país comprenderá crecientemente las verdaderas dimensiones de la tragedia que representa para los argentinos la súbita desaparición de Néstor Kirchner. Con él hemos perdido al estadista de mayor envergadura que nuestro país haya producido en los últimos cincuenta años. A él estará siempre ligada la transformación profunda del Estado que la Argentina experimentara a partir de 2003.

Hay que situarse mentalmente en el umbral de aquel año para advertir todo lo que ha cambiado. El 2003 no está tan lejano en el tiempo y, sin embargo, lo que lo precediera parece pertenecer claramente a otra época. El país venía de una serie de experiencias traumáticas: la dictadura militar, con la que, en razón de una serie de leyes y amnistías, la ruptura había sido tan sólo parcial; el neoliberalismo menemista que, a través de sus privatizaciones y desregulaciones, había puesto a la Argentina al borde de la bancarrota; el fracaso estrepitoso del gobierno de la Alianza, que condujo a los estallidos de 2001. Había un cinismo y un desencanto generalizados respecto de la política, que encontraría su expresión en el notorio lema “que se vayan todos”.

Ya las movilizaciones sociales subsiguientes a la crisis –las fábricas recuperadas, la extensión del movimiento piquetero y otros fenómenos concomitantes– estaban preanunciando que el ciclo del neoliberalismo estaba llegando a su conclusión. Pero lo que muy pocos esperaban era que esas movilizaciones fueran a encontrar eco y simpatía al nivel del Estado nacional. Fue contra todas las expectativas que ocurrió el 2003. Al principio, el nuevo tipo de discurso fue recibido con un considerable grado de escepticismo. Se trataba, en la apreciación de muchos, de mera retórica, tras la cual habrían de ocultarse las habituales componendas de trastienda. Pero pronto hubo que rendirse a la evidencia: el nuevo gobierno estaba comprometido con un programa total de reestructuración de la sociedad argentina a sus distintos niveles. Programa que no podía dejar de suscitar la adhesión popular, a la vez que herir intereses creados que se habían consolidado a lo largo de decenios. En poco tiempo pudimos verificar el apoyo brindado por el Gobierno a las organizaciones populares; la decisión de operar, a través de los juicios a los represores, el desmantelamiento de la ESMA y otras medidas similares, la ruptura más radical con el pasado dictatorial que haya tenido lugar en el continente latinoamericano; la reorientación nacional de la economía, en el proceso que va desde la ruptura de facto con el FMI hasta el reforzamiento del Mercosur y el rechazo del plan del ALCA de Bush en la reunión de Mar del Plata de 2005; la democratización de la Corte Suprema y de la cúpula militar, etc. Como es sabido, toda esta corriente profunda de cambio fue continuada y radicalizada a través de una serie de medidas legislativas durante el gobierno de la presidenta Cristina Fernández, que ha representado uno de los esfuerzos más ambiciosos y sistemáticos en nuestro continente por reestructurar al Estado y redefinir sus relaciones con la sociedad civil. Todo esto se ha hecho en el marco de una integración cada vez mayor de la Argentina al espectro de los nuevos gobiernos progresistas de América latina. El país está menos solo que nunca en el pasado.

No voy a entrar a discutir la minucia de este programa legislativo. En los últimos días otros –Mario Wainfeld y Horacio Verbitsky entre ellos– lo han hecho en artículos excelentes. Pero sí quisiera referirme a un aspecto clave, que revela la naturaleza del legado de Néstor Kirchner, a la vez que su estilo particular de liderazgo. Me refiero a las resistencias que toda tentativa de cambio profundo suscita y al coro de infundios con el que las fuerzas reaccionarias pretenden combatirla. Hace unos días, los plumíferos de La Nación caracterizaban al kirchnerismo como “populismo autoritario”. La fórmula misma ya es, desde luego, problemática y ambigua, pero cuando se la usa para caracterizar la situación argentina es doblemente absurda. Un populismo autoritario sólo podría ser uno en el que las masas fueran enteramente pasivas y sometidas a un liderazgo que tomara las decisiones sin compartir el proceso deliberativo con nadie. Esto puede llegar a ocurrir en ciertas sociedades –pensemos, por ejemplo, en el Zimbabwe de Mugabe–, pero cuando esto ocurre, la deriva autoritaria es cada vez menos populista, ya que las masas son sustituidas por pequeños grupos de matones reclutados y organizados desde el poder. En tales condiciones lo que prima es el autoritarismo, en tanto que el populismo se limita a una cáscara vacía, a una interpelación meramente retórica, sin participación activa alguna de las masas.

Ahora bien, cualquiera que conozca mínimamente lo que está pasando en la Argentina, sabe muy bien que en ella se da la situación exactamente opuesta. Todas las medidas legislativas han sido tomadas sobre la base de la movilización autónoma de uno u otro sector de la sociedad. ¿Cómo explicar entonces esta insistencia en los peligros autoritarios del kirchnerismo? La respuesta es obvia. Se trata de crear una cortina de humo, por la que la supuesta “defensa de las instituciones” frente al “avance autoritario” no es sino un burdo intento por defender un statu quo en el que las corporaciones medran, frente al intento de democratizar a estas instituciones desde dentro. ¿Recuerdan ustedes la reunión reciente del Sr. Magnetto con líderes de la oposición para planificar algo no claramente especificado pero que, en todo caso, implicaba a claras luces organizar la confrontación con el Gobierno? ¿Y recuerdan ustedes esa otra reunión, mucho más siniestra, en la que se obligó a Lidia Papaleo a resignar el control de Papel Prensa bajo amenazas de muerte? La misma historia acerca de la sórdida acción del poder corporativo frente a la voluntad popular se repite en todas las instituciones. El gran dilema a ser dirimido en los próximos años, comenzando por las elecciones de 2011, es quién va a prevalecer: la Argentina corporativa del pasado o la Argentina popular que comenzó a emerger con las movilizaciones de 2001, que se consolidó en 2003 y que desde entonces ha ido ganando batalla tras batalla.

Es en el umbral de esta confrontación que el nombre de Néstor Kirchner permanecerá siempre como un signo liminar y señero. Ya no será una bandera para las luchas, pero se ha transformado en algo más importante: en un símbolo para las conciencias. Quiero recordar tres aspectos de su obra y de su mensaje. El primero es que fue uno de los demócratas más radicales que la Argentina haya producido en años recientes. Nunca intentó imponer una voluntad burocrática, sino que siempre buscó en las movilizaciones espontáneas de los grupos de base los aliados naturales a través de los cuales pensar, repensar y matizar su proyecto. El segundo es que nunca hizo una interpelación fácil a masas inestructuradas, sino que comprendió que, en las complejas sociedades contemporáneas, cualquier proyecto de cambio tiene que pasar por la transformación interna de las instituciones. No sé si Néstor habrá leído a Gramsci, pero en todo caso su acción política muestra algo que es profundamente gramsciano: la comprensión de que, en las sociedades contemporáneas, no hay populismo fácil; que, sin la mediación institucional, no hay proyecto político coherente. En tal sentido él mostró, a través de su acción política, algo que siempre pensé: que entre institucionalismo y populismo siempre hay una compleja negociación, los resultados de la cual presentarán matices distintos en diferentes sociedades.

Hay, finalmente, una tercera dimensión que es decisiva para entender el legado de Kirchner: su firmeza de acero, su compromiso total con las causas que abrazaba. Era un hombre de lucha, no de transacciones. Esto es lo que indignaba a sus detractores y lo que denominaban su tendencia “a doblar la apuesta”. Creo que se trataba de algo más importante que eso. El tenía perfecta conciencia de la naturaleza de las fuerzas con las que se enfrentaba, y sabía que sólo una voluntad inquebrantable sería capaz de confrontarlas.

¿Qué nos queda por hacer ahora, hacia adelante, después de Néstor? La respuesta es clara: proseguir su obra y completar su tarea. El nos ha legado objetivos que son más vastos que su vida y que la nuestra y que incluyen a todo nuestro continente. América latina ocupará su puesto en esta marcha general de los pueblos que habrá de conducir, desde la barbarie neoliberal, al establecimiento de formas justas, libres y racionales entre los hombres. Ya hemos oído estos últimos días las voces melifluas y viscosas de aquellos que, restregándose las manos de satisfacción, dicen que ahora Cristina está sola y tendrá que contemporizar con la oposición. Los que eso piensan van a encontrarse con una sorpresa. En primer término, parecen no conocer el temple de nuestra Presidenta, cuya determinación militante se ha mostrado en todas las pruebas –muchas duras– que debió pasar durante su gobierno. En todas las circunstancias mostró una claridad de propósitos y una determinación en su ejecución que la coloca en situación de total paridad con su predecesor.

En segundo lugar, Cristina no está sola. Ha perdido, es verdad, al compañero de su vida y la acompañamos todos en su dolor. Pero la acompaña también todo un pueblo, el cual se ha manifestado en los últimos días en una de las expresiones de pesar colectivo más inmensas –quizá la más inmensa– de la historia argentina. Debemos hacerle a Néstor, en las palabras de Antonio Machado, “un duelo de labores y esperanzas”. Cada fábrica, cada escuela, cada hogar, deben erigirse como la expresión de la voluntad colectiva de que la llama que se encendió en 2003 no se extinga jamás. Que todos los argentinos nos identifiquemos con aquellas palabras que José Gervasio de Artigas pronunciara en su lecho de muerte: “Amanece, ensíllenme el caballo”.

* Profesor de Teoría Política (Universidad de Essex).

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Pingüino. Con el corazón abierto. León Gieco


Nunca una noticia argentina estuvo tan presente en los medios de comunicación universales como la muerte del ex presidente Néstor Kirchner. Esta vez me tocó escuchar la triste nueva en Italia, en el televisor del hotel, en el hall, en los cuatro bares que cruzo para llegar a la sala de cine. Los argentinos radicados allí llegaron para comentarlo, abrazarnos y llorar juntos.

Personalmente, tengo puntuales encuentros con Néstor.

En julio de 2003, apenas ganadas las elecciones, me llamó y me dijo: “Usen la Casa de Gobierno para hacer sus recitales...”. O cuando con Víctor y Serrat cantamos en la ESMA para empezar a exorcizarla, o cuando hizo bajar los cuadros de los genocidas y me llamó para cantar “La memoria” en La Perla, el campo de concentración de Córdoba.

... y no se fue al café literario cuando ganó Cristina.

Su pasión no lo dejó descansar. Y se prendió fuego como los grandes de la historia.

Allá abajo, chiquitos, quedan los reductos del odio.

Aunque todavía no están saldadas tantas deudas históricas, tenemos esperanza.

Respaldados y acompañados por una Latinoamérica saliendo de las sombras, apoyados por una fuerza sorprendente que fue germinando en las nuevas generaciones.

Creo que es la primera vez que tocamos esa esperanza con las manos junto a su amada, nuestra Presidenta.

Y aunque nos falte el primer escalón, ya podemos saltar al segundo, acompañando, estando atentos y alertas y con el corazón abierto.

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La carta de Fontova a Clarín


Después de analizar las razones por las que este proyecto ha llegado a su fin debo confesarles que me convencieron:

NO VOY A VOTAR A LOS KIRCHNER. LOS MEDIOS ME CONVENCIERON.... LES VOY HACER CASO.

Por supuesto que ya mismo le voy a decir NO a todo lo que hicieron y quiero que me acompañes con tu firma al pie de la proclama:

1. NO a la nacionalización de las AFJP: Quiero que ya mismo se las devuelvan los bancos extranjeros y que la caja la manejen ellos.

2. NO a la recuperación de los salarios de Jubilados: Quiero que deroguen ya mismo el aumento dos veces al año que votó el Congreso y volver al valor histórico de $130 actualizados.

3. NO a la jubilación universal: Que los que no hicieron aportes, no se jubilen como era antes y que devuelvan la plata todos los que se jubilaron injustamente. Son solo 1.800.000 viejos.

4. NO a las retenciones a la soja: Que las ganancias se las queden las 2.000 familias que exportan soja y no quiero que se las reparta entre el resto de los argentinos.

5. NO a la recuperación de los pequeños agricultores: Que el Banco Nación les ejecute los campos o se los vendan a los grandes agricultores o inversores extranjeros.

6. NO a la vuelta al crédito: Quiero volver al 2003, nada de compra de autos cero kilómetro, ni cocinas, ni calefones, ni computadoras pagadas en inútiles cuotas. No quiero que laburen los trabajadores de esas empresas, que los despidan si no venden.

7. NO a la generación de empleo: Los 4 millones de argentinos que consiguieron trabajo, ¡que los devuelvan!

8. NO al dólar alto: Que favorece a los exportadores solamente. Quiero volver al uno a uno, aunque haya muchos desocupados, vamos a volver a viajar por el mundo.

9. NO a la Unión Latinoamericana: Quiero volver a las relaciones carnales con EEUU, nada de relacionarse con países atrasados de América. Bloqueo a Venezuela, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Nicaragua y recontra bloqueo e inundación a Cuba y todos los cubanitos.

10. NO a la nacionalización de Aerolíneas: Quiero que vuelvan a manos de la madre patria que cuando tuvieron hambre le enviamos trigo y cuando estuvimos mal nos ayudaron con empresas como Repsol y Telefónica. Aunque perdamos algunas rutas aéreas a manos de otros países y vendamos los aviones, podemos viajar con LAN Chile.

11. NO a las 700 escuelas: ¿Quién se cree Kirchner? ¿Sarmiento? ¡Demolición ya!

12. NO a la limpieza de la Corte Suprema: Quiero volver a la corte anterior. Quiero volver a la justicia anterior. ¡Antes no había justicia obsecuente del Poder Ejecutivo!

13. NO a la política de Derechos Humanos: No hay que juzgar a nadie, no hace falta. Devuelvan la ESMA a los fines anteriores. Repriman los reclamos ¡hace 7 años que no muere nadie en una manifestación!

14. NO a la estatización del Correo: Que se lo devuelvan a Macri, y le perdonamos la deuda de más de 700 millones que debía de canon.

15. NO a los planes sociales: Los que tienen hambre que pidan en la calle y coman en ollas populares en las plazas, si saquean... ¡a la cárcel y mano dura!

16. NO a la recuperación de la Fábrica de Aviones de Córdoba: Podemos comprar aviones brasileños, no necesitamos frabricarlos acá.

17. NO a la derogación de la Ley de Radiodifusión de la Dictadura: Quiero que los medios sigan en pocas manos privadas y quiero seguir pagando para ver el fútbol. ¡Aguanten Clarín, Hadad, Vila y Manzano!

18. NO al aumento del presupuesto educativo: Vamos a volver al 1,2% del PBI de 2003, y rechazo el aumento al 6% actual que es excesivo.

19. No a la recuperación del CONICET: Si tenemos tantos científicos por el mundo ¿para que los queremos acá? ¡Que se vayan!

20. NO a este gobierno: Quiero que vuelva a gobernar cualquiera. Los de la Alianza (Lilita, Stolbizer, Pato Bullrrich, Morales) o los de Menem (Macri, Solá, De Narváez), me da lo mismo.

¡GRACIAS, CLARIN! ¡ME CONVENCISTE!
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Perdón Flaco. Pablo Llonto


Lo que te puteamos Flaco. Las cosas que dijimos de vos cuando en la imbécil tentación del engreído revolucionario decíamos de vos, el monigote de Duhalde

Las marchas que te hicimos. Queríamos decirles a los argentinos que estabas dilapidando nuestra plata dándosela en bandeja al FMI.

Cuántas palabras envueltas en desprecio y sorna. Instruidos en las sabias esgrimas marxistas, enumerábamos los siniestros enemigos de los que te rodeabas. Casi, casi, te ordenábamos que fueses puro. Como nosotros.

En los rudos textos, en las vehementes intervenciones radiales, despedazamos tus confusas relaciones con el poder. Claro que sí, qué otra cosa era un hombre saludando a Bush con una sonrisa. No prestabas atención a nuestra pedagógica manera de llevar adelante el protocolo.

El propósito era que nos escuchases. Que leyeras nuestros volantes, nuestros afiches, nuestras banderas. Tenías que hacerte, de un día para otro, justiciero expropiador de todos los sinvergüenzas.

Tenías que rendirte ante nuestras luchas.

Queríamos ser testigos de un milagro que honrara a nuestros santos leninistas: la conversión acelerada de un político burgués a tigre trotskista, como aquel que posa en nuestros posters.

Queríamos verte echando a todo tu staff, tus ministros, tus amigos, tu familia, desprendiéndote de cuentas bancarias, bienes, alquileres. Si era posible Flaco, tenías que tirar los mocasines y la birome Bic. Y desafiliarte del PJ.

Un día, Flaco, nos enteramos que hablabas en la ESMA. Que entrabas allí con las viejas y con los hijos. Pedazo de oportunista, dijimos. Luego, procuramos escuchar bien aquello que decías.

"Como presidente de Argentina, vengo a pedir perdón en nombre del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades".

Carajo. Exasperabas nuestra incredulidad eterna. De pronto, un presidente argentino, de la Casa Rosada, les pedía perdón a las Madres; a las mismas Madres que un tiempo atrás (diciembre 2001) habían sido gaseadas, mojadas, arrojadas a caballos por los infames de la Casa Rosada.

Ebrios de indiferencia, pensamos que debíamos aplaudir ese gesto, no más de 24 horas.

No podíamos ser aventurados en el elogio. No tolerábamos que no cumplieras, una a una, todas nuestras utopías.

Ni cuando aprobaste la jubilación para los que no tenían aportes. Incluida nuestra vieja, y nuestra suegra.

Ni cuando le brindaste a Chávez, y a otros, el escenario adecuado para mandar a la misma mierda, el asesino ALCA.

Ni cuando le sacaste el fútbol de las manos al pulpo eterno.

Ni cuando quisiste poner un poco de justicia con la 125 cumpliendo tu máxima peronista de llegar al fifty fifty.

Ni cuando desafiaste a Clarín y sus tentáculos.

Ni cuando ideaste el final del monopolio de Papel Prensa.

Ni cuando impulsaste el matrimonio igualitario.

Ni cuando te enojaste con las claudicaciones de la ex intachable Corte.

Ni cuando apagaste las privatizaciones de Aerolíneas, el saqueo de las AFJP, el choreo macrista del Correo.

Ni cuando te extenuaron los impostores, los Alberto Fernández, los Lavagna, los Solá, los Cobos, los Pedraza.

Ni cuando apoyabas una ley que resolviera un cacho de participación en las ganancias.

Ni siquiera cuando tu última opinión sobre los burócratas sindicales contenía una frase premeditada: “hay que dar con el último de los autores intelectuales del crimen de Ferreyra”.

Ahora que estás en Santa Cruz, rodeado de los combativos mineros de Río Turbio que adorábamos en los 90, ahora es como un poco tarde, Flaco.

Queríamos decirte simplemente que los anarquistas somos, a veces, muy de vez en cuando, un laberinto de contradicciones. Y que pensábamos votarte.

Era nuestra mínima y secreta manera de pedirte perdón.
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Nosotros


Pablo Marchetti


Para Claudia Acuña, con amor peronista

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 años, como mucho. Divina, cándida, antelical. Una chica que bien podría uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se moría.

Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. Pibes que transformaron en hit el canto “andate Cobos, la puta que te parió”, o su versión extendida: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”. O sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y pibas militantes.

Todos putos

Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con aerosol. Y lo imagino contestándome: “De caca te voy a llenar la cabeza, puto”. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de “eh, puto”. Y menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que dice “Putos peronistas”.

Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir “en la cola”? Sí, Marlene en la cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.

Noche de abrazos

Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de los videos de ¡Mueva la patria!), me abrazo con mi compadre falopero Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.

Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos a la concha de nuestras madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en Néstor.

Pensemos

Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el “qué bueno que estás acá” y el “claro, cómo no ibas a estar acá”, llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la noche de la militancia.

La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el candidato de Duhalde.

Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.

Juan Domingo K

Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice “yo no lo voté, pero aquí estoy”, “yo no soy peronista, pero aquí estoy” o “yo soy de izquierda, pero aquí estoy”, como me dijo el pibe que subía al lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la plaza el jueves a la tarde.

Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…

Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social trasciende con creces a Néstor Kirchner.

No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los represores de la dictadura, asignación universal, integración continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en el principal logro de este Gobierno: la militancia.

A lo chori

“Chipa, chipa”, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. “A la rica chipa”. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel que tiene escrito: “Néstor, siempre con vos”, dice el papel, escrito con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis o de romper el cerco mediático de Clarín.

Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. “El chori y el paty salen como piña”, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del Congreso estuvo abierto toda la noche.

Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no nos van a volver a cagar.

Qué grande sos

Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez nos emocionamos cantando la Marcha.

Otros hits: “Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor”, con acento en la “o” alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: “Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ qué quilombo se va armar”. Ese y el de Cobos son los más escuchados. Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…

Oficialitis

Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: “Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista que vos”.

Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo rodeaban.

No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.

No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés adentro. ¡Vamos todos! “Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de Clarín”.

9 años no es nada

Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un dejà vu. ¡Esto parece el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.

Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo fácil que es pasar del “yo” al “nosotros”) dejar de sorprendernos y emocionarnos, como todos los que estamos aquí.

Gracias totales

Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.

Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.

Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.

Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.


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Gracias por estar








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